La esqui­na es de quien la tra­ba­ja x Raúl Zibechi

La pasa­da sema­na par­ti­ci­pé como invi­ta­do en un encuen­tro de tra­ba­ja­do­ras sexua­les en el local de Bri­ga­da Calle­je­ra de Apo­yo a la Mujer Eli­sa Mar­tí­nez, encla­va­do en el mer­ca­do de La Mer­ced, en el cen­tro del Dis­tri­to Fede­ral. Sólo cono­cía a tres de sus inte­gran­tes y fun­da­do­ras (Elvi­ra Madrid, Jai­me Mon­te­jo y Rosa Madrid) en encuen­tros de movi­mien­tos popu­la­res y en con­vo­ca­to­rias del zapatismo.

En la reu­nión par­ti­ci­pa­ron unas 50 tra­ba­ja­do­ras sexua­les, en un peque­ño depar­ta­men­to don­de fun­cio­na la clí­ni­ca que ofre­ce ser­vi­cios como Papa­ni­co­lau, prue­bas rápi­das de detec­ción de VIH/​sida, col­pos­co­pia, elec­tro­ci­ru­gía y ciru­gía laser, tra­ta­mien­to de infec­cio­nes de trans­mi­sión sexual, odon­to­lo­gía, acu­pun­tu­ra, maso­te­ra­pia y aten­ción sico­ló­gi­ca, que finan­cian con la ven­ta de los con­do­nes Encan­to.

El ambien­te es difí­cil de defi­nir, por­que no se pare­ce en nada a las reunio­nes de los movi­mien­tos socia­les y las izquier­das. Habría que remon­tar­se a los encuen­tros de obre­ros anar­quis­tas, un siglo atrás, para encon­trar refe­ren­cias váli­das. Las tra­ba­ja­do­ras sexua­les auto­or­ga­ni­za­das en la bri­ga­da son per­so­nas de cora­zón gran­de y pala­bra direc­ta, sin vuel­tas ni retó­ri­ca, capa­ces de expli­car sus tre­men­das viven­cias con la natu­ra­li­dad pro­pia de las de abajo.

Comen­zó a cir­cu­lar la pala­bra. Había muje­res y tran­se­xua­les de tres gene­ra­cio­nes, ya que comen­za­ron a orga­ni­zar­se hace más de 25 años. La orga­ni­za­ción se rige por una asam­blea gene­ral inte­gra­da en su mayo­ría por tra­ba­ja­do­ras sexua­les que se han aglu­ti­na­do, des­de 1997, bajo el nom­bre públi­co de Red Mexi­ca­na de Tra­ba­jo Sexual, des­ta­ca uno de sus múl­ti­ples documentos.

En la mesa esta­ban Elvi­ra, Patri­cia Méri­da y Kriz­na. Sus inter­ven­cio­nes fue­ron extra­or­di­na­rias, sen­ci­llas, pro­fun­das, cris­ta­li­nas, con­mo­ve­do­ras has­ta las lágri­mas, que en esas tres horas roda­ron tan­to como las pala­bras. Lágri­mas de dig­ni­dad y de rabia. En sus voces habla­ron la explo­ta­ción de padro­tes y madro­tas, la vio­len­cia de poli­cías abu­si­vos, las vio­la­cio­nes, los gol­pes y el encar­ce­la­mien­to, el secues­tro de hijos e hijas, las carre­ras con­tra las tran­se­xua­les a quie­nes la poli­cía rapa­ba y daba manguerazos.

El clí­max fue la inter­ven­ción de Betty. Son­ri­sainge­nua, lan­za en tono ino­cen­te una pre­gun­ta demo­le­do­ra. ¿Cuál es su inten­ción con esto?, en refe­ren­cia a la infor­ma­ción que se lle­va el perio­dis­ta. Una tra­ba­ja­do­ra sexual inter­pe­la al perio­dis­ta invi­ta­do. Es la sín­te­sis de un pro­ce­so de déca­das, del cre­ci­mien­to des­de aba­jo, de la dig­ni­dad de no sen­tir­se menos que nadie. No es des­con­fian­za en el otro; es poder, capa­ci­dad de inte­rro­gar que sólo nace de la auto­es­ti­ma y la con­fian­za en sí misma.

Para lle­gar a ese lugar reco­rrie­ron un lar­go camino. Antes tenían que pedir per­mi­so a las madro­tas para tra­ba­jar en la calle, aho­ra tie­nen coope­ra­ti­vas, expli­ca Alma, has­ta con 160 inte­gran­tes. Antes nos caía­mos gor­das unas a otras, aho­ra están uni­das. Cha­be­la recuer­da que las lla­ma­ban foco de infec­ción, pero aho­ra son pro­mo­to­ras de salud for­ma­das en los talle­res de la brigada.

