A 40 años del naci­mien­to de LAB

A media­dos de los 70 nació LAB. Pero es erró­neo decir que nació el sin­di­ca­to LAB. Pues LAB en sus ini­cios no fue un sin­di­ca­to tra­di­cio­nal sino un movi­mien­to de masas asam­blea­rio. No sería has­ta 1977 cuan­do en asam­blea nacio­nal se deci­dió pasar de movi­mien­to asam­blea­rio de masas a sin­di­ca­to. Al año siguien­te tam­bién nace­ría la uni­dad popu­lar para dar res­pues­ta polí­ti­co-ins­ti­tu­cio­nal a todo lo que se esta­ba fra­guan­do de la refor­ma fran­quis­ta. Este cam­bio de carac­te­ri­za­ción de LAB bási­ca­men­te sería tam­bién una res­pues­ta a la nue­va coyun­tu­ra que se esta­ba abrien­do en el ámbi­to socio-laboral.

Tan­to el sin­di­ca­lis­mo como la lucha ins­ti­tu­cio­nal com­par­ten poten­cia­li­da­des y bene­fi­cios pero tam­bién com­par­ten limi­ta­cio­nes y peli­gros. Obviar la lucha ins­ti­tu­cio­nal o sin­di­cal pue­de lle­var a un movi­mien­to a su irre­le­van­cia debi­do a cómo está cons­ti­tui­do el sis­te­ma. Al mis­mo tiem­po debi­do a esa cons­ti­tu­ción sis­té­mi­ca, el ins­ti­tu­cio­na­lis­mo y el sin­di­ca­lis­mo tra­di­cio­nal se que­dan pati­cor­tos para pre­ci­sa­men­te cam­biar ese sistema.

Las demo­cra­cias bur­gue­sas tie­nen un sis­te­ma sofis­ti­ca­do de asi­mi­la­ción de movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios. Inclu­so las más auto­ri­ta­rias de entre ellas y que están levan­ta­das en bases muy reac­cio­na­rias como la espa­ño­la, que hacen amplio uso de esque­mas clá­si­cos fas­cis­tas muy vio­len­tos y que ape­nas lle­gan al ran­go homo­lo­ga­ble de demo­cra­cia burguesa.

La dis­tri­bu­ción y ges­tión del poder es uno de ellos. Dejan­do inac­ce­si­bles los ver­da­de­ros cen­tros de poder y man­do, espe­cial­men­te el eco­nó­mi­co que es el cen­tral, los opri­mi­dos se dispu­tan entre ellos la ges­tión del sis­te­ma a la som­bra dele­ga­da de sin­di­ca­tos o par­ti­dos. En esa pelea se des­fo­gan y aho­gan común­men­te la mayo­ría de movimientos.

Los que no lo hacen, se encuen­tran con otros pro­ble­mas. El sis­te­ma ofre­ce varios cami­nos para ello. Crea toda una estruc­tu­ra espe­cial­men­te dise­ña­da para que el poder popu­lar no se pue­da levan­tar y para invi­si­bi­li­zar a la disi­den­cia con el obje­ti­vo de pro­du­cir pro­ce­sos de mar­gi­na­ción pro­nun­cia­dos. De esta mane­ra, el acce­so a los medios de comu­ni­ca­ción es un lujo de una éli­te selec­ta, la no par­ti­ci­pa­ción en las ins­ti­tu­cio­nes del sis­te­ma silen­cia y mar­gi­na, y un lar­go etce­ra. Es decir, el sis­te­ma está dise­ña­do de tal mane­ra que el opri­mi­do gene­ral­men­te se ve en la nece­si­dad de hacer uso del pro­pio sis­te­ma ante el peli­gro que detec­ta de que­dar­se fue­ra de jue­go. Aun­que cla­ro está, es su jue­go, el del sis­te­ma. Es su terreno y son sus normas.

