Carac­te­ri­za­ción del gobierno y un argu­men­to K x Rolan­do Astarita

El 30 de junio pasa­do, en el canal CN23, el perio­dis­ta Rober­to Caba­lle­ro reali­zó un repor­ta­je a la can­di­da­ta del PTS y del FIT, Myriam Breg­man1. Caba­lle­ro se iden­ti­fi­ca con el kirch­ne­ris­mo, tra­ba­ja en Radio Nacio­nal, y fue fun­da­dor, y direc­tor has­ta agos­to de 2012, de Tiem­po Argen­tino.

En el cur­so de la entre­vis­ta, Caba­lle­ro pre­sen­tó un argu­men­to con­tra la carac­te­ri­za­ción de la izquier­da de los gobier­nos de los Kirch­ner. Plan­teó que, según la izquier­da, esos gobier­nos son pro-patro­na­les. Pero los voce­ros de los empre­sa­rios, Cla­rínLa Nación, cas­ti­gan feroz­men­te la figu­ra de Cris­ti­na Kich­ner. ¿Cómo se com­pa­gi­na esto con el hecho de que los gobier­nos K serían pro-patro­na­les? Dijo que en otro repor­ta­je había plan­tea­do la cues­tión a Mar­ce­lo Ramal –can­di­da­to del PO y del FIT- y que este había res­pon­di­do mal, o él no había enten­di­do su expli­ca­ción. Como res­pues­ta Breg­man expli­có que el kirch­ne­ris­mo impul­só los jui­cios con­tra los geno­ci­das para ganar legi­ti­mi­dad y res­pon­der a la situa­ción abier­ta por la cri­sis de 2001; lo cual le habría ena­je­na­do la sim­pa­tía de la patronal.

En esta nota solo voy a refe­rir­me tan­gen­cial­men­te a la res­pues­ta de Breg­man, para cen­trar­me en la curio­sa «idea» de que la natu­ra­le­za de cla­se de un gobierno se defi­ne por lo que dicen Cla­rínLa Nación de ese gobierno. La cues­tión tie­ne cier­to inte­rés por­que el argu­men­to de Caba­lle­ro tam­bién lo han esgri­mi­do otros defen­so­res de los gobier­nos K.

El carác­ter de cla­se des­de el marxismo

Empe­ce­mos dicien­do que al mar­xis­mo nun­ca se le ocu­rrió defi­nir el carác­ter de cla­se de un gobierno por lo que dicen de él los (o algu­nos) medios de comu­ni­ca­ción. La razón es que el Esta­do y las cla­ses socia­les cons­ti­tu­yen estruc­tu­ras obje­ti­vas, y por lo tan­to la rela­ción entre el Esta­do y la cla­se capi­ta­lis­ta tam­bién es una rela­ción social obje­ti­va. Esta rela­ción, a su vez, deter­mi­na la fun­ción del Esta­do e, inevi­ta­ble­men­te, la natu­ra­le­za de cla­se de esa fun­ción. Y la fun­ción pri­ma­ria y esen­cial del Esta­do en la socie­dad actual se defi­ne en torno al sos­te­ni­mien­to y repro­duc­ción de la rela­ción capi­tal /​tra­ba­jo. Más pre­ci­sa­men­te, el Esta­do es el prin­ci­pal fac­tor polí­ti­co-jurí­di­co e ideo­ló­gi­co de esa repro­duc­ción. De ahí que el Esta­do no pue­da ser neu­tral, como afir­man los ideó­lo­gos burgueses.

Pero en este mar­co, el carác­ter del gobierno, que es cabe­za del Esta­do, no pue­de no ser capi­ta­lis­ta. En pala­bras de Rosa Luxem­burg: «El carác­ter de un gobierno bur­gués no está deter­mi­na­do por el carác­ter per­so­nal de sus miem­bros, sino por su fun­ción orgá­ni­ca en la socie­dad bur­gue­sa. El gobierno del Esta­do moderno es esen­cial­men­te una orga­ni­za­ción de la domi­na­ción de cla­se, cuyo fun­cio­na­mien­to regu­lar es una de las con­di­cio­nes para la exis­ten­cia del Esta­do de cla­se» («Affai­re Drey­fus et cas Mille­rand», 1899).

