¿Qué hay detrás del fenó­meno euroyihadista?

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la gue­rra es una masa­cre entre per­so­nas que no se cono­cen, para el bene­fi­cio de per­so­nas que si se cono­cen, pero que no se masacran.

Paul Valéry

Las gue­rras de Esta­dos Uni­dos y la Otan en Orien­te Pró­xi­mo han fabri­ca­do un pro­ble­ma de cuyas pro­por­cio­nes algu­nos comien­zan a dar­se cuen­ta úni­ca­men­te aho­ra. Para quie­nes estos últi­mos años nos preo­cu­pá­ba­mos de sus con­se­cuen­cias pre­vi­si­bles, el pro­ble­ma era ¿cómo opo­ner­se efi­caz­men­te a las guerras?

No hay rece­ta secre­ta para ello. Las dos prin­ci­pa­les herra­mien­tas del pue­blo son la refle­xión y la movi­li­za­ción. Pero una no pue­de avan­zar sin la otra. La razón es evi­den­te: seria inge­nuo creer que quie­nes alber­gan intere­ses en el nego­cio de la gue­rra, los pro­pie­ta­rios de la indus­tria arma­men­tis­ti­ca, no pien­sen en sacar lec­cio­nes del pasa­do. Ante las movi­li­za­cio­nes masi­vas con­tra la gue­rra como las que hubo con las inva­sio­nes de Viet­nam o Irak, es nor­mal que quie­ran mejo­rar su «mar­ke­ting». En otras pala­bras, para jus­ti­fi­car nue­vas gue­rras, tenian que acom­pa­ñar­las de un nue­vo envoltorio.

Efec­ti­va­men­te, los últi­mos años, en con­flic­tos como el de Libia, las inter­ven­cio­nes mili­ta­res se ha pre­sen­ta­do bajo un enfo­que huma­ni­ta­rio. Para con­se­guir que los pue­blos del mun­do acep­ten esa para­do­ja de las «gue­rras huma­ni­ta­rias», el papel de la pro­pa­gan­da mediá­ti­ca es esen­cial. Por eso es impres­cin­di­ble un examen dete­ni­do de las estra­te­gias de las gue­rras actua­les de la Otan, una alian­za de la que des­afor­tu­na­da­men­te aún for­ma­mos par­te. En el caso con­cre­to de Siria, hay que men­cio­nar algu­nos ele­men­tos que son cla­ves para enten­der el des­bor­da­mien­to de la poli­ti­ca fran­ce­sa en el con­flic­to de Siria, con el resul­ta­do de los aten­ta­dos múl­ti­ples que se han pro­du­ci­do en Paris hace unos dias.

Con­tra­ria­men­te a lo que pasó con la inva­sión de Irak, el dis­cur­so domi­nan­te sobre el con­flic­to de Siria lo pre­sen­ta­ba como un con­flic­to interno, es decir una gue­rra civil en la que se opo­nian fuer­zas rebel­des y el gobierno sirio. Aho­ra bien, nume­ro­sos espe­cia­lis­tas han obser­va­do sobre el terreno que lo que se pre­sen­ta­ba como fuer­zas rebel­des esta­ba for­ma­do esen­cial­men­te de mer­ce­na­rios extran­je­ros. Es el fenó­meno del «euro­yiha­dis­mo».

El dis­cur­so domi­nan­te tam­bién ha intro­du­ci­do un segun­do nivel de lec­tu­ra, favo­re­cien­do la idea del con­flic­to interno y pre­sen­tán­do­lo exclu­si­va­men­te bajo un ángu­lo de tipo con­fe­sio­nal. Así, éste se expli­ca­ría por la opo­si­ción entre una éli­te o sec­ta alauí en el seno del gobierno, ante una mayo­ría de la pobla­ción de con­fe­sión suní. Es impor­tan­te des­ta­car estos dos ele­men­tos por­que for­man una lec­tu­ra del con­flic­to direc­ta­men­te impor­ta­da de la pro­pa­gan­da de uno de los prin­ci­pa­les acto­res del con­flic­to, las petromonarquías.

De hecho, la ideo­lo­gía que hay detrás del auto­de­no­mi­na­do «esta­do islá­mi­co» es el waha­bis­mo. Hay que denun­ciar que esta ideo­lo­gía into­le­ran­te y xenó­fo­ba hacia la reali­dad del mun­do ára­be y su plu­ra­lis­mo étni­co y reli­gio­so, es fomen­ta­da por Ara­bia Sau­di­ta, uno de los prin­ci­pa­les alia­dos de Esta­dos Uni­dos y Fran­cia. Un país crea­do de la nada en medio del desier­to, con el apo­yo del colo­nia­lis­mo británico.

Acla­re­mos esto de una vez, esa ideo­lo­gía radi­cal no tie­ne nada que ver con los valo­res de paz y tole­ran­cia de la reli­gión musul­ma­na que su civi­li­za­ción ha prac­ti­ca­do a lo lar­go de la his­to­ria. El waha­bis­mo des­tru­ye inclu­so el patri­mo­nio de la civi­li­za­ción islá­mi­ca, por­que se refu­gia en una visión idea­li­za­da y fal­sea­da de la reli­gión, ais­lán­do­la del con­tex­to de su fun­da­ción y de la evo­lu­ción de la his­to­ria. Lo que esta ideo­lo­gía per­mi­te es sim­ple­men­te que una monar­quía fami­liar se man­ten­ga en el poder des­es­ta­bi­li­zan­do los paí­ses de su alre­de­dor, que tie­nen sis­te­mas polí­ti­cos mayo­ri­ta­ria­men­te lai­cos, y que des­de el fin de la épo­ca colo­nial pre­sen­tan el ries­go de inde­pen­di­zar­se dema­sia­do y no res­pe­tar la volun­tad de la poten­cia hegemónica.