Por otro lado tene­mos a la fuer­za cie­ga del capi­tal. Obje­ti­va, autis­ta e irre­fre­na­ble. Es por ello que la defen­sa de dere­chos míni­mos de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en ple­na cri­sis estruc­tu­ral no solo no ha con­se­gui­do nin­gún resul­ta­do, sino que no lo con­se­gui­rá. Y se irán api­lan­do cada vez más todo tipo de retro­ce­sos has­ta que el capi­tal arran­que su ciclo de toma de plus­va­lía en las con­di­cio­nes favo­ra­bles que requie­re. Por lo tan­to nos encon­tra­mos en una situa­ción en la que si no se pro­du­cen cam­bios radi­ca­les polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos por fue­ra de la lógi­ca del capi­ta­lis­mo y del entra­ma­do bur­gués no hay espa­cio para la recu­pe­ra­ción de dere­chos ni mucho menos para recla­mar nue­vos avan­ces. El capi­ta­lis­mo es una dic­ta­du­ra de cla­se. Y el ins­ti­tu­cio­na­lis­mo y el sin­di­ca­lis­mo en reali­dad son sus herra­mien­tas per­mi­ti­das por­que pre­ci­sa­men­te son muy inope­ra­ti­vas para pro­du­cir por si solas cam­bios radi­ca­les polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos por fue­ra de la lógi­ca del capi­ta­lis­mo y del entra­ma­do bur­gués al que per­te­ne­cen y en el cual participan.

De esta mane­ra, hemos podi­do cons­ta­tar en las últi­mas déca­das que el sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co del capi­ta­lis­mo ile­ga­li­za o ame­na­za de ile­ga­li­za­ción a pro­pues­tas ins­ti­tu­cio­na­les radi­ca­les de cam­bio de sis­te­ma y que cada vez más limi­ta el poder fác­ti­co del sindicalismo.

Esta con­jun­ción de fac­to­res; las limi­ta­cio­nes intrín­se­cas del sin­di­ca­lis­mo, la fuer­za cie­ga del capi­tal y la repre­sión encu­bier­ta o ple­na­men­te abier­ta, han dado como resul­ta­do que el sin­di­ca­lis­mo haya entra­do des­de hace tiem­po en una espi­ral des­cen­den­te con picos ascen­den­tes que se eva­po­ran en la ruti­na del resis­ten­cia­lis­mo con esca­sas o pocas opcio­nes de poder rever­tir la situa­ción y una tras otra se han ido per­dien­do dere­chos y se han ido ganan­do retro­ce­sos nuevos.

Pese a que en Eus­kal Herria afor­tu­na­da­men­te la mayo­ría sin­di­cal no ha cum­pli­do una labor de acom­pa­ña­mien­to del capi­tal ni haya cedi­do a sus tram­pas, el sin­di­ca­lis­mo en Eus­kal Herria no se podi­do abs­traer al reco­rri­do his­tó­ri­co del capi­ta­lis­mo debi­do al resis­ten­cia­lis­mo neto. No se ha tra­ba­ja­do una alter­na­ti­va estra­té­gi­ca fren­te al capi­ta­lis­mo y la lucha se ha cir­cuns­cri­to a mejo­rar el sis­te­ma y que la cla­se tra­ba­ja­do­ra esté lo mejor posi­ble den­tro del capitalismo.

Esto era fun­cio­nal mien­tras el sue­ño del con­su­mis­mo se abría paso en la cla­se tra­ba­ja­do­ra y mien­tras que se creía que el esta­do de bien­es­tar era algo así como un capi­ta­lis­mo jus­to y defen­sor del tra­ba­ja­dor como nos ven­día la social­de­mo­cra­cia y algu­nos incan­sa­bles como Kol­do Saratxa­ga siguen hacien­do. Pero el esta­do de bien­es­tar no fue más que un espe­jis­mo fru­to de la cesión del capi­tal ante el “pro­ble­ma revo­lu­cio­na­rio” tras la segun­da gue­rra mun­dial, sin cam­biar en nada las estruc­tu­ras polí­ti­co-socio-eco­nó­mi­cas. Hoy, esa eta­pa ya que­ma­da por el capi­tal, espe­cial­men­te en el sur de Euro­pa es irre­ver­si­ble por­que pre­ci­sa­men­te no se toca­ron las estruc­tu­ras polí­ti­co-socio-eco­nó­mi­cas. La social­de­mo­cra­cia vuel­ve a decir­nos que sin tocar­las se pue­de vol­ver al fan­ta­sio­so esta­do de bien­es­tar. Pero el capi­tal no tie­ne nada que ceder ya sino que está arre­ba­tan­do más y más, y mucho menos cede­ría mien­tras esa social­de­mo­cra­cia haga de apa­ga­fue­gos del “pro­ble­ma revolucionario”.

