Syri­za no se baja los pan­ta­lo­nes…- Juan Manuel Olarieta

… siem­pre los lle­vó a la altu­ra de los tobi­llos. Que nadie hable lue­go de «trai­ción» por­que Syri­za nun­ca tra­tó de enga­ñar a nadie. Lo dijo bien cla­ro des­de el pri­mer minu­to. Que los demás se enga­ña­ran a sí mis­mos y tra­ta­ran de enga­ñar a ter­ce­ros, es bien distinto.
Nada más hacer­se car­go del Minis­te­rio de Finan­zas, Yanis Varu­fa­kis dijo que nadie podría for­zar a Gre­cia a salir del euro. Es, pues, evi­den­te: Syri­za no tenía nin­gu­na inten­ción de aban­do­nar la mone­da úni­ca, e inclu­so se resis­ti­ría a ello a pesar de las presiones.
El gobierno de Syri­za se ha com­pro­me­ti­do, ade­más, a hacer fren­te a la deu­da con­traí­da con el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal. Quie­ren pagar has­ta el últi­mo cén­ti­mo a todos los espe­cu­la­do­res inter­na­cio­na­les que han com­pra­do la deu­da griega.
En fin, Tsi­pras, Varu­fa­kis y Syri­za están lle­nos de las mejo­res inten­cio­nes. Nadie les pue­de repro­char nada. No quie­ren refor­mar nada por­que saben que no pue­den hacer nada, que las deci­sio­nes están muy lejos de su alcan­ce, y mucho menos alber­gan la más míni­ma velei­dad anticapitalista.
Enton­ces los pro­ble­mas comien­zan cuan­do tra­tan de cua­drar el círcu­lo mági­co, que al ser impo­si­ble, se que­da en pala­bre­ría, en decla­ra­cio­nes ofi­cia­les. Ese círcu­lo mági­co lo des­cri­bió Varu­fa­kis cuan­do hace un par de años pre­gun­tó en una con­fe­