“Arte y Libertad”- José Revueltas

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El arte, como super­es­truc­tu­ra ideo­ló­gi­ca, refle­ja los intere­ses, la situa­ción y las con­tra­dic­cio­nes de la situa­ción y las con­tra­dic­cio­nes de la socie­dad en que se pro­du­ce y de la eta­pa en que vive. Al mis­mo tiem­po, por sí y en sí, en tan­to que la acti­vi­dad del pen­sa­mien­to his­tó­ri­co crí­ti­co el arte tras­cien­de tal refle­jo y se eman­ci­pa de sus con­di­cio­nan­tes inme­dia­tos: socie­dad, lucha de cla­ses, polí­ti­ca, etcé­te­ra. El arte pues, como tal arte, sólo pue­de apa­re­cer y per­du­rar a tra­vés de una deter­mi­na­ción huma­na supe­rior a las reali­da­des inme­dia­tas de la reali­dad social y polí­ti­ca en la que se desen­vuel­ve. Esta deter­mi­na­ción huma­na no es otra que la liber­tad.

II

La liber­tad, como cono­ci­mien­to y supera­ción de la nece­si­dad, se expre­sa y se rea­li­za en la crí­ti­ca de su obje­to, o sea, en su incon­for­mi­dad con éste: no se con-for­ma con su obje­to, no se some­te a la for­ma y al con­te­ni­do de su obje­to, sino que pro­po­ne dar­le su pro­pio con­te­ni­do (impri­mir­le su pro­pio movi­mien­to como nega­ción de la nega­ción), y por ende, trans­for­mar­lo, sus­ti­tuir su for­ma por una for­ma más avan­za­da y supe­rior.

III

El obje­to de la liber­tad y del arte es uno solo para ambos: el ser del hom­bre, el hom­bre mis­mo. La liber­tad y el arte (de igual modo que la filo­so­fía y la cien­cia) no son de nin­gu­na otra mane­ra que como pura­men­te huma­nos, inena­je­na­bles e inme­dia­ti­za­bles. De aquí que la crí­ti­ca de su obje­to (la razón mis­ma se su exis­ten­cia) no pue­da apa­re­cer sino siem­pre y en todos los casos, como la incon­for­mi­dad cons­tan­te res­pec­to al hom­bre con­cre­to y a su inme­dia­tez espe­cí­fi­ca (su reali­dad sen­so­rial, sen­si­ble), sea cual fue­re el con­tex­to his­tó­ri­co y social en que tan hom­bre esté situa­do. El arte devie­ne, así, en la nega­ción dia­léc­ti­ca de toda socie­dad y toda his­to­ria enaje­na­das, inclu­so la socie­dad y la his­to­ria socia­lis­tas que pre­ce­den al esta­ble­ci­mien­to uni­ver­sal del comu­nis­mo, con­si­de­ra­do éste como el ini­cio de la enaje­na­ción de la his­to­ria natu­ral huma­na.

