En el impe­ria­lis­mo el tama­ño tam­po­co lo es todo- J.M. Olarieta

Los impe­ria­lis­tas, decía Lenin, se repar­ten el mun­do según su fuer­za, su influen­cia y su poder. En las socie­da­des por accio­nes ocu­rre lo mis­mo. No exis­te el prin­ci­pio “un accio­nis­ta, un voto” sino que tie­nes tan­tos votos como accio­nes. No votan los accio­nis­tas sino las acciones.
Pero si en una empre­sa capi­ta­lis­ta las accio­nes son una for­ma de medir la fuer­za de cada accio­nis­ta, en el mun­do eso no está tan cla­ro. ¿Quién es el más fuer­te?, ¿aquel cuyo PIB es mayor?, ¿el que expor­ta más?
Bajo el impe­ria­lis­mo la fuer­za no es sólo eco­nó­mi­ca sino tam­bién mili­tar. Pero a esa tesis tam­bién se le pue­de dar la vuel­ta: la poten­cia domi­nan­te es aque­lla que tie­ne un ejér­ci­to más pode­ro­so y se lo pue­de pagar. No bas­ta tener muchos tan­ques sino que es nece­sa­rio lle­nar­los de gaso­li­na para que fun­cio­nen. El pez gran­de no siem­pre se come al peque­ño. La his­to­ria cono­ce casos de gran­des ejér­ci­tos que aca­ba­ron derro­ta­dos fren­te a otros más pequeños.
Un ejér­ci­to peque­ño bien para­pe­ta­do en un pun­to estra­té­gi­co pue­de hacer fren­te a uno más gran­de. Tam­bién pue­de cre­cer y supe­rar en tama­ño a su rival.
Pero aun­que es impor­tan­te, el tama­ño tam­po­co lo es todo, ni en el terreno eco­nó­mi­co ni en el mili­tar. En últi­ma ins­tan­cia, la poten­cia de un ejér­ci­to sólo se pue­de medir en el cam­po de bata­lla. Mien­tras ese momen­to no lle­gue, los riva­les nun­ca ceden el terreno por las bue­nas al con­tra­rio. Se afe­rran a las posi­cio­nes que tie­nen adquiridas.
Es lo que está hacien­do hoy Esta­dos Uni­dos. Des­de hace cin­co años el Con­gre­so blo­quea la refor­ma del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal por­que es una ins­ti­tu­ción que mane­jan cómo­da­men­te des­de la pos­gue­rra. Pero 60 años des­pués la corre­la­ción de fuer­zas en el mun­do ha cam­bia­do. Los gran­des han decre­ci­do y los peque­ños, como Chi­na, se han hecho mayo­res. Quie­ren tener más votos en las reunio­nes. y los mayo­res se resisten.
Los orien­ta­les son pacien­tes, pero no tan­to. Si no pue­den entrar por la puer­ta, entran por la ven­ta­na. Si el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal no refle­ja la nue­va corre­la­ción de fuer­zas, crean uno nue­vo y lo lla­man Ban­co Asiá­ti­co de Inver­sio­nes en Infraestructuras.
Este Ban­co se creó en octu­bre del año pasa­do y aho­ra Chi­na ha pues­to enci­ma de la mesa 50.000 millo­nes de dóla­res, una can­ti­dad que pare­ce poco fren­te a los 223.000 millo­nes del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal. Es una com­pa­ra­ción enga­ño­sa. El Fon­do tie­ne mucho dine­ro pero muchas más nece­si­da­des. El dine­ro del Fon­do no tan­to como pare­ce por­que se tra­ta de una ins­ti­tu­ción ago­bia­da por los men­di­gos que le piden cada vez más prés­ta­mos. En fin, hace años que el Fon­do pare­ce haber lle­ga­do a su máximo.
Por el con­tra­rio, al Ban­co Asiá­ti­co se han uni­do ya 27 paí­ses que están har­tos del chan­ta­je per­ma­nen­te de Esta­dos Uni­dos y los prés­ta­mos del Fon­do. Pero lo más intere­san­te es ana­li­zar quié­nes son esos 27 paí­ses que han entra­do en el pro­yec­to, por­que es posi­ble que la eti­que­ta de “asiá­ti­co” que lle­va el Ban­co le de un aire regio­nal que no tie­ne. Sobre todo, hay que tener en cuen­ta que hoy el cen­tro de gra­ve­dad del capi­ta­lis­mo ya no está en Wall Street, ni en la City, ni en Frank­furt. Está en el Pacífico.
En para­le­lo hay más deta­lles impres­cin­di­bles a tener en cuen­ta. Uno de ellos es que Esta­dos Uni­dos está impul­san­do el TTIP, el Tra­ta­do Trans­atlán­ti­co de Comer­cio e Inver­sio­nes, para dejar a Chi­na fue­ra de jue­go has­ta tal pun­to que exi­gió a los paí­ses euro­peos, y en par­ti­cu­lar al Rei­no Uni­do, que no se suma­ran al Ban­co Asiático.
En con­se­cuen­cia, el TTIP y el Ban­co Asiá­ti­co son pro­yec­tos riva­les y el pri­mer país euro­peo que ha hecho caso omi­so a las exi­gen­cias de Esta­dos Uni­dos ha sido su más fiel socio, Ingla­te­rra, que ha corri­do a entrar en el Ban­co Asiá­ti­co como socio fun­da­dor. Todos los paí­ses se han apre­su­ra­do para hacer­se un hue­co en el nue­vo Ban­co como fun­da­do­res, un pla­zo que aca­bó ayer. A Esta­dos Uni­dos le han trai­cio­na­do todos y cada uno de sus socios, inclui­dos los más ser­vi­les. Aus­tra­lia es otro ejem­plo, pero tam­bién Ale­ma­nia y Francia.
Has­ta Sui­za se ha uni­do al nue­vo Ban­co. En el comu­ni­ca­do de adhe­sión como socio fun­da­dor, los sui­zos dicen: “El Ban­co [Asiá­ti­co] tie­ne el poten­cial para con­ver­tir­se en una impor­tan­te par­te nue­va de la arqui­tec­tu­ra finan­cie­ra inter­na­cio­nal y desem­pe­ñar un papel cla­ve en la finan­cia­ción de una infra­es­truc­tu­ra urgen­te­men­te nece­sa­ria en Asia”.
La sede de la nue­va cria­tu­ra finan­cie­ra no está en Nue­va York, ni en Gine­bra, ni en Lon­dres, sino en Pekín. No sólo se pos­tu­la como una alter­na­ti­va al Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, sino tam­bién al Ban­co Mun­dial y al Ban­co Asiá­ti­co de Desa­rro­llo, con­tro­la­do por Tokio y Washington.
En su des­com­po­si­ción, el capi­ta­lis­mo es cada vez más una eco­no­mía finan­cie­ra, es decir, de papel, prés­ta­mos, deu­das, accio­nes y bille­tes, por un lado, y de oro, por el otro. En esa carre­ra el dólar se está que­dan­do arrin­co­na­do y con él la poten­cia que lo emi­te: Esta­dos Uni­dos. En la medi­da en que la expor­ta­ción de capi­ta­les se haga en divi­sas como el yuan, los demás paí­ses deja­rán de pagar las ingen­tes deu­das de Esta­dos Uni­dos y, por lo tan­to, los gas­tos que con­lle­va su hege­mo­nía. Ten­drán muchos tan­ques, pero no podrán lle­nar sus depó­si­tos de gasolina.
A par­tir de hoy los pape­les se escri­bi­rán en carac­te­res chinos.

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