Por otra par­te, dado que la rela­ción entre el Esta­do y el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta es obje­ti­va, su rol en tan­to garan­te jurí­di­co, polí­ti­co e ideo­ló­gi­co de la rela­ción de explo­ta­ción no se alte­ra aun­que exis­tan ten­sio­nes entre frac­cio­nes del capi­tal y el Esta­do –o algu­nas de sus ins­ti­tu­cio­nes, gobierno, jus­ti­cia, par­la­men­to-; o inclu­so entre el capi­tal en gene­ral y deter­mi­na­do gobierno en particular.

Esta tesis no es una abstracción

Para la cues­tión que nos ocu­pa, la tesis mar­xis­ta que sin­te­ti­za­mos en el pun­to ante­rior se veri­fi­ca ape­nas se exa­mi­na lo actua­do por los gobier­nos K entre 2003 y el pre­sen­te: han cum­pli­do, sin mayo­res des­ajus­tes, con las fun­cio­nes de con­trol, pre­ven­ción, inti­mi­da­ción y repre­sión carac­te­rís­ti­cos de todo gobierno capi­ta­lis­ta, jun­to a la poli­cía, los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia, los tri­bu­na­les y simi­la­res, tam­bién carac­te­rís­ti­cos de todo Esta­do capi­ta­lis­ta. Tam­bién fue­ron pro­mo­to­res prin­ci­pa­les de la ideo­lo­gía de la con­ci­lia­ción de cla­ses, de la resig­na­ción del opri­mi­do y de la uni­dad nacio­nal, jun­to a otras ins­ti­tu­cio­nes tam­bién fun­cio­na­les a la con­ti­nua­ción de la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta como la Igle­sia, el sis­te­ma de ense­ñan­za y los par­ti­dos del sis­te­ma. Asi­mis­mo han con­tri­bui­do al con­ti­nua­do con­trol de las direc­cio­nes sin­di­ca­les cola­bo­ra­cio­nis­tas del capi­tal, sobre el tra­ba­jo, de la mis­ma mane­ra que lo han hecho y lo siguen hacien­do todos los gobier­nos con­sus­tan­cia­dos con el sos­te­ni­mien­to de la explo­ta­ción. En defi­ni­ti­va, los gobier­nos Kirch­ner no se han sali­do de lo que es, en rela­ción a la cues­tión esen­cial, el «desem­pe­ño pro­me­dio» de cual­quier otra cabe­za de Esta­do capitalista.

Son datos obje­ti­vos y regis­tra­bles, al mar­gen de lo que opi­ne tal o cual medio de difu­sión. E infi­ni­ta­men­te más deci­si­vos a la hora de defi­nir el carác­ter de cla­se del gobierno K que los jui­cios a los mili­ta­res geno­ci­das. Para sin­te­ti­zar: los mar­xis­tas defi­ni­mos el carác­ter de cla­se de un Esta­do, y del gobierno que lo enca­be­za, por la rela­ción de pro­pie­dad que defien­de y sos­tie­ne. Y un Esta­do, y el gobierno que lo enca­be­za, no pue­den estar por fue­ra y al mar­gen de esa rela­ción de pro­pie­dad; que en la socie­dad actual no es otra que la pro­pie­dad del capi­tal. Es el ABC del problema.

Capi­tal «en gene­ral» y Estado

El rol del Esta­do ‑y su cabe­za, el gobierno- es esen­cial en tan­to garan­te de la rela­ción de explo­ta­ción capi­ta­lis­ta, como se vio en el apar­ta­do ante­rior, ya que a par­tir de la explo­ta­ción del tra­ba­jo, el capi­tal gene­ra plus­va­lía. Pero la plus­va­lía, a su vez, debe acu­mu­lar­se como capi­tal para dar lugar a la crea­ción de más plus­va­lía. Y aquí el Esta­do ‑y su cabe­za, el gobierno- tam­bién jue­ga un rol fun­da­men­tal como garan­te de las con­di­cio­nes de la acu­mu­la­ción. Entre otras, ellas com­pren­den la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo (salud y edu­ca­ción públi­cas); la pro­duc­ción y repro­duc­ción de infra­es­truc­tu­ra nece­sa­ria para la explo­ta­ción pri­va­da de los capi­ta­les (por ejem­plo, cami­nos, aero­puer­tos, vías de nave­ga­ción); el sos­te­ni­mien­to de un régi­men mone­ta­rio; el con­tex­to para que la com­pe­ten­cia se desa­rro­lle en igual­dad de con­di­cio­nes para todos los capi­ta­les; la esta­bi­li­dad del hori­zon­te tem­po­ral en que se toman las deci­sio­nes de inver­sión; y una for­ma de vin­cu­la­ción al mer­ca­do mundial.

