Las trans­na­cio­na­les y el PIB- Hedel­ber­to López Blanch

Duran­te lar­gos años y median­te amplia pro­pa­gan­da de los medios de comu­ni­ca­ción occi­den­ta­les domi­na­dos por el gran capi­tal, se creó la ima­gen de que las inver­sio­nes de com­pa­ñías trans­na­cio­na­les eran de enor­me bene­fi­cio para los paí­ses y pue­blos de Amé­ri­ca Lati­na y el Caribe.

Otro mito era que el cre­ci­mien­to del Pro­duc­to Interno Bru­to (PIB) en esos paí­ses esta­ba direc­ta­men­te rela­cio­na­do con la satis­fac­ción de las nece­si­da­des de los pueblos.

Pero en reali­dad, las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les impues­tas en las últi­mas déca­das en la región, que per­mi­tie­ron amplias dádi­vas, faci­li­da­des y un des­con­trol total de los gobier­nos sobre esas com­pa­ñías, abrie­ron las puer­tas para el saqueo de sus riquezas.

Inne­ga­ble­men­te que las inver­sio­nes extran­je­ras son nece­sa­rias para el desa­rro­llo pero deben rea­li­zar­se con estric­to con­trol y sin per­mi­tir con­ve­nios leo­ni­nos en con­tra de la mayo­ría de la población.

Un infor­me de Comi­sión Eco­nó­mi­ca para Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be (Cepal), seña­ló que los bene­fi­cios que esas empre­sas obtu­vie­ron de sus ope­ra­cio­nes en la región se mul­ti­pli­ca­ron por cin­co y pasa­ron de 20 425 millo­nes en 2002 a 113 067 millo­nes en 2011. De ese año has­ta el 2014, las ganan­cias y extrac­ción de capi­ta­les por las trans­na­cio­na­les aumen­ta­ron en algu­nos paí­ses de la región como Méxi­co, Colom­bia y Perú gobier­nos que con­ti­núan adop­tan­do amplias polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, pero dis­mi­nu­ye­ron en Vene­zue­la, Boli­via, Ecua­dor, Nica­ra­gua, Argen­ti­na o Bra­sil que ejer­cie­ron mayo­res con­tro­les sobre sus rique­zas nacionales.

La Cepal indi­ca que esas empre­sas envían a sus casas matri­ces una pro­por­ción de sus uti­li­da­des supe­rior (55 %) a la que rein­vier­ten en los paí­ses de la región don­de fue­ron gene­ra­das (45 %). Varias Orga­ni­za­cio­nes No Guber­na­men­ta­les ase­gu­ran que extraen de los paí­ses has­ta el 70 % de las ganan­cias y solo dejan unas miga­jas a los gobiernos.

El cre­ci­mien­to tan mar­ca­do de estas uti­li­da­des, ase­gu­ra el orga­nis­mo regio­nal, tien­de a neu­tra­li­zar el efec­to posi­ti­vo que pro­du­ce el ingre­so de la inver­sión extran­je­ra direc­ta sobre la balan­za de pagos.

Recor­de­mos que esa situa­ción ha sido posi­ble debi­do al con­trol que a par­tir del siglo XX ejer­ció Esta­dos Uni­dos sobre Amé­ri­ca Lati­na, a la cual le impu­so gobier­nos dóci­les que otor­ga­ban (algu­nos aún lo hacen), enor­mes terri­to­rios, exen­cio­nes tri­bu­ta­rias, faci­li­da­des para las explo­ta­cio­nes mine­ras, de agua, de bio­di­ver­si­dad, a la par que se pro­fun­di­za­ban las afec­ta­cio­nes al medio ambien­te, la salud de los pobla­do­res y se des­pro­te­gía a la fuer­za laboral.

Solo en la déca­da de 1990 y 2000 se defo­res­ta­ron 467 000 kiló­me­tros cua­dra­dos en Amé­ri­ca Lati­na para des­ti­nar­los a la agro­in­dus­tria, explo­ta­cio­nes mine­ras, plan­tas de celu­lo­sa o hidro­eléc­tri­cas entre otras, y ya en 2005 la defo­res­ta­ción de la Ama­zo­nia bra­si­le­ña era de unos 680 000 kiló­me­tros cuadrados.

Nume­ro­sos han sido los desas­tres pro­vo­ca­dos al medio ambien­te por las trans­na­cio­na­les y entre los paí­ses y las pobla­cio­nes que más lo han sufri­do apa­re­cen Gua­te­ma­la, Hon­du­ras, Perú, Colom­bia, Boli­via, Ecua­dor y Brasil.