Lupi­ta, Chi­na, Isa­bel, Ramo­na jun­to a su hijo, evo­can un pasa­do de humi­lla­cio­nes en hos­pi­ta­les y vio­la­cio­nes gru­pa­les en las calles, cuan­do las deten­cio­nes dura­ban has­ta 15 días. Mi vida era dro­ga dia­ria, reuer­da Betty. Todo eso se aca­bó, repli­ca algu­na. En 2014 el Gobierno del Dis­tri­to Fede­ral debió reco­no­cer­las como tra­ba­ja­do­ras no asa­la­ria­das. Algu­nas, como Méri­da, gra­cias a la bri­ga­da, estu­dia­ron pri­ma­ria, secun­da­ria y compu­tación. Otras se desem­pe­ñan como perio­dis­tas gra­cias a los talle­res que impar­te, soli­da­ria­men­te, Glo­ria Muñoz.

Así fue nacien­do un suje­to colec­ti­vo. Somos par­te de una fami­lia, expli­ca Elvi­ra, cuya vida cam­bió el día que las cono­ció. Tran­si­tar de obje­tos a suje­tos, de putas a tra­ba­ja­do­ras dig­nas, es un camino que sólo pue­de expli­car­se, y enten­der­se, des­de la car­ne ado­lo­ri­da y las lágri­mas rodan­do sobre la meji­lla. No exis­te tesis ni pla­ta­for­ma capaz de hacer­lo. Es vida y sólo vale sentirla.

Bri­ga­da calle­je­ra tie­ne su decá­lo­go de prin­ci­pios: apo­yo mutuo, deci­sio­nes por con­sen­so, uni­dad de acción, fran­que­za y no simu­la­ción, ser polí­ti­ca­men­te inco­rrec­tos o sea no ins­tru­men­ta­les, bus­car lo común con otros y no la per­fec­ción, no cola­bo­ra­ción con el Esta­do y mega­pro­yec­tos de gran­des cor­po­ra­cio­nes, no vio­len­cia, no inje­ren­cia en asun­tos inter­nos de otros movi­mien­tos y autodeterminación.

Inte­gran la Red de Resis­ten­cias Autó­no­mas Anti­ca­pi­ta­lis­tas y la Otra Cam­pa­ña con­vo­ca­da por el EZLN. Han crea­do la Agen­cia de Noti­cias Inde­pen­dien­te Noti-calle y las ini­cia­ti­vas de Radio Talón y Tv calle. Cuan­do alguien pro­pu­so hacer­se sin­di­ca­to, la tran­se­xual Kriz­na recor­dó que recha­zan las for­mas ver­ti­ca­les de organización.

Cuan­do tan­tos movi­mien­tos han sido doble­ga­dos por las polí­ti­cas socia­les, bri­ga­da obtie­ne has­ta 97 por cien­to de sus recur­sos de la ven­ta de con­do­nes, lo que les evi­ta depen­der de finan­cia­mien­tos exter­nos que pue­dan gene­rar depen­den­cia o sumi­sión polí­ti­ca, seña­lan en su pági­na web. El 3 por cien­to res­tan­te lo obtie­nen de fun­da­cio­nes, emba­ja­das, empre­sas o depen­den­cias del gobierno mexi­cano, excep­to de pre­si­den­cias muni­ci­pa­les, gobier­nos esta­ta­les o el GDF, que cada vez con­di­cio­nan más sus apor­ta­cio­nes a la fide­li­dad polí­ti­ca de quie­nes los obtie­nen.

Jai­me recuer­da que el Gobierno del DF quie­re expul­sar del Cen­tro His­tó­ri­co a las tra­ba­ja­do­ras sexua­les, ambu­lan­tes, pobres y adic­tos, y pre­ten­den cerrar o moder­ni­zar el mer­ca­do La Mer­ced. Elvi­ra agre­ga que ya cerra­ron todos los hote­les en la zona, que “aho­ra uti­li­zan al nar­co para des­po­jar­nos” y que des­de 2007 cre­ció la repre­sión, aumen­tó el tra­ba­jo sexual y las des­apa­ri­cio­nes son un fenó­meno nue­vo y temible.

Es poco fre­cuen­te, en tiem­pos de pos­mo­der­ni­dad con masa­cres, encon­trar espa­cios ple­be­yos que irra­dien espí­ri­tu y rabia de cla­se; aba­jos con con­cien­cia de cla­se (como ano­tan los sabi­dos). Es recon­for­tan­te pero, por sobre todo, es un soplo de vida en este mar de san­gre y desesperanza.

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