Lo que la “demo­cra­cia” de Oba­ma sig­ni­fi­ca- Ricar­do Restrepo

Como con los crí­me­nes de Bush, Oba­ma no quie­re argu­men­tos teó­ri­cos, ni hablar de la his­to­ria. Por ello, lo que seña­ló el pre­si­den­te Correa es irre­le­van­te. No impor­ta el con­trol escla­vis­ta de los medios de comu­ni­ca­ción que se fue­ron con­tra Lin­coln duran­te la gue­rra civil esta­dou­ni­den­se, ni el gol­pis­mo de El Mer­cu­rio en Chi­le, cuyo finan­cia­mien­to por la CIA lo eva­luó como posi­ti­vo por “ins­ta­lar el esce­na­rio para el gol­pe mili­tar de sep­tiem­bre 11, 1973.” Si matar un millón de per­so­nas en Irak des­de el 2003, es his­to­ria, tam­bién lo será el gol­pe de Esta­do con­tra Chá­vez en el 2002 y el apo­yo de EE.UU. y los medios de comu­ni­ca­ciónla dic­ta­du­ra de Car­mo­na que des­hi­zo la Asam­blea Nacio­nal, el poder judi­cial, el Con­se­jo Nacio­nal Elec­to­ral, la Defen­so­ría del Pue­blo y el res­to de ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas. Oba­ma es un hom­bre de acción y quie­re ver la polí­ti­ca de hoy, bajo su administración.

El pro­ble­ma es que Oba­ma ya expre­só su cri­te­rio: un país es demo­crá­ti­co y tie­ne liber­tad de expre­sión cuan­do sir­ve sus intere­ses. Cuan­do se des­vía un poco para ser­vir nece­si­da­des y dere­chos inter­nos, es auto­ri­ta­rio. Si no, vea­mos el caso de Hon­du­ras. Esta no es his­to­ria. Esta es su admi­nis­tra­ción. El pre­si­den­te Zela­ya fue elec­to demo­crá­ti­ca­men­te con un man­da­to popu­lar. Zela­ya, sin embar­go, se acer­có al ALBA, Petro­ca­ri­be, subió un poco el sala­rio míni­mo y pla­neó hacer una con­sul­ta no vin­cu­lan­te sobre si el pue­blo que­ría una asam­blea cons­ti­tu­yen­te, ubi­can­do a Zela­ya entre aque­llos líde­res que se intere­san por pro­mo­ver los cri­te­rios, expre­sio­nes y dere­chos de los ciu­da­da­nos en su totalidad.

Por eso, era nece­sa­rio eje­cu­tar un gol­pe mili­tar para rees­ta­ble­cer la demo­cra­cia. Zela­ya es expul­sa­do, enca­ño­na­do, en un avión de la base mili­tar esta­dou­ni­den­se Pal­me­ro­la, la cual alo­ja­ba 600 mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses. La mis­ma emba­ja­da esta­dou­ni­den­se envía un cable dicién­do­le al gobierno de Oba­ma que lo suce­di­do está fue­ra del orden cons­ti­tu­cio­nal y legal, y por lo tan­to infor­ma inter­na­men­te que es un gol­pe de Esta­do con­tra la demo­cra­cia cons­ti­tu­cio­nal de Hon­du­ras. Sin embar­go, Oba­ma es de los pocos paí­ses que reco­no­ce al dic­ta­dor Miche­let­ti, ayu­da­do por su can­ci­ller Hillary Clin­ton, quien des­cri­be su apo­yo a la dic­ta­du­ra “por medio de una estra­te­gia que… hicie­ra la cues­tión de Zela­ya irre­le­van­te”, con­tra la opo­si­ción de Amé­ri­ca Lati­na y la Asam­blea Gene­ral de la ONU. Las tasas de homi­ci­dio suben 50% de 2008 a 2012; los ase­si­na­tos de perio­dis­tas, tra­ba­ja­do­res, muje­res y per­so­nas de diver­si­dad de géne­ro se recrudecen.

Para Oba­ma la demo­cra­cia y la liber­tad de expre­sión es la mis­ma que para los escla­vis­tas. Evi­den­te­men­te no ha segui­do el men­sa­je de Galeano, de que como pre­si­den­te no se olvi­da­ra de que la Casa Blan­ca, su casa, fue cons­trui­da por escla­vos. Para Oba­ma, al igual que los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción de EE.UU., la demo­cra­cia y la liber­tad de expre­sión es la mis­ma que para el gobierno de EE.UU. duran­te la gue­rra fría. Si sir­ve sus intere­ses, es demo­cra­cia y tie­ne liber­tad de expre­sión; si sir­ve los intere­ses, expre­sio­nes y dere­chos de la sobe­ra­nía popu­lar, es una ame­na­za a la segu­ri­dad nacio­nal que tie­ne que ser eli­mi­na­da. En las demo­cra­cias en revo­lu­ción en Amé­ri­ca Lati­na, se bus­can unas autén­ti­cas demo­cra­cias y liber­tad de expresión.

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