Noti­cias que con­mue­ven y noti­cias que indig­nan- Time­lon Jimenez

Cdte. Timoleón Jiménez, Cdte. Timo­león Jiménez,
Cuan­do la paz avan­za con algún ímpe­tu reno­va­dor, comien­zan a mani­fes­tar­se las reno­va­das impu­tacio­nes con­tra la insur­gen­cia, las más des­ca­ra­das provocaciones.

Noti­cias hay que con­mue­ven y des­pier­tan incon­for­mi­dad. La tra­ge­dia de los mine­ros de Rio­su­cio, Cal­das, atra­pa­dos por una repen­ti­na intro­mi­sión de las aguas del río Cau­ca a los soca­vo­nes don­de tra­ba­ja­ban bus­can­do oro, tie­ne algo en común con la des­gra­cia de las fami­lias de la zona rural de Sal­gar en Antio­quia, afec­ta­das a la media noche por una ava­lan­cha de la que­bra­da La Libo­ria­na. Las víc­ti­mas de una y otra son gen­te humil­de, que sobre­vi­ve en peno­sas condiciones.
Mine­ros y cam­pe­si­nos pobres que mue­ren por obra de un apa­ren­te infor­tu­nio, y que qui­zás sir­van para que los nom­bres de enti­da­des y fun­cio­na­rios públi­cos encar­ga­dos de sumi­nis­trar soco­rro mojen pren­sa, son en reali­dad pro­duc­tos de la inequi­dad y la injus­ti­cia domi­nan­tes. Seres huma­nos con­de­na­dos a rebus­car­se a la intem­pe­rie su sos­te­ni­mien­to y el de sus fami­lias, son pro­duc­to del orden social impe­ran­te, víc­ti­mas sin defen­so­res del capi­ta­lis­mo salvaje.
Los kits de ali­men­ta­ción e higie­ne bási­ca que les sumi­nis­tran a sus dolien­tes, o las sumas que des­ti­na el Esta­do al pago de las exe­quias de sus seres que­ri­dos per­di­dos para siem­pre, has­ta la anun­cia­da inclu­sión en el pro­gra­ma de vivien­das gra­tui­tas, no alcan­zan a repre­sen­tar siquie­ra paños de agua tibia para los gra­ves pro­ble­mas que pone al des­cu­bier­to la adver­si­dad noti­cia­da. El pro­ble­ma es otro, el mode­lo eco­nó­mi­co, las expec­ta­ti­vas de la gran mine­ría empresarial.
Asun­tos a cuya sim­ple men­ción el gobierno nacio­nal se opo­ne radi­cal­men­te en una Mesa de Con­ver­sa­cio­nes por la paz. Es mejor dra­ma­ti­zar con las esce­nas trá­gi­cas de la niña arre­ba­ta­da de las manos de su padre por obra de la terri­ble corrien­te, mien­tras su madre apa­re­ció cin­co kiló­me­tros aba­jo atra­pa­da entre el fan­go. Eso mue­ve a dolor y lágri­mas, a colec­tas públi­cas. A pen­sar en la mala suer­te y en la volun­tad de Dios. A olvi­dar las ver­da­de­ras causas.
Nos due­len las angus­tias y las penas del pue­blo colom­biano, nos lace­ran en lo más pro­fun­do del alma sus sufri­mien­tos. Exten­de­mos a todos los afec­ta­dos por esas crue­les fata­li­da­des nues­tro abra­zo soli­da­rio. Esta­mos per­fec­ta­men­te cla­ros de las razo­nes por las cua­les sus vidas, y las de millo­nes de com­pa­trio­tas en igua­les o peo­res con­di­cio­nes, están per­ma­nen­te­men­te expues­tas. Para com­ba­tir­las nos alza­mos en armas hace ya 51 años, tras el ata­que a Marquetalia.
Des­de enton­ces nos con­ver­ti­mos en obje­tos del odio y la per­fi­dia por par­te de los gran­des pode­res. Nos han dicho de todo, nos han acu­sa­do de cuan­to cri­men y per­ver­si­dad pue­da con­ce­bir­se. Si nun­ca pudie­ron ani­qui­lar­nos no fue por fal­ta de volun­tad, todo el peso de la fuer­za y la bru­ta­li­dad esta­tal ha caí­do en las más diver­sas for­mas con­tra noso­tros. Per­sis­ti­mos por­que nues­tra cau­sa sigue sien­do váli­da y jus­ta, y por­que un gran cau­dal humano nos apoya.