IV

En la orga­ni­za­ción actual de los esta­dos con­tem­po­rá­neos (si, a gran­des ras­gos, redu­ci­mos su con­jun­to hete­ro­gé­neo al de la exis­ten­cia por una par­te de un cam­po capi­ta­lis­ta, y por la otra de un cam­po socia­lis­ta), la ley de ten­den­cia del impe­ria­lis­mo se diri­ge, de modo inexo­ra­ble, hacia la nega­ción más com­ple­ta y abso­lu­ta del arte, de la cien­cia, de la filo­so­fía y de la liber­tad, a las que des­po­ja de su con­te­ni­do, aun­que, en vir­tud del desa­rro­llo desigual y con­tra­dic­to­rio de esta ley, los dere­chos de aque­llas se encuen­tran sal­va­guar­da­dos jurí­di­ca­men­te, de modo rela­ti­vo, en las gran­des metró­po­lis impe­ria­lis­tas. La ley de ten­den­cia del socia­lis­mo, por el con­tra­rio, apun­ta hacia la rea­li­za­ción más ple­na posi­ble de la cien­cia, de la filo­so­fía, del arte y de la liber­tad. Empe­ro, el carác­ter desigual y con­tra­dic­to­rio (al mis­mo tiem­po que com­bi­na­do) de la ley de ten­den­cia no se supera en el socia­lis­mo, sino que es igual­men­te váli­do tan­to para éste como para el impe­ria­lis­mo. La coexis­ten­cia de estos dos tipos de con­tra­dic­cio­nes ha dado lugar a la para­do­ja his­tó­ri­ca de que, en nin­guno de los dos casos, los res­pec­ti­vos aspec­tos de la ley de ten­den­cia se hayan podi­do con­su­mar en una for­ma com­ple­ta. Podría decir­se, así, que ni el impe­ria­lis­mo ha logra­do abo­lir la liber­tad has­ta su máxi­mo extre­mo, del mis­mo modo en que el socia­lis­mo tam­po­co ha logra­do implan­ta­la, en la medi­da en que, para su pro­pia exis­ten­cia, ya resul­ta abso­lu­ta­men­te indis­pen­sa­ble su ejer­ci­cio [1]. Nos encon­tra­mos, sin duda, ante una clá­si­ca inter­pre­ta­ción de los con­tra­rios, entre el impe­ria­lis­mo y el socia­lis­mo, hecho que, por otra par­te, pone al des­cu­bier­to la raíz pro­fun­da de las dis­cre­pan­cias ideo­ló­gi­cas que han ter­mi­na­do por sepa­rar en dos ban­dos, al pare­cer irre­duc­ti­bles, a los par­ti­dos comu­nis­tas de todos los paí­ses.

V

Hay una tra­yec­to­ria his­tó­ri­ca que arran­cha des­de las con­se­cuen­cias sta­li­nis­tas que tajo con­si­go la nece­si­dad irre­vo­ca­ble de cons­ti­tuir el socia­lis­mo en un país ais­la­do de los demás has­ta la pose­sión de las armas nuclea­res y ter­mo­nu­clea­res por la Unión Sovié­ti­ca que –sin que esto la jus­ti­fi­que y sin que tam­po­co le con­ce­da la razón a los opo­nen­tes anti­co­mu­nis­tas de las URSS –expli­ca esta gra­ve y peli­gro­sa inter­pre­ta­ción de con­tra­rios a que se ha lle­ga­do (sobre todo inter­pe­ne­tra­ción de con­tra­rios a que se ha lle­ga­do (sobre todo en el aspec­to de la inva­li­dez de la liber­tad) entre el mun­do impe­ria­lis­ta y el mun­do socia­lis­ta. El hilo que hil­va­na las dife­ren­tes eta­pas de dicha tra­yec­to­ria está for­ma­do por la abo­li­ción de la demo­cra­cia en la socie­dad, en el Esta­do y en el Par­ti­do; por la dog­ma­ti­za­ción como nor­ma de la cien­cia; por la media­ti­za­ción del arte y por la ausen­cia casi com­ple­ta de liber­tad civil. Algu­nos de estos aspec­tos se han ate­nua­do des­pués del XX y del XXII con­gre­sos del PCUS (aun­que tam­bién en una for­ma cau­te­lo­sa­men­te prag­má­ti­ca y vicia­da des­de un prin­ci­pio por la buro­crá­ti­ca admo­ni­ción de “no ir dema­sia­do lejos”), pero el hilo no ha sido roto en la Unión Sovié­ti­ca, y menos aún en la Chi­na Popu­lar, ni por supues­to en la gran mayo­ría, si no es que en la casi tota­li­dad –con muy con­ta­das excep­cio­nes- del res­to de los demás par­ti­dos comu­nis­tas del mun­do. En este sen­ti­do, tan­to la Unión Sovié­ti­ca como la Repú­bli­ca Popu­lar Chi­na con­tri­bu­yen por igual a que se con­ser­ve, y más ade­lan­te se agra­ve, la irra­cio­nal, inne­ce­sa­ria y anti­his­tó­ri­ca inter­pre­ta­ción de con­tra­rios que exis­te entre el impe­ria­lis­mo y el socia­lis­mo.

