Gaz­te bote­rea (Gaz­te Dan­ba­da 2016)

Gaz­te bote­rea (Gaz­te Dan­ba­da 2016)

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Tex­to para el deba­te en Gaz­te Danbada

En el tex­to Nece­sa­ria y urgen­te lucha con­tra el poder adul­to del 31 de mar­zo de 2014 a libre dis­po­si­ción en la Red, plan­teá­ba­mos los pun­tos cen­tra­les de esta for­ma de poder tan dañi­na, anti­gua y adap­ta­ble. Aho­ra, en esta ponen­cia pro­po­ne­mos a deba­te otras pro­ble­má­ti­cas no tan cen­tra­les pero igual­men­te deci­si­vas por­que ata­ñen a la vida coti­dia­na de la juven­tud. Vamos a deba­tir sobre cómo crear poder juve­nil que cho­que con el poder adul­to en pro­ble­má­ti­cas tan impor­tan­tes como la comu­ni­ca­ción; las for­mas de desa­rro­llo cul­tu­ral y artís­ti­co, de diver­sión, etc.; de rela­cio­nes inter­per­so­na­les; de la lucha con­tra la pre­ca­ri­za­ción; de recu­pe­ra­ción juve­nil de loca­les y medios pri­va­ti­za­dos…, y en gene­ral, sobre cómo desa­rro­llar el poder juvenil.

¿Qué es el poder juvenil?

Sin teo­ría revo­lu­cio­na­ria no hay prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, pero sin la segun­da tam­po­co exis­te la pri­me­ra. Sin las luchas juve­ni­les ante­rio­res, cuya bre­ve his­to­ria se expo­ne en la ponen­cia cita­da, nos resul­ta­ría impo­si­ble aho­ra mis­mo expli­car lo míni­mo aun­que bási­co de lo que es el pro­ce­so que va del con­tra­po­der al poder juve­nil. Par­te del camino lo tene­mos rea­li­za­do en el decá­lo­go sobre las rela­cio­nes entre la juven­tud revo­lu­cio­na­ria y la izquier­da adul­ta. Vamos a seguir su este­la para avan­zar en el desa­rro­llo del poder juve­nil a par­tir de logros par­cia­les e ini­cia­les del con­tra­po­der juvenil

Por el con­tra­po­der juve­nil debe­mos enten­der, por ejem­plo, toda movi­li­za­ción que logra una con­quis­ta con­cre­ta aun­que pasa­je­ra, des­de la recu­pe­ra­ción de un local o gaz­tetxe has­ta la refor­ma que res­trin­ge o anu­la la pre­ca­rie­dad juve­nil, pasan­do por el logro de una asig­na­tu­ra obli­ga­da en la escue­la sobre el cuer­po, la afec­ti­vi­dad y la sexua­li­dad juve­nil des­de pará­me­tros mate­ria­lis­tas y cien­tí­fi­cos; lograr la uni­ver­si­dad nacio­nal vas­ca y eus­kal­dun, lograr ayu­das a la juven­tud obre­ra, y un lar­go etcé­te­ra. Son con­tra­po­de­res juve­ni­les que se enfren­tan a pode­res adul­tos y les ven­cen en rei­vin­di­ca­cio­nes muy con­cre­tas, o al menos les obli­gan a ceder, a nego­ciar, a sua­vi­zar su dure­za ini­cial. Son logros que aumen­tan la auto­con­fian­za juve­nil por­que son peda­go­gía práctica.

Pero sue­len durar poco o rela­ti­va­men­te poco como le suce­de a los con­tra­po­de­res crea­dos por la lucha de cla­ses, por los movi­mien­tos popu­la­res… Los con­tra­po­de­res siem­pre viven en la cuer­da flo­ja, en la incer­ti­dum­bre por el maña­na por­que la bur­gue­sía y el poder adul­to con­tra­ata­can casi de inme­dia­to para recu­pe­rar lo que han teni­do que ceder por la fuer­za de la juven­tud. ¿Cómo refor­zar­los para que con­flu­yan en el poder juve­nil median­te el trán­si­to por situa­cio­nes de doble poder? Lle­ga­dos a este pun­to el decá­lo­go de la ponen­cia arri­ba cita­da nos ilu­mi­na el camino.

El requi­si­to para empe­zar la bata­lla, inclu­so por peque­ñas pero muy valio­sas vic­to­rias juve­ni­les, es el de eman­ci­par­se men­tal­men­te de la depen­den­cia psi­co­ló­gi­ca del poder adul­to y por eso es deci­si­vo pasar a la ofen­si­va y pedir cuen­tas al poder adul­to por sus erro­res, cobar­días y pasi­vi­dad, por sus trai­cio­nes en los momen­tos deci­si­vos de lucha en los que los adul­tos aban­do­na­ron, se rin­die­ron o inclu­so cola­bo­ra­ron con el sis­te­ma explo­ta­dor. La juven­tud sufre este pre­sen­te en gran medi­da debi­do a la cobar­día y pasi­vi­dad de tan­tos adul­tos. A par­tir de aquí, sobre esta base de cre­cien­te inde­pen­den­cia psi­co­ló­gi­ca, otro requi­si­to es el de ir gene­ran­do con­cien­cia polí­ti­ca, luchar con­tra todo apo­li­ti­cis­mo. Pero la poli­ti­za­ción juve­nil ha de girar alre­de­dor de tres ejes bási­cos, como míni­mo: la pro­pie­dad, el poder y el deseo. Sin estos prin­ci­pios no exis­te ni poder ni inde­pen­den­cia juve­nil, que solo pue­den pen­sar­se, sen­tir­se y desear­se en la lucha mis­ma por con­se­guir­la. El deseo cons­cien­te es una gigan­tes­ca fuer­za emancipadora.

La ini­cial resis­ten­cia juve­nil cau­sa al prin­ci­pio «com­pren­sión», des­pre­cio y risa en el poder adul­to, pero lue­go le pro­vo­ca mie­do; mien­tras que la izquier­da tie­ne mie­do a la ver­dad en todo lo rela­cio­na­do con la lucha juve­nil aun­que diga apo­yar­la, aun­que su enve­je­ci­mien­to men­tal y polí­ti­co ha de acep­tar que la insur­gen­cia juve­nil es un nece­sa­rio pro­ce­so com­ple­jo, múl­ti­ple e inter­ac­ti­vo en sus tác­ti­cas varia­das, prác­ti­ca nece­sa­ria para la for­ma­ción de cua­dros revo­lu­cio­na­rios de edad adul­ta pero de men­ta­li­dad joven. Nun­ca la izquier­da adul­ta ha com­pren­di­do la impor­tan­cia cen­tral de los espa­cios juve­ni­les libres. A la vez, la con­quis­ta de espa­cios con­vi­ven­cia­les libres debe ir acom­pa­ña­da de otra serie de con­quis­tas socio­eco­nó­mi­cas, por lo que la izquier­da debe asu­mir que seme­jan­te cam­bio radi­cal en la inter­ven­ción estra­té­gi­ca le gene­ra­rá ten­sio­nes con fuer­zas «pro­gre­sis­tas» alia­das con las que tie­ne pac­tos elec­to-ins­ti­tu­cio­na­les que, según se dice, exi­gen cier­ta «mode­ra­ción en el dis­cur­so». Fren­te a tan­to opor­tu­nis­mo, la juven­tud tie­ne la vir­tud de la cohe­ren­cia, de la sin­ce­ri­dad y de la verdad.

El poder juve­nil siem­pre es con­cre­to, poder en y sobre tal pro­ble­ma y rei­vin­di­ca­ción; y esa con­cre­ción se amplía y cre­ce al abar­car más esce­na­rios. Es la cul­mi­na­ción de un pro­ce­so que se ini­cia en las imper­cep­ti­bles rei­vin­di­ca­cio­nes que pue­den lle­gar a peque­ños con­tra­po­de­res juve­ni­les. Dia­léc­ti­ca­men­te habla­do, el poder juve­nil ya late y ope­ra en esas peque­ñas movi­li­za­cio­nes, como tam­bién lo hace de for­ma más paten­te en las situa­cio­nes menos ais­la­das de doble­po­der juve­nil: cuan­do un ayun­ta­mien­to debe nego­ciar con una gaz­te asan­bla­da sobre rei­vin­di­ca­cio­nes que supe­ran lo estric­ta­men­te juve­nil por­que ata­ñen a pro­ble­mas muni­ci­pa­les, y lo mis­mo hay que decir en otras situa­cio­nes como cuan­do la movi­li­za­ción hace que el sin­di­ca­lis­mo refor­mis­ta y la patro­nal pro­me­tan redu­cir la pre­ca­rie­dad: se sabe no van a cum­plir­lo pero se cons­ta­ta que empie­zan a tener­le mie­do a la auto­or­ga­ni­za­ción juve­nil. La cues­tión radi­ca no creer­se las pro­me­sas adul­tas, seguir luchan­do para man­te­ner lo con­quis­tar­lo y exten­der­lo aún más.

El poder juve­nil es, así, la fuer­za de la juven­tud crí­ti­ca en una temá­ti­ca con­cre­ta para con­quis­tar sus obje­ti­vos, man­te­ner­los, desa­rro­llar­los y conec­tar­los con otros igua­les o simi­la­res. Duran­te este pro­ce­so nun­ca lineal ni deter­mi­na­do, siem­pre inse­gu­ro e incier­to por­que emer­ge de la uni­dad y lucha de con­tra­rios, con alti­ba­jos pero per­ma­nen­te, pue­de pro­du­cir­se la derro­ta, fra­ca­so que no es defi­ni­ti­vo sino solo un momen­to en esa lucha laten­te y sub­te­rrá­nea que vuel­ve a emer­ger a la super­fi­cie. Cual­quier baja­da de ten­sión movi­li­za­do­ra, aglu­ti­nan­te y crea­ti­va, cual­quier debi­li­dad o duda, es apro­ve­cha de inme­dia­to por el poder adul­to para con­tra­ata­car, redi­cien­do o liqui­dan­do esas con­quis­tas juve­ni­les y con ellas su poder acu­mu­la­do. Como hemos dicho, la pro­pie­dad, el poder y el deseo son los tres basa­men­tos que debe con­quis­tar y ejer­cer el poder juve­nil en cada rei­vin­di­ca­ción par­ti­cu­lar y en todas ellas en gene­ral. Y debe hacer­lo cho­can­do simul­tá­nea­men­te con la pro­pie­dad, el poder y el deseo adul­to, patriar­co-bur­gués. Vol­ve­mos obli­ga­to­ria­men­te a la uni­dad y lucha de contrarios.

