El TTIP o cómo hacer nego­cio con la salud- Ekaitz Cancela

Las nego­cia­cio­nes sobre el Tra­ta­do de Libre Comer­cio (TTIP) entre la Comi­sión Euro­pea (CE) y la admi­nis­tra­ción de EEUU están muy avan­za­das. Ya han pasa­do casi dos años y ocho ron­das des­de que arran­ca­ron las con­ver­sa­cio­nes, el 12 de julio de 2013 en Bru­se­las. Toda­vía no hay nada cerra­do ni fir­ma­do, ase­gu­ran los nego­cia­do­res y res­pon­sa­bles de la Comi­sión. No obs­tan­te, las preo­cu­pa­cio­nes de la socie­dad civil ante las posi­bles con­se­cuen­cias que ten­drá este acuer­do sobre ser­vi­cios públi­cos como la Sani­dad están empe­zan­do a aflo­rar en el deba­te ciu­da­dano en varios paí­ses. “Los gobier­nos no podrán recu­pe­rar los ser­vi­cios ya pri­va­ti­za­dos, aun­que sus efec­tos sean desas­tro­sos y los gas­tos desor­bi­ta­dos”, seña­la Pablo Sán­chez, repre­sen­tan­te de la Fede­ra­ción Sin­di­cal Euro­pea de Ser­vi­cios Públi­cos. La aper­tu­ra de los sis­te­mas de salud de Euro­pa a la com­pe­ten­cia de los pro­vee­do­res pri­va­dos esta­dou­ni­den­ses tam­bién pue­de gene­rar o ace­le­rar, según el repre­sen­tan­te sin­di­cal, pro­ce­sos de pri­va­ti­za­ción sani­ta­ria. “El TTIP es la visión más comer­cial posi­ble de la Sani­dad por­que tra­ta de hacer nego­cio con la salud de los enfer­mos”, sen­ten­cia Sánchez.

Des­de Bru­se­las recha­zan estos temo­res. “El TTIP no inva­di­rá el dere­cho de los gobier­nos a impe­dir que las empre­sas extran­je­ras invier­tan en sus ser­vi­cios públi­cos socia­les”, cons­ta en docu­men­tos que la CE ha publi­ca­do en su web. Pero Sán­chez des­con­fía de este men­sa­je, que con­si­de­ra “ambi­guo” y que no disi­pa su des­con­fian­za “por la opa­ci­dad que rei­na en las nego­cia­cio­nes”. No se fía: “Los ser­vi­cios públi­cos pue­den estar fue­ra del terreno de nego­cia­cio­nes por aho­ra, pero con la posi­bi­li­dad de ser inclui­dos a pos­te­rio­ri”. En estos momen­tos, todos los ser­vi­cios públi­cos, menos los audio­vi­sua­les, for­man par­te de la mate­ria sobre que se nego­cia, aun­que por par­te euro­pea se han intro­du­ci­do cier­tas reser­vas. Esto no quie­re decir que el sec­tor públi­co esté a sal­vo de un inten­to de libe­ra­li­za­ción mayor si los nego­cia­do­res de EEUU así lo exi­gie­ran en ron­das futuras.

En el plan­tea­mien­to actual del TTIP, tal y como expli­ca la Comi­sión en su web, no se ve afec­ta­da la capa­ci­dad de deci­dir de una admi­nis­tra­ción sobre si quie­re pri­va­ti­zar ser­vi­cios o no. Pero sí com­pli­ca­rá una futu­ra rena­cio­na­li­za­ción en con­tra de la volun­tad de la empre­sa pri­va­da que ope­ra­ba este ser­vi­cio. A tal efec­to con­tri­bu­ye tam­bién otro de los aspec­tos más con­tro­ver­ti­dos del TTIP, los meca­nis­mos de solu­ción de con­tro­ver­sias entre inver­so­res y Esta­do, cono­ci­do por sus siglas en inglés, ISDS. Esta cláu­su­la, a la que se opo­nen cada vez más par­ti­dos en Euro­pa, algu­nos con res­pon­sa­bi­li­dad de gobierno, remi­te las dispu­tas entre empre­sas y Esta­dos a un tri­bu­nal de arbi­tra­je inter­na­cio­nal de carác­ter privado.