Ante esta situa­ción en la que el sin­di­ca­lis­mo se vería con muchas difi­cul­ta­des y en la que algu­nos inclu­so se atre­ve­rían a decir que es inser­vi­ble o que apor­ta ten­sio­na­mien­to inne­ce­sa­rio con sus huel­gas y sus obre­ra­zos, otros pre­ten­de­rían inser­tar aún mas en las lógi­cas del capi­tal al sin­di­ca­lis­mo median­te el “gem­ba Kai­zen”, es decir, mejo­ra­mien­to con­ti­nuo en el lugar de tra­ba­jo (que ade­mas lo sue­len com­bi­nar en las empre­sas con los sis­te­mas estan­da­ri­za­dos de con­trol de cali­dad, ‑ISO, etc.-, ade­más de los pro­gra­mas de “opti­mi­za­ción”, “just in time”, “error cero”). La expli­ca­ción de todo esto pro­vie­ne de la nue­va fase del capi­ta­lis­mo que se ini­ció en los sesen­ta (fina­li­za­ción de los 30 dora­dos), lo expo­ne Marx en El Capi­tal, en la com­pren­sión teó­ri­ca pro­fun­da.. que no es otra cosa que el ago­ta­mien­to al final en la con­tra­dic­ción inten­si­dad de tra­ba­jo-dura­ción de jor­na­da; que al final explo­ta; y que se le cono­ce como toyo­tis­mo en tér­mi­nos genéricos.

El aspec­to maca­bro: El capi­tal alie­na, esto sig­ni­fi­ca ini­cial­men­te “que sepa­ra” (esto es lo que sig­ni­fi­ca alie­nar ); ade­más domi­na (es decir, sub­su­me, domi­na al tra­ba­jo, y lo recrea); en una fase for­mal en su ini­cio; y lue­go de modo real (recrea, es decir que modi­fi­ca al tra­ba­jo vivo a su modo y for­ma). En el toyo­tis­mo esta­mos ante una sub­sun­ción más pro­fun­da, la seg­men­ta­ción de la “indi­vi­dua­li­dad” del tra­ba­ja­dor, que­da anu­la­da su “inti­mo pri­va­do”, para con­ver­tir­se en célu­la de un cuer­po supe­rior inte­gra­do en una uni­dad cer­ca­na y cons­tan­te, lla­ma­do círcu­lo o equi­po, bajo un lider (por eso el tra­ba­jo en equi­po, y pre­ci­sa­men­te como en inge­nie­ría de dise­ño al mode­lo toyo­ta, se le defi­na pre­ci­sa­men­te como “mode­lo celu­lar”). …lo maca­bro es el nume­ro de sui­ci­dios que pro­du­ce, es el capi­tal pene­tran­do en el cuer­po. Tra­ba­ja­do­res com­par­tien­do “res­pon­sa­bi­li­da­des” con empre­sa­rios para una mayor opti­mi­za­ción en la extrac­ción de la plus­va­lía, median­te téc­ni­cas de inten­si­fi­ca­ción del tra­ba­jo (por algo, las per­so­nas son “lo mas impor­tan­te”, pues cla­ro, es a quie­nes hay que orde­ñar plus­va­lía, la savia del capi­ta­lis­mo). Esta es la apues­ta de la media­na y par­tes de la peque­ña bur­gue­sía vas­ca, con sus pro­me­sas de esta­do de bien­es­tar. Sub­su­mir en un inter­cla­sis­mo bara­to al pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co y “entre empre­sa­rios y tra­ba­ja­do­res” en ale­gre biri­bil­ke­ta dar solu­ción a las problemáticas.

O vamos hacia ade­lan­te o vamos hacia atrás. Y ante esta situa­ción de incer­ti­dum­bre y de can­tos de sire­na que quie­ren redu­cir el sin­di­ca­lis­mo inclu­so por deba­jo de las pro­pias limi­ta­cio­nes intrín­se­cas que tie­ne, solo cabe ir hacia adelante.