Pero enton­ces se hace evi­den­te que exis­te una con­tra­dic­ción entre el capi­tal «en gene­ral» –que deman­da esas con­di­cio­nes- y el hecho de que el capi­tal solo exis­te a tra­vés de los múl­ti­ples capi­ta­les par­ti­cu­la­res. Acla­re­mos que por «capi­tal en gene­ral» com­pren­de­mos el capi­tal hacien­do abs­trac­ción de la com­pe­ten­cia y de los fenó­me­nos que la acom­pa­ñan (según la defi­ni­ción de Ros­dolsky, Estruc­tu­ra y géne­sis de «El Capi­tal», pp. 71 – 73). En otros tér­mi­nos, el «capi­tal en gene­ral» com­pren­de lo que es común a todos los capi­ta­les, «su pro­pie­dad de explo­ta­ción» (ídem).

Pues bien, el Esta­do debe res­pon­der a esta nece­si­dad del capi­tal, toma­do como un uni­ver­sal abs­trac­to. Es lo que suce­de cuan­do las cáma­ras empre­sa­rias, por ejem­plo, deman­dan que el gobierno man­ten­ga reglas de jue­go igua­les para todos los capi­ta­les, o que defien­da la esta­bi­li­dad de la mone­da, o mejo­re la capa­ci­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo en la escue­la públi­ca. Por eso, en qué medi­da deter­mi­na­do Esta­do o gobierno cum­ple con estas deman­das, es moti­vo de fric­cio­nes y ten­sio­nes, sin que por ello se modi­fi­que su carác­ter de clase.

Pero por otra par­te, el capi­tal, como reali­dad con­cre­ta, solo exis­te a tra­vés de los muchos capi­ta­les indi­vi­dua­les, o frac­cio­nes par­ti­cu­la­res, vol­ca­das a dife­ren­tes ramas de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca. De ahí que todo capi­tal exi­ja que el Esta­do cum­pla con las reglas «demo­crá­ti­cas» del capi­tal en gene­ral, al tiem­po que tra­ta de sacar pro­ve­cho de la influen­cia que pue­da ejer­cer sobre el Esta­do para obte­ner un bene­fi­cio par­ti­cu­lar. Lo cual abre la posi­bi­li­dad de que exis­tan con­flic­tos cru­za­dos, tan­to por­que el Esta­do, o el gobierno, no satis­fa­gan los requi­si­tos exi­gi­dos para que haya una repro­duc­ción flui­da del capi­tal, como por el hecho de que frac­cio­nes par­ti­cu­la­res, o sec­to­res de la alta buro­cra­cia esta­tal –que vive de la apro­pia­ción de plus­va­lía- vio­len, para su pro­pio bene­fi­cio, las reglas de la «com­pe­ten­cia demo­crá­ti­ca» de la apro­pia­ción de la plusvalía.

Auto­no­mía relativa

A par­tir de lo ante­rior, se com­pren­de que exis­te una segun­da deter­mi­na­ción fun­da­men­tal del Esta­do, plan­tea­da por prác­ti­ca­men­te todos los teó­ri­cos mar­xis­tas: su auto­no­mía rela­ti­va. Esto es, el Esta­do no es un mero ins­tru­men­to en manos de la cla­se domi­nan­te, ya que a fin de garan­ti­zar los intere­ses del capi­tal en gene­ral, debe con­ser­var una auto­no­mía rela­ti­va con res­pec­to a las múl­ti­ples frac­cio­nes par­ti­cu­la­res de los capi­ta­les. De lo con­tra­rio le sería impo­si­ble cum­plir con sus fun­cio­nes. Por eso, no exis­te una rela­ción mecá­ni­ca o lineal entre el Esta­do y la cla­se capi­ta­lis­ta. Por lo tan­to, tam­po­co pue­de haber una rela­ción mecá­ni­ca entre gobierno y cla­se capitalista.

