Elec­cio­nes grie­gas y el fra­ca­so de una táctica

x Rolan­do Astarita

Ayer, 20 de sep­tiem­bre, Syri­za se impu­so en las elec­cio­nes grie­gas con el 35% de los votos. Recor­de­mos que el pri­mer minis­tro, Ale­xis Tsi­pras, había lla­ma­do a elec­cio­nes anti­ci­pa­das, lue­go de haber acep­ta­do el pro­gra­ma de ajus­te y pri­va­ti­za­ción que le fue impues­to en Bru­se­las. Un pro­gra­ma muy ale­ja­do de las pro­me­sas de aca­bar con la aus­te­ri­dad con que había triun­fa­do en las elec­cio­nes de enero (he tra­ta­do el asun­to aquí,aquíaquíaquí). En la recien­te cam­pa­ña elec­to­ral, sus ejes fue­ron la crí­ti­ca al “vie­jo y corrup­to sis­te­ma polí­ti­co” y la afir­ma­ción de que “Gre­cia es sinó­ni­mo de lucha y dig­ni­dad”. Una fra­se hipó­cri­ta con la que pro­cu­ra tapar una reali­dad indi­si­mu­la­ble: prác­ti­ca­men­te todas las deci­sio­nes eco­nó­mi­cas fun­da­men­ta­les “han sido hechas por los minis­tros euro­peos de Finan­zas y por los res­pon­sa­bles de los ban­cos cen­tra­les, y cual­quier des­via­ción ame­na­za con dete­ner los pagos de ayu­da [se refie­re a la refi­nan­cia­ción de la deu­da]” (Bloom­berg).

Tal vez esto ayu­de a expli­car por qué, a dife­ren­cia de lo ocu­rri­do hace nue­ve meses, el triun­fo de la for­ma­ción izquier­dis­ta no des­per­tó el entu­sias­mo en las masas. Ape­nas un puña­do de sim­pa­ti­zan­tes andu­vo de fes­te­jo por las calles de Ate­nas. De hecho, solo el 56% de los elec­to­res con­cu­rrie­ron a votar, el por­cen­ta­je más bajo des­de los años 1990; aun­que Syri­za logró ape­nas un uno por cien­to menos que en enero. Tsi­pras tuvo el apo­yo de Pode­mos, de Espa­ña, de Die Lin­ke, de Ale­ma­nia, y del PC francés.

En segui­da de cono­ci­dos los resul­ta­dos, Tsi­pras anun­ció que con­ti­nua­rá la alian­za guber­na­men­tal con el par­ti­do de dere­cha nacio­na­lis­ta Grie­gos Inde­pen­dien­tes (que logró el 3,7% de los votos). Natu­ral­men­te, los mer­ca­dos y elesta­blish­ment eco­nó­mi­co reci­bie­ron el triun­fo con tran­qui­li­dad. El pre­mier fue feli­ci­ta­do, entre otros, por Mar­tin Schultz, el pre­si­den­te del Par­la­men­to Euro­peo, y por Jeroen Dijs­sel­bloem, pre­si­den­te del Euro­gru­po. Die­go Ferro, direc­tor de Grey­lock Capi­tal Mana­ge­ment, un fon­do que es fuer­te inver­sor en deu­da grie­ga, mani­fes­tó a Bloom­berg que “aho­ra se ha qui­ta­do la incer­ti­dum­bre por­que Tsi­pras tie­ne el man­da­to polí­ti­co para imple­men­tar las medi­das de aus­te­ri­dad y Gre­cia debe­ría empe­zar a mover­se hacia ade­lan­te”. De hecho, los bonos grie­gos subie­ron muy fuer­te des­de el 15 de julio, cuan­do Tsi­pras acep­tó el seve­rí­si­mo plan de ajuste.

Des­ta­que­mos tam­bién que el segun­do pues­to fue para Nue­va Demo­cra­cia, par­ti­do con­ser­va­dor de dere­cha, que obtu­vo el 28% de los votos. En ter­cer lugar que­da­ron los nazis de Ama­ne­cer Dora­do, con el 7%, y cuar­tos los social­de­mó­cra­tas con el 6,4%. Uni­dad Popu­lar, el par­ti­do que se for­mó a par­tir de la esci­sión de la Pla­ta­for­ma de Izquier­da de Syri­za, no logró siquie­ra el 3% de los votos. UP recha­za el pro­gra­ma de Bru­se­las y plan­tea una sali­da del euro (lo que impli­ca­ría una deva­lua­ción) y un pro­gra­ma refor­mis­ta bur­gués. Está lide­ra­do por el ex minis­tro de Ener­gía Pana­gio­tis Lafa­za­nis, y tie­ne como refe­ren­te a Cos­tas Lapa­vit­sas, un eco­no­mis­ta hete­ro­do­xo que hace cen­tro en la crí­ti­ca al sis­te­ma finan­cie­ro internacional.