VI

El impe­ria­lis­mo no podrá sopor­tar por tiem­po inde­fi­ni­do el ago­bian­te peso de una paz y una liber­tad que, por pre­ca­rias que sean, agra­va­rán cada vez más sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas y ter­mi­na­rán por vol­ver­se en su con­tra y hun­dir­lo. Esto sus­ci­ta el pro­ble­ma con­co­mi­tan­te de que, mien­tras la coexis­ten­cia pací­fi­ca no esté acom­pa­ña­da por el esta­ble­ci­mien­to, en la for­ma más amplia posi­ble, de la demo­cra­cia y la liber­tad en los paí­ses socia­lis­tas, serán dichos paí­ses los que estén fijan­do la fecha para ser agre­di­dos por el impe­ria­lis­mo, pues éste no pue­de supe­rar de nin­gún otro modo que no sea median­te la gue­rra el peli­gro real que tar­de o tem­prano repre­sen­ta­rá la con­ser­va­ción en un gra­do mayor o menor, de deter­mi­na­das liber­ta­des demo­crá­ti­cas para su pro­pio pue­blo. Sin la exis­ten­cia de una liber­tad y una demo­cra­cia socia­lis­tas ver­da­de­ras (y no tan sólo por medio de la com­pe­ten­cia eco­nó­mi­ca entre capi­ta­lis­mo y socia­lis­mo, ni por el muy len­to ascen­so del nivel de vida en los paí­ses socia­lis­tas), el lado posi­ti­vo de la coexis­ten­cia pací­fi­ca (el des­per­tar de la con­cien­cia y de la soli­da­ri­dad entre los pue­blos, inclu­so de los paí­ses impe­ria­lis­tas), se con­ver­ti­rá en su pro­pio lado nega­ti­vo: la agre­sión impe­ria­lis­ta y la gue­rra nuclear con sus terri­bles con­se­cuen­cias de una vuel­ta al comu­nis­mo pri­mi­ti­vo –en el mejor de los casos- y de la abo­li­ción total o casi total de la liber­tad huma­na por un perío­do de tiem­po cuyo lími­te nadie podría pre­ci­sar.

VII

El socia­lis­mo no pue­de redu­cir­se a la sola socia­li­za­ción de los medios pro­duc­ti­vos, como tam­po­co el comu­nis­mo pue­de limi­tar­se a la fór­mu­la de que la socie­dad reci­ba de cada uno con­for­me a sus capa­ci­da­des y retri­bu­ya a cada uno con­for­me a sus nece­si­da­des. Des­de su apa­ri­ción como cien­cia, la teo­ría del socia­lis­mo y del comu­nis­mo se plan­tea como la teo­ría de la desena­je­na­ción huma­na, como la teo­ría de la liber­tad real a par­tir de la nega­ción del pro­le­ta­ria­do a tra­vés de su pro­ce­so de dilu­ción en el hom­bre. Vis­to a favor de esta pers­pec­ti­va y des­de la expe­rien­cia his­tó­ri­ca del socia­lis­mo con­tem­po­rá­neo, está com­pro­ba­do el hecho de que la socia­li­za­ción de los medios de pro­duc­ción no sólo es insu­fi­cien­te por sí mis­ma para supe­rar las con­tra­dic­cio­nes del pro­ce­so, sino que aún agra­va estas con­tra­dic­cio­nes y se colo­ca en el ries­go de con­ver­tir­las en insu­pe­ra­bles y hacer que lo revier­tan sobre el socia­lis­mo como su pro­pia nega­ción rece­si­va. Las más impor­tan­tes de estas con­tra­dic­cio­nes son las que exis­ten:

  1. a) entre la cla­se y el esta­do;
  2. b) entre la socie­dad socia­lis­ta y la nación; y
  3. c) entre la nación y el socia­lis­mo inter­na­cio­nal.

Todo esto, por más incon­ce­bi­ble que nos parez­ca, encie­rra las pre­mi­sas de cho­ques arma­dos (que ya han ocu­rri­do) y aun de gue­rras entre paí­ses socia­lis­tas. Esto resul­ta toda­vía más tan­gi­ble y alar­man­te si se toma en cuen­ta la super­vi­ven­cia estra­té­gi­ca y tác­ti­ca, en los par­ti­dos comu­nis­tas, del prin­ci­pio –ya con­ver­ti­do en dog­ma inex­pug­na­ble- de que la gue­rra no es sino la con­ti­nua­ción de la polí­ti­ca por otros medios. El socia­lis­mo como pura trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca, sin liber­tad de crí­ti­ca, sin auto­ges­tión de los pro­duc­to­res y sin demo­cra­cia, cons­ti­tu­ye una nue­va enaje­na­ción huma­na, una nue­va for­ma de la nega­ción del hom­bre.

