Jue­ces con­tra la demo­cra­cia (car­ta abier­ta de Car­lo Fra­bet­ti a Manue­la Carmena)

Como segu­ra­men­te recor­da­rás, en julio de 2014, en el mar­co de la Sema­na Negra de Gijón, coin­ci­di­mos en una ten­sa mesa redon­da sobre la tor­tu­ra. Pri­me­ro habló el psi­quia­tra Gui­ller­mo Ren­due­les, que lle­vó a cabo una estre­me­ce­do­ra des­crip­ción de los efec­tos psi­co­ló­gi­cos de la tor­tu­ra; lue­go inter­vi­nis­te tú, y dijis­te sin amba­ges que la tor­tu­ra es una prác­ti­ca habi­tual e impu­ne en el Esta­do espa­ñol, y que los médi­cos foren­ses y los jue­ces miran hacia otro lado inclu­so en los casos más fla­gran­tes; y por últi­mo inter­vi­ne yo, y empe­cé dicien­do que, tal como se des­pren­día de tus pala­bras, este es un Esta­do terro­ris­ta (y no solo por su per­te­nen­cia a la OTAN). Y cuan­do ter­mi­né de hablar, te fal­tó tiem­po para coger el micró­fono y decir que tú no habías insi­nua­do en nin­gún momen­to que este fue­ra un Esta­do terro­ris­ta, y que lo úni­co que se des­pren­día de tus pala­bras era que vivi­mos en una demo­cra­cia imperfecta.

Tu com­pul­si­va acla­ra­ción (que fue opor­tu­na­men­te con­tes­ta­da des­de el públi­co) me recor­dó la de otro supues­to letra­do pro­gre­sis­ta, Car­los Jimé­nez Villa­re­jo, en un acto sobre el pro­ce­so de paz en el País Vas­co cele­bra­do en el Ate­neo de Madrid en 2007; una acla­ra­ción tan irra­cio­nal como la tuya y que en su día me lle­vó a escri­bir un artícu­lo (que aca­ba­ría con­vir­tién­do­se en una serie) titu­la­do Pen­sa­mien­to dis­cre­to, en el que, entre otras cosas, decía:

Jimé­nez Villa­re­jo, que aca­ba­ba de demos­trar con los más con­tun­den­tes argu­men­tos jurí­di­cos que nues­tro supues­to Esta­do de dere­cho es una bur­da fala­cia, mani­fes­tó su des­acuer­do con un inter­vi­nien­te del públi­co y dijo que, aun­que imper­fec­ta, tene­mos la suer­te de vivir en una demo­cra­cia… No tuve tiem­po ni ganas de pre­gun­tar­le a Jimé­nez Villa­re­jo cómo se las arre­gla­ba para hacer com­pa­ti­ble la demo­cra­cia con el terro­ris­mo de Esta­do, la tor­tu­ra, la bru­ta­li­dad poli­cial, la mani­pu­la­ción legis­la­ti­va, la anti­cons­ti­tu­cio­nal polí­ti­ca peni­ten­cia­ria y otras «imper­fec­cio­nes»… ¿Qué pen­sa­ría­mos de alguien que acep­ta­ra las dos pre­mi­sas de un silo­gis­mo y nega­ra su con­clu­sión? Alguien que dije­ra, por ejem­plo: «Todos los hom­bres son mor­ta­les; Sócra­tes es un hom­bre; pero Sócra­tes no es mor­tal». Pen­sa­ría­mos, con toda razón, que, una de tres: o está loco, o es un dis­ca­pa­ci­ta­do men­tal, o nos está toman­do el pelo… Pero, por increí­ble que parez­ca, este tipo de abe­rra­cio­nes inte­lec­tua­les están a la orden del día, y si bien en el caso de los polí­ti­cos de ofi­cio y bene­fi­cio está cla­ro que se tra­ta de una per­ver­sión cons­cien­te y deli­be­ra­da, cues­ta creer que todos los que incu­rren en la gro­se­ría del cogi­tus inte­rrup­tus sean locos, far­san­tes o des­ce­re­bra­dos. La expli­ca­ción de este preo­cu­pan­te fenó­meno hay que bus­car­la, al menos en par­te, en la ima­gen frag­men­ta­da, dis­con­ti­nua ‑dis­cre­ta, en el sen­ti­do físi­co-mate­má­ti­co del tér­mino- que de la reali­dad nos ofre­cen los medios de comu­ni­ca­ción y el pro­pio dis­cur­so domi­nan­te que vehi­cu­lan. El video­clip y el spot publi­ci­ta­rio son los para­dig­mas de la comu­ni­ca­ción moder­na (o pos­mo­der­na), com­pri­mi­da y sin­co­pa­da, veloz y efí­me­ra. La infor­ma­ción se reci­be por ráfa­gas dis­per­sas e inco­ne­xas; los esló­ga­nes y las con­sig­nas sus­ti­tu­yen a la refle­xión éti­ca y polí­ti­ca… En con­se­cuen­cia, el pen­sa­mien­to mis­mo tien­de a frag­men­tar­se, a per­der uni­dad y cohe­ren­cia, y la pre­sión social (cuan­do no el terro­ris­mo de Esta­do) hace el res­to: los dos sen­ti­dos del tér­mino “dis­cre­ción” (dis­con­ti­nui­dad y pru­den­cia) con­flu­yen y se refuer­zan mutua­men­te, actúan de for­ma sinér­gi­ca como inhi­bi­do­res de la razón.