En resu­men, los terro­ris­tas son sim­ple­men­te cri­mi­na­les y mer­ce­na­rios. No repre­sen­tan otra reli­gión que la del dólar. Muchos de ellos son de ori­gen euro­peo, y se radi­ca­li­za­ron en Fran­cia y otros paí­ses. Cien­tos e inclu­so miles de jóve­nes sin futu­ro de nues­tros barrios han sido ins­tru­men­ta­li­za­dos a tra­vés de inter­net y la pro­pa­gan­da de las petro­mo­nar­quias, cayen­do así en el nihi­lis­mo y la auto­des­truc­ción. Pero eso fue posi­ble por­que ya había un terreno fér­til para ello. Una de las cau­sas del pro­ble­ma fue el aban­dono de la pobla­ción de ori­gen inmi­gran­te en los barrios popu­la­res por par­te del esta­do fran­cés y sus poli­ti­cas racis­tas. “Exis­te un apartheid terri­to­rial, social y étni­co”, lle­gó a admi­tir el pri­mer minis­tro fran­cés Manuel Valls en decla­ra­cio­nes a la pren­sa des­pués del aten­ta­do con­tra la redac­ción del sema­na­rio satí­ri­co Char­lie Heb­do.1

Los terro­ris­tas que tan­tos estra­gos han hecho últi­ma­men­te en Túnez, Tur­quía, Líbano, Egip­to y tam­bién en Fran­cia, han sido en bue­na par­te alen­ta­dos por los paí­ses miem­bros de la Otan, que les han deja­do cir­cu­lar tran­qui­la­men­te por sus fron­te­ras para atra­ve­sar la fron­te­ra tur­ca hacia Siria. En par­ti­cu­lar, a par­tir de los cam­pos de refu­gia­dos situa­dos en la pro­vin­cia tur­ca de Hatay, como aler­ta­ba el ana­lis­ta Bahar Kim­yon­gur des­de el ini­cio del con­flic­to en 2011. 2 Des­de enton­ces, nume­ro­sos obser­va­do­res han cali­fi­ca­do ese lugar fron­te­ri­zo como una «fábri­ca» en el reclu­ta­mien­to de yiha­dis­tas.3

Tam­bién fue posi­ble sim­ple­men­te por­que mien­tras esos mer­ce­na­rios sir­vie­sen para otros fines no se hizo nada para impe­dir­lo. Mien­tras iban a poner bom­bas en Siria, los gran­des medios no les pre­sen­ta­ban como terro­ris­tas, sino como rebel­des o revo­lu­cio­na­rios en favor de la demo­cra­cia y con­tra un régi­men dic­ta­to­rial en Siria. Por eso dis­fru­ta­ron de un apo­yo excep­cio­nal por par­te de los paí­ses occi­den­ta­les bajo la for­ma de armas reales y «muni­cio­nes mediá­ti­cas» de Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos.4

Pero, ¿quién pue­de creer a estas altu­ras que a Esta­dos Uni­dos le preo­cu­pe la demo­cra­cia en el mun­do? Y que la defien­dan …¿con la ayu­da de Ara­bia Sau­dí y de Israel? Lo úni­co que ha demos­tra­do que le preo­cu­pa son sus intere­ses geo­es­tra­té­gi­cos y el aca­pa­ra­mien­to de mate­rias pri­mas como el petró­leo y las rutas del gas.

Las men­ti­ras mediá­ti­cas son armas de dis­trac­ción masi­va que pre­pa­ran el terreno para nue­vas gue­rras. La pro­pa­gan­da con­si­gue que inclu­so aque­llos pue­blos con tra­di­ción paci­fis­ta, por su memo­ria his­tó­ri­ca liga­da a las gue­rras y bom­bar­deos de la pobla­ción civil, aca­ben acep­tan­do la nece­si­dad de nue­vas inter­ven­cio­nes «huma­ni­ta­rias».

La solu­ción a las gue­rras con­sis­te en res­pe­tar el dere­cho inter­na­cio­nal y en favo­re­cer la soli­da­ri­dad entre los pue­blos. Pero no se pue­de cons­truir la casa por el teja­do. Cada pue­blo tie­ne el dere­cho y el deber de luchar por un futu­ro mejor, en el mar­co de una sobe­ra­nía nacio­nal que le per­mi­ta poner los recur­sos de su país al ser­vi­cio de su pobla­ción. Y esto es incom­pa­ti­ble con des­es­ta­bi­li­za­cio­nes y la inje­ren­cia extranjera.

Michell Collon

  1. Manuel Valls, Voeux à la pres­se, 20 enero de 2015, Pala­cio del Ely­sée en Paris.
  2. Bahar Kim­yon­gur, Polé­mi­ques sur les camps de réfu­giés du Hatay; Syria­na, la con­quê­te con­ti­nue, Investig’Action, 2011.
  3. Pau­le Gon­za­les, Le recru­te­ment de jeu­nes djiha­dis­tes pour la Syrie, c’est l’usine, Le Figa­ro, 17 de enero de 2014.
  4. Lau­rent Riba­deau Dumas, Quand les Etats-Unis s’immiscent dans le con­flit syrien, Geo­po­lis, Fran­cet­vin­fo, 15 noviem­bre de 2012.

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