Ale­xis Tsi­pras: el trans­for­mis­mo como ins­tru­men­to para derro­tar al suje­to popu­lar x Mano­lo Monereo

Ellos, los que man­dan, nun­ca se equi­vo­can. Acier­tan casi siem­pre. Su espe­cia­li­dad es coop­tar, inte­grar, domar a los rebel­des para ase­gu­rar que el poder de los que man­dan de ver­dad y no se pre­sen­tan a las elec­cio­nes se per­pe­túe y se repro­duz­ca. El trans­for­mis­mo es eso: ins­tru­men­to para ampliar la cla­se polí­ti­ca domi­nan­te con los rebel­des, con los revo­lu­cio­na­rios, asu­mien­do algu­nas de sus rei­vin­di­ca­cio­nes a cam­bio de neu­tra­li­zar y divi­dir a las cla­ses subal­ter­nas. La cla­ve es esta: para con­se­guir que el suje­to popu­lar sea no solo ven­ci­do sino derro­ta­do, es nece­sa­rio coop­tar a sus jefes, a sus diri­gen­tes. Con ello se blo­quea la espe­ran­za, se pro­mue­ve el pesi­mis­mo y se demues­tra que, al final, todos son igua­les, todos tie­nen un pre­cio y que no hay alter­na­ti­va a lo exis­ten­te. La orga­ni­za­ción pla­ni­fi­ca­da de la resignación.

Con Tsi­pras no ha sido fácil. Era un refor­mis­ta sin­ce­ro y, ade­más, un euro­peís­ta con­ven­ci­do, de los que pen­sa­ban que se podrían con­se­guir con­ce­sio­nes de los socios euro­peos; que a estos se les podría con­ven­cer de que las polí­ti­cas de aus­te­ri­dad no solo eran injus­tas sino pro­fun­da­men­te inefi­ca­ces y que para poder pagar la deu­da se debe­rían incen­ti­var un con­jun­to de polí­ti­cas dife­ren­tes que relan­za­ran la eco­no­mía, que solu­cio­na­ran la catás­tro­fe huma­ni­ta­ria que vivía el país y que hicie­ran com­pa­ti­ble la sobe­ra­nía popu­lar con la per­te­nen­cia a la UE.Varou­fa­kis ha sido la cara y los ojos de esta estra­te­gia nego­cia­do­ra que él, en algún momen­to, ha defi­ni­do como kan­tia­na, es decir, basa­da en la razón y en la bús­que­da del inte­rés común.

La his­to­ria es cono­ci­da. Hoy sabe­mos que esa estra­te­gia ha sido un rotun­do fra­ca­so: no se con­si­guió nun­ca divi­dir a los Esta­dos euro­peos más pode­ro­sos y el domi­nio ale­mán fue cla­ro y defi­ni­to­rio des­de el comien­zo. Todo esto lo sabe­mos por el pro­pio Varou­fa­kis, que ha ido rela­tan­do este autén­ti­co “vía cru­cis” que nun­ca impli­có real­men­te una nego­cia­ción y que, des­de el pri­mer momen­to, fue un chan­ta­je en toda regla del tipo “lo tomas o lo dejas” y, mien­tras, la pre­sión sos­te­ni­da y per­ma­nen­te del BCE ago­tan­do la liqui­dez y las ins­ti­tu­cio­nes euro­peas negan­do los créditos.

Die­cio­cho con­tra uno. Así ha sido este pro­ce­so, que tenía tres obje­ti­vos fun­da­men­ta­les. El pri­me­ro, com­ba­tir el malí­si­mo pre­ce­den­te grie­go en un sen­ti­do cla­ro y rotun­do: los paí­ses endeu­da­dos del Sur no pue­den tener otras polí­ti­cas eco­nó­mi­cas que las dic­ta­das por la Troi­ka. En segun­do lugar, apo­yar fir­me­men­te a los gobier­nos de la dere­cha y de la social­de­mo­cra­cia que, de una u otra mane­ra, en uno u otro momen­to, se ple­ga­ron a las polí­ti­cas impues­tas por el Esta­do ale­mán; estos par­ti­dos siguen sien­do abso­lu­ta­men­te nece­sa­rios para garan­ti­zar las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les domi­nan­tes y bajo nin­gún con­cep­to se les pue­de dejar caer, máxi­me cuan­do emer­gen fuer­zas alter­na­ti­vas, de eso que la UE y los gobier­nos de turno lla­man popu­lis­mo. El ter­ce­ro, el men­sa­je real que se man­da a las pobla­cio­nes, sobre todo del Sur, es que ésta UE, sus polí­ti­cas y sus rela­cio­nes reales de poder, no tie­nen alter­na­ti­va. Lo que que­da es la estra­te­gia del mie­do: o se acep­tan estas polí­ti­cas o se pro­du­ci­rá el caos y la catás­tro­fe eco­nó­mi­ca y social de la sali­da del euro.

En muchos sen­ti­dos, el caso grie­go es bas­tan­te excep­cio­nal. Gre­cia es un vie­jo-joven país con una hon­da tra­di­ción polí­ti­co-cul­tu­ral, con una fuer­te iden­ti­dad como pue­blo y con un gran sen­ti­do patrió­ti­co. Se había ido pro­du­cien­do en éstos años una sim­bio­sis, una nue­va rela­ción entre la defen­sa de los dere­chos socia­les, la inde­pen­den­cia nacio­nal y de la uni­dad de una gran par­te del pue­blo en torno al apo­yo a las cla­ses tra­ba­ja­do­ras, a los pobres y a los jóve­nes que esta­ban vivien­do una gra­ve regre­sión en sus con­di­cio­nes de vida y de tra­ba­jo. Todo esto ter­mi­nó iden­ti­fi­cán­do­se con dos nom­bres: Syri­za y Tsi­pras. El ejem­plo más cla­ro de esto fue la vic­to­ria en el refe­rén­dum en un país, no se debe­ría olvi­dar, que esta­ba vivien­do un “corra­li­to”, con ame­na­zas cons­tan­tes de las “auto­ri­da­des euro­peas” y con unos medios de comu­ni­ca­ción masi­va­men­te par­ti­da­rio del “sí”.