Los esfuer­zos por alcan­zar una solu­ción pací­fi­ca y civi­li­za­da al con­flic­to interno, hacen par­te de nues­tro arse­nal y de las aspi­ra­cio­nes de las gran­des mayo­rías colom­bia­nas vic­ti­mi­za­das y opues­tas a las vías de la vio­len­cia y la gue­rra, emplea­das como res­pues­ta secu­lar a sus legí­ti­mos recla­mos. La paz nun­ca ha sido ban­de­ra de la oli­gar­quía en el poder, ni de las gran­des poten­cias saquea­do­ras y agre­si­vas. La paz ha sido siem­pre la ban­de­ra de los pue­blos que cla­man por justicia.
Es por eso que cuan­do la paz avan­za con algún ímpe­tu reno­va­dor, cuan­do el pro­ce­so de bús­que­da de la solu­ción polí­ti­ca arras­tra tras de sí con­te­ni­dos nue­vos no con­tem­pla­dos en las gran­des altu­ras, comien­zan a mani­fes­tar­se los rui­do­sos des­acuer­dos, las calum­nias de todo orden con­tra las con­ver­sa­cio­nes, las reno­va­das impu­tacio­nes con­tra la insur­gen­cia, las más des­ca­ra­das pro­vo­ca­cio­nes cuyo úni­co fin es echar todo aba­jo para que siga la gue­rra infinita.
Des­de hace un par de días se con­vir­tió en noti­cia un supues­to adies­tra­mien­to por par­te de las FARC a ban­das cri­mi­na­les meji­ca­nas. Nin­gún gran medio de comu­ni­ca­ción colom­biano ha deja­do de des­ta­car en gran­des titu­la­res de pri­me­ra pla­na el infun­dio, echa­do a rodar por la revis­ta Pro­gre­so, de Méji­co, la cual res­pal­da su infor­ma­ción en supues­tas fuen­tes anó­ni­mas de agen­cias de inte­li­gen­cia de los Esta­dos Uni­dos. Como quien dice, nada serio, aven­tu­re­ris­mo pleno.
Ladi­na­men­te, con el pro­pó­si­to de demos­trar su impar­cia­li­dad y bue­na fe, la gran pren­sa des­plie­ga al día siguien­te en sus pági­nas la infor­ma­ción según la cual las rela­cio­nes de las FARC con los car­te­les meji­ca­nos pue­den exis­tir tra­tán­do­se de trá­fi­co de armas y de dro­gas, pero no en el cam­po del entre­na­mien­to mili­tar. Eso de acuer­do con exper­tos con­sul­ta­dos por la agen­cia EFE, que nos absuel­ven en cues­tión de adies­tra­mien­to mili­tar, pero nos con­de­nan como traficantes.
Otra demos­tra­ción más de la vie­ja prác­ti­ca de lan­zar espe­cies y difa­ma­cio­nes a la espe­ra de opor­tu­nis­tas pres­tos a reco­ger­las y repro­du­cir­las con sus dosis par­ti­cu­la­res de veneno. Así fun­cio­nan los intere­ses del gran capi­tal en el mun­do. Mien­tras reci­ben como héroe en Espa­ña al gene­ral Al Sisi, san­grien­to dic­ta­dor egip­cio res­pon­sa­ble de múl­ti­ples crí­me­nes de huma­ni­dad, se deni­gra sin com­pa­sión de Nico­lás Madu­ro Moros como un enemi­go de la democracia.
Úni­ca­men­te por­que el pri­me­ro es fiel alia­do de los Esta­dos Uni­dos, Ara­bia Sau­di­ta e Israel en la geo­po­lí­ti­ca de orien­te medio, mien­tras que el segun­do es líder indis­cu­ti­do del pue­blo de Vene­zue­la, deci­di­do a mate­ria­li­zar el lega­do ideo­ló­gi­co y polí­ti­co del Pre­si­den­te Chá­vez. No es raro que la gran pren­sa mun­dial repro­duz­ca hoy que la Fis­ca­lía Gene­ral de USA inves­ti­ga por nar­co­trá­fi­co a Dios­da­do Cabe­llo, se tra­ta del mis­mo guión emplea­do con­tra nosotros.
Mien­tras el emba­ja­dor nor­te­ame­ri­cano Whi­ta­ker mani­fies­ta su res­pal­do total al gobierno colom­biano y pone de pre­sen­te las exce­len­tes rela­cio­nes de su gobierno con el ex Pre­si­den­te y sena­dor Álva­ro Uri­be, las agen­cias de inte­li­gen­cia esta­dou­ni­den­ses se empe­ñan en des­pres­ti­giar una vez más a las FARC, para lo cual cuen­tan con los gran­des medios, rabio­sos defen­so­res de la liber­tad de pren­sa, o mejor, de empre­sa, como dije­ra con acier­to el Pro­fe­sor Renán Vega.
Son los ver­da­de­ros intere­ses ocul­tos tras el pro­ce­so de paz de La Habana.
Mon­ta­ñas de Colom­bia, 19 de mayo de 2015.

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