TPP, el mun­do será más segu­ro para las gran­des empresas

Des­pués de cin­co años de inten­sas nego­cia­cio­nes el (TPP) Acuer­do Estra­té­gi­co Trans-Pací­fi­co de Aso­cia­ción Eco­nó­mi­ca, podría cris­ta­li­zar a fines de este año. Se ha escri­to mucho (y con razón) sobre las con­se­cuen­cias nega­ti­vas del TPP para los tra­ba­ja­do­res esta­dou­ni­den­ses. ¿Pero cuá­les son las impli­ca­cio­nes inter­na­cio­na­les del TPP, y en un mun­do inun­da­do de tra­ta­dos bila­te­ra­les y mul­ti­la­te­ra­les de comer­cio e inver­sión (hay más de 3.200 tra­ta­dos inter­na­cio­na­les solo de inver­sión), en qué medi­da éste es diferente?
Y como el futu­ro del capi­ta­lis­mo glo­bal pare­ce depen­der de las rela­cio­nes entre Chi­na y EE.UU., ¿por qué no per­mi­te EE.UU. que el mayor expor­ta­dor del mun­do, Chi­na, (que ha mos­tra­do inte­rés) no se sume a las nego­cia­cio­nes del TPP?
Con el feno­me­nal cre­ci­mien­to de muchos anti­guos paí­ses del Ter­cer Mun­do (o “mer­ca­dos emer­gen­tes”), inclu­yen­do Chi­na, que con­du­jo a la expan­sión y aumen­to de la inte­gra­ción del capi­ta­lis­mo glo­bal, el mun­do ideal pre­vis­to por los pla­ni­fi­ca­do­res esta­ta­les esta­dou­ni­den­ses en los años 40 y 50 –un mun­do abier­to y ami­go de los nego­cios esta­dou­ni­den­ses en par­ti­cu­lar y del capi­ta­lis­mo occi­den­tal en gene­ral– está sien­do final­men­te esta­ble­ci­do más allá de sus sue­ños más des­ca­be­lla­dos. Vir­tual­men­te cada esta­do (aun­que des­igual­men­te) con­si­de­ra aho­ra igual el desa­rro­llo nacio­nal con la cre­cien­te com­pe­ti­ti­vi­dad inter­na­cio­nal y hace que su nación sea segu­ra para el capi­tal glo­bal (lo que fre­cuen­te­men­te sig­ni­fi­ca el capi­tal estadounidense).
Geo­po­lí­ti­ca­men­te la des­truc­ción de Afga­nis­tán, Irak, Libia, la actual gue­rra en Siria y la apa­ren­te mejo­ra de las rela­cio­nes de EE.UU. con Cuba e Irán han redu­ci­do la lis­ta de riva­les regio­na­les estri­den­te­men­te “anti­es­ta­dou­ni­den­ses” (en otras pala­bras geo­po­lí­ti­ca­men­te inde­pen­dien­tes de EE.UU.), inclu­so si recien­te­men­te se ha vuel­to a poner a Rusia en la lista.
Pero hay un incon­ve­nien­te en estas sie­te déca­das de expan­sión y con­so­li­da­ción del capi­ta­lis­mo glo­bal bajo la hege­mo­nía de EE.UU.: Chi­na está mitad aden­tro, mitad afuera.
Por un lado la trans­for­ma­ción de Chi­na de una de las prin­ci­pa­les nacio­nes anti­ca­pi­ta­lis­tas y con­tra­rias al impe­ria­lis­mo occi­den­tal del siglo XX a una de las nacio­nes más ansio­sas de inte­grar­se al capi­ta­lis­mo glo­bal, en el siglo XXI, ha sido sor­pren­den­te, para decir lo menos, y cier­ta­men­te un bene­fi­cio para el capi­tal estadounidense.
Por otra par­te Chi­na, un bas­tión para­dó­ji­co del capi­ta­lis­mo de Esta­do antiliberal/​liberal, sigue sien­do rela­ti­va­men­te inde­pen­dien­te geo­po­lí­ti­ca­men­te de EE.UU. De todas las gran­des eco­no­mías Chi­na es al mis­mo tiem­po una de las más abier­tas y cerra­das al capi­tal extran­je­ro en el mun­do. Muchos sec­to­res rela­cio­na­dos con los esca­lo­nes más ele­va­dos ‑como la ban­ca, la ener­gía, las tele­co­mu­ni­ca­cio­nes y los ser­vi­cios públi­cos– están total­men­te cerra­dos al capi­tal extran­je­ro. Muchos otros sec­to­res, sin embar­go, están rela­ti­va­men­te abier­tos y la inver­sión extran­je­ra ha pene­tra­do Chi­na con mayor pro­fun­di­dad que en la mayo­ría de las demás gran­des eco­no­mías (como Japón). Espe­cial­men­te aque­llas con nive­les de desa­rro­llo similares.
