Borra­dor sobre ten­den­cias del capi­ta­lis­mo, apun­tes para una posi­ble estra­te­gia (revi­sión II)

Estados Unidos

  1. El imperialismo occidental integra a Estados Unidos, la Unión Europea y Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, básicamente; sus tensiones internas pueden llegar a ser grandes pero nunca antagónicas. Recordemos que el famoso G5 está compuesto por Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña y Francia. Lo que unifica al imperialismo occidental es el desesperado esfuerzo de contener su caída en la economía mundial: si en 1991 representaba el 26,53% de fuerza productiva mundial, en 2012 ha bajado al 14,97%, y por mucha superioridad tecnológico-productiva que tenga más temprano que tarde la producción de valor se concentrará en ese 85,03% de fuerza productiva del resto del mundo 2012. Si en 2004 Estados Unidos producía el 20,1% del PIB mundial en 2014 ha bajado al 16,2% frente al 16,4% de China. Según el FMI para 2015 China, Rusia, Brasil, Sudáfrica e India generarán el 30,6% del PIB mundial y el G-5 el 28,4%, y aunque la gran depresión ralentice esta tendencia su continuidad parece clara.
  2. Desde 2008 la burguesía yanqui se lanzó a una internacionalización masiva de sus propiedades, diversificándolas por el mundo, para superar los riesgos de otra debacle financiera norteamericana, lo que ha aumentado la propiedad de capital mundial en manos de su burguesía: el 42% de los millonarios del mundo son yanquis; son de titularidad norteamericana más del 85% de las acciones y participaciones de las cien mayores transnacionales del mundo; Estados Unidos se lleva el 84% de los beneficios en la industria del hardware y software, el 89% y 53% en salud y farmacia respectivamente, siendo en los servicios financieros en donde más se ha mundializado su supremacía que ha pasado del 47% en 2007 al 66% en 2013. La titularidad yanqui es mayoritaria en 18 de los 25 sectores fundamentales de la economía mundial en los que operan las 200 empresas más grandes, dominando abrumadoramente en 13 de ellas.
  3. No hace falta decir que esta titularización de las propiedades y beneficios se ha realizado entre otras cosas gracias al incondicional apoyo de los gobiernos de G. W. Bush y B. Obama que han dedicado no menos de 1.487.000.000 de dólares del erario público a sanear la catástrofe económica de 2007 a la actualidad, además de otras medidas en las que no podemos extendernos como el efecto multiplicador que le supone a Estados Unidos el que el 85% de las transacciones mundiales se realicen todavía en dólares, moneda que nomina al 62% de las reservas. Tampoco debemos olvidar la decisiva importancia económica de las más de 865 bases militares en el mundo, de las presiones de sus Embajadas y servicios secretos, del papel de Estados Unidos en el narcocapitalismo y venta de armas, y del apoyo mercenario de burguesías títeres que son simples peones yanquis.
  4. Estos datos indican dos cosas: que Estados Unidos depende todavía más de su saqueo externo, lo que reforzará la dureza de su imperialismo de explotación y desposesión, y que al volcarse al exterior en buena medida se ha desentendido de sus problemas internos, a pesar de las inversiones en infraestructura del gobierno de Obama. Más grave que su impagable deuda pública de 60 billones de dólares y que supera el 100% de su PIB, es que solo invierte el economía productiva el 12,6% del PIB, cifra irrisoria que no puede detener la pérdida de productividad de su industria y que obliga a un mayor endeudamiento para obtener fuera los productos que no se producen dentro.
  5. La deuda pública no compensa la insolvencia del empobrecimiento social de 16 millones de niñas y niños que malviven muy por debajo de los estándares oficiales de pobreza mientras que más de la mitad de las y los estudiantes de escuelas públicas reúnen los requisitos de ayuda de alimentación pública; o esos más de 11 millones de personas que viven en la pobreza según otros indicadores; o ese aproximado 14,42% de la población que justo se alimenta gracias a los comedores públicos aunque la mitad de ella sea asalariada… Es casi imposible activar la economía productiva de un país en el que la riqueza media se ha desplomado en un 40% entre 2007 y 2013, y en el que el 1% posee el 90% de la riqueza… a no ser que se impongan medidas socialistas.