El repe­ti­do fra­ca­so de una tác­ti­ca polí­ti­ca repetida

En la par­te final de una de las notas cita­das más arri­ba, plan­teé que “la izquier­da debe­ría tomar­se en serio una reco­men­da­ción de Marx: apren­der a luchar sin ilu­sio­nes. Enten­dien­do por ‘ilu­sión’ una espe­ran­za sin fun­da­men­to real de lograr lo que se anhe­la. Para esto, lo pri­me­ro es pre­sen­tar las cosas de for­ma rea­lis­ta. Es que no hay nada más des­mo­ra­li­za­dor que lle­var a las masas a calle­jo­nes sin sali­da. Y no hay nada más estú­pi­do que con­ver­tir­se en com­par­sa por izquier­da de la des­mo­ra­li­za­ción orga­ni­za­da. Es el pri­mer paso, ade­más, para avan­zar hacia la inde­pen­den­cia de clase”.

Las elec­cio­nes que aca­ban de rea­li­zar­se en Gre­cia son el resul­ta­do más puro de esa “des­mo­ra­li­za­ción orga­ni­za­da” a la que hacía refe­ren­cia en esa nota. Pero tam­bién des­nu­dan el fra­ca­so de las tác­ti­cas de “apo­yos crí­ti­cos”, que ins­tru­men­tan una y otra vez par­ti­dos de izquier­da.

Ten­ga­mos pre­sen­te que la idea que sub­ya­ce en esta orien­ta­ción es la de “acom­pa­ñar des­de la izquier­da el pro­ce­so abier­to”, en la creen­cia de que cuan­do la direc­ción refor­mis­ta-bur­gue­sa “trai­cio­ne”, la izquier­da será reco­no­ci­da como “la ver­da­de­ra defen­so­ra del pro­gra­ma ori­gi­na­rio”. Las tác­ti­cas de entris­mo, que ya he cri­ti­ca­do en otras notas, (ver aquí,aquíaquíaquí), se basan en este supues­to. Pero para apli­car­las se maqui­llan carac­te­ri­za­cio­nes de cla­se y se disi­mu­lan las incohe­ren­cias y uto­pías de los pro­gra­mas refor­mis­tas. La orien­ta­ción con­sis­ten­te en “exi­ja­mos que cum­plan con su pro­gra­ma”, en la espe­ran­za de que las masas “saca­rán las con­clu­sio­nes revo­lu­cio­na­rias per­ti­nen­tes”, tie­ne este enfo­que como telón de fon­do. Otra varian­te de la mis­ma polí­ti­ca es lla­mar a “pro­fun­di­zar y radi­ca­li­zar el pro­gra­ma refor­mis­ta en un sen­ti­do anti­ca­pi­ta­lis­ta”, a fin de que “los tra­ba­ja­do­res movi­li­za­dos superen a los diri­gen­tes peque­ño­bur­gue­ses conciliadores”.

Pero en la reali­dad nada de esto fun­cio­na como se pien­sa en la izquier­da que va a fun­cio­nar. Es que de algu­na mane­ra la gen­te intu­ye que en el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta exis­ten res­tric­cio­nes que no se pue­den supe­rar con dis­cur­sos o elec­cio­nes. De ahí que en un pun­to ter­mi­ne dán­do­le la espal­da a los “espe­ji­tos de colo­res” que tra­tan de ven­der los refor­mis­tas peque­ño­bur­gue­ses al esti­lo Uni­dad Popular.

Por eso tam­bién, cuan­do no se tie­ne una alter­na­ti­va social de fon­do, se cae en el des­áni­mo y la des­mo­ra­li­za­ción, aun cuan­do haya habi­do movi­li­za­cio­nes y luchas, como fue el caso en Gre­cia. Es que los com­ba­tes rei­vin­di­ca­ti­vos y con­tra los ajus­tes, en medio de la cri­sis eco­nó­mi­ca y sin un hori­zon­te polí­ti­co supe­rior al exis­ten­te, ter­mi­nan en un calle­jón sin sali­da. En otros tér­mi­nos: no exis­te la supera­ción espon­tá­nea del capi­ta­lis­mo por la sola movi­li­za­ción. Tam­po­co se supe­ran espon­tá­nea­men­te, y en una direc­ción anti­ca­pi­ta­lis­ta, las varian­tes de socia­lis­mos bur­gue­ses y peque­ño­bur­gue­ses, con su capa­ci­dad cama­leó­ni­ca para sobre­vi­vir y enga­tu­sar. De ahí que el resul­ta­do final de los “apo­yos crí­ti­cos” sea, para­dó­ji­ca­men­te, el man­te­ni­mien­to de los meca­nis­mos de domi­na­ción burguesa.

Ter­mino con una idea del autor de El Capi­tal que pue­de ayu­dar a la refle­xión. Refi­rién­do­se al rol de la crí­ti­ca, Marx decía que “la teo­ría se con­vier­te en poder mate­rial cuan­do pren­de en las masas. Pero la teo­ría pue­de pren­der en las masas a con­di­ción de que argu­men­te y demues­tre ad homi­nem, para lo cual tie­ne que hacer­se una crí­ti­ca radi­cal” (“En torno a la Crí­ti­ca de la Filo­so­fía del Dere­cho de Hegel”). En cual­quier caso, la bre­ve e inten­sa expe­rien­cia de Syri­za es mere­ce­do­ra de un balan­ce serio y argumentando.

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