No obs­tan­te, a pesar del papel cen­tral de la inver­sión direc­ta extran­je­ra en el cre­ci­mien­to de Chi­na duran­te las últi­mas tres déca­das, el Esta­do sigue man­te­nien­do muchas más res­tric­cio­nes de la inver­sión extran­je­ra que la mayo­ría de los paí­ses. En el Catá­lo­go de Indus­trias para la Guía de Inver­sión Extran­je­ra de 2015, Chi­na esti­pu­la 36 indus­trias en las cua­les la inver­sión extran­je­ra está total­men­te prohi­bi­da y 38 en las que está res­trin­gi­da (las empre­sas extran­je­ras fre­cuen­te­men­te son obli­ga­das a for­mar socie­da­des con­jun­tas con fir­mas chi­nas). Aun­que había muchos más sec­to­res res­trin­gi­dos cuan­do se publi­có el pri­mer Catá­lo­go en 1995, el capi­tal esta­dou­ni­den­se quie­re evi­den­te­men­te que la libe­ra­li­za­ción de las indus­trias chi­nas vaya más lejos, más rápido.
El capi­tal esta­dou­ni­den­se tam­bién enfren­ta pro­ble­mas con la laxa pro­tec­ción de la pro­pie­dad inte­lec­tual (PI) extran­je­ra en Chi­na. El Esta­do chino alien­ta a veces la copia de PI occi­den­tal median­te reque­ri­mien­tos de trans­fe­ren­cia de tec­no­lo­gía y abun­dan los copio­nes e imi­ta­do­res. Tre­nes de alta velo­ci­dad y bie­nes de con­su­mo como los far­ma­céu­ti­cos, ves­ti­men­ta y pro­duc­tos elec­tró­ni­cos son todos blan­cos legí­ti­mos. Los con­su­mi­do­res chi­nos inclu­so usa­ban “relo­jes Apple” pro­du­ci­dos ile­gal­men­te meses antes de que Apple ofre­cie­ra su pro­pia versión.
Chi­na ya no es solo el “taller del mun­do” y una pla­ta­for­ma extra­ex­plo­ta­ble de expor­ta­ción para capi­tal extran­je­ro, ya es uno de los mer­ca­dos de con­su­mo más impor­tan­tes para una varie­dad de sec­to­res, inclu­yen­do auto­mó­vi­les, smartpho­nes, artícu­los de lujo y comi­da rápi­da. La cre­cien­te impor­tan­cia del mer­ca­do de con­su­mo chino hace que la pro­tec­ción de la PI y el arbi­tra­je entre inver­sio­nis­tas sea una prio­ri­dad para gran­des com­pa­ñías glo­ba­les. Pero los inver­sio­nis­tas han des­cu­bier­to hace tiem­po que el esta­do intran­si­gen­te y nacio­na­lis­ta chino, con su anto­ja­di­zo sis­te­ma legal, es un pro­tec­tor poco fia­ble de sus intere­ses en China.
Por lo tan­to, aun­que cier­ta­men­te Chi­na ha aban­do­na­do su visión del mun­do anti­ca­pi­ta­lis­ta, e inclu­so es acu­sa­da de neo­co­lo­nia­lis­mo al esti­lo euro­peo por algu­nas diri­gen­tes afri­ca­nos por sus prác­ti­cas de inver­sión (una acu­sa­ción par­ti­cu­lar­men­te iró­ni­ca ya que Chi­na apo­yó muchas luchas anti­co­lo­nia­les en Áfri­ca en los años 50 y 60, la cla­se gober­nan­te de Chi­na –tal como se mani­fies­ta en el Par­ti­do Comu­nis­ta Chino (PCC)– no prio­ri­za los intere­ses del capi­tal extran­je­ro ni la hege­mo­nía estadounidense.