  6. La militarización de su economía va mucho más allá que ese dato del 3,8% del PIB para el 2013 ofrecido por el BM, y que suponía el 41% del gasto militar mundial en 2014, sino que, en la realidad, hay que sumarle una infinidad de otros gastos e inversiones camuflados entre la maraña de los presupuestos federales, estatales, públicos y privados. Por ejemplo, a comienzos de 2013 solo el Pentágono daba empleo a 800.000 personas que aparentemente no tienen nada que ver con el gasto militar directo. Aunque en 2011 Obama ha restringido algo el gasto militar convencional, no lo ha hecho en alta tecnología: desde 2001 a comienzos de 2013 lo dedicado a «defensa» subió un 250%.
  7. Por ejemplo, la base aérea de Buckley en el estado de Colorado, da empleo directo e indirecto a más de 21.200 empleados, o sea el 17,5% de los puestos de trabajo y una entrada anual de 1.000 millones de dólares para el municipio de Aurora con algo más de 330.000 habitantes. En todo el estado de Colorado hay 70.000 empleos en la industria militar, y en Texas veinticinco bases dan empleo a 200.000 personas. Estos empleos son especialmente seguros porque sus trabajadores manejan mucha información confidencial y de importancia para la seguridad estadounidense. Además, las grandes firmas han deslocalizado sus empresas por muchos estados de la Unión para presionar a Washington: Lockheed Martin tiene esparcido su negocio en cuarenta y cinco de los cincuenta estados de la Unión.
  8. Los recortes de 2011, forzados por la crisis, están siendo compensados por la venta de armas al exterior con el apoyo de la administración Obama. Uno de los casos paradigmáticos es el de Oriente Medio en donde se gastaron alrededor de 200.000 millones de dólares en armas en 2014. Pero el rearme intensivo de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos no responde solo a los negocios oscuros y corruptos con empresas militares yanquis sino también y sobre todo al aumento de las tensiones en el área. Es así como se comprende que Obama se comprometiera a armar a las petro-dinastías de la zona por un valor de 64.000 millones de dólares. Lo decisivo es que la venta de armas al exterior ha sido una política estratégica desde la llegada de Obama: ahora Estados Unidos vende más medios de destrucción que en la época más dura de la primera guerra fría, cuando Nixon se lanzó a rearmar a los regímenes títeres para contrarrestar los efectos de la derrota yanqui en Vietnam.
  9. Pero el militarismo apenas es rentable en el corto plazo, excepto para una fracción de la burguesía, siendo un pozo sin fondo a largo plazo. Recordemos cómo dos economistas famosos, uno de ellos premio Nobel, demostraron que la guerra de Irak de 2003 le había costado al imperialismo yanqui, echando por lo bajo, tres billones de dólares más otros tres billones al resto del mundo controlado por él: seis billones dilapidados que, sin dudarlo, fueron uno de los detonantes de la gran depresión desde 2007 hasta ahora. Un despilfarro irracional que solo benefició a las grandes corporaciones energéticas, constructoras, especuladores e industria militar privada.
  10. Grosso modo expuesto, el militarismo detrae de la industria civil a los mejores técnicos, pospone nuevas investigaciones civiles y condiciona la libertad de investigación en universidades y entidades públicas y privadas; manipula la opinión con la promesa de más puestos de trabajo condicionando la vida política; refuerza el poder de los lobbys corruptos y de los militares en la vida civil, y sobre todo impide que los fondos públicos y estatales activen la economía productiva al desviarlos a la producción de bienes de destrucción que apenas se rentabilizan si no se provocan guerras y conflictos que los compren y empleen.
  11. En 2014, en un viaje por Europa, Obama presionó para que la Unión Europea aumentara sus gastos militares, exigencia que está siendo obedecida por Alemania y otros países. La injerencia de Estados Unidos en la política de la Unión Europea se reforzó con su apoyo descarado a los neofascistas de Ucrania, reforzando así su estrategia provocadora de las «revoluciones naranja» desde 2004. Ocurrían dos cosas: una, que la provocación en Ucrania es parte de la larga presión militarista yanqui que dio un salto en Yugoslavia para extenderse a Afganistán, Irak, Libia y Siria, Yemen y zonas de África, por ahora; y que además estaba cada vez más preocupado por el acercamiento de euroalemania a Rusia, enfado que se sumaba a la relativamente poca ayuda de la Unión Europea a la invasión de Irak de 2003 y del débil apoyo al descuartizamiento del norte africano iniciado en 2011. Pero hay otra razón más profunda que incluye a las dos: el contexto mundial actual no tiene nada que ver con el anterior a 1991, y con el existente entre 1991 y 2007.

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