Y en este caso para ir hacia ade­lan­te hay que mirar hacia atrás para ganar pers­pec­ti­va. Hay que irse al naci­mien­to de LAB, a ese con­tex­to. Hay que irse des­pués a la trans­for­ma­ción de LAB en un sin­di­ca­to. Hay que ver la tra­yec­to­ria, lo que se ha per­di­do en el camino y lo que se ha gana­do. Se ha gana­do una refe­ren­cia impor­tan­tí­si­ma entre la cla­se tra­ba­ja­do­ra vas­ca, miles y miles de tra­ba­ja­do­res han vis­tos sus dere­chos defen­di­dos. LAB jun­to al res­to del sin­di­ca­lis­mo vas­co no ali­nea­do con el capi­tal se ha con­ver­ti­do en la pri­me­ra barri­ca­da de defen­sa en los pues­tos de tra­ba­jo. Una herra­mien­ta de auto­de­fen­sa insus­ti­tui­ble. Pero por otra par­te se han crea­do com­par­ti­men­tos estan­cos; los para­dos y para­das, la juven­tud, la mujer tra­ba­ja­do­ra no remu­ne­ra­da, etc…

Es decir, el paso de movi­mien­to asam­blea­rio de masas a sin­di­ca­to tra­di­cio­nal ha pro­du­ci­do un cor­te en la cla­se tra­ba­ja­do­ra (que no es solo la que tie­ne tra­ba­jo). Por otra par­te y pese a que el sin­di­ca­lis­mo vas­co ha teni­do ini­cia­ti­va polí­ti­ca y pro­pues­tas, el no impul­so de una alter­na­ti­va estra­té­gi­ca median­te una pra­xis con­cre­ta con­tra-hege­mó­ni­ca al capi­ta­lis­mo ha enquis­ta­do al sin­di­ca­lis­mo en la polí­ti­ca de lo posi­ble den­tro de lo que hay y no de su cam­bio por otra cosa.

En el caso de Eus­kal Herria hay que aña­dir pro­ble­má­ti­cas con­cre­tas inter­nas del movi­mien­to de libe­ra­ción que tam­po­co ayu­dan en esa tarea. La inexis­ten­cia de una estra­te­gia de luchas de cla­ses com­pac­ta con obje­ti­vos estra­té­gi­cos defi­ni­dos, lo cual ha hecho redu­cir al sin­di­ca­to “ a cosas de los tra­ba­ja­do­res” cuan­do es cosa de todo el movi­mien­to por igual. Es decir el paso de lo estra­té­gi­co a lo sec­to­rial sin nin­gún sentido.

Lo cual nos lle­va a una reali­dad dura de acep­tar. No exis­te nin­gu­na alter­na­ti­va supe­ra­do­ra del capi­ta­lis­mo de cara a Eus­kal Herria por par­te de la izquier­da aber­tza­le. No al menos una que ten­ga una pra­xis derivada.

Las con­se­cuen­cias de que no se haya avan­za­do en ese aná­li­sis estra­té­gi­co de esta­do vas­co socia­lis­ta es que la uni­dad popu­lar, mas allá del lema de esta­do socia­lis­ta y la men­ción a ins­tau­rar una eco­no­mía pla­ni­fi­ca­da toman­do como prin­ci­pio la socia­li­za­ción de los medios de pro­duc­ción en un pro­ce­so de lucha de cla­ses, no tie­ne abso­lu­ta­men­te nada desa­rro­lla­do en ese sen­ti­do y la opción hege­mó­ni­ca a día de hoy en cier­tas estruc­tu­ras y en el aca­de­mi­cis­mo es la de lograr un capi­ta­lis­mo menos feroz, ya sea a tra­vés de un “socia­lis­mo iden­ti­ta­rio”, que no supera el capi­ta­lis­mo, o en el peor de los casos apos­tan­do sin amba­ges por la social­de­mo­cra­cia pura y dura (o cosas peo­res como el toyotismo).

Es decir, a nivel estra­té­gi­co la izquier­da aber­tza­le ha sufri­do una ero­sión con­ti­nua­da des­de hace muchos años que ha hecho pasar del socia­lis­mo a la “socio­eco­no­mía”. Y hablo a nivel estra­té­gi­co don­de el balan­ce es desas­tro­so. Hay erro­res para que así sea pero tam­bién situa­cio­nes obje­ti­vas muy difí­ci­les de supe­rar rela­cio­na­das con el con­flic­to. Sin embar­go a nivel de “crear con­di­cio­nes”, del día a día, el balan­ce es bas­tan­te posi­ti­vo. A tra­vés del movi­mien­to popu­lar se ha logra­do levan­tar un espa­cio anti-sis­té­mi­co inau­di­to para su entorno y una labor ingen­te duran­te muchos años de cons­truc­ción nacio­nal y social. Todo ello, la lucha de la izquier­da aber­tza­le y el movi­mien­to popu­lar, ha crea­do unos mim­bres que hace que Eus­kal Herria sea la nación mas avan­za­da de cara a dar pasos hacia el socia­lis­mo de su entorno europeo.