En su lugar, el PCC prio­ri­za el man­te­ni­mien­to de su pro­pio poder. Algu­nas veces esto invo­lu­cra la aper­tu­ra al capi­tal extran­je­ro en cier­tos sec­to­res para impul­sar la acu­mu­la­ción y la moder­ni­za­ción tec­no­ló­gi­ca, pero en gene­ral la eco­no­mía chi­na es de pro­pie­dad esta­tal y diri­gi­da por el Esta­do, y las empre­sas de pro­pie­dad esta­tal (EPE) toda­vía ocu­pan un lugar de honor en la mayo­ría de los altos esca­lo­nes. El capi­tal extran­je­ro se que­ja amar­ga­men­te por el tra­to pre­fe­ren­cial dado a las EPE, espe­cial­men­te a tra­vés del finan­cia­mien­to y el sis­te­ma legal.
El éxi­to eco­nó­mi­co de Chi­na duran­te las últi­mas tres déca­das tam­bién ha con­ver­ti­do su ver­sión del capi­ta­lis­mo de Esta­do en un fanal para otros paí­ses. Bra­sil la apre­cia cada vez más, Rusia –bajo Putin– la ha refor­za­do y se pue­de decir que India, para no men­cio­nar a Fran­cia, nun­ca la ha aban­do­na­da. Por supues­to EE.UU. tam­bién nacio­na­li­zó par­tes del “sec­tor pri­va­do” (AIG, Chrys­ler, Citi­group, Fan­nie Mae y Fred­die Mac o Gene­ral Motors (para nom­brar algu­nos de los ejem­plos des­ta­ca­dos) des­pués del crash de Wall Street en 2008, pero estas medi­das fue­ron vis­tas en gran par­te como tem­po­ra­rias y una des­via­ción de la nor­ma libe­ral de sepa­ra­ción de lo públi­co y lo pri­va­do, una nor­ma que no exis­te en China.
Chi­na cier­ta­men­te no ofre­ce una alter­na­ti­va al capi­ta­lis­mo glo­bal, ni siquie­ra a la hege­mo­nía de EE.UU. en su inte­rior. Chi­na no tie­ne la capa­ci­dad (ni la volun­tad) de crear un orden alter­na­ti­vo a la hege­mo­nía de EE.UU., sim­ple­men­te quie­re aumen­tar su par­te de la tor­ta y ser tra­ta­da como un socio igual en lugar de un subor­di­na­do del Ter­cer Mun­do (o un vasa­llo del Pri­mer Mun­do, como Japón).
El Ban­co Asiá­ti­co de Inver­sión en la Infra­es­truc­tu­ra, el Ban­co de los BRICS, el Fon­do de la Ruta de la Seda y otras ini­cia­ti­vas chi­nas no se pro­po­nen desa­fiar las ins­ti­tu­cio­nes domi­na­das por EE.UU. como el FMI y el Ban­co Mun­dial, que las siguen apo­yan­do, finan­cian­do y en las cua­les par­ti­ci­pan plenamente.
Se pro­po­nen, más bien, ase­gu­rar más influen­cia para Chi­na y aumen­tar su cam­po de manio­bra en la eco­no­mía polí­ti­ca glo­bal, en par­ti­cu­lar en el este de Asia. Simi­la­res rene­go­cia­cio­nes de la gober­nan­za glo­bal ocu­rrie­ron en los años 70 cuan­do el rena­ci­mien­to de Euro­pa Occi­den­tal y de Japón aumen­tó la pre­sión para la crea­ción del G7 y la Comi­sión Bila­te­ral, por ejem­plo. Pero todos estos per­ma­ne­cie­ron bajo el man­to de la hege­mo­nía estadounidense.
El deseo de Chi­na de con­se­guir más influen­cia glo­bal es con­for­ma­do por las par­ti­cu­la­ri­da­des de su sis­te­ma eco­nó­mi­co, capi­ta­lis­mo de Esta­do bajo el con­trol de un par­ti­do auto­ri­ta­rio. Aun­que las eli­tes chi­nas han sido los prin­ci­pa­les bene­fi­cia­rios de la inte­gra­ción de Chi­na en el capi­ta­lis­mo glo­bal, a dife­ren­cia de Japón o Corea del Sur, no es pro­ba­ble que aco­jan pron­to la demo­cra­cia libe­ral y tie­nen que evi­tar que apa­rez­can dema­sia­do subor­di­na­das a EE.UU.