Para la juven­tud la pro­pie­dad debe ser colec­ti­va, social, públi­ca, esta­ta­li­za­da si se quie­re decir­lo así, por­que es la úni­ca garan­tía de que pue­da eman­ci­par­se cuan­to antes del mar­co fami­liar: en pro­me­dio, la juven­tud ha de dedi­car alre­de­dor del 80% de su sala­rio para sufra­gar su domi­ci­lio indi­vi­dual pri­va­do si ha podi­do com­prar­lo. Recor­de­mos que alre­de­dor del 40% de la juven­tud vas­ca está des­em­plea­da, por no hablar de la sub­em­plea­da con sala­rios de mise­ria, y en con­di­cio­nes de pre­ca­ri­za­ción vital. Si tie­ne la suer­te de haber encon­tra­do un empre­sa­rio que le explo­te sala­rial­men­te, enton­ces debe supe­rar otro obs­tácu­lo si su sala­rio es insu­fi­cien­te: que le ayu­de la fami­lia, los padres, a pagar la hipo­te­ca, pero alre­de­dor del 30% de la pobla­ción vas­ca está en el umbral de pobre­za, y otro apre­cia­ble con­jun­to tie­ne pro­ble­mas para lle­gar a final de mes. En estas con­di­cio­nes, la edad de eman­ci­pa­ción fami­liar supera los 30 años de edad. ¿Pro­pie­dad bur­gue­sa? No. Pro­pie­dad socialista.

Para la juven­tud el poder tie­ne una carac­te­rís­ti­ca opues­ta al poder capi­ta­lis­ta. Mien­tras que para los adul­tos bur­gue­ses el poder es la for­ma de ase­gu­rar su domi­na­ción has­ta su muer­te, y en caso extre­mo, para garan­ti­zar que ésta sea acor­de con la doble moral bur­gue­sa: morir sien­do «rico» gra­cias a la explo­ta­ción e injus­ti­cia pero a la vez sien­do moral y éti­ca­men­te bueno por­que «ha triun­fa­do en la vida» y ha sido cari­ta­ti­vo con los «pobres». Des­de esta pers­pec­ti­va de alcan­ce defi­ni­ti­vo, bio­ló­gi­co, el poder adul­to es la expre­sión máxi­ma de la bio­po­lí­ti­ca y de la necro­po­lí­ti­ca: vida capi­ta­lis­ta y muer­te bur­gue­sa garan­ti­za­da por el poder adul­to impues­to has­ta los últi­mos ins­tan­tes, has­ta el últi­mo aliento.

Por el con­tra­rio el poder juve­nil con­quis­ta­do, el que fue­ra, es un pro­ce­so, una rela­ción estra­té­gi­ca con cua­tro preo­cu­pa­cio­nes que se inte­gran en todo momen­to: Una, ase­gu­rar lo con­quis­ta­do para no per­der­lo al pri­mer envi­te adul­to. Dos, ampliar lo con­quis­ta­do median­te la inte­gra­ción de nue­vos jóve­nes de menor edad y expe­rien­cia, a los que hay que trans­mi­tir los erro­res come­ti­dos y ani­mar­les a que sean crea­ti­vos inclu­so erran­do ellos mis­mos. Tres, pre­pa­rar­se para ceder el poder joven a esas nue­vas levas juve­ni­les a las que hemos ayu­da­do par­cial­men­te a ser libres. La juven­tud que aho­ra con­quis­ta dere­chos nega­dos o que lucha por no per­der los pocos que aún tie­ne, debe asu­mir que su poder juve­nil alcan­za­do es cons­cien­te­men­te fini­to, debien­do ceder­lo a las y los jóve­nes que empu­jan des­de atrás con nue­vos bríos, pro­yec­tos e ilusiones.

Y cua­tro, tras dejar la fase bio­ló­gi­ca­men­te juve­nil y entrar en la bio­ló­gi­ca­men­te adul­ta, se inten­si­fi­ca la mili­tan­cia dia­ria para que esa «ex juven­tud» no sea absor­bi­da, sub­su­mi­da en el poder adul­to al que ha com­ba­ti­do fron­tal­men­te has­ta enton­ces. Así, el poder joven es anta­gó­ni­co con el adul­to en todos y cada uno de los segun­dos de la vida. El poder juve­nil tie­ne la mis­ma cons­cien­cia his­tó­ri­ca que el mar­xis­mo: actúan para ace­le­rar su «muer­te», su paso a la his­to­ria. Mien­tras que todas las ideo­lo­gías socio­po­lí­ti­cas se pro­cla­man eter­nas por­que creen que el capi­ta­lis­mo lo es, el poder juve­nil y el mar­xis­mo asu­men su fini­tud y luchan para acor­tar su vida: esa será la demos­tra­ción de su vera­ci­dad, haber con­tri­bui­do a la extin­ción de las opresiones.

Para la juven­tud el deseo es el oxí­geno de la vida y por eso mis­mo el com­ba­te por el deseo es una de las obse­si­vas preo­cu­pa­cio­nes del poder adul­to: for­mar a la juven­tud en el deseo bur­gués, que tie­ne en el con­su­mis­mo una de sus anclas alie­nan­tes y feti­chis­tas más pode­ro­sas. El deseo bur­gués como frus­tran­te y frus­tra­da com­pul­sión nun­ca satis­fe­cha en el mer­ca­do de la feli­ci­dad como valor de cam­bio. Radi­cal­men­te dicho: es el deseo de ser un escla­vo feliz que bus­ca deses­pe­ra­da­men­te un amo que le explo­te a cam­bio de un sala­rio que nun­ca le es sufi­cien­te para con­su­mir lo que le exi­ge el deseo bur­gués. Radi­cal­men­te dicho: más de 109.000 jóve­nes se han mar­cha­do de Hegoal­de des­de 2000 has­ta verano de 2015 bus­can­do un amo que les explo­te, y solo han vuel­to la mitad. El escla­vo infe­liz es el que intu­ye vaga­men­te que nun­ca alcan­za­rá la liber­tad y la feli­ci­dad a pesar de su per­ma­nen­te sumi­sión y, como pla­ce­bo, recu­rre a dro­gas múl­ti­ples, a sus­ti­tu­tos y com­pen­sa­cio­nes que le enga­ñan en su infe­li­ci­dad dia­ria hacién­do­le creer que es libre.

El poder juve­nil tie­ne que desa­rro­llar su polí­ti­ca del deseo. La inmen­sa mayo­ría de la gen­te adul­ta y la juven­tud enve­je­ci­da mal­vi­ve encar­ce­la­da en un deseo impues­to e impo­si­ble de satis­fa­cer, aho­ga­do en su frus­tra­ción. La polí­ti­ca juve­nil del deseo eman­ci­pa­dor tie­ne varios ejes: el recha­zo del tra­ba­jo explo­ta­do, que es más que el recha­zo de la escla­vi­tud asa­la­ria­da; la cons­truc­ción de la inde­pen­den­cia vital, y por no exten­der­nos, el deseo como desa­rro­llo de las poten­cia­li­da­des poli­va­len­tes y polí­cro­mas, cul­tu­ra­les, esté­ti­cas, afec­ti­vas y sexua­les de la espe­cie huma­na-gené­ri­ca, las garan­tes de la antropogenia.

La polí­ti­ca del deseo es una cons­tan­te en el movi­mien­to de pro­tes­ta cam­pe­si­na y arte­sa­na pre­so­cia­lis­ta. En el socia­lis­mo utó­pi­co el deseo lle­ga a su máxi­ma plas­ma­ción con Fou­rier y otros auto­res y colec­ti­vos. El femi­nis­mo anar­quis­ta y socia­lis­ta del siglo XIX apor­tó logros impe­re­ce­de­ros. El pri­mer mar­xis­mo los entron­có en el mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co. La revo­lu­ción bol­che­vi­que, los cua­tro pri­me­ros con­gre­sos de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta, la Sex-Pol de los años trein­ta, las prác­ti­cas del comu­nis­mo liber­ta­rio en estos años, fue­ron con­quis­tas ante las que pali­de­ce la super­fi­cia­li­dad inte­lec­tua­lis­ta del pre­sen­te. Auto­res pre­ci­sos de la Escue­la de Frank­furt, de la anti psi­quia­tría ita­lia­na, de los radi­ca­les movi­mien­tos socia­les y de la izquier­da no dog­má­ti­ca de los ’60 y ’70, de este pode­ro­so auge que recu­pe­ra­ba lo ante­rior y crea­ba prác­ti­cas nue­vas, esta «nue­va» polí­ti­ca del deseo fue barri­da por la reac­ción de la geron­to­cra­cia buro­crá­ti­ca sta­li­nis­ta y por el euro­co­mu­nis­mo, por con­tra­rre­vo­lu­ción neo­li­be­ral y por el post­mo­der­nis­mo y otras modas.