Cla­ro que una cosa es tener los mim­bres, y otra muy dife­ren­te es avan­zar. El no impul­so de una teo­ría socia­lis­ta vas­ca de carác­ter revo­lu­cio­na­rio que par­tien­do de la expe­rien­cia de la lucha gene­ra­da en déca­das y la pro­pia his­to­ria, cul­tu­ra e idio­sin­cra­cia vas­ca vaya dibu­jan­do el plano de la demo­cra­cia socia­lis­ta para Eus­kal Herria y que fal­te un dise­ño estra­té­gi­co glo­bal de la lucha de cla­ses deri­va­do de ello es una rémo­ra casi insal­va­ble que inci­de en todo ello hacién­do­nos ins­ta­lar en limi­ta­cio­nes como el sectorialismo,o sub­si­dia­ris­mo de luchas que en reali­dad son estra­té­gi­cas y dejan­do por tan­to el camino libre a toda cla­se de teo­rías pos­mo­der­nas o modas ideo­ló­gi­cas que se las lle­va el viento.

Por todo ello, dejar en manos exclu­si­vas del sin­di­ca­lis­mo algo que en reali­dad debe de ser una apues­ta glo­bal hace que cual­quier tipo de rein­ven­ción del sin­di­ca­lis­mo esté sen­ten­cia­da de ante­mano. Pues la rein­ven­ción se tie­ne que dar a nivel glo­bal de la izquier­da, y espe­cial­men­te de la aber­tza­le. Un cam­bio de para­dig­ma don­de el sin­di­ca­lis­mo des­de su auto­no­mía ten­ga su fun­ción y virtud.

En ese cam­bio de para­dig­ma de la izquier­da en mi opi­nión supo­ne un aban­dono del tac­ti­cis­mo, una recu­pe­ra­ción de lo estra­té­gi­co, el sur­gi­mien­to de núcleos con­tra hege­mó­ni­cos de con­trol obre­ro median­te la pues­ta en mar­cha de pro­ce­sos de acción direc­ta, una fir­me alian­za con los “sec­to­res estan­cos” antes men­cio­na­dos (ahí resi­de la ver­da­de­ra uni­dad de fuer­zas que pue­de rom­per la bara­ja, no la uni­dad con el empre­sa­ria­do aun­que se diga “aber­tza­le”), el des­plie­gue de la con­flic­ti­vi­dad social como rotu­ra de la paz social inter­cla­sis­ta para un refor­za­mien­to del poder de cla­se.. todo ello en el mar­co de un pro­ce­so uni­la­te­ral hacia la demo­cra­cia socia­lis­ta vas­ca. Hacia el esta­do socia­lis­ta vas­co independiente.

Es fun­da­men­tal que la cla­se tra­ba­ja­do­ra pase a la ofen­si­va y empie­ce a cons­truir en otros pará­me­tros no depen­dien­tes del capi­tal median­te cam­bios radi­ca­les y acción direc­ta. Esto es total­men­te simi­lar a la cons­truc­ción nacio­nal vas­ca. La defen­sa de los “dere­chos auto­nó­mi­cos” e inten­tar parar la cen­tra­li­za­ción espa­ño­la, y una vez con­se­gui­do eso inten­tar con­se­guir nue­vas trans­fe­ren­cias sería enten­di­do como un sui­ci­dio inde­pen­den­tis­ta, es un sui­ci­dio socia­lis­ta solo “la rei­vin­di­ca­ción de dere­chos socia­les” que obvia­men­te son par­te sus­tan­cial de un pro­ce­so social de cam­bio, pero es par­te de , no el pro­ce­so en sí mis­mo, si no tene­mos ese pro­ce­so aquí y aho­ra, un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio con una alter­na­ti­va y brú­ju­la hacia dón­de ir y qué cam­bios estruc­tu­ra­les son nece­sa­rios, sería lo mis­mo que en un pro­ce­so de libe­ra­ción nacio­nal des­co­no­cer la auto­de­ter­mi­na­ción y la inde­pen­den­cia. Como somos muchos y muchas las que cree­mos que la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo son las dos caras de la mis­ma mone­da. Que se empie­ce a tra­du­cir en una pra­xis con­cre­ta: A la cons­truc­ción nacio­nal vas­ca hay que unir una cons­truc­ción social vas­ca. Una vía vas­ca al socia­lis­mo sin espe­rar nada. Y en ella, el sin­di­ca­lis­mo tie­ne una fun­ción muy impor­tan­te y des­ta­ca­da que lle­var a cabo.