Esto es por­que la legi­ti­mi­dad del PCC depen­de no solo del con­ti­nuo cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co sino tam­bién de la rec­ti­fi­ca­ción del “Siglo de Humi­lla­ción” de Chi­na de 1939 has­ta 1949, cuan­do Chi­na fue con­ti­nua­men­te inva­di­da por las poten­cias occi­den­ta­les y Japón. Con la reduc­ción pro­gre­si­va de la lucha anti­ca­pi­ta­lis­ta como ideo­lo­gía legi­ti­ma­do­ra (aun­que todos los estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios toda­vía deben pasar exá­me­nes de “mar­xis­mo”) el PCC aho­ra quie­re posi­cio­nar­se como la fuer­za legí­ti­ma para devol­ver Chi­na a su sitio his­tó­ri­co bajo el sol como “Rei­no del Medio”.
En esto resi­de la incer­ti­dum­bre para el orden eco­nó­mi­co libe­ral en el este de Asia, apun­ta­la­do por la hege­mo­nía esta­dou­ni­den­se. Las eli­tes chi­nas se han bene­fi­cia­do masi­va­men­te de su inte­gra­ción con este orden, pero la con­ti­nua­ción de su legi­ti­mi­dad den­tro de Chi­na depen­de de un pro­yec­to nacio­na­lis­ta etno­cén­tri­co que corre el peli­gro de con­ver­tir­se en “dema­sia­do anti­li­be­ral” des­de el pun­to de vis­ta de Occi­den­te. La rápi­da moder­ni­za­ción mili­tar chi­na y las cre­cien­tes dispu­tas terri­to­ria­les en los mares del este y del sur de Chi­na son aspec­tos de esta situación.
Enton­ces apa­re­ce el TPP.
El secre­ta­rio de defen­sa de EE.UU. Ash­ton Car­ter lo com­pren­dió bien cuan­do decla­ró que la fir­ma del TPP es más impor­tan­te que enviar otro por­ta­avio­nes al este de Asia. Un fac­tor esen­cial tras la lon­ge­vi­dad del poder esta­dou­ni­den­se en la era pos­te­rior a la Segun­da Gue­rra Mun­dial es su capa­ci­dad de per­mear otras eco­no­mías de una mane­ra que ali­nea estruc­tu­ral­men­te los intere­ses de sus cla­ses domi­nan­tes con los intere­ses de la hege­mo­nía esta­dou­ni­den­se. Las eli­tes japo­ne­sas apo­yan fir­me­men­te la hege­mo­nía de EE.UU. no por­que se sien­tan for­za­das a hacer­lo, sino por­que lo hacen en fun­ción de sus pro­pios intereses.
Las eli­tes chi­nas ya depen­den del capi­ta­lis­mo glo­bal, pero para ase­gu­rar que siga sien­do así en el futu­ro pre­vi­si­ble, EE.UU. nece­si­ta su mayor libe­ra­li­za­ción e inte­gra­ción con el capi­tal glo­bal –y por tan­to la depen­den­cia de este- (esen­cial­men­te cor­po­ra­cio­nes esta­dou­ni­den­ses), finan­zas glo­ba­les (cen­tra­das en Wall Street y la Reser­va Fede­ral de EE.UU.) y de expor­ta­cio­nes a con­su­mi­do­res occi­den­ta­les (espe­cial­men­te estadounidenses).
Por cier­to, no todo tie­ne que ver con Chi­na. EE.UU. ha esta­do pre­sio­nan­do a Japón para que libe­ra­li­ce su eco­no­mía des­de los años 70 y el TPP con­ti­núa esta bús­que­da pre­sio­nan­do a agri­cul­to­res y fabri­can­tes de auto­mó­vi­les japo­ne­ses. Mala­sia, Méxi­co y Viet­nam son impor­tan­tes pla­ta­for­mas de expor­ta­ción que com­pi­ten con Chi­na por capi­tal extran­je­ro. Aus­tra­lia, Cana­dá y Nue­va Zelan­da son impor­tan­tes alia­dos de EE.UU. En tér­mi­nos gene­ra­les, mien­tras más paí­ses libe­ra­li­zan, más abier­tos se hacen a la influen­cia esta­dou­ni­den­se. Pero todos, inclu­yen­do a los chi­nos, saben que el TPP tie­ne que ver sobre todo con Chi­na, con­vir­tién­do­lo en uno de los acuer­dos comer­cia­les más geo­po­lí­ti­ca­men­te orien­ta­dos de todos los tiempos.
El TPP tie­ne que ver con el esta­ble­ci­mien­to de las nor­mas y reglas del futu­ro, ence­rran­do a las regio­nes más diná­mi­cas del glo­bo –Asia orien­tal, y espe­cial­men­te Chi­na– en el capi­ta­lis­mo glo­bal cen­tra­do en Esta­dos Uni­dos. Si EE.UU. pue­de for­jar están­da­res comu­nes en la pro­tec­ción de la PI y el arbi­tra­je de inver­sio­nis­tas con Japón y Euro­pa Occi­den­tal median­te el TTIP [Tra­ta­do Trans­atlán­ti­co de Comer­cio e Inver­sio­nes], Occi­den­te pue­de seguir fijan­do las reglas de inter­cam­bio para el res­to del mundo.