Poder juve­nil y pren­sa adulta

Los lla­ma­dos «medios de comu­ni­ca­ción» son en reali­dad con­glo­me­ra­dos, gru­pos indus­tria­les polí­ti­co-mediá­ti­cos que fabri­can múl­ti­ples «mer­can­cías inma­te­ria­les»: infor­ma­ción, noti­cias, cul­tu­ra, espec­tácu­los, diver­sio­nes, etc., sobre prác­ti­ca­men­te la tota­li­dad de pro­ble­mas coti­dia­nos de los nichos de mer­ca­do que las com­pran. Des­de la situa­ción socio­eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca has­ta la salud sexual y afec­ti­va, pasan­do por el arte y la cul­tu­ra, sin olvi­dar­nos de toda serie de fri­vo­li­da­des, ofer­tas de sar­te­nes, nigro­man­cia, eso­te­ris­mo y extra­te­rres­tres, estas cues­tio­nes son disec­cio­na­das para ofre­cer­las de for­ma ade­cua­da a las dife­ren­tes cla­ses socia­les, sexo-géne­ro, eda­des, colec­ti­vos cul­tu­ra­les, étni­cos, nacio­na­les, etc.

Los gru­pos indus­tria­les polí­ti­co-mediá­ti­cos –Pri­sa, Pla­ne­ta, Vocen­to, Noti­cias, Cope, Atres­me­dia, Zeta, Uni­dad Edi­to­rial…– depen­den de su cuen­ta de bene­fi­cios, lo que les exi­ge al menos man­te­ner su cota de mer­ca­do y sobre todo com­pe­tir por ampliar­la qui­tán­do­se­la a otras indus­trias mediá­ti­cas. La cota de mer­ca­do de la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca está ase­gu­ra­da, fun­da­men­tal­men­te, por la fide­li­dad polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca del pro­yec­to que esa indus­tria mer­can­ti­li­za y ofre­ce a sus com­pra­do­res. Para ganar esta dura com­pe­ten­cia, este cai­nis­mo inter­bur­gués, man­tie­nen una carre­ra deses­pe­ra­da por la apli­ca­ción de las últi­mas tec­no­lo­gías de la comu­ni­ca­ción casi a tiem­po real, mul­ti sopor­te e integrada.

La fide­li­dad polí­ti­ca de los gru­pos con­su­mi­do­res es fun­da­men­tal por­que les garan­ti­za una clien­te­la segu­ra que si bien no es sufi­cien­te para mayo­res expan­sio­nes com­pe­ti­ti­vas, sí les supo­ne cier­ta reser­va de medios rela­ti­va­men­te segu­ros. El inte­rés por fide­li­zar a esa clien­te­la es mutuo, de los par­ti­dos y de las indus­trias, para lo que esta­ble­cen entre ellas estre­chas rela­cio­nes de direc­ción polí­ti­co-mediá­ti­ca, selec­cio­nan a los tra­ba­ja­do­res que ocu­pa­rán los pues­tos impor­tan­tes, abren nue­vos capí­tu­los, pro­gra­mas, «temas de inte­rés» para ampliar subs­crip­to­res, espian­do y copian­do lo que hacen otros medios.

Per­te­ne­cer a una corrien­te polí­ti­ca con­ser­va­do­ra o cen­tris­ta y rea­li­zar bue­nas o sufi­cien­tes ven­tas, es decir, tener influen­cia y poder polí­ti­co-mediá­ti­co es fun­da­men­tal para que las empre­sas de mar­ke­ting y ser­vi­cios, inmo­bi­lia­rias, con­ce­sio­na­rias, res­tau­ran­tes, hos­te­le­ría, pros­ti­tu­ción, fune­ra­rias, gru­pos reli­gio­sos, y has­ta uni­ver­si­da­des y hos­pi­ta­les pri­va­dos, etc., les envíen car­gas ingen­tes de anun­cios, que es una de las entra­das esta­bles de dine­ro. Tam­bién es muy impor­tan­te para reci­bir buen tra­to de la Ban­ca cuan­do hay que pedir o rene­go­ciar cré­di­tos. Pero la garan­tía casi defi­ni­ti­va, aun­que no siem­pre, de nego­cio redon­do es cuan­do el Gobierno está en manos del par­ti­do iden­ti­fi­ca­do polí­ti­ca­men­te con esa indus­tria con­cre­ta de la «infor­ma­ción».

En los perío­dos de des­pres­ti­gio de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les que lle­van déca­das alter­nán­do­se en el poder guber­na­ti­vo y no han evi­ta­do la cri­sis socio­eco­nó­mi­ca sino que la han agra­va­do, en esos momen­tos tien­den a sur­gir otros medios de pren­sa sobre todo si han apa­re­ci­do nue­vas tec­no­lo­gías de la comu­ni­ca­ción que aba­ra­tan y faci­li­tan la tarea. La lla­ma­da «pren­sa onli­ne» o digi­tal es un ejem­plo, aun­que en su inmen­sa mayo­ría ter­mi­nan inser­tán­do­se en gru­pos de poder con­ser­va­dor y reac­cio­na­rio, exis­tien­do algu­nos refor­mis­tas que no cues­tio­nan radi­cal­men­te la lógi­ca de la explotación.

Tenía­mos que deta­llar un poco qué es y cómo fun­cio­na esta indus­tria para dar­nos cuen­ta de su fun­da­men­tal papel como sus­ten­ta­dor del poder adul­to y como enemi­go cen­tral del poder juve­nil, y por tan­to la extre­ma difi­cul­tad, por no decir nula, de uti­li­zar­la como medio efi­caz de exten­sión del poder juve­nil. Obsér­ve­se que no hemos dicho nada de los deno­mi­na­dos «medios públi­cos» por­que sus dife­ren­cias con los pri­va­dos son de mati­ces, de apa­rien­cia, no son dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas en los pro­ble­mas estructurales.

La juven­tud no tie­ne recur­sos sufi­cien­tes para crear poten­tes medios de pren­sa sino que debe inten­tar coor­di­nar en red mul­ti­me­dia los ya exis­ten­tes, bus­can­do esta­ble­cer con­tac­tos como medios alter­na­ti­vos que pese a ser adul­tos bio­ló­gi­ca­men­te son crí­ti­cos y has­ta revo­lu­cio­na­rios. Esta rela­ción es impres­cin­di­ble para ambos. Para la juven­tud por­que mul­ti­pli­ca la difu­sión de sus men­sa­jes y ade­más apren­de a mane­jar medios crí­ti­cos más com­ple­jos. Para estos medios por­que la par­ti­ci­pa­ción juve­nil apor­ta vita­li­dad, nue­vas pro­ble­má­ti­cas, dudas crea­ti­vas y posi­bles mili­tan­tes futu­ros para man­te­ner esos medios vivos cuan­do haya que ir hacien­do el recam­bio generacional.

La juven­tud ha de rea­li­zar una per­ma­nen­te denun­cia con­tras­ta­da y con­tras­ta­ble de la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca. La juven­tud vas­ca ha retro­ce­di­do en esta nece­sa­ria denun­cia rigu­ro­sa y seria de la «ver­dad adul­ta». Bas­ta una lec­tu­ra de sus «infor­ma­cio­nes» para des­cu­brir sus mani­pu­la­cio­nes, medias ver­da­des y men­ti­ras com­ple­tas, en espe­cial la línea polí­ti­ca que las ver­te­bra y orien­ta. La débil pren­sa juve­nil nun­ca gana­rá a la pode­ro­sa indus­tria de la pro­pa­gan­da adul­ta si plan­tea el cho­que den­tro de los pará­me­tros de la «neu­tra­li­dad valo­ra­ti­va», mito posi­ti­vis­ta que reco­rre las «cien­cias socia­les» y que ocul­ta la men­ti­ra de la ver­dad del poder adulto.

El poder de la pren­sa juve­nil debe asen­tar­se en la inde­pen­den­cia crí­ti­ca, en la lucha con­tra la mer­can­ti­li­za­ción de la infor­ma­ción, en la prio­ri­dad de la lucha juve­nil sacan­do a la luz las estra­te­gias y tác­ti­cas adul­tas en todos los pro­ble­mas. Por ejem­plo, denun­cian­do que los cri­te­rios que se emplean para defi­nir el empo­bre­ci­mien­to juve­nil son tram­po­sos por­que, ade­más de estar basa­do en el PIB, no tie­nen en cuen­ta otras muchas reali­da­des cua­li­ta­ti­vas inser­tas en dicho empo­bre­ci­mien­to: situa­ción fami­liar, labo­ral, cul­tu­ral, sani­ta­ria, social, nacio­nal, etc., que no se com­pren­den sin el empo­bre­ci­mien­to y a la vez lo refuerzan.

Por ejem­plo, el enga­ño­so tér­mino de «mar­gi­na­ción juve­nil»: en reali­dad no exis­te mar­gi­na­ción nin­gu­na den­tro del sis­te­ma capi­ta­lis­ta. La «mar­gi­na­ción» es un sub­sis­te­ma espe­cí­fi­co de explo­ta­ción fun­cio­nal al poder adul­to. De la mis­ma for­ma que hay una indus­tria neo­li­be­ral de la pobre­za, hay un sis­te­ma repre­si­vo y pro­duc­ti­vo de la mar­gi­na­li­dad juve­nil fun­cio­nal al orden del capi­tal. Pero la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca no dice abso­lu­ta­men­te nada de esto.

Sea una peque­ña red inter­ac­ti­va entre gaz­tetxes y colec­ti­vos que fun­cio­nan como con­tra­po­der mediá­ti­co en barrios y pue­blos cer­ca­nos; sean redes y has­ta radios libres más exten­sas que inclu­so pro­du­cen infor­ma­ción local en papel y que pue­den lle­gar a ser un doble poder infor­ma­ti­vo en sus áreas; o sea tele­vi­sio­nes y radios más exten­sas, que cubren muy amplias zonas, en estos nive­les de con­tra­po­der, doble­po­der y poder popu­lar mediá­ti­co, ha de inter­ve­nir la juven­tud militante.