La ini­cia­ti­va de trans­pa­ren­cia pues­ta en mar­cha por la nue­va comi­sa­ria euro­pea de Comer­cio, Celia Mal­ms­tröm, es un paso ade­lan­te pero que no con­ven­ce a los crí­ti­cos. “La CE pue­de decir lo que quie­ra, pero no sabe­mos qué está nego­cian­do ni con quién, por­que no nos lo dice”, expre­sa Lora Verheec­ke, del Cor­po­ra­te Euro­pe Obser­va­tory (CEO), una orga­ni­za­ción que inves­ti­ga la influen­cia de las cor­po­ra­cio­nes en la toma de deci­sio­nes en Bru­se­las. “La opa­ci­dad es el sello de iden­ti­dad del TTIP”, inci­de la inves­ti­ga­do­ra, y recuer­da que, de las 520 reunio­nes a puer­ta cerra­da pre­vias al comien­zo de las nego­cia­cio­nes que la Direc­ción Gene­ral de Comer­cio tuvo en abril de 2013, el 92% era con los lob­bies de la indus­tria y el res­to con sin­di­ca­tos y otras orga­ni­za­cio­nes de la socie­dad civil.

Como tan­tos otros sec­to­res empre­sa­ria­les, la indus­tria sani­ta­ria tam­bién ha saca­do su arti­lle­ría pesa­da con el tema del TTIP. Far­ma­céu­ti­cas, hos­pi­ta­les, com­pa­ñías de segu­ros pri­va­dos e inclu­so ban­cos intere­sa­dos en inver­tir en el mer­ca­do sani­ta­rio se agru­pan en lob­bies que repre­sen­tan a miles de empre­sas y que pre­sio­nan de for­ma direc­ta e indi­rec­ta a las auto­ri­da­des para exten­der sus nego­cios en el terreno de la Sani­dad públi­ca. Euco­med, voz de la indus­tria de la tec­no­lo­gía médi­ca euro­pea, es la orga­ni­za­ción que más veces se ha reu­ni­do con los res­pon­sa­bles de la CE: has­ta en cin­co oca­sio­nes se han entre­vis­ta­do duran­te el pri­mer perio­do de nego­cia­cio­nes del futu­ro tra­ta­do. El mer­ca­do en el que ope­ran las empre­sas a las que repre­sen­ta este gru­po de pre­sión mue­ve en Euro­pa 100.000 millo­nes de euros y da tra­ba­jo a 575.000 per­so­nas. Entre las filas de Euco­med des­ta­ca la Fede­ra­ción Espa­ño­la de Empre­sas de Tec­no­lo­gía Sani­ta­ria, con un volu­men de nego­cio apro­xi­ma­do de 6.800 millo­nes de euros, de los que alre­de­dor del 70% corres­pon­den al mer­ca­do de la sani­dad pública.

Otro de los lob­bies de la indus­tria sani­ta­ria que más se ha reu­ni­do con la Comi­sión es el Comi­té de Coor­di­na­ción Euro­pea de la Indus­tria de la Tec­no­lo­gía de la Salud, Elec­tro­mé­di­ca y Radio­ló­gi­ca. COCIR es la pro­mo­to­ra de la Coa­li­ción de Salud y Pro­tec­ción de Datos que, como para­dó­ji­ca­men­te indi­ca en su web, tie­ne el obje­ti­vo de eli­mi­nar los obs­tácu­los a la cir­cu­la­ción de infor­ma­ción per­so­nal en la UE. Algo simi­lar al plan que ulti­ma Cata­lu­ña para ven­der datos de la sani­dad públi­ca, pero a nivel euro­peo. La influen­cia de este lobby, que ope­ra en estre­cha rela­ción con Euco­med, se tra­du­ce en los 20.000 millo­nes de euros que mue­ven sus socios, el 70% del mer­ca­do europeo.

Las far­ma­céu­ti­cas tam­bién tie­nen un gran poder a la hora de pre­sio­nar en la toma de deci­sio­nes en lo que a salud res­pec­ta: uno de cada cua­tro euros del gas­to sani­ta­rio pro­vie­ne de esta indus­tria. Detrás de los gru­pos de pre­sión far­ma­céu­ti­cos, que gas­tan en torno a 40 millo­nes anua­les en hacer lobby en Bru­se­las, se encuen­tran labo­ra­to­rios de gran renom­bre como BASF, Dow Che­mi­cal o Bayer. Una de las agru­pa­cio­nes más pode­ro­sas en esta mate­ria es la Con­fe­de­ra­ción Euro­pea de Empre­sa­rios Far­ma­céu­ti­cos (EUCOPE), que repre­sen­ta los intere­ses de 900 peque­ñas y media­nas empre­sas del cam­po de los pro­duc­tos y dis­po­si­ti­vos farmacológicos.