Obser­ve­mos que esa auto­no­mía rela­ti­va está reco­no­ci­da por Marx en El Capi­tal, cuan­do dice que el Esta­do bri­tá­ni­co puso lími­tes a la jor­na­da de tra­ba­jo, impo­nién­do­se a los capi­ta­les par­ti­cu­la­res en bene­fi­cio del capi­tal de con­jun­to. Tam­bién es seña­la­da por Marx y por Engels en sus escri­tos sobre los gobier­nos y regí­me­nes de Bis­mark y Luis Bona­par­te. Y la his­to­ria del capi­ta­lis­mo está pla­ga­da de las más diver­sas for­mas de auto­no­mía del Esta­do, o de los gobier­nos que lo enca­be­zan, con res­pec­to a los capi­ta­les par­ti­cu­la­res. Para citar solo algún ejem­plo sal­tea­do: el gobierno de Roo­se­velt en los 1930 era resis­ti­do por la mayo­ría de los empre­sa­rios; los gobier­nos y el Esta­do de Corea del Sur dis­ci­pli­na­ban al gran capi­tal, impo­nién­do­le metas a cam­bio de ayu­da, en bene­fi­cio, en últi­ma ins­tan­cia, de la acu­mu­la­ción del gran capi­tal. Tam­bién exis­ten casos en los que la auto­no­mía se mani­fies­ta en una no corres­pon­den­cia con las nece­si­da­des de repro­duc­ción de los capi­ta­les. Por ejem­plo, el gobierno de Isa­bel Perón fue cues­tio­na­do por prác­ti­ca­men­te todas las patro­na­les, sin que ello nega­ra su carác­ter bur­gués y feroz­men­te reac­cio­na­rio y antiobrero.

Sin embar­go, la auto­no­mía nun­ca pue­de ser abso­lu­ta por­que el Esta­do no pue­de dejar de gene­rar (o inten­tar hacer­lo) las con­di­cio­nes que hagan fac­ti­ble la acu­mu­la­ción. Es una «exi­gen­cia» que sur­ge de la pro­pia lógi­ca de la acu­mu­la­ción. Su meca­nis­mo es con­cre­to: ope­ra a tra­vés de la lla­ma­da huel­ga de inver­sio­nes, y se pro­fun­di­za con la inter­na­cio­na­li­za­ción del capi­tal. Allí don­de los capi­ta­les, por las razo­nes que sean, no con­si­de­ran pro­pi­cias las con­di­cio­nes, no invier­ten. Se tra­ta de una cons­tric­ción obje­ti­va –res­pon­de a la lógi­ca de la valo­ri­za­ción- que se impo­ne por enci­ma de volun­ta­des o ideo­lo­gías par­ti­cu­la­res de los fun­cio­na­rios del Esta­do. Y los Esta­dos –y los gobier­nos que los enca­be­zan- no pue­den dejar de ade­cuar­se, en el mediano o lar­go pla­zo, a esa exi­gen­cia. Para dar ejem­plos con­cre­tos, y vin­cu­la­dos al «argu­men­to Caba­lle­ro»: cuan­do el gobierno de Cris­ti­na Kirch­ner qui­so atraer inver­sio­nes para desa­rro­llar la pro­duc­ción de gas y petró­leo, hizo acuer­dos con com­pa­ñías como Che­vron y Shell otor­gán­do­les amplias con­ce­sio­nes. Y cuan­do inten­tó atraer capi­ta­les euro­peos, arre­gló –en tér­mi­nos one­ro­sos para el Esta­do- la deu­da con el Club de París. Por otra par­te, e inevi­ta­ble­men­te, en caso de asu­mir un nue­vo gobierno K a fin de 2015, inten­ta­rá rene­go­ciar con el capi­tal (o frac­cio­nes del capi­tal) los tér­mi­nos de nue­vas inversiones.

Es nece­sa­rio com­pren­der, por lo tan­to, que la auto­no­mía rela­ti­va del Esta­do no pue­de trans­for­mar­se en abso­lu­ta, y mucho menos en anta­gó­ni­ca con res­pec­to al capi­tal en gene­ral. En pala­bras de D. Gold, C. Lo y E. Olin Wright: «El Esta­do es siem­pre rela­ti­va­men­te autó­no­mo; ni es com­ple­ta­men­te autó­no­mo (vale decir, libre de un con­trol acti­vo por par­te de la cla­se capi­ta­lis­ta) ni sim­ple­men­te mane­ja­do por miem­bros de la cla­se domi­nan­te (vale decir, libre de toda res­tric­ción estruc­tu­ral)» («Recien­tes desa­rro­llos en la teo­ría mar­xis­ta del Esta­do capi­ta­lis­ta», en H. Sonn­tag y H. Vale­ci­llos, El Esta­do en el capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo, Méxi­co, Siglo XXI, 1988).