Poder juve­nil y cul­tu­ra burguesa

La cul­tu­ra es la for­ma en cómo un colec­ti­vo orga­ni­za la pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción hori­zon­tal de los valo­res de uso. Es por tan­to un com­po­nen­te esen­cial de la pro­duc­ción y repro­duc­ción de la exis­ten­cia colec­ti­va. Dado que, en su raíz comu­ni­ta­ria, la len­gua es el ser comu­nal que habla por sí mis­mo, len­gua y cul­tu­ra son una uni­dad inma­te­rial, sub­je­ti­va, en su uso indi­vi­dual pero mate­rial­men­te obje­ti­va en su uso colec­ti­vo. En las for­ma­cio­nes eco­nó­mi­co-socia­les inser­tas en modos de pro­duc­ción basa­dos en la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y espe­cial­men­te en el capi­ta­lis­ta, en el que la mer­can­cía y el valor de cam­bio, o mejor dicho, la maxi­mi­za­ción del bene­fi­cio bur­gués, rigen direc­ta e indi­rec­ta­men­te todo com­por­ta­mien­to alie­na­do y feti­chi­za­do, en esta socie­da­des como la vas­ca, la cul­tu­ra domi­nan­te es la de la cla­se pro­pie­ta­ria y la cul­tu­ra popu­lar es cul­tu­ra explo­ta­da de la cla­se explotada.

De este modo, sur­ge una con­tra­dic­ción irre­so­lu­ble entre la cul­tu­ra bur­gue­sa y la cul­tu­ra popu­lar. La pri­me­ra, la domi­nan­te, se mue­ve den­tro del valor de cam­bio, de la mer­can­cía, del dine­ro como el feti­che que todo lo igua­la en el mun­do de la apa­rien­cia de los dere­chos abs­trac­tos de com­pra­do­res y ven­de­do­res de mer­can­cías. La segun­da, ade­más de ser la domi­na­da sufre una quie­bra inter­na por­que la mayo­ría de sus ele­men­tos son los de las suce­si­vas cla­ses domi­nan­tes habi­das has­ta enton­ces que se con­ser­van median­te la pre­sen­cia más o menos fuer­te de la cul­tu­ra bur­gue­sa den­tro de la popu­lar; pero en menor medi­da esta man­tie­ne mal que bien difu­sos ele­men­tos pre­ca­pi­ta­lis­tas comu­ni­ta­ris­tas, de ayu­da mutua y cola­bo­ra­ción colec­ti­va en los bie­nes y tareas comu­nes que se man­te­nían en el feu­da­lis­mo y escla­vis­mo, y que de algún modo se remon­ta­ban median­te uto­pías cris­tia­nas y res­tos del paga­nis­mo a los «modos comu­na­les de pro­duc­ción». Algu­nos de esos ele­men­tos se con­ser­van en la len­gua nacio­nal en la medi­da en que el pue­blo sigue prac­ti­cán­do­los en su vida colectiva.

En las nacio­nes opri­mi­das en las que sus bur­gue­sías cola­bo­ran acti­va­men­te con el Esta­do ocu­pan­te a cam­bio de man­te­ner su pro­pie­dad pri­va­da y que­dar­se con una par­te más o menos sus­tan­cio­sa de la plus­va­lía extraí­da median­te la explo­ta­ción asa­la­ria­da del pue­blo tra­ba­ja­dor, en estas socie­da­des como la vas­ca, la cul­tu­ra domi­nan­te no es inde­pen­den­tis­ta, no cues­tio­na radi­cal­men­te la opre­sión nacio­nal por­que su fun­ción es la de legi­ti­mar el cola­bo­ra­cio­nis­mo con el Esta­do. Los esca­sos con­te­ni­dos igua­li­ta­rios y comu­na­les que resis­ten en la cul­tu­ra popu­lar son un peli­gro para esa bur­gue­sía obse­sio­na­da en aca­bar con ellos para redu­cir­la a mero recla­mo fol­cló­ri­co exte­rior, mer­can­cía de la indus­tria turís­ti­ca y del espec­tácu­lo, actos polí­ti­cos inter­nos y de aca­ta­mien­to al poder externo cuan­do rea­li­za visi­tas de inspección.

Bajo estas pre­sio­nes la len­gua nacio­nal, que en su ori­gen ante­rior a la mer­can­cía, cuan­do solo exis­tía el valor de uso, era el ser comu­nal que habla por sí mis­mo, pue­de des­vir­tuar­se del todo per­dien­do su con­te­ni­do ini­cial para deve­nir en len­gua subal­ter­na supe­di­ta­da a la len­gua del capi­tal, el espa­ñol y fran­cés, subor­di­nán­do­se a ellas. En la medi­da en que fue impo­nién­do­se la pro­pie­dad pri­va­da sobre for­mas comu­na­les de pro­pie­dad, y en la que, con el capi­ta­lis­mo, la mer­can­cía se impo­ne como sín­te­sis social, como abs­trac­ción cog­ni­ti­va que deter­mi­na las for­mas inver­ti­das de ver la reali­dad, en esta medi­da la pro­pia len­gua devie­ne sim­ple ins­tru­men­to téc­ni­co sub­su­mi­do en la valo­ri­za­ción del capi­tal que emplea diver­sas «len­guas fran­cas» supe­rio­res a la len­gua nacional.

Para desa­rro­llar el poder lin­güís­ti­co-cul­tu­ral la juven­tud debe (re)construir los valo­res demo­crá­ti­cos, comu­na­les, asam­blea­rios y de ayu­da mutua que resis­ten peno­sa­men­te, a la defen­si­va y muy des­fi­gu­ra­dos en el com­ple­jo lin­güís­ti­co-cul­tu­ral. Debe actua­li­zar­los en todo aque­llo que hoy mis­mo sea posi­ble y nece­sa­rio, empe­zan­do por el papel deci­si­vo de la joven mujer tra­ba­ja­do­ra como pri­mer y fun­da­men­tal colec­ti­vo crea­dor de len­gua y cul­tu­ra popu­lar. Es el gru­po social deci­si­vo, y la (re)construcción de la cul­tu­ra vas­ca en su sen­ti­do nacio­nal popu­lar será prio­ri­ta­ria­men­te suya. Tarea simul­tá­nea a la eus­kal­du­ni­za­ción en todos los sentidos.

Para desa­rro­llar este poder lin­güís­ti­co-cul­tu­ral, la mejor for­ma es apren­der en la vida mate­rial las rela­cio­nes entre los con­te­ni­dos posi­ti­vos que sub­sis­ten en la cul­tu­ra popu­lar y los méto­dos hori­zon­ta­les de auto­or­ga­ni­za­ción en las luchas con­cre­tas. Unir la mano y la men­te, la acción y el pen­sa­mien­to, la lucha con­tra el dine­ro y la recu­pe­ra­ción del valor de uso del eus­ka­ra, el com­ba­te con­tra la mer­can­ti­li­za­ción y el for­ta­le­ci­mien­to de otras sexua­les y afec­tos, el recha­zo del con­su­mis­mo y el ascen­so de la nece­si­dad cons­cien­te. Es en esta pra­xis en la que vamos des­cu­brien­do y (re)construyendo el poder libe­ra­dor de la len­gua y de la cul­tu­ra del pue­blo trabajador.

La inde­pen­den­cia viven­cial nun­ca es ple­na es muy difí­cil de lograr en el capi­ta­lis­mo, como vere­mos al ana­li­zar la pre­ca­rie­dad. Sí se pue­de y se debe luchar por redu­cir al máxi­mo la depen­den­cia y la pre­ca­rie­dad aumen­tan­do la auto­no­mía eco­nó­mi­ca. Este es un requi­si­to bási­co para apren­der y desa­rro­llar el poder cul­tu­ral juve­nil por­que, como ire­mos vien­do, la vida fami­liar siem­pre res­trin­ge y con­di­cio­na la expe­rien­cia juve­nil, por mucho que la fami­lia pro­pia sea menos auto­ri­ta­ria y más demo­crá­ti­ca que las demás. La cul­tu­ra como valor de uso y la len­gua como la auto­con­cien­cia comu­nal que habla por sí mis­ma, solo pue­den enri­que­cer­se des­de la pra­xis social, no en los cenácu­los aca­dé­mi­cos e inte­lec­tua­les que depen­den en defi­ni­ti­va de los recur­sos del poder domi­nan­te y de la ren­ta­bi­li­dad de la indus­tria político-mediática.

Lograr la mayor inde­pen­den­cia viven­cial posi­ble o al menos cotas altas de ella, per­mi­te a la juven­tud expe­ri­men­tar la vida pro­pia en un piso colec­ti­vo o indi­vi­dual, en un gaz­tetxe o comu­na, es un paso de gigan­te para la (re)construcción de la cul­tu­ra popu­lar. La inde­pen­den­cia rela­ti­va o menor pre­ca­rie­dad pue­de lograr­se acep­tan­do la explo­ta­ción asa­la­ria­da o median­te un tra­ba­jo autó­no­mo, auto­ex­plo­ta­do, pero la mejor mane­ra es la de inte­grar­se en la medi­da de lo posi­ble en las diver­sas eco­no­mías socia­les, coope­ra­ti­vas, auto­ges­tio­na­das des­de cri­te­rios pre y pro­to­so­cia­lis­tas, que bus­can el desa­rro­llo crí­ti­co den­tro de la colec­ti­vi­dad. Más ade­lan­te vol­ve­re­mos sobre esta deci­si­va cuestión.

Por su pro­pia diná­mi­ca, la rela­ti­va inde­pen­den­cia viven­cial obli­ga a la juven­tud a inten­si­fi­car y ampliar sus rela­cio­nes para res­pon­der mejor al poder adul­to, que enton­ces apa­re­ce fren­te a ella en su ver­da­de­ro con­te­ni­do. El poder adul­to solo tole­ra la muy con­tro­la­da auto­no­mía juve­nil en los años uni­ver­si­ta­rios, y en muchos casos res­trin­gien­do esa auto­no­mía con el con­trol auto­ri­ta­rio de las resi­den­cias estu­dian­ti­les pri­va­das o públi­cas. El poder cul­tu­ral juve­nil, muy espe­cial­men­te el de las jóve­nes, solo pue­de basar­se en su inde­pen­den­cia viven­cial, del mis­mo modo que el poder lin­güís­ti­co-cul­tu­ral de Eus­kal Herria solo pue­de basar­se en su inde­pen­den­cia socialista.