La lucha por el con­trol de las patentes

Un poten­te lobby es el que da voz a las 1.900 far­ma­céu­ti­cas que, agru­pa­das bajo el nom­bre de EFPIA, tie­nen como prin­ci­pal obje­ti­vo que en el TTIP se reco­ja la amplia­ción de las paten­tes de pro­pie­dad inte­lec­tual. “Cuan­to más se amplíe la dura­ción de la paten­te de un medi­ca­men­to, más tar­da­rá su alter­na­ti­va gené­ri­ca, que es más bara­ta, en lle­gar al mer­ca­do”, expli­ca Moni­que Goyens, direc­to­ra gene­ral de la Orga­ni­za­ción Euro­pea de Con­su­mi­do­res (BEUC, en sus siglas en inglés). Entre el sec­tor que repre­sen­ta a la socie­dad civil tam­bién rei­na la preo­cu­pa­ción ante el peso que pue­den ganar las empre­sas far­ma­céu­ti­cas ame­ri­ca­nas, “cuyas deci­sio­nes sobre pre­cios pue­den tener gra­ves con­se­cuen­cias en los bol­si­llos de los con­su­mi­do­res“, valo­ra Goyens. En la actua­li­dad, el pre­cio de un medi­ca­men­to en la Unión Euro­pea se fija tras las nego­cia­cio­nes entre un Gobierno y la com­pa­ñía far­ma­céu­ti­ca. “La con­ce­sión de dar más poder a las empre­sas ame­ri­ca­nas pue­de con­du­cir a medi­ca­men­tos menos ase­qui­bles en Euro­pa”, advier­te la direc­to­ra de esta orga­ni­za­ción, tras recor­dar el caso de los enfer­mos de Hepa­ti­tis C en España.

La aso­cia­ción de la tec­no­lo­gía médi­ca avan­za­da Adva­Med tie­ne la misión de hacer lle­gar a la mesa de nego­cia­cio­nes los intere­ses de las cen­te­na­res de peque­ñas y media­nas empre­sas que repre­sen­ta en EEUU. De hecho, fue este con­glo­me­ra­do de nego­cios quien pro­ta­go­ni­zó la feroz tarea de lobb­ying con­tra el impues­to sobre la ven­ta de dis­po­si­ti­vos médi­cos que pre­ten­día incluir el pre­si­den­te de EEUU, Barack Oba­ma, con su Oba­ma­ca­re. El gas­to de Adva­Med en 2013 y 2014, coin­ci­dien­do con las nego­cia­cio­nes del TTIP, fue de casi el doble que en los años anteriores.

Tam­bién apa­re­ce en las lis­tas de reunio­nes a puer­ta cerra­da con la Comi­sión Euro­pea el Con­se­jo Empre­sa­rial Trans­atlán­ti­co (TABC, en sus siglas en inglés). Este gru­po orga­ni­za uno de los foros más impor­tan­tes entre direc­to­res gene­ra­les de las prin­ci­pa­les empre­sas esta­dou­ni­den­ses y euro­peas que ope­ran a ambos lados del Atlán­ti­co a favor de un mer­ca­do sin barre­ras. Entre los miem­bros del TABC están las mul­ti­na­cio­na­les Lilly o Merck. Hace unos meses, este pode­ro­so gru­po de pre­sión pro­ta­go­ni­zó un encuen­tro con la Aso­cia­ción Nacio­nal de Fabri­can­tes de EEUU –una orga­ni­za­ción con un volu­men de mer­ca­do de dos billo­nes de euros – , para hablar de la nece­si­dad de que el TTIP con­ten­ga la cláu­su­la de pro­tec­ción para los inver­so­res. Según cons­ta en el acta de la reu­nión, Ale­xan­der Graf Lambs­dorff, dipu­tado de los libe­ra­les ale­ma­nes y vice­pre­si­den­te del Par­la­men­to Euro­peo, afir­mó que “los Esta­dos bien gober­na­dos no tie­nen de qué preo­cu­par­se” y recor­dó que su país nun­ca ha per­di­do un caso en uno de estos tri­bu­na­les de arbitraje.