VIII

La cau­sa mun­dial del socia­lis­mo no se encuen­tra en un calle­jón sin sali­da, pero sí está en la encru­ci­ja­da de una cri­sis esen­cial de la que depen­de­rán ineluc­ta­ble­men­te sus des­ti­nos. El que se haya podi­do lle­gar a este pun­to tie­ne su ori­gen en una defor­ma­ción de la con­cien­cia socia­lis­ta en el seno de los par­ti­dos comu­nis­tas, defor­ma­ción que ha ter­mi­na­do por des­pla­zar y sus­ti­tuir a la con­cien­cia real con el triun­fo y el asen­ta­mien­to del sta­li­nis­mo y su desa­rro­llo ulte­rior bajo nue­vas for­mas, tan­to en la Unión Sovié­ti­ca como en los demás paí­ses de todo el mun­do. En la lucha por la trans­for­ma­ción de las rela­cio­nes socia­les y por la desena­je­na­ción de la his­to­ria, la con­cien­cia socia­lis­ta y la crí­ti­ca tie­nen una impor­tan­cia mayor que la eco­no­mía. En las con­di­cio­nes nece­sa­rias y for­zo­sas de haber­se vis­to cons­tre­ñi­da a la cla­se obre­ra sovié­ti­ca a la cons­truc­ción del socia­lis­mo en un país ais­la­do, y más aún, den­tro de las con­di­cio­nes de una eco­no­mía de esca­sez, la liber­tad en el ejer­ci­cio de la con­cien­cia socia­lis­ta y de la crí­ti­ca hubie­se impe­di­do que el dog­ma­tis­mo se impu­sie­ra como la tóni­ca domi­nan­te –has­ta nues­tros días- en la teo­ría y en la prác­ti­ca de casi la mayo­ría abso­lu­ta de los par­ti­dos comu­nis­tas de todos los paí­ses. La cri­sis en que se encuen­tra el movi­mien­to comu­nis­ta mun­dial sólo podrá resol­ver­se por el camino de la vuel­ta al leni­nis­mo (2)., de la crí­ti­ca demo­crá­ti­ca y abier­ta entre los par­ti­dos comu­nis­tas y entre los pen­sa­do­res mar­xis­tas de todos los paí­ses, de lucha por la renun­cia a los intere­ses nacio­na­les y geo­po­lí­ti­cos de los Esta­dos socia­lis­tas y, final­men­te, por el camino de la orien­ta­ción, cada vez más fir­me y cons­cien­te­men­te diri­gi­da, hacia la abo­li­ción total de la buro­cra­cia y hacia la gra­dual trans­fe­ren­cia del poder del Esta­do, de los orga­nis­mos de gobierno que lo deten­tan, a las orga­ni­za­cio­nes socia­les den­tro de cuyo seno en el Esta­do mis­mo debe­rá disol­ver­se en el futu­ro.

IX

De igual modo en que, duran­te un momen­to his­tó­ri­co deter­mi­na­do, la crí­ti­ca de la reli­gión devino crí­ti­ca de la socie­dad; la crí­ti­ca de la teo­lo­gía, crí­ti­ca del dere­cho; la crí­ti­ca del cie­lo, crí­ti­ca de la tie­rra, duran­te la pre­sen­te eta­pa de tran­si­ción del capi­ta­lis­mo al socia­lis­mo, la crí­ti­ca del arte (el ele­men­to crí­ti­co que el arte repre­sen­ta res­pec­to a la reali­dad), devie­ne crí­ti­ca de la enaje­na­ción huma­na. Esto es, de crí­ti­ca par­ti­cu­lar de la esté­ti­ca se con­vier­te en crí­ti­ca de la éti­ca uni­ver­sal; de crí­ti­ca uni­ver­sal del arte se con­vier­te en crí­ti­ca uni­ver­sal de la enaje­na­ción del hom­bre en todas sus situa­cio­nes (capi­ta­lis­tas o socia­lis­tas), pues­to que la épo­ca de tran­si­ción anti­ci­pa, en el arte, el paso “del reino de la nece­si­dad al reino de la liber­tad”; es decir, el arte cons­ti­tu­ye ya este paso y se ade­lan­ta a la his­to­ria en tan­to no se con­for­ma a la tran­si­to­rie­dad de su obje­to, en tan­to supera la con­tra­dic­ción capi­ta­lis­mo-socia­lis­mo den­tro del mar­co de su pro­pia acti­vi­dad crí­ti­ca, resu­mien­do dicha con­tra­dic­ción en el ejer­ci­cio de la más irres­tric­ta liber­tad del cono­ci­mien­to esté­ti­co.