Poder juve­nil y rela­cio­nes interpersonales

Las rela­cio­nes inter­per­so­na­les lo abar­can todo por­que somos ani­ma­les comu­ni­ta­rios. Nada está fue­ra de la red rela­cio­nal obje­ti­va que tie­ne su reali­dad sub­je­ti­va. En el capi­ta­lis­mo las rela­cio­nes inter­per­so­na­les son el refle­jo direc­to pero malin­ter­pre­ta­do como «sub­je­ti­vo» e indi­vi­dua­lis­ta de las obje­ti­vas rela­cio­nes colec­ti­vas inter­mer­can­ti­les dic­ta­das por la lógi­ca de la ganan­cia mate­rial, polí­ti­ca, sexual, cul­tu­ral, afec­ti­va… La sub­je­ti­va­ción indi­vi­dua­lis­ta de las rela­cio­nes inter­mer­can­ti­les obje­ti­va­se es par­te del feti­chis­mo de la mer­can­cía y de la alie­na­ción en sus múl­ti­ples expresiones.

Las rela­cio­nes inter­per­so­na­les son un cam­po de lucha deci­si­vo en el sen­ti­do fuer­te de la pala­bra. Un cam­po de lucha total y tota­li­zan­te que dura toda la vida y que defi­ne el con­cep­to mar­xis­ta de pra­xis revo­lu­cio­na­ria: la lucha como ideal de feli­ci­dad, como el deseo que se plas­ma en el pla­cer de la sub­ver­sión del orden explo­ta­dor. Dado que lo inter­re­la­cio­nal es el espa­cio-tiem­po bási­co en el que se sin­te­ti­zan todas las explo­ta­cio­nes, opre­sio­nes y domi­na­cio­nes, la con­cien­cia, la feli­ci­dad, el pla­cer y el deseo son fuer­zas eman­ci­pa­do­ras en el desa­rro­llo de rela­cio­nes inter­per­so­na­les libres de la dic­ta­du­ra del capi­tal. Así, el «mun­do sub­je­ti­vo» eman­ci­pa­do actúa como fuer­za mate­rial den­tro la uni­dad y lucha de con­tra­rios del «mun­do objetivo».

La afir­ma­ción de que «lo per­so­nal es polí­ti­co» es cier­ta por­que es en lo inter-per­so­nal don­de cho­can las rela­cio­nes de poder irre­con­ci­lia­bles entre sí, y el cho­que entre pode­res opues­tos es la esen­cia de la polí­ti­ca: por esto lo per­so­nal en cuan­to ele­men­to de los inter-per­so­nal, es polí­ti­co. La juven­tud debe asu­mir la esen­cia polí­ti­ca de sus rela­cio­nes inter-per­so­na­les por­que esa asun­ción es una de las base de la derro­ta del poder y de la polí­ti­ca adul­ta. Natu­ral­men­te, en la rela­ción fami­liar, pater­na y mater­na filial, en las fra­ter­na­les, la natu­ra­le­za polí­ti­ca de lo inter-per­so­nal está media­ti­za­da por sen­ti­mien­tos y afec­tos que ocul­tan los pro­ce­sos de domi­na­ción psi­co­ló­gi­co-afec­ti­va y de explo­ta­ción patriar­cal y adul­ta, aun­que en deter­mi­na­dos casos sua­vi­zan estas realidades.

Una de las tareas bási­cas de la izquier­da en gene­ral y del poder juve­nil en con­cre­to es la de estu­diar los cam­bios en el sis­te­ma fami­liar capi­ta­lis­ta y sus com­ple­ja diver­si­fi­ca­ción en sub­sis­te­mas fami­lia­res inclu­so mono­ma­ter­na­les y poli­se­xua­les, den­tro de la mul­ti­pli­ca­ción de dis­ci­pli­nas de con­trol que, median­te infi­ni­dad de vías, (re)producen la estruc­tu­ra psí­qui­ca de masas y diri­gen sus diver­sos nive­les crean­do una reac­cio­na­ria apa­rien­cia de «liber­tad» que cho­ca fron­tal­men­te con el endu­re­ci­mien­to de la vida juve­nil a raíz de la cri­sis des­ata­da en 2007, pero tam­bién antes en face­tas de repre­sión social, polí­ti­ca, cul­tu­ral, etc. La cri­sis, que ha agu­di­za­do aque­lla reali­dad repre­si­va, ha aña­di­do gol­pes nue­vo ace­le­ran­do el empo­bre­ci­mien­to y con él el empeo­ra­mien­to de la rela­cio­nes inter-per­so­na­les den­tro del sis­te­ma fami­liar capi­ta­lis­ta y en toda la vida juvenil.

Las y los más jóve­nes des­co­no­cen cómo eran las posi­bi­li­da­des socio­eco­nó­mi­cas de hace 10 o 7 años. Jóve­nes de 20 – 23 años solo tie­nen el pre­sen­te como reali­dad, e igno­ran la gra­ve­dad del retro­ce­so de los dere­chos, de lo que les han arran­ca­do. Mal­vi­vien­do en un pre­sen­te sin pasa­do y sin futu­ro, sin pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, y en medio de un con­tex­to fami­liar y social de silen­cio y con­for­mi­dad polí­ti­ca, mucha de esa juven­tud solo intu­ye el futu­ro de explo­ta­ción, empo­bre­ci­mien­to y auto­ri­ta­ris­mo. En estas fran­jas juve­ni­les las rela­cio­nes inter­per­so­na­les son el refle­jo del empo­bre­ci­mien­to viven­cial cau­sa­do por la alter­na­ti­va del poder adul­to para des­car­gar los cos­tos de la sali­da bur­gue­sa de la cri­sis en la juven­tud, espe­cial­men­te en la femenina.

Ade­más de otras que no pode­mos expo­ner aho­ra, esta situa­ción expli­ca varias cosas: el aumen­to del machis­mo juve­nil y de for­mas de diver­sión adap­ta­das al empo­bre­ci­mien­to, lo que faci­li­ta que ese machis­mo sea más agre­si­vo y «nor­ma­li­za­do» por­que apa­re­ce como reafir­ma­ción indi­vi­dua­lis­ta y con­ser­va­do­ra ante un mun­do duro e igno­to; y, en otros sec­to­res, la opción por un refor­mis­mo que le pro­me­te solu­cio­nar sus pro­me­sas sin ape­nas mover un dedo más que sim­ple acto de depo­si­tar un voto, sin pro­pues­ta algu­na de mili­tan­cia y en abso­lu­to de ries­go ante la omni­po­ten­cia de las duras leyes: ley de par­ti­dos, ley mor­da­za, ley antiterrorista…

La polí­ti­ca juve­nil debe saber que las rela­cio­nes inter­per­so­na­les tie­nen un con­te­ni­do de atrac­ción-repul­sión emo­cio­nal, poli­se­xual y afec­ti­va más o menos visi­ble u ocul­to, pero real. No pue­de inter­ve­nir­se como si la per­so­na­li­dad no exis­tie­ra: exis­te y no tener­la en cuen­ta aca­rrea malos resul­ta­dos. Depen­dien­do del auto­con­trol y domi­nio cons­cien­te de estas reac­cio­nes sub­cons­cien­tes o incons­cien­tes, será mucha o poca la efec­ti­vi­dad del con­te­ni­do polí­ti­co libe­ra­dor de las rela­cio­nes inter­per­so­na­les. Des­co­no­cer o igno­rar estas fuer­zas, fobias y filias pro­fun­das, redu­ce mucho la efec­ti­vi­dad de la lucha polí­ti­ca en todos los sen­ti­dos, pudien­do lle­gar a vol­ver­se con­tra ella por­que los actos auto­ri­ta­rios, buro­crá­ti­cos, pre­po­ten­tes, sec­ta­rios, gene­ran recha­zo o ani­mad­ver­sión. Con fre­cuen­cia, la for­ma­ción teó­ri­ca y polí­ti­ca de un mili­tan­te sir­ve de poco si su resul­ta este resul­ta ser una per­so­na insoportable.

El «mun­do sub­je­ti­vo» es espe­cial­men­te impor­tan­te en la inter­ven­ción polí­ti­ca en los con­tex­tos en don­de las rela­cio­nes inter­per­so­na­les son cer­ca­nas, pró­xi­mas, por la can­ti­dad de per­so­nas con dife­ren­tes nive­les de con­cien­cia y opi­nión: cen­tros de tra­ba­jo y de estu­dio, movi­mien­tos popu­la­res y socia­les, colec­ti­vos, etc., es decir, en don­de la mili­tan­cia joven ha de rela­cio­nar­se en un espa­cio polí­ti­co, ideo­ló­gi­co y psi­co­ló­gi­co muy diver­si­fi­ca­do y com­ple­jo, en los que tam­bién actúan otras fuer­zas opues­tas y con­tra­rias, hos­ti­les incluso.

La natu­ra­le­za polí­ti­ca de lo per­so­nal se des­plie­ga públi­ca­men­te aquí y no úni­ca­men­te en la vida lla­ma­da «coti­dia­na», «pri­va­da». El poder juve­nil pue­de afian­zar­se des­de sus nive­les arri­ba vis­tos de con­tra­po­der ini­cial en la medi­da en que esa capa­ci­dad de rela­cio­nes inter­per­so­na­les van amplian­do la legi­ti­mi­dad juve­nil, rom­pien­do las barre­ras psi­co­ló­gi­cas que fre­cuen­te­men­te son los pri­me­ros obs­tácu­los que impi­den la fran­ca con­ver­sa­ción polí­ti­ca con per­so­nas refor­mis­tas o de otras corrien­tes revo­lu­cio­na­rias. Las rela­cio­nes inter­per­so­na­les son tan­to más impor­tan­tes cuan­do exis­te una sis­te­má­ti­ca cam­pa­ña ins­ti­tu­cio­nal de des­cré­di­to, cer­co y ais­la­mien­to, lle­gan­do a situa­cio­nes extre­mas de inci­ta­ción a la represión.