Por lo tan­to, si Chi­na quie­re con­ti­nuar su inte­gra­ción con el capi­ta­lis­mo glo­bal (lo que tie­ne que hacer, por­que una agu­da dis­mi­nu­ción en el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co debi­li­ta­ría la auto­ri­dad del PCC), enton­ces Chi­na se verá pre­sio­na­da a seguir libe­ra­li­zan­do y armo­ni­zan­do sus reglas y regu­la­cio­nes según los “están­da­res inter­na­cio­na­les” esta­ble­ci­dos por Occi­den­te. El ajus­te a la cre­cien­te libe­ra­li­za­ción tam­bién redu­ci­rá la pro­mi­nen­cia de cual­quier mode­lo alter­na­ti­vo cohe­ren­te de “capi­ta­lis­mo de Esta­do” para que sea adop­ta­do por otros.
Esto es lo que algu­nos lla­man “poder estruc­tu­ral”, la capa­ci­dad de fijar las reglas y nor­mas del sis­te­ma de modo que otros ten­gan pocas alter­na­ti­vas apar­te de ajus­tar­se. El poder estruc­tu­ral es fre­cuen­te­men­te más efec­ti­vo que el “poder rela­cio­nal” o sim­ple­men­te tra­tar de obli­gar a otros a hacer algo. Y expli­ca por qué Chi­na, a pesar de expre­sar un inte­rés en par­ti­ci­par, está sien­do exclui­da de las nego­cia­cio­nes del TPP, para que no pue­da alte­rar las reglas.
Los artí­fi­ces del TPP están estruc­tu­ran­do el acuer­do para que sir­va a sus pro­pios intere­ses: pro­tec­ción de los dere­chos de pro­pie­dad inte­lec­tual y arbi­tra­je de inver­sio­nis­tas faci­li­tan la con­ti­nua­ción de la domi­na­ción de las mayo­res cor­po­ra­cio­nes del mun­do, que siguen sien­do euro­peas, japo­ne­sas y sobre todo estadounidenses.
La pro­tec­ción de la pro­pie­dad inte­lec­tual ase­gu­ra que los sec­to­res de cono­ci­mien­to avan­za­do, como la indus­tria far­ma­céu­ti­ca, man­ten­gan sus salu­da­bles már­ge­nes de bene­fi­cios (y que a los pobres se les nie­guen medi­ca­men­tos que sal­van la vida). La agro­in­dus­tria esta­dou­ni­den­se se bene­fi­cia­rá de la aper­tu­ra del sec­tor agrí­co­la de Japón, y Nike se bene­fi­cia­rá de la mayor libe­ra­li­za­ción de Viet­nam (don­de fabri­ca la mayor par­te de sus zapatos).
Para com­pren­der qué intere­ses se están sir­vien­do sim­ple­men­te hay que notar que los repre­sen­tan­tes comer­cia­les de EE.UU. van acom­pa­ña­dos de más de seis­cien­tos “ase­so­res cor­po­ra­ti­vos” a las nego­cia­cio­nes, que están envuel­tas en el secre­to. ¿Ase­so­res labo­ra­les? Ninguno.
El TPP tam­bién faci­li­ta­rá que las cor­po­ra­cio­nes trans­na­cio­na­les deman­den a los Gobier­nos regu­la­cio­nes labo­ra­les, eco­ló­gi­cas, sani­ta­rias, de segu­ri­dad y otras, a fin de obte­ner com­pen­sa­ción con dine­ros públi­cos por “pér­di­da de ganan­cias futu­ras” debi­das a la “expro­pia­ción”. Los meca­nis­mos de reso­lu­ción de dispu­tas entre inver­sio­nis­tas y esta­dos ‑que ya exis­ten en nume­ro­sos tra­ta­dos inter­na­cio­na­les de inver­sión– serán con­so­li­da­dos y for­ta­le­ci­dos en el TPP para ase­gu­rar un solo están­dar, más pre­de­ci­ble, para la can­ti­dad récord de nue­vos casos.