En el caso de estos dos últi­mos paí­ses, la esta­dou­ni­den­se Che­vron, oca­sio­nó enor­mes desas­tres eco­ló­gi­cos por el derra­me indis­cri­mi­na­do de petró­leo y mate­ria­les con­ta­mi­nan­tes, y con la ayu­da de tri­bu­na­les inter­na­cio­na­les con­tro­la­dos por el gran capi­tal, la com­pa­ñía se nie­gan a resar­cir los daños.

Y es que cuan­do un país recla­ma com­pen­sa­ción por las afec­ta­cio­nes, sus­pen­de per­mi­sos de explo­ra­ción o explo­ta­ción a las empre­sas mine­ras, estas acu­den a tri­bu­na­les inter­na­cio­na­les don­de son exo­ne­ra­das o pre­mia­das con millo­na­rias mul­tas que les impo­nen a los paí­ses demandados.

El espe­cia­lis­ta Manuel Pérez Rocha, coor­di­na­dor de la No Guber­na­men­tal Red para la Jus­ti­cia en la Inver­sión Glo­bal de Washing­ton, seña­ló que acu­dir a tri­bu­na­les como el Cen­tro de Dispu­tas Rela­ti­vas a Inver­sio­nes (Cia­di), del Ban­co Mun­dial, “es un nego­cio redon­do, por­que final­men­te las com­pa­ñías sacan el dine­ro que ni siquie­ra lle­ga­ron a invertir”.

En cuan­to al PIB, en muchas nacio­nes su aumen­to no esta direc­ta­men­te rela­cio­na­do con la satis­fac­ción de las nece­si­da­des socia­les de los habi­tan­tes los cua­les pade­cen altos índi­ces de pobre­za y desprotección.

Cla­ro que en eso influ­yen varios fac­to­res como son las polí­ti­cas socio-eco­nó­mi­cas que esgri­men los dife­ren­tes Esta­dos y gobier­nos, la des­igual dis­tri­bu­ción de las rique­zas y la abun­dan­te extrac­ción de ganan­cias por par­te de las transnacionales.

El PIB se mide por el valor total de la pro­duc­ción corrien­te de bie­nes y ser­vi­cios fina­les den­tro del terri­to­rio nacio­nal duran­te un perío­do de tiem­po deter­mi­na­do, que gene­ral­men­te abar­ca un tri­mes­tre o un año y se cal­cu­la según el pre­cio de los fac­to­res o el pre­cio de mercado.

Al cal­cu­lar su cre­ci­mien­to por el accio­nar de la pro­duc­ción de bie­nes y ser­vi­cios, no se mide la satis­fac­ción de las nece­si­da­des de la pobla­ción, el nivel de bien­es­tar ni la extrac­ción de capi­ta­les que aban­do­nan el país por medio de las com­pa­ñías forá­neas sin que sean rein­ver­ti­dos nue­va­men­te en la economía.

Solo dos ejem­plos resul­tan escla­re­ce­do­res. Perú ha cre­ci­do un 6 % en los últi­mos 10 años mien­tras el 10 % de la pobla­ción adi­ne­ra­da es 50 veces más rica que el 20 % más pobre; cer­ca del 60 % de sus habi­tan­tes están cata­lo­ga­dos como pobres; el 40 % care­ce de acce­so al agua pota­ble y el 70 % a los ser­vi­cios sani­ta­rios; uno de cada tres niños sufre desnutrición.

Otro caso es Méxi­co que con cre­ci­mien­to pro­me­dio de 3 % en la déca­da pasa­da, más del 50 % de sus habi­tan­tes (58 millo­nes) se hallan en esta­do de pobre­za, sin poder acce­der a los indis­pen­sa­bles ser­vi­cios sociales.

Esto ocu­rre mien­tras com­pa­ñías trans­na­cio­na­les como Exxon, Che­vron, Schlum­ber­ger, Halli­bur­ton, Petro­leum Corp, Vel­vet Energy LTD y TLP Energy, extraen sus reser­vas petro­le­ras e incre­men­tan sus capitales.

Con estos pocos datos pode­mos ana­li­zar cuá­les son los ries­gos y los supues­tos bene­fi­cios que ofre­ce el accio­nar de las trans­na­cio­na­les a los pue­blos latinoamericanos.

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