Poder juve­nil y pre­ca­rie­dad vital

Pre­ca­rio quie­re decir algo de poca esta­bi­li­dad o dura­ción; algo que se tie­ne sin títu­lo, por tole­ran­cia o inad­ver­ten­cia de su due­ño, de su pro­pie­ta­rio. Vivir en pre­ca­rio quie­re decir que se vive depen­dien­do de la volun­tad de otra per­so­na que es la pro­pie­ta­ria de las cosas que nos per­mi­ten vivir. La vida pre­ca­ria es la vida depen­dien­te. En las socie­da­des pre­ca­pi­ta­lis­tas en las que las cla­ses tra­ba­ja­do­ras man­te­nían cier­tas fuer­zas pro­duc­ti­vas pro­pias o comu­nes, como tie­rras, gana­do, ins­tru­men­tos, etc., la pre­ca­rie­dad de la vida se debía en gran medi­da a los ava­ta­res de la natu­ra­le­za y en menor medi­da a las con­tra­dic­cio­nes sociales.

En el capi­ta­lis­mo las fuer­zas pro­duc­ti­vas, cam­pos, máqui­nas, ener­gía, capi­tal, etc., son pro­pie­dad de la bur­gue­sía. Duran­te varios siglos de fero­ces vio­len­cias terro­ris­tas y leyes durí­si­mas, la bur­gue­sía en ascen­so logró apro­piar­se de los bie­nes comu­nes, bos­ques, tie­rras colec­ti­vas o bal­días, lagos y ríos, y tam­bién de las de los peque­ños cam­pe­si­nos, de sus ins­tru­men­tos y de los talle­res de los peque­ños arte­sa­nos. Tam­bién expro­pió las tie­rras y rique­zas de los pue­blos inva­di­dos. Sin recur­sos pro­pios para sobre­vi­vir, por peque­ños que fue­ran, sur­gió una nue­va y más per­ver­sa pre­ca­rie­dad: depen­der de la cla­se pro­pie­ta­ria de las fuer­zas pro­duc­ti­vas pri­va­ti­za­das. Se vive en pre­ca­rio por­que un empre­sa­rio explo­ta la fuer­za de tra­ba­jo a cam­bio de un sala­rio; si el empre­sa­rio cie­rra el nego­cio la pre­ca­rie­dad se dis­pa­ra has­ta caer en la indi­gen­cia. Se pue­de mal­vi­vir un tiem­po median­te aho­rros y ayu­das socia­les y públi­cas, o fami­lia­res, pero aun así es una vida pre­ca­ri­za­da, depen­dien­te, no propia.

En el pre­ca­pi­ta­lis­mo las revuel­tas y revo­lu­cio­nes cam­pe­si­nas podían mejo­rar en algo la pre­ca­rie­dad natu­ral, racio­na­li­zan­do par­cial­men­te la agri­cul­tu­ra y el repar­to social y res­trin­gien­do los pri­vi­le­gios feu­da­les y ecle­siás­ti­co, o liqui­dán­do­los, pero ape­nas más. Bajo el capi­tal, la pre­ca­rie­dad tie­ne razo­nes socio­po­lí­ti­cas e indus­tria­les más que de ciclo natu­ral agra­rio, por­que es la estruc­tu­ra de poder socio­po­lí­ti­co la que faci­li­ta la explo­ta­ción y garan­ti­za la exis­ten­cia de la pro­pie­dad pri­va­da. La lucha de cla­ses tam­bién pue­de redu­cir la pre­ca­rie­dad impo­nien­do refor­mas socia­les más o menos pro­gre­sis­tas y debi­li­tan­do el poder bur­gués, pero solo la revo­lu­ción socia­lis­ta pue­de ini­ciar la supera­ción his­tó­ri­ca de la pre­ca­rie­dad que solo con­clui­rá en su for­ma actual, his­tó­ri­ca, en la socie­dad comu­nis­ta, fase a par­tir de la cual sur­gi­rá otra for­ma de pre­ca­rie­dad: nues­tra depen­den­cia del cos­mos como espe­cie ani­mal cons­cien­te –la noós­fe­ra- inser­ta en la dia­léc­ti­ca de la naturaleza.

Como hemos vis­to arri­ba, al hablar de la nece­si­dad de la con­quis­ta de una mayor inde­pen­den­cia rela­ti­va y de una menor pre­ca­rie­dad o depen­den­cia, como requi­si­to para que el poder juve­nil (re)construya la cul­tu­ra popu­lar y nacio­nal en lucha con­tra la cul­tu­ra domi­nan­te, la bur­gue­sa y extran­je­ra, la juven­tud tie­ne varias alter­na­ti­vas, de las cua­les solo vamos a ana­li­zar aquí cua­tro gran­des blo­ques. El orden de expo­si­ción no refle­ja su orden de importancia.

El pri­me­ro es acep­tar la explo­ta­ción labo­ral sabien­do que no exis­te «sala­rio jus­to» sino vai­ve­nes de una mayor o menos tasa de explo­ta­ción y de pre­cio de la fuer­za de tra­ba­jo depen­dien­do de los vai­ve­nes de la lucha de cla­ses, en sín­te­sis. En este caso ha se saber que su apor­ta­ción al poder juve­nil debe rea­li­zar­se tam­bién en el mar­co de la lucha sin­di­cal, de la lucha obre­ra y tra­ba­ja­do­ra, con la mayor cone­xión posi­ble con los movi­mien­tos popu­la­res y socia­les «exte­rio­res» a la lucha estric­ta­men­te sin­di­cal pero uni­dos en lo esen­cial con la lucha del pue­blo tra­ba­ja­dor y de la cla­se obre­ra. Al mar­gen de la for­ma de explo­ta­ción sala­rial, o sea, tra­ba­jo alta­men­te cua­li­fi­ca­do o no; qué sec­tor, indus­trial, comer­cial, finan­cie­ro, de «ser­vi­cios», etc.; qué régi­men labo­ral, fijo, a tiem­po par­cial, sub­con­tra­tas, etc.; qué explo­ta­ción aña­di­da se sufre por ser mujer, migran­te, joven, etc., al mar­gen aho­ra de estas y otras cues­tio­nes, lo deci­si­vo es que todas ellas for­man par­te de la fuer­za social de tra­ba­jo explo­ta­da y explo­ta­ble por el capi­tal: el poder juve­nil tie­ne que arrai­gar tam­bién aquí.

El segun­do es ese amplio mun­do del tra­ba­jo auto explo­ta­do o autó­no­mo, bien en su for­ma indi­vi­dual con un tra­ba­jo arte­sa­nal, o pro­fe­sión «libe­ral» pero sin asa­la­ria­dos a los que se explo­ta de algún modo aun­que sean cono­ci­dos o ami­gos, etc.; o bien en for­ma colec­ti­va, median­te coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción y con­su­mo, for­mas de tra­ba­jo auto­ges­tio­na­do demo­crá­ti­ca­men­te, inser­tas en redes de repar­to de equi­va­len­tes des­de la reci­pro­ci­dad de la ayu­da mutua, recha­zan­do la ganan­cia y dedi­can­do los bene­fi­cios sobran­tes a la lucha revo­lu­cio­na­ria soli­da­ria e inter­na­cio­na­lis­ta como lo hacían las coope­ra­ti­vas socia­lis­tas en su tiem­po. No nos olvi­de­mos de las recu­pe­ra­cio­nes de empre­sas y de loca­les, pero de eso deba­ti­re­mos en el siguien­te y últi­mo apartado.

Tam­bién está eso que lla­man «eco­no­mía social» o soli­da­ria, en la que erró­nea­men­te se inclu­ye el pun­to ante­rior carac­te­ri­za­do por­que recha­za la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta e inten­ta pre­fi­gu­rar de algún el socia­lis­mo, y es un error por­que el grue­so de esta «eco­no­mía soli­da­ria», de coope­ra­ti­vis­mo y auto­ges­tión «neu­tral» ‑léa­se Auto­ges­tión socia­lis­ta vs Auto­ges­tión refor­mis­ta del 26 de agos­to de 2015, a libre dis­po­si­ción en la red- está inser­ta direc­ta o indi­rec­ta­men­te en la lógi­ca capi­ta­lis­ta. Es esta for­ma de redu­cir la pre­ca­rie­dad, la juven­tud mili­tan­te ha de estu­diar mili­mé­tri­ca­men­te cuan­do está en el lado del pue­blo tra­ba­ja­dor o en el lado de la bur­gue­sía explo­ta­do­ra. La línea roja que sepa­ra a estos dos blo­ques socia­les anta­gó­ni­cos no es otra que la obten­ción de ganan­cia a par­tir de la pro­duc­ción de plusvalía.

Exis­te una «eco­no­mía social» que no quie­re la ganan­cia obte­ni­da median­te la plus­va­lía y su trans­for­ma­ción en bene­fi­cio bur­gués; pero exis­te otra que sí bus­ca ese bene­fi­cio obte­ni­do median­te la explo­ta­ción direc­ta o indi­rec­ta. El poder juve­nil pue­de y debe desa­rro­llar la pri­me­ra lo más posi­ble para aumen­tar su rela­ti­va inde­pen­den­cia y redu­cir su depen­den­cia y pre­ca­rie­dad, pero debe luchar para trans­for­mar la otra for­ma, la que refuer­za el capi­ta­lis­mo, en eco­no­mía no explotadora.