Tam­po­co es de extra­ñar la pre­sen­cia en estos gru­pos de pre­sión indus­tria­les de ban­cos como el BBVA, ya que ven en el TTIP una opor­tu­ni­dad para faci­li­tar su entra­da en el mer­ca­do sani­ta­rio, muy atrac­ti­vo para el sec­tor finan­cie­ro. PhR­ma es una de las agru­pa­cio­nes para­guas de las empre­sas far­ma­céu­ti­cas esta­dou­ni­den­ses que tam­bién repre­sen­ta a diver­sas enti­da­des finan­cie­ras. Una de sus misio­nes es la de pre­sio­nar sobre las nue­vas nor­mas de la UE en la fabri­ca­ción de datos de ensa­yos clí­ni­cos dis­po­ni­bles. “Si se apro­ba­ra este tra­ta­do, la infor­ma­ción sobre lo que se hizo y lo que se encon­tró en estos ensa­yos podría ser ocul­ta­da por los médi­cos e inves­ti­ga­do­res para siem­pre”, seña­la Goyens de CEO. Otro de los aspec­tos que preo­cu­pan es que el tra­ta­do exi­ge la “con­fi­den­cia­li­dad comer­cial” en todos los sec­to­res. “La amplia defi­ni­ción que se reco­ge en EEUU sobre esta mate­ria pue­de obs­ta­cu­li­zar todos los pro­gre­sos rea­li­za­dos en Euro­pa has­ta aho­ra”, aler­ta esta especialista.

Tam­bién empre­sas de tec­no­lo­gía y tele­co­mu­ni­ca­cio­nes como Oran­ge, Sam­sung o T‑Mobile están repre­sen­ta­das por los dis­tin­tos gru­pos de pre­sión men­cio­na­dos en este repor­ta­je, ya que for­man par­te del mer­ca­do glo­bal de salud móvil. Un estu­dio rea­li­za­do por la con­sul­to­ra PwC sos­tie­ne que este nego­cio alcan­za­rá un valor de 17.000 millo­nes de euros en 2017. Euro­pa ten­drá la por­ción más gran­de del pastel.

Este es el gran peli­gro sobre el que todos los exper­tos con­sul­ta­dos coin­ci­den: los lob­bies que no tie­nen nada que ver con los ser­vi­cios públi­cos como la Sani­dad pre­sio­nan en esta mate­ria por­que el esce­na­rio resul­tan­te les con­vie­ne para sus intere­ses. Ya sea Walt Dis­ney por la exten­sión de las paten­tes o el Ban­co San­tan­der y Tele­fó­ni­ca por la opor­tu­ni­dad de hacer nego­cio en los nue­vos mer­ca­dos. Como avi­san des­de el CEO, “nun­ca se estu­vo tan cer­ca de tras­pa­sar las líneas rojas de la salud”.

Pro­tes­tas en Rei­no Unido

En Espa­ña el deba­te públi­co sobre el TTIP toda­vía no ocu­pa la gran agen­da infor­ma­ti­va, pero en el res­to de Euro­pa las pro­tes­tas ya han cogi­do mucha fuer­za. En con­cre­to en Rei­no Uni­do, don­de la fir­ma del Tra­ta­do supon­dría poner en jaque su pre­cia­do Ser­vi­cio Nacio­nal de Salud (NHS). “Las empre­sas trans­na­cio­na­les pre­ten­den acce­der a los pre­su­pues­tos sani­ta­rios públi­cos de los paí­ses euro­peos para tener la opor­tu­ni­dad de obte­ner gran­des ganan­cias en un momen­to en el que tie­nen difi­cul­ta­des para hacer nego­cios en otros ámbi­tos”, expli­can fuen­tes de la pla­ta­for­ma con­tra la pri­va­ti­za­ción de los ser­vi­cios sani­ta­rios, Keep Our NHS Public (KNOP).

El 70% de los con­tra­tos para ofre­cer ser­vi­cios públi­cos des­de 2013 han sido con empre­sas pri­va­das, según cons­ta­ta la revis­ta Bri­tish Medi­cal. Este dato ha pues­to en aler­ta a la socie­dad ingle­sa. La Ley de Salud y Asis­ten­cia Social, que entró en vigor en 2012, dio mar­gen para la adqui­si­ción de con­tra­tos de salud, tan­to públi­cos como pri­va­dos. “Una vez que se pro­mul­gue el TTIP, la dero­ga­ción de esta ley bri­tá­ni­ca, inclu­so si los resul­ta­dos de la pri­va­ti­za­ción son desas­tro­sos para los ciu­da­da­nos ingle­ses, se con­ver­ti­ría en algo casi impo­si­ble”, expre­sa el KNOP. La situa­ción es extra­po­la­ble al res­to de Euro­pa, afir­ma esta aso­cia­ción, mien­tras pin­ta un esce­na­rio “idí­li­co para las empre­sas que apues­tan por hacer nego­cio con la salud”.

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