Los gobier­nos K en concreto

Todas estas cues­tio­nes se apli­can a los gobier­nos de los Kirch­ner. El gobierno de Nés­tor Kirch­ner tuvo un con­sen­so muy amplio del capi­tal en la fase de alto cre­ci­mien­to, de 2003 a 2008. Lue­go, a medi­da que las cosas se empe­za­ron a poner mal –la eco­no­mía argen­ti­na hace cua­tro años que está casi estan­ca­da- fue­ron aumen­tan­do las crí­ti­cas de dife­ren­tes frac­cio­nes del capi­tal, y los roces con el gobierno. La mani­fes­ta­ción más fuer­te fue el con­flic­to con los empre­sa­rios agra­rios, de 2008. Pero la Unión Indus­trial Argen­ti­na toda­vía a fines de 2012 res­pal­da­ba «el mode­lo indus­tria­lis­ta ini­cia­do en 2003»; lo mis­mo suce­día con muchas orga­ni­za­cio­nes de la media­na empre­sa, tan­to de la indus­tria como del comer­cio, o cáma­ras que agru­pan a gran­des empre­sas, como auto­mo­tri­ces o mine­ras. Tam­po­co tuvie­ron gran­des obje­cio­nes, al menos has­ta un pasa­do recien­te, los ban­cos (uno de los sec­to­res con mayo­res ren­ta­bi­li­dad en los 2000), super­mer­ca­dos, empre­sas de la ali­men­ta­ción, cade­nas hote­le­ras. Y como todo el mun­do sabe (¿menos el perio­dis­ta Rober­to Caba­lle­ro?) empre­sa­rios muy pode­ro­sos no están en abso­lu­to dis­gus­ta­dos con el gobierno de Cris­ti­na K. Por ejem­plo, los gru­pos Láza­ro Baez, Fran­co Macri, Barrick Gold, Pan Ame­ri­can Energy, Eske­na­zi, Mon­san­to, Sygen­ta, Che­vron, Ciri­gliano, así como muchos sec­to­res de la UIA, y otras cáma­ras empre­sa­rias, tales como CAME, para citar solo algu­nos casos.

Pero inclu­so des­de el pun­to de vis­ta de los capi­ta­les inver­ti­dos en comu­ni­ca­ción, el argu­men­to K no tie­ne con­sis­ten­cia. Es que Cla­rínLa Nación no son los úni­cos medios. Hay otros, como el canal 23, que emi­te el pro­gra­ma de Caba­lle­ro, y alber­ga a otros cono­ci­dos refe­ren­tes K. Ese canal per­te­ne­ce al gru­po empre­sa­rial Ser­gio Szpols­ki – Gar­fun­kel, iden­ti­fi­ca­do con el gobierno de Cris­ti­na Kirch­ner. Pero tam­bién están los medios con­tro­la­dos por otros gru­pos eco­nó­mi­cos como el de Cris­tó­bal López, Vila-Man­zano, Tele­fó­ni­ca, Mone­ta, Pie­rri, Ulloa, Vig­nat­ti, San­ta María y Elec­tro­in­ge­nie­ría, ade­más de la edi­to­rial Pági­na 12. Nin­guno ata­ca (ni feroz, ni ama­ble­men­te) al gobierno de CK. ¿Cómo se pue­de sos­te­ner enton­ces que la patro­nal de con­jun­to ata­que al gobierno de CK? Y para peor, ¿cómo se pue­de cri­ti­car a la izquier­da por carac­te­ri­zar al gobierno de CK de gobierno bur­gués, toman­do como argu­men­to lo que dicen Cla­rínLa Nación del gobierno CK?

Lo que sí hubo, y hay, son que­jas de los capi­ta­les que no han logra­do par­ti­ci­par en algu­nos de los muchos y gigan­tes­cos nego­cia­dos que habi­li­tó la alta ren­ta que dis­pu­sie­ron los gobier­nos K duran­te estos años. Para ilus­trar­lo con un ejem­plo al nivel de com­pren­sión de cual­quier inte­lec­tual K: un empre­sa­rio de la cons­truc­ción que se vio des­pla­za­do de los nego­cios por Láza­ro Báez, segu­ra­men­te pro­tes­ta­rá, y mucho, con­tra el gobierno de CK. Pero esto no habi­li­ta a sos­te­ner que por este moti­vo hay que aban­do­nar la carac­te­ri­za­ción de cla­se del gobierno CK.

