Borra­dor sobre ten­den­cias del capi­ta­lis­mo, apun­tes para una posi­ble estra­te­gia (revi­sión II)

Rusia y China popular

  1. La economía rusa es débil excepto en alta tecnociencia militar, y su dependencia de los precios de la energía exportada hace que si esta baja se reduzca la entrada de divisas, suba la inflación y el rublo se deprecie frente al dólar y al euro. La productividad de la industria rusa estaba disminuyendo antes del castigo imperialista por la decisión rusa de defender sus intereses en Crimea y Ucrania frente a la injerencia de la OTAN y del neofascismo. El pueblo empieza a apretarse el cinturón pero todo indica que el sentimiento dominante es el de no ceder a las amenazas imperialistas, como se ha demostrado en la conmemoración de la derrota del nazismo.
  2. Una de las pocas alternativas de Rusia es, por tanto, profundizar en la línea estratégica actual de estrechar lazos con China Popular sin romper los que existen con la Unión Europea y con las finanzas mundiales. Pero las tensiones históricas entre Rusia y China son muy profundas y pueden reproducirse: los grandes recursos de Siberia están al alcance de China Popular. El cerco imperialista a la economía rusa debilita a ésta en el momento de negociar con las empresas chinas, que saben lo presionada que está Rusia; y la alta tecnología que Rusia necesita para mantener su potencial apenas puede encontrarla por ahora en China. Que fracase el plan de alianzas euroasiáticas ruso-china depende también de la evolución de la Unión Europea y de las presiones de Estados Unidos y Japón, y de la evolución de la Gran Depresión, pero, hasta ahora, hay suficientes datos que indican que esa alianza puede afianzarse para mayor ira y desespero de Estados Unidos.
  3. China Popular es una de las más interesadas en que fructifique: el plan chino de debilitar al dólar mediante la incorporación del yuan a los derechos especiales de giro (DEG), ideado en 2009 ha sido impulsado en 2015 pero bajo las presiones de la triple D porque para el capitalismo chino acceder a los derechos especiales de giro en las mismas condiciones que el dólar sería una victoria casi estratégica sobre Estados Unidos a medio y largo plazo. China Popular tiene grandes carencias y retrasos si la comparamos con Estados Unidos y más aún con el imperialismo en sí mismo que muestra algunos signos de tensión interna cuando se trata de las relaciones de la Unión Europea con Eurasia.
  4. Estados Unidos se ha enfurecido cuando el hábil plan chino de Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB), en el que no habrá derecho a veto, ha sido aceptado por Gran Bretaña «por intereses nacionales»: hasta ahora esos «intereses nacionales» británicos pedían permiso a Estados Unidos para todo, pero con el AIIB los ingleses apenas les han consultado. También Alemania y el Estado francés están interesados en el proyecto chino. Muy peligroso para Estados Unidos es que el AIIB vaya acompañado y reforzado por otros proyectos más, entre los que destacan una reserva de divisas y un Banco de Desarrollo que superan el marco asiático para integrar a un BRIC ampliado. Pero más inquietante le resulta los acuerdos entre China Popular y Alemania para el desarrollo de tecnologías complejas, y definitivamente la alianza militar entre Pekín y Moscú.
  5. Entre 1978 y 2010 China Popular multiplicór trece veces su PIB, pero ahora la crisis le golpea con mucha fuerza: el PIB de 2007 justo ha subido 7 puntos, cuando hasta el 2011 superaba los 11 puntos. Los capitales internacionales que antes acudían en masa para enriquecerse con la sobreexplotación de su clase trabajadora, ahora se escapan también en masa: en el último trimestre de 2014 se han ido 91.200 millones de dólares, la cifra más alta desde finales de los años 90 cuando se instauró esta contabilidad. Pero es tal el capital acumulado que el gobierno chino no se ha inquietado por esa salida, hasta ahora. Una de las bazas chinas al respeto es que, en alianza con Rusia, su propuesta de desbancar al dólar como moneda mundial de referencia está siendo aceptada en la práctica por potencias como Japón, la tercera del mundo según que indicativos utilicemos, además de por otras más, como la turca, la argentina, la australiana, la brasileña, la coreana del sur, etc…