FUENTE RECUPEDADA: Revuel­tas, José, “Esque­ma Teó­ri­co para un Ensa­yo Sobre las Cues­tio­nes de Arte y Liber­tad”, La Pala­bra y el Hom­bre, No. 13, Enero-Mar­zo 1975, pp. 3 – 6.

(1) El fenó­meno de que la fal­ta de liber­tad ter­mi­ne por con­ver­tir­se en un peli­gro real e inme­dia­to para la exis­ten­cia mis­ma del sis­te­ma socia­lis­ta no es una inven­ción “libe­ral”, sino un hecho his­tó­ri­co, por mucho que pue­da negar­lo en esta con­di­ción de la buro­cra­cia usur­pa­do­ra del poder en los paí­ses socia­lis­tas. No se tra­ta de una “ten­den­cia” peque­ño­bur­gue­sa de los inte­lec­tua­les, sino una nece­si­dad que recla­ma la infra­es­truc­tu­ra social, es decir, que por su pro­pio impul­so exi­gen las rela­cio­nes de pro­duc­ción y el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. El ejem­plo más recien­te ha sido el de Che­cos­lo­va­quia, don­de el Pleno de enero de 1968 del par­ti­do comu­nis­ta reco­no­ció el hecho y deci­dió impri­mir un nue­vo rum­bo a la direc­ción del Esta­do y de la socie­dad. La “fra­ter­nal” inva­sión de Che­cos­lo­va­quia por las tro­pas sovié­ti­cas y del Pac­to de Var­so­via, en agos­to del mis­mo año, inten­tan dete­ner des­de enton­ces, arti­fi­cial­men­te, este pro­ce­so, por medio de la vio­len­cia lla­na y sim­ple. Esta vio­len­cia, empe­ro, está pre­ña­da de las más explo­si­vas car­gas revo­lu­cio­na­rias en con­tra de los mis­mos que la emplean y cons­ti­tu­ye su pro­pia nega­ción, como anun­cio de la futu­ra e inevi­ta­ble cri­sis del poder que ter­mi­na­rá por derrum­bar el sis­te­ma de domi­nio que ejer­ce la buro­cra­cia en la gran mayo­ría de los paí­ses socia­lis­tas.

(2) Habrá que salir al paso de un nue­vo dog­ma­tis­mo: el de con­ver­tir a Lenin en un feti­che al que habría que reve­ren­ciar sus­tra­yén­do­lo de su con­tex­to his­tó­ri­co y sin aten­der a los fenó­me­nos nue­vos que ofre­ce el mun­do con­tem­po­rá­neo. El leni­nis­mo –como todos los pos­tu­la­dos teó­ri­cos del mar­xis­mo- cons­ti­tu­ye un méto­do, y redu­cir­lo a un sis­te­ma cerra­do y com­ple­to no sería otra cosa que su pro­pia nega­ción. Hay una tarea teó­ri­ca de impor­tan­cia excep­cio­nal pero aún no empren­di­da por nadie: la de expo­ner, en for­ma posi­ti­va, todas las gene­ra­li­za­cio­nes de Lenin que cons­ti­tu­yen un enri­que­ci­mien­to del mar­xis­mo. Espe­re­mos al inves­ti­ga­dor y pen­sa­dor mar­xis­ta –no dema­sia­do com­pro­me­ti­do con la lucha dia­ria- que dis­pon­ga de la tre­gua indis­pen­sa­ble –y de la men­te lúci­da y crí­ti­ca- para empren­der­la y coro­nar­la como una de las más bellas e impor­tan­tes tareas inte­lec­tua­les de nues­tro tiem­po.

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