Que al final fue­se Tsi­pras el esla­bón más débil de la cade­na obli­ga a pen­sar las cosas a fon­do. Lo pri­me­ro, la enor­me capa­ci­dad de pre­sión de la Troi­ka, en un sen­ti­do muy pre­ci­so y que se olvi­da con mucha fre­cuen­cia: lo que exis­te es una alian­za estra­té­gi­ca entre las ins­ti­tu­cio­nes euro­peas y los pode­res eco­nó­mi­cos domi­nan­tes de cada país que el Esta­do ale­mán garan­ti­za. Para decir­lo con mayor pre­ci­sión: las cla­ses eco­nó­mi­ca­men­te domi­nan­tes están de acuer­do con ésta Euro­pa que es la UE y con el papel que se asig­na a estos paí­ses en la divi­sión del tra­ba­jo que se está defi­nien­do en y des­de la cri­sis. En segun­do lugar, lo que Tsi­pras y la dere­cha de Syri­zaexpre­san es una posi­ción ideo­ló­gi­ca que no siem­pre se con­si­gue iden­ti­fi­car y que, al final, se ha con­ver­ti­do en una enor­me debi­li­dad. Me refie­ro a eso que se ha lla­ma­do euro­peís­mo. Refor­mis­mo social­de­mó­cra­ta y euro­peís­mo han esta­do ínti­ma­men­te rela­cio­na­dos. Se podría decir que la ban­de­ra del euro­peís­mo sir­vió para camu­flar la cri­sis del pro­yec­to social­de­mó­cra­ta sobre tres ideas bási­cas: que la UE era la úni­ca cons­truc­ción posi­ble de Euro­pa; que la UE es un bien en sí, inde­pen­dien­te­men­te del con­flic­to social y de la dis­tri­bu­ción del poder entre Esta­dos y cla­ses; y que el Esta­do-nación se había con­ver­ti­do en una anti­gua­lla que nece­sa­ria­men­te había que supe­rar en el pro­ce­so de inte­gra­ción europea.

La inexis­ten­cia de un plan B en el pro­ce­so nego­cia­dor tie­ne que ver, a mi jui­cio, con la posi­ción polí­ti­ca que he inten­ta­do defi­nir. Se demos­tró que para Tsi­pras era inima­gi­na­ble una Gre­cia fue­ra del euro, fue­ra de las ins­ti­tu­cio­nes de la UE, aun­que eso sig­ni­fi­ca­se la rui­na eco­nó­mi­ca de su país, con­ti­nuar con la degra­da­ción de las con­di­cio­nes socia­les de la mayo­ría de la pobla­ción y la acep­ta­ción de que el Esta­do grie­go es, de hecho, un pro­tec­to­ra­do de los paí­ses acreedores.

La Troi­ka ha con­se­gui­do cla­ra­men­te sus obje­ti­vos. Las polí­ti­cas que ha veni­do rea­li­zan­do Tsi­pras y su gobierno tras su capi­tu­la­ción (así lo ha defi­ni­do Varou­fa­kis) nos impi­den ser opti­mis­tas. La hoja de ruta apro­ba­da por las ins­ti­tu­cio­nes euro­peas la están cum­plien­do a raja­ta­bla, a veces da la sen­sa­ción de que se rea­li­za con el “furor del con­ver­so”. Hay datos que nos lle­van a pen­sar que el asun­to irá a peor. Tsi­pras sabía mejor que nadie que no esta­ba garan­ti­za­da su mayo­ría en el pró­xi­mo con­gre­so de Syri­za. La con­vo­ca­to­ria de nue­vas elec­cio­nes no tie­ne nada de heroi­co. Sabe­dor de que las cosas en su par­ti­do esta­ban difí­ci­les para él, con­vo­ca elec­cio­nes gene­ra­les para con­se­guir tres cosas a la vez: garan­ti­zar­se las siglas, pro­pi­ciar la rup­tu­ra de Syri­za huyen­do del deba­te demo­crá­ti­co y del posi­ble cues­tio­na­mien­to de su lide­raz­go y, por últi­mo, bus­car el res­pal­do popu­lar antes de que se empie­cen a notar los efec­tos eco­nó­mi­cos y socia­les de las polí­ti­cas de aus­te­ri­dad impues­tas por la troi­ka y acep­ta­das por la mayo­ría del par­la­men­to griego.

Segu­ra­men­te Tsi­pras gana­rá, pero su par­ti­do habrá ya cam­bia­do de natu­ra­le­za y el movi­mien­to popu­lar y demo­crá­ti­co se divi­di­rá por mucho tiem­po. Nada será igual. Recons­truir des­de aba­jo la alter­na­ti­va des­pués de la derro­ta reque­ri­rá tiem­po, inte­li­gen­cia y un com­pro­mi­so moral espe­cial­men­te fuer­te. Tsi­pras aho­ra es valien­te, res­pon­sa­ble y rea­lis­ta y los otros, sus ami­gos y cama­ra­das de ayer, popu­lis­tas, maxi­ma­lis­tas y euro­es­cép­ti­cos. Los que man­dan ganan una vez más: ¿apren­de­re­mos en cabe­za aje­na?, mejor, ¿en país ajeno? La vida dirá.

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