Repre­sión y terror: la alian­za que le per­mi­tió el triun­fo a Erdogan

La repre­sión per­ma­nen­te, el encar­ce­la­mien­to de mili­tan­tes de izquier­da, el cie­rre de medios de comu­ni­ca­ción opo­si­to­res en ape­nas cua­tro días, el ase­si­na­to de ciu­da­da­nos kur­dos ‑perio­dis­tas incluidos‑, el ase­dio y ata­que de las fuer­zas de segu­ri­dad a pobla­dos y aldeas en el sur­es­te del país, un aten­ta­do en Anka­ra que dejó más de 100 muer­tos y el des­plie­gue del terror y la psi­co­sis entre los pobla­do­res, fue­ron las accio­nes que el pre­si­den­te Recep Tay­yip Erdo­gan y su par­ti­do, el AKP, apli­ca­ron y uti­li­za­ron des­de junio pasa­do cuan­do las urnas se habían cerra­do ante ellos.

Deses­pe­ra­do por man­te­ner­se en el poder, el pre­si­den­te tur­co no dudó en la estra­te­gia a seguir fren­te al revés elec­to­ral: mili­ta­ri­zar el país, gene­rar mie­do en la pobla­ción y lle­var a la Repú­bli­ca tur­ca al bor­de del colap­so interno. Des­de junio has­ta ayer, Erdo­gan no apli­có un plan orga­ni­za­do des­de una cabe­za per­ver­sa, sino un minu­cio­so y clá­si­co manual que los sec­to­res de dere­cha, a nivel mun­dial, han sabi­do cons­truir en todas estas déca­das. Por­que el obje­ti­vo del man­da­ta­rio tur­co es pro­fun­di­zar sus polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, ten­der redes con los gru­pos más con­ser­va­do­res den­tro del mun­do musul­mán y com­ba­tir todo ras­go de pro­gre­sis­mo en Medio Oriente.

Las elec­cio­nes de este domin­go en Tur­quía, en las cua­les el AKP obtu­vo la mayo­ría, no resis­ti­rían la ava­lan­cha de crí­ti­cas si hubie­ran ocu­rri­do en otro país. Pero en Tur­quía, cuyo gobierno bus­ca a toda cos­ta avan­zar con su pro­yec­to de con­trol sobre Medio Orien­te y barrer a la opo­si­ción inter­na, los comi­cios fue­ron salu­da­dos por Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea. Aun­que detrás de estas elec­cio­nes un ten­dal de muer­tos y heri­dos lle­ven la mar­ca de Erdo­gan, el fre­né­ti­co diri­gen­te isla­mis­ta que pre­ten­de hacer de su tie­rra un nue­vo Impe­rio Otomano.

Con el 97% del escru­ti­nio com­ple­to, el par­ti­do gober­nan­te obtu­vo 49,35 por cien­to de los votos, superan­do con cre­ces el magro resul­ta­do de los comi­cios de junio pasa­do. De esta for­ma, la agru­pa­ción coman­da­da por Erdo­gan logró 316 dipu­tados y la posi­bi­li­dad de con­for­mar un nue­vo gobierno sin con­vo­car a las prin­ci­pa­les fuer­zas polí­ti­cas. En las elec­cio­nes pasa­das, el AKP dis­cu­tió una posi­ble admi­nis­tra­ción de coa­li­ción con el MHP (ultra­de­re­cha) y CHP (social­de­mó­cra­ta), pero echó por tie­rra esta posibilidad.

Abo­ca­do a con­se­guir el con­trol total, Erdo­gan des­ple­gó una polí­ti­ca de terror, prin­ci­pal­men­te en la región del Kur­dis­tán tur­co, don­de se levan­ta la prin­ci­pal resis­ten­cia a su gobierno. Con la excu­sa de com­ba­tir al “terro­ris­mo”, el AKP come­tió aten­ta­dos, como en la ciu­dad de Suruc, y acu­só al Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res del Kur­dis­tán (PKK) de ser el res­pon­sa­ble de abso­lu­ta­men­te todos los males de Tur­quía. Mien­tras tan­to, dejó el terreno libre para que los mer­ce­na­rios del Esta­do Islá­mi­co (EI) uti­li­za­ran la fron­te­ra con Siria como reta­guar­dia y vía para el reabas­te­ci­mien­to de armas y trá­fi­co de petróleo.