Un caso seme­jan­te en 2011 invo­lu­cró a Phi­lip Morris, que invo­có el tra­ta­do de inver­sión de 1993 entre Hong Kong y Aus­tra­lia por la “expro­pia­ción” de su pro­pie­dad inte­lec­tual. Aus­tra­lia apro­bó algu­nas de las leyes de enva­se de ciga­rri­llos más estric­tas del mun­do, cubrien­do los paque­tes con espan­to­sas foto­gra­fías de tumo­res y eli­mi­nó el logo de mar­ca de Phi­lip Morris del fren­te. El TPP faci­li­ta­rá que las cor­po­ra­cio­nes cues­tio­nen las polí­ti­cas de salud públi­ca y otras polí­ti­cas en tri­bu­na­les supra­na­cio­na­les, eva­dien­do las ins­ti­tu­cio­nes lega­les interiores.
El TPP está bajo pre­sión en EE.UU., espe­cial­men­te por par­te de gran­des sin­di­ca­tos que argu­men­tan que déca­das de acuer­dos comer­cia­les y de inver­sión han aumen­ta­do el poder del capi­tal sobre los tra­ba­ja­do­res, lle­van­do a la sub­con­tra­ta­ción en el extran­je­ro de pues­tos de tra­ba­jo en la manu­fac­tu­ra, aumen­tan­do ver­ti­gi­no­sa­men­te los nive­les de desigualdad.
(Muchos en la UE se opo­nen al, toda­vía mayor, TTIP por razo­nes seme­jan­tes, pero con más énfa­sis en arbi­tra­je entre esta­dos e inversionistas).
Si se apro­ba­se, el TPP sería el más expan­si­vo tra­ta­do comer­cial y de inver­sión en la his­to­ria, abar­can­do un 40% del PIB mun­dial, un ter­cio de sus expor­ta­cio­nes y casi la mitad de la inver­sión extran­je­ra direc­ta del mundo.
Pro­ba­ble­men­te daría un nue­vo impul­so a las nego­cia­cio­nes del TTIP, que se han atas­ca­do debi­do a las pro­tes­tas masi­vas, inclu­yen­do una peti­ción con más de un millón de fir­mas. Pre­sio­na­ría a Chi­na a libe­ra­li­zar aún más y a ali­near­se con los intere­ses del capi­tal esta­dou­ni­den­se, mien­tras el TPP se con­vier­te en el mode­lo para futu­ros acuer­dos mega­rre­gio­na­les y de comer­cio e inver­sión. Sobre todo refor­za­ría aún más el poder del capi­tal sobre los tra­ba­ja­do­res en EE.UU. y en el exte­rior, ase­gu­ran­do que las regu­la­cio­nes cor­po­ra­ti­vas, labo­ra­les, y eco­ló­gi­cas se man­ten­gan permisivas.
Por estos moti­vos es obvio que debe­mos opo­ner­nos al TPP, para no hablar de cual­quier acuer­do inter­na­cio­nal que real­ce el poder del capi­tal. En lugar de acuer­dos de “libre comer­cio” que pro­te­gen a inver­sio­nis­tas y cor­po­ra­cio­nes, la izquier­da debe­ría luchar por acuer­dos inter­na­cio­na­les que for­ta­lez­can los están­da­res labo­ra­les y eco­ló­gi­cos (fijan­do medi­das que se pue­dan hacer cum­plir más allá de la sim­ple retó­ri­ca), pro­te­ger y nutrir el poder inde­pen­dien­te de los sin­di­ca­tos e impo­ner mayo­res regu­la­cio­nes y con­tro­les del capi­tal, inclu­yen­do su movilidad.
Pero esto tie­ne que ocu­rrir en el con­tex­to del cam­bio del equi­li­brio de las fuer­zas socia­les con­tra el capi­tal en cada nación. Con los anti­guos Segun­do y Ter­cer Mun­do (espe­cial­men­te Chi­na) inte­gra­dos aho­ra más pro­fun­da­men­te que nun­ca en el capi­ta­lis­mo glo­bal, esta lucha es par­ti­cu­lar­men­te urgen­te en el cen­tro del capi­ta­lis­mo glo­bal, EE.UU.
Sean Starrs es pro­fe­sor asis­ten­te de rela­cio­nes inter­na­cio­na­les en la City Uni­ver­sity of Hong Kong y afi­lia­do de inves­ti­ga­ción en el Mas­sa­chu­setts Ins­ti­tu­te of Technology.
Fuen­te: https://​www​.jaco​bin​mag​.com/​a​u​t​h​o​r​/​s​e​a​n​-​s​t​a​r​rs/

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