El ter­ce­ro es la for­ma de redu­cir la pre­ca­rie­dad median­te el auto­con­trol de las nece­si­da­des no cayen­do en el con­su­mis­mo, lo que per­mi­te inten­tar con­vi­vir en gaz­tetxes o comu­nas juve­ni­les para, sin ser explo­ta­do y no vivien­do de la fami­lia de mane­ra dife­ri­da, dedi­car ese tiem­po libe­ra­do, recu­pe­ra­do al tiem­po bur­gués y explo­ta­do, dedi­car­lo a la mili­tan­cia revo­lu­cio­na­ria en las múl­ti­ples áreas y tareas en las que hay que inter­ve­nir. Esta for­ma de inde­pen­den­cia juve­nil tie­ne su méri­to por­que exi­ge de un auto­con­trol apre­cia­ble de las nece­si­da­des dis­tin­guien­do las radi­ca­les de las bur­gue­sas, meta fun­da­men­tal para no caer en el con­su­mis­mo; exi­ge tam­bién capa­ci­dad de rela­cio­nes inter­per­so­na­les y de apor­ta­ción teó­ri­ca, polí­ti­ca, cul­tu­ral, ética…

Tal como las enten­de­mos aquí, las nece­si­da­des radi­ca­les son las que, median­te su satis­fac­ción, pue­den minar las estruc­tu­ras capi­ta­lis­tas tan­to en su expre­sión psi­co­ló­gi­ca, de con­cien­cia y de per­so­na­li­dad indi­vi­dual y colec­ti­va, libe­rán­do­las en la medi­da de lo posi­ble en cada cir­cuns­tan­cia, como tam­bién minan las estruc­tu­ras obje­ti­vas de explo­ta­ción una vez que se trans­for­man en movi­mien­tos de masas. Las nece­si­da­des bur­gue­sas son las que refuer­za el poder del capi­tal. El deba­te sobre si en el capi­ta­lis­mo pue­den satis­fa­cer­se las nece­si­da­des radi­ca­les es esco­lás­ti­co ya que se tra­ta de una pra­xis y un pro­ce­so que va superan­do obs­tácu­los has­ta lle­gar a momen­tos de sal­to revo­lu­cio­na­rio, cua­li­ta­ti­vo; un pro­ce­so que pue­de ser derro­ta­do, estan­car­se y retroceder.

Y el cuar­to es el más fre­cuen­te por des­gra­cia: inten­tar redu­cir la pre­ca­rie­dad vivien­do en casa, bajo la tute­la fami­liar. Hay que decir que es posi­ble lograr­lo pero a con­di­ción de que, por un lado, la fami­lia pro­pia no se com­por­te como poder adul­to y apo­ye o al menos per­mi­ta la mili­tan­cia de la hija o hijo; y de que, por otro lado, la y/​o el mili­tan­te no abu­se de ese rela­ti­vo pri­vi­le­gio sino que asu­ma su vida fami­liar como una tarea mili­tan­te más, como otro cam­po de acción espe­cial­men­te car­ga­do de con­te­ni­dos afec­ti­vos en la rela­ción inter­per­so­nal arri­ba expues­ta. Esta asun­ción es deci­si­va por­que de ella depen­de que esa o ese mili­tan­te no dege­ne­re en una per­so­na explo­ta­do­ra, que abu­sa de la fami­lia para sus egoís­mos indi­vi­dua­lis­tas por muy dis­fra­za­dos que estén de dema­go­gia revolucionaria.

El poder juve­nil ha de mate­ria­li­zar­se de for­mas pre­ci­sas en cada uno de los cua­tro blo­ques: no es lo mis­mo el con­tex­to fami­liar que el con­tex­to de explo­ta­ción labo­ral o el de tra­ba­jo auto­ges­tio­na­do con cri­te­rios socia­lis­tas, por no hablar de la pra­xis comu­nal. Cada uno de ellos requie­re de moda­li­da­des espe­cí­fi­cas de poder juve­nil. Aun así, exis­te un deno­mi­na­dor común que los iden­ti­fi­ca: la lucha con­tra el poder adul­to como pie­dra basal de las difi­cul­ta­des deses­pe­ra­da que cada uno opo­ne al poder joven.

6. Poder juve­nil y pro­pie­dad popular

El capi­tal pue­de ceder muchas cotas de poder secun­da­rio y has­ta acep­tar por un tiem­po algún recor­te de sus bene­fi­cios con tal de man­te­ner el con­trol de dos pie­zas cla­ves que en reali­dad son una sola: el Esta­do y sus fuer­zas arma­das. Ambas son impres­cin­di­bles para garan­ti­zar su pro­pie­dad pri­va­da. Pon­ga­mos un ejem­plo que expli­ca lo que que­re­mos decir: Kukutza. Como sabe­mos, este local recu­pe­ra­do por la juven­tud era una fábri­ca aban­do­na­da. La ini­cia­ti­va juve­nil, obre­ra y popu­lar logró que muy rápi­da­men­te Kukutza fue­ra duran­te 13 años un foco irra­dia­dor de liber­tad auto­or­ga­ni­za­da, auto­ges­tio­na­da y auto­de­ter­mi­na­da no solo del barrio de Erre­kal­de­be­rri sino de Bil­bo y ale­da­ños. Pero el capi­tal no podía per­mi­tir por más tiem­po que seme­jan­te demos­tra­ción de la via­bi­li­dad del pro­ce­so que va del con­tra­po­der al poder popu­lar loca­li­za­do en una sig­ni­fi­ca­ti­va zona urba­na, cre­cie­ra plas­mán­do­se en momen­tos y actos con­cre­tos como un doble poder que el ayun­ta­mien­to bur­gués y las fuer­zas refor­mis­tas tenían que tener en cuen­ta según los temas a tra­tar: sobre todo su ejem­plo, que es la mejor pedagogía.

Kukutza mos­tra­ba día a día la con­tra­dic­ción inso­lu­ble que enfren­ta a dos dere­chos igua­les pero enemi­gos: el dere­cho popu­lar a la pro­pie­dad colec­ti­va y el dere­cho bur­gués a su pro­pie­dad pri­va­da. Y cuan­do cho­can dos dere­chos igua­les, deci­de la fuer­za. Lle­gó un momen­to en el que la cla­se domi­nan­te com­pren­dió que Kukutza era una muy peli­gro­sa lec­ción ilu­sio­nan­te que podía ser apli­ca­da en otros barrios. En pala­bras del alcal­de de Bil­bo de fina­les de verano de 2011: «hay que defen­der la pro­pie­dad pri­va­da». La poli­cía asal­tó Kukutza. Muchos gaz­tetxes han sufri­do la mis­ma suerte.

Para el poder juve­nil en su lucha con­tra la pre­ca­rie­dad, por una cul­tu­ra revo­lu­cio­na­ria y por una len­gua comu­nal, por unas rela­cio­nes inter­per­so­na­les libe­ra­do­ras…, es deci­si­vo recu­pe­rar loca­les, cons­truir espa­cios libre del poder adul­to en los que con­vi­vir y en los que deba­tir los erro­res y los acier­tos expe­ri­men­ta­dos en la pra­xis juve­nil den­tro y fue­ra del espa­cio liberado.

De las cua­tro gran­des for­mas de ampliar la inde­pen­den­cia rela­ti­va que hemos ana­li­za­do ante­rior­men­te –la explo­ta­ción asa­la­ria­da; el tra­ba­jo auto­ex­plo­ta­do o auto­ges­tio­na­do des­de pers­pec­ti­vas socia­lis­tas o bur­gue­sas; la vida en gaz­tetxe o en comu­na; y la vida en la fami­lia propia‑, la más efec­ti­va y rápi­da es la ter­ce­ra con la ayu­da de la pri­me­ra o segun­da si hacen fal­ta más recur­sos eco­nó­mi­cos. La expe­rien­cia apren­di­da a dia­rio, sin la vigi­lan­te pro­tec­ción del poder adul­to fami­liar, tenien­do que enfren­tar­se a la vida resol­vien­do sus nece­si­da­des con la inven­ti­va indi­vi­dual y colec­ti­va mate­ria­li­za­da en la ayu­da mutua comu­nal, esta expe­rien­cia es insustituible.

Aho­ra bien, la vida en comu­na o gaz­tetxe exi­ge de un deseo cons­cien­te para supe­rar los obs­tácu­los des­de el ini­cio. Lo pri­me­ro de lo que hay que ser cons­cien­tes teó­ri­ca y polí­ti­ca­men­te, y sobre todo des­de la polí­ti­ca del deseo, es que la recu­pe­ra­ción y socia­li­za­ción –sin pre­ci­sar aho­ra este con­cep­to- de los bie­nes capi­ta­lis­tas siem­pre es anta­gó­ni­ca con el dere­cho de pro­pie­dad bur­gue­sa. Si bien en deter­mi­na­das con­di­cio­nes el Esta­do per­mi­te has­ta cier­to pun­to que el pue­blo tra­ba­ja­dor recu­pe­re empre­sas en quie­bra, en cie­rre, aban­do­na­das por su pro­pie­ta­rio, libe­res y recu­pe­ren loca­les, espa­cios y medios pri­va­ti­za­dos, socia­li­zán­do­los etc., y las pon­ga a fun­cio­nar de mane­ra auto­or­ga­ni­za­da, si bien esto suce­de en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias, lue­go resul­ta difí­cil man­te­ner su fun­cio­na­mien­to por dos razo­nes básicas:

Una, la que podría­mos lla­mar como «vía de la nor­ma­li­za­ción»: la ente­ra estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca, legal, cul­tu­ral e ideo­ló­gi­ca, psi­co­ló­gi­ca capi­ta­lis­ta es con­tra­ria a esos inten­tos, pre­sio­nán­do­los de mil modos has­ta asfi­xiar­los, u obli­gán­do­les a inser­tar­se de la lógi­ca de la explo­ta­ción inter­na y exter­na, con­vir­tién­do­se de nue­vo en otra empre­sa más o cerran­do el espa­cio socia­li­za­do. Se tra­ta de la diná­mi­ca «obje­ti­va» del capi­ta­lis­mo, su for­ma de fun­cio­nar por sí mis­mo, su psi­co­lo­gía alie­na­da que recha­za la liber­tad, su ideo­lo­gía, etc., lo que le hace com­ba­tir y repe­ler «nor­mal­men­te» estas con­quis­tas como si fue­ran cuer­pos extra­ños y peligrosos.