Aun­que el AKP obtu­vo la mayo­ría par­la­men­ta­ria, al gobierno de Erdo­gan no le alcan­za esa cifra para refor­mar la cons­ti­tu­ción de for­ma direc­ta, una de sus prin­ci­pa­les pro­pues­tas, que tie­ne un fuer­te recha­zo en la sociedad.

En segun­do lugar en los comi­cios que­dó CHP, que man­tie­ne el 24,7% de los votos y un total de 134 par­la­men­ta­rios. El ter­cer par­ti­do que ten­drá repre­sen­ta­ción par­la­men­ta­ria es el HDP (Par­ti­do Demo­crá­ti­co de los Pue­blos, con­for­ma­do por el movi­mien­to kur­do, sec­to­res de la izquier­da tur­ca y movi­mien­tos socia­les), con el 10,3% de los votos y 59 esca­ños. Por últi­mo, el MHP tuvo un retro­ce­so del 16,29 al 11,97%, obte­nien­do 41 diputados.

Cono­ci­dos los resul­ta­dos de los comi­cios, el co-pre­si­den­te del HDP, Selahat­tin Demir­tas, ase­gu­ró que no se tra­tó de una vota­ción en igual­dad de con­di­cio­nes. El diri­gen­te denun­ció que su par­ti­do no pudo hacer una cam­pa­ña nor­mal a raíz de los ata­ques sufri­dos. “El pue­blo tur­co no reci­be estos resul­ta­dos con ale­gría –agre­gó Demirtas‑, inclu­so si un par­ti­do polí­ti­co ha reci­bi­do el 50 por cien­to de los votos. ¿Por qué? Por­que muchas per­so­nas en Tur­quía, en la actua­li­dad, viven con mie­do. Nadie sabe has­ta dón­de pue­de lle­gar el par­ti­do gobernante”.

En la jor­na­da elec­to­ral no fal­ta­ron incon­ve­nien­tes, denun­cias y fuer­zas de segu­ri­dad con órde­nes de reprimir.

El dia­rio tur­co Hurri­yet Daily News denun­ció que varios de los obser­va­do­res elec­to­ra­les en Anka­ra y en Estam­bul denun­cia­ron las pre­sio­nes del gobierno para fir­mar repor­tes en blan­co sobre la situa­ción en sus cen­tros de vota­ción. Por su par­te, la dele­ga­ción cata­la­na de obser­va­do­res invi­ta­da por el HDP reve­ló que la poli­cía tur­ca les impi­dió el acce­so a los cole­gios elec­to­ra­les. Eulà­lia Reguant, dipu­tada cata­la­na de la CUP, decla­ró “que las auto­ri­da­des solo deja­ron acce­der a los obser­va­do­res del OSCE (Orga­ni­za­ción para la Segu­ri­dad y la Coope­ra­ción en Euro­pa), invi­ta­dos por el gobierno y que son 40 per­so­nas para todo el país”.

En Diyar­ba­kir, capi­tal del Kur­dis­tán tur­co, la poli­cía no per­dió el tiem­po y cuan­do los pobla­do­res salían a las calles para fes­te­jar los resul­ta­dos obte­ni­dos por el HDP, arre­me­tió con gases lacri­mó­ge­nos para dis­per­sar a las per­so­nas. En la loca­li­dad de Van, las fuer­zas de segu­ri­dad ata­ca­ron a quie­nes espe­ra­ban para ejer­cer su dere­cho al voto, según infor­mó la agen­cia ANF. Al cie­rre de esta edi­ción, una explo­sión en la ciu­dad de Mar­din había deja­do como sal­do 25 per­so­nas heri­das, cua­tro de ellas de gravedad.

Mien­tras esto suce­día, Erdo­gan dis­fru­ta­ba de los resul­ta­dos que lo con­fir­ma­ban como pre­si­den­te, pero tam­bién como uno de los peli­gros más laten­tes para todo Medio Oriente.

Lean­dro Albani/​Resumen Medio Orien­te, 2 de noviem­bre de 2015

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