Y esa «dis­cre­ción» inhi­bi­do­ra ha pre­si­di­do des­de el prin­ci­pio tu actua­ción como alcal­de­sa, que ha cul­mi­na­do con la vile­za de lla­mar «delez­na­bles» a un par de titi­ri­te­ros encar­ce­la­dos por el crip­to­fas­cis­mo rei­nan­te y «exce­si­va» a la repre­sión bru­tal de que han sido obje­to. En pri­mer lugar, y pues­to que «delez­na­ble» sig­ni­fi­ca, lite­ral­men­te, «que se des­ha­ce o dis­gre­ga con faci­li­dad», ¿no crees que el adje­ti­vo es más apli­ca­ble a ti mis­ma y a tu incon­sis­ten­te orga­ni­za­ción polí­ti­ca? Y en segun­do lugar, ¿no te das cuen­ta de que cali­fi­car de exce­si­vo a lo into­le­ra­ble es con­ver­tir en cuan­ti­ta­ti­va una cues­tión que para cual­quie­ra que ten­ga dos dedos de fren­te y otros dos de dig­ni­dad es obvia­men­te cua­li­ta­ti­va? ¿Qué quie­re decir que la peti­ción de ocho años de cár­cel es “exce­si­va”, que con cua­tro sería sufi­cien­te? ¿Qué dife­ren­cia hay entre tu acti­tud y la de los jue­ces a los que hace poco más de un año denun­cia­bas en tu ponen­cia sobre la tor­tu­ra? ¿Qué dife­ren­cia hay entre un ex poli­cía fran­quis­ta meti­do a juez que aten­ta con­tra los dere­chos más bási­cos y una ex juez meti­da a alcal­de­sa que no los defien­de? ¿Qué dife­ren­cia hay entre el exe­cra­ble juez Gar­zón y la aco­mo­da­ti­cia juez Car­me­na, entre los necios que apo­ya­ron al pri­me­ro y los ilu­sos que apo­yan a la segun­da? ¿Cómo os atre­véis, tú y tus cole­gas social­de­mó­cra­tas, a auto­pro­cla­ma­ros “jue­ces para la demo­cra­cia”? ¿Quién es más impre­sen­ta­ble, la ante­rior alcal­de­sa de Madrid, que con su arro­gan­cia e incom­pe­ten­cia des­pres­ti­gia­ba a la dere­cha, o la actual, que con su pusi­la­ni­mi­dad e incom­pe­ten­cia des­pres­ti­gia a la izquier­da? Por si alguien no se ha dado cuen­ta, son pre­gun­tas retóricas.

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