Una de las con­se­cuen­cias casi inevi­ta­bles pre­sen­tes y futu­ras de la cri­sis sis­té­mi­ca es que el espa­cio para la refor­ma, inclu­so para la refor­ma no refor­mis­ta, va a estar cada vez más redu­ci­do hacien­do muy difí­cil que se pue­da lle­var a cabo polí­ti­cas que superen el huma­ni­ta­ris­mo. Que es algo casi pre-polí­ti­co. El suje­to para lle­var­lo a cabo pue­de ser en algu­nos casos la remas­te­ri­za­ción de la social­de­mo­cra­cia que tras algu­nos vai­ve­nes esta­rá con­de­na­da, en sus manos o en la de otros, a abrir un nue­vo ciclo neo-neo­li­be­ral de no pro­du­cir­se una ruptura.

En este con­tex­to es de vital impor­tan­cia que la acción direc­ta a tra­vés de la auto­or­ga­ni­za­ción y auto­ges­tión de un sal­to a todos los nive­les y en todos los fren­tes. Y esto sig­ni­fi­ca tam­bién que si a nivel ins­ti­tu­cio­nal no se pro­mue­ve la decons­truc­ción del poder sis­té­mi­co en bene­fi­cio del poder popu­lar, obre­ro y la auto-orga­ni­za­ción no que­de ape­nas espa­cio para el movimiento.

En resu­mi­das cuen­tas, refor­zar la resis­ten­cia fren­te a los ata­ques y con­ser­var lo bueno adqui­ri­do mien­tras que se reto­ma lo per­di­do en el camino y se vehi­cu­li­za todo ello hacia una alter­na­ti­va de cons­truc­ción de lo nue­vo fue­ra de cola­bo­ra­cio­nis­mos y pará­me­tros del capi­tal. En como se pue­da com­ple­men­tar bien estas dos face­tas resi­di­rá el éxi­to. O sino que­da la otra opción, acom­pa­ñar al capi­tal, y creer que jun­to al empre­sa­ria­do y la patro­nal se solu­cio­na­rán los pro­ble­mas de la cla­se tra­ba­ja­do­ra vas­ca cooperativamente.

La gen­te dro­ga­da de con­su­mis­mo se acos­tum­bró al para­dig­ma capi­ta­lis­ta de “bien­es­tar” pese a que nun­ca lo fue­ra real­men­te pero eso se aca­ba. El resul­ta­do es un des­tro­zo social que no pue­de sino explo­tar even­tual­men­te. Pero hay que tra­ba­jar mucho en recrear la con­cien­cia de cla­se des­he­cha. Los inten­tos de la social­de­mo­cra­cia serían apa­gar esa opor­tu­ni­dad y reen­cua­drar en el mar­co exis­ten­te lo que ten­ga ten­den­cia a aban­do­nar­lo. Hay que enten­der que la cri­sis es radi­cal y el aná­li­sis y la pra­xis tam­bién deben ser­lo. Ya no se pue­de ser social­de­mó­cra­ta ni soñar con el esta­do de bien­es­tar den­tro del capi­ta­lis­mo. Demos­trar en la prác­ti­ca que no lucha­mos mera­men­te con­tra los recor­tes o por la bene­fi­cien­cia sino por un orden nacio­nal y social nue­vo sur­gi­do de una rup­tu­ra. Y pese a que el camino pue­de ser com­pli­ca­do, no cami­nar­lo será lo úni­co que pue­de hacer que perdamos.

Piketes informativos entran en Mapsa e informan a los trabajadores.

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