La ton­te­ría de razo­nar «por la negativa»

Por últi­mo, y vin­cu­la­do al apar­ta­do ante­rior, diga­mos que es equi­vo­ca­do sacar carac­te­ri­za­cio­nes, o líneas polí­ti­cas (que es lo que, en últi­ma ins­tan­cia se bus­ca) a par­tir de poner un sim­ple signo nega­ti­vo don­de algún «enemi­go ele­gi­do» pone un signo posi­ti­vo, y vice­ver­sa. Algu­na vez Trotsky expli­có a gen­te de izquier­da que era una ton­te­ría hacer polí­ti­ca apli­can­do este tipo de razo­na­mien­tos a los gobier­nos capitalistas.

Con las varia­cio­nes del caso, su argu­men­to se apli­ca al razo­na­mien­to de Caba­lle­ro y simi­la­res. Decir que la polí­ti­ca de un gobierno es pro­gre­sis­ta por­que la cri­ti­que una deter­mi­na­da cáma­ra empre­sa­rial, así sea de la alta bur­gue­sía, pue­de ser fun­cio­nal a deter­mi­na­da manio­bra ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca, pero como razo­na­mien­to es un dis­pa­ra­te. Es que muchas veces las polí­ti­cas eco­nó­mi­cas de un gobierno no se ade­cuan a las nece­si­da­des del capi­tal, sin que ello impli­que que esas polí­ti­cas ten­gan algu­na pro­gre­si­vi­dad, o cam­bien la natu­ra­le­za de cla­se ese gobierno.

Para «bajar­lo» a tie­rra argen­ti­na con otro ejem­plo: que la Cám­po­ra lle­ne de mili­tan­tes repar­ti­cio­nes del Esta­do o empre­sas esta­ta­les y que sus pun­te­ros polí­ti­cos se dedi­quen a per­se­guir a mili­tan­tes o dele­ga­dos gre­mia­les que no se subor­di­nan «al pro­yec­to nacio­nal», pue­de ser dis­fun­cio­nal al capi­tal «en gene­ral», sin que, por supues­to, ayu­de a la cla­se tra­ba­ja­do­ra. De la mis­ma mane­ra, que el Gobierno haya des­tro­za­do la cre­di­bi­li­dad en el INDEC es dis­fun­cio­nal a las nece­si­da­des del capi­tal, sin que, de nue­vo, esto favo­rez­ca en lo más míni­mo a los tra­ba­ja­do­res, ni en gene­ral al pen­sa­mien­to crí­ti­co, ni cam­bie la sus­tan­cia de cla­se del gobierno. Los ejem­plos, por supues­to, pue­den seguir. Que la esta­fa inten­ta­da por Bou­dou, el gobierno de Ins­frán y aso­cia­dos, haya sido denun­cia­da por el dia­rio La Nación, no sig­ni­fi­ca que esa esta­fa ten­ga un con­te­ni­do pro­gre­sis­ta (o cola­bo­re en la «libe­ra­ción nacio­nal»), o que haya que cam­biar la carac­te­ri­za­ción de cla­se de Bou­dou o del gobierno de Insfrán.

En resu­men, la carac­te­ri­za­ción de cla­se que hace el mar­xis­mo de un gobierno par­te de las rela­cio­nes socia­les de pro­duc­ción que ampa­ra y pro­mue­ve, en pri­mer lugar. Y en segun­do tér­mino, de su fun­ción obje­ti­va en tan­to garan­te de con­di­cio­nes nece­sa­rias para la acu­mu­la­ción de capi­tal. La auto­no­mía rela­ti­va del Esta­do, o del gobierno que lo enca­be­za, con res­pec­to al capi­tal «en gene­ral» no alte­ra esta cues­tión bási­ca. Es des­de esta pers­pec­ti­va que el mar­xis­mo defi­ne el carác­ter de cla­se de los gobier­nos K. En ello se basa tam­bién la tesis del carác­ter irre­con­ci­lia­ble entre la natu­ra­le­za bur­gue­sa de estos gobier­nos, y los intere­ses de la cla­se obrera.

Rolan­do Astarita

27 de julio de 2015

1Véa­se: http://​www​.izquier​da​dia​rio​.com​.ar/​M​y​r​i​a​m​-​B​r​e​g​m​a​n​-​e​n​-​C​N​2​3​-​1​9​435

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