  6. Sin embargo el capitalismo chino tiene serias dificultades internas agravadas por la gran depresión mundial: desde la mitad de los años 90 decrece su productividad y se acelera la tendencia a la baja de la tasa media de beneficios de las empresas obsoletas y vetustas, a pesar de las medidas de modernización tomadas por el gobierno fundamentalmente con las privatizaciones de empresas públicas y estatales; sobrecapacidad productivas en muchas empresas que llega al 50% lo que aumenta las pérdidas en medio de la crisis mundial; crece peligrosamente la burbuja inmobiliaria y la financiera, existiendo una «banca paralela» de difícil control legal; la corrupción es impune a pesar de las recientes medidas tomadas por el partido; el destrozo socioecológico y ambiental exige gastos considerables que merman las arcas; el atraso y la pobreza en el campo y en las barriadas populares apenas disminuye aunque aumentan los grandes potentados, algunos de los cuales pertenecen al partido y tienen estrechas relaciones con el ejército y la policía. Las resistencias campesinas, obreras y populares aumentan y empiezan a coordinarse a la vez que grupos marxistas se organizan dentro y fuera del partido. La censura plomiza no puede silenciar estos y otros problemas cada vez más comentados en calles, fábricas y escuelas.
  7. Aun así, China Popular tiene el recurso de una bimilenaria cultura administrativo-burocrática bastante eficiente -más que la rusa-, que bajo el control del partido está potenciando el mercado interior de consumo aumentado el salario mínimo en un 40% desde 2009; endureciendo la lucha contra la corrupción e intentando controlar las burbujas; desarrollando la tecnología para aumentar la productividad y la eficiencia energética; acaparando reservas estratégicas y oro, y fortaleciendo el ejército; aumentando el control y la represión a la vez que habla de divulgar el «marxismo»; reforzando el nacionalismo gran chino del Imperio Medio y del Centro del Mundo; comprando tierras e invirtiendo todo lo que puede para ampliar la transferencia de valor en beneficio suyo, es decir, desarrollando un subimperialismo «blando» comparado con el imperialismo occidental.
  8. Por ejemplo, el comercio de Nuestra América con China se ha multiplicado por veinte en los últimos catorce años, superando los 100.000 millones de dólares, a los que van a sumarse otros 250.000. Pero a pesar de todo lo que invierta en el mundo, por un lado el 60% de su producción está atrapada por la Gran Depresión que azota al imperialismo occidental y a los BRICS, y, por otro lado, China no puede colocar internacionalmente sus casi cuatro trillones de dólares acumulados porque los mercados financieros están saturados de capital sobrante y porque las economías productivas están debilitadas. La triple D es la responsable de la angustia china sobre su futuro. Pero la triple D es una expresión más de la Gran Crisis actual que tiene contenidos «nuevos» comparados con las anteriores, según veremos.
  9. La alianza euroasiática choca cada vez más con Japón a pesar de que sí participe en algunos proyectos chinos destinados a minar el poder del dólar. Lo fundamental radica en que el imperialismo japonés necesita vitalmente la protección global de Estados Unidos para no ser desplazado por el auge chino. Ambas potencias han chocado durante toda la historia pero en el contexto largo de Gran Depresión y de agotamiento de los recursos, Japón necesita a Estados Unidos más que nunca. Desde 1990 su economía sufre un estancamiento punteado por breves y débiles recuperaciones a pesar de que se le han aplicado todas las soluciones imaginables, de hecho su PIB ha caído entre 2013 y 2014 su PIB ha retrocedido nada menos que un 1,6%.
  10. El nuevo gobierno ha endurecido el más estricto neoliberalismo acompañado del «keynesianismo-militar» y de la vuelta del nacionalismo expansionista que, entre otras cosas, busca unir a una población cada vez más desencantada con el «juego parlamentario». Como siempre, el neoliberalismo es aplicado contra la clase trabajadora porque el gobierno ha dedicado 23.800 millones de euros del erario público a la activación de los negocios privados de la burguesía. El intenso rearme nipón, alentado por Estados Unidos, es visto como una verdadera amenaza por el resto de países de la región, que no olvidan su cruel atrocidad entre 1931-1945.

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