Otra, inse­pa­ra­ble de la ante­rior pero que goza de auto­no­mía polí­ti­ca pro­pia: la «vía de la repre­sión». Aho­ra no pode­mos explo­rar la uni­dad entre nor­ma­li­zar y repri­mir que se inser­tan en la mis­ma estra­te­gia de man­te­ner el orden. La tác­ti­ca de la repre­sión con­tra las prác­ti­cas auto­ges­tio­na­das se endu­re­ce cuan­do el Esta­do o el pro­pie­ta­rio de la empre­sa o edi­fi­cio libe­ra­do por el pue­blo quie­ren aca­bar con esa peli­gro­sa liber­tad colec­ti­va. Bien sea por­que el poder polí­ti­co ve que ese paso ade­lan­te popu­lar está impul­san­do otros avan­ces más, ace­le­ran­do una peli­gro­sa espi­ral cre­cien­te con­tra la pro­pie­dad pri­va­da, lo que es inacep­ta­ble; o bien por­que el due­ño de la empre­sa o local pide ayu­da al Esta­do para «recu­pe­rar» lo que cree que es suyo.

Lle­ga­dos a este momen­to, la «nor­ma­li­dad demo­crá­ti­ca» va legi­ti­man­do la «acción de la ley» en la apli­ca­ción de suce­si­vos nive­les repre­si­vos a cada cual más duro. Inclu­so una par­te de esa «nor­ma­li­dad demo­crá­ti­ca» mira a otro lado sil­ban­do a las nubes mien­tras las fuer­zas repre­si­vas aplas­tan la con­quis­ta popu­lar reins­tau­ran­do el orden y refor­zan­do la pre­ca­rie­dad juvenil.

La estra­te­gia joven debe ir por delan­te de estos muy pre­vi­si­bles mor­dis­cos y zar­pa­zos del poder adul­to. Más cru­da­men­te, ha de saber que esos gol­pes son inevi­ta­bles una vez que el avan­ce popu­lar es inso­por­ta­ble para el capi­tal por­que esa juven­tud ha empe­za­do a socia­li­zar su pro­pie­dad pri­va­da, expro­pian­do a la bur­gue­sía y devol­vien­do al pue­blo tra­ba­ja­dor lo que este ha cons­trui­do con su esfuer­zo. Esta lógi­ca nace de la uni­dad y lucha de con­tra­rios anta­gó­ni­cos entre la bur­gue­sía y el pue­blo, y se desa­rro­lla con más o menos inten­si­dad públi­ca o sote­rra­da en las múl­ti­ples expre­sio­nes de la lucha nacio­nal de clase.

No pue­de redu­cir­se la pre­ca­rie­dad viven­cial en el capi­ta­lis­mo si no se dan pasos radi­ca­les en la socia­li­za­ción de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, lo que tar­de o tem­prano pro­vo­ca la ira­cun­da res­pues­ta bur­gue­sa, rom­pien­do el mito de la «nor­ma­li­dad demo­crá­ti­ca» debi­li­ta­da por el incre­men­to de las repre­sio­nes. Fren­te a esto, el refor­mis­mo adul­to tie­nes tras alter­na­ti­vas: apo­yar el recor­te de liber­ta­des, como tan­tas veces hace; callar­se como hace otras tan­tas; o decir que defien­de esas liber­ta­des pero solo median­te la «con­fron­ta­ción demo­crá­ti­ca». Según las cir­cuns­tan­cia, el poder aplau­de este «rea­lis­mo polí­ti­co» por­que sabe por la his­to­ria que es ino­cuo e ino­fen­si­vo en lo esen­cial, en lo tocan­te a la pro­pie­dad pri­va­da bur­gue­sa inclui­da en ella la del Esta­do como for­ma polí­ti­ca del capital.

Menos aún pue­de redu­cir­se la pre­ca­rie­dad nacio­nal y social de un pue­blo opri­mi­do si no avan­za radi­cal­men­te en cotas de doble poder y poder popu­lar con­cre­to que desa­rro­llen medi­das pre y pro­to­so­cia­lis­tas. Sin éstas «refor­mas radi­ca­les» y con­quis­ta de rela­cio­nes de fuer­za pre­rre­vo­lu­cio­na­rias, es prác­ti­ca­men­te impo­si­ble que esos logros sir­van de impul­so, de tram­po­lín, para dar el sal­to cua­li­ta­ti­vo al Esta­do pro­pio que, des­de sus pri­me­ros momen­tos de vida ha de desa­rro­llar avan­ces socialistas.

El poder juve­nil care­ce de futu­ro si por las razo­nes que fue­ran, inclui­das las de la pre­sión de refor­mis­mo adul­to, igno­ra la lec­ción his­tó­ri­ca bási­ca, sin­te­ti­za­da aquí en la dia­léc­ti­ca de las cua­tros A:

Auto­or­ga­ni­za­ción de la juven­tud median­te el impul­so orga­ni­za­do de la recu­pe­ra­ción de loca­les para crear gaz­tetxes y comu­nas median­te las que redu­cir la pre­ca­rie­dad viven­cial. En toda auto­or­ga­ni­za­ción exis­ten núcleos orga­ni­za­dos que, des­de su inte­rior y nun­ca des­de el diri­gis­mo externo, bus­can impul­sar­la apor­tan­do ideas y pro­pues­tas al deba­te demo­crá­ti­co, siem­pre des­de la peda­go­gía del ejem­plo prác­ti­co y res­pe­tan­do las nor­mas de las rela­cio­nes interpersonales.

Auto­ges­tión demo­crá­ti­ca de esos cen­tros libe­ra­dos. Por auto­ges­tión enten­de­mos la prác­ti­ca de la ges­tión colec­ti­va, inter­na y no impues­ta des­de fue­ra, de ese colec­ti­vo, cen­tro popu­lar o social, gaz­tetxe, empre­sa, escue­la, etc., libe­ra­da. Sin auto-ges­tión es impo­si­ble la auto-orga­ni­za­ción. La ges­tión colec­ti­va ense­ña mucho sobre las for­mas de aumen­tar la inde­pen­den­cia rela­ti­va de la juven­tud auto-orga­ni­za­da redu­cien­do su pre­ca­rie­dad, y si bien pue­de su trá­mi­te téc­ni­co, admi­nis­tra­ti­vo, pue­de ser dele­ga­do a un par­te del colec­ti­vo, debe ser­lo bajo deter­mi­na­das exi­gen­cias demo­crá­ti­cas y hori­zon­ta­les muy pre­ci­sas: perío­do limi­ta­do en esa tarea y sus­ti­tu­ción cuan­do el colec­ti­vo lo deci­da, trans­pa­ren­cia inme­dia­ta de la ges­tión, ren­di­ción públi­ca de cuen­tas, etc.

Auto­de­ter­mi­na­ción juve­nil deci­dien­do colec­ti­va­men­te qué hacer. Ni la auto-orga­ni­za­ción ni la auto-ges­tión pue­den cre­cer sin la per­ma­nen­te toma de deci­sio­nes del gru­po, sin su auto-deter­mi­na­ción prác­ti­ca: el colec­ti­vo se deter­mi­na a sí mis­mo sin espe­rar que el poder adul­to en con­cre­to y en bur­gués en gene­ral, le con­ce­da y res­pe­te ese abs­trac­to «dere­cho a deci­dir». La comu­na, el piso colec­ti­vo, la empre­sa auto­ges­tio­na­da o la coope­ra­ti­va socia­lis­ta, etc., la nación tra­ba­ja­do­ra en su con­jun­to, se auto-deter­mi­nan en su pra­xis en la medi­da en que se auto-ges­tio­nan y se auto-orga­ni­zan duran­te el mis­mo pro­ce­so: se tra­ta de una pra­xis sis­té­mi­ca en la que las deci­sio­nes, la ges­tión y la orga­ni­za­ción inter-actúan e influen­cian en su inte­gra­ción sinérgica.

Y auto­de­fen­sa, por­que al final no sir­ve ape­nas de nada lo con­quis­ta­do con tan­to esfuer­zo si es des­trui­do por las repre­sio­nes. Es aquí cuan­do esa for­ma pobre­men­te acti­va de «nor­ma­li­dad» que es la «con­fron­ta­ción demo­crá­ti­ca» mues­tra sus limi­ta­cio­nes. La auto-defen­sa pue­de rea­li­zar­se de muchas for­mas según la dia­léc­ti­ca entre fines y medios, el prin­ci­pio del mal menor nece­sa­rio, etc., pero reser­ván­do­se siem­pre el «supre­mo recur­so de la rebe­lión con­tra la tira­nía y la opre­sión» afir­ma­do como tal en el Preám­bu­lo de la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de los Dere­chos Huma­nos. Des­de que sur­gie­ron la explo­ta­ción, la opre­sión y la domi­na­ción, la Huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra siem­pre se ha reser­va­do el dere­cho a la resis­ten­cia, prac­ti­cán­do­lo según nece­si­da­des y posi­bi­li­da­des tác­ti­cas y estra­te­gias, obje­ti­vos inme­dia­tos o media­tos, pero no renun­cian­do a ella nunca.

El poder juve­nil, como el poder popu­lar en sí mis­mo y el Esta­do pro­pio, es el resul­ta­do de la dia­léc­ti­ca entre auto­or­ga­ni­za­ción, auto­ges­tión, auto­de­ter­mi­na­ción y autodefensa.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 28 de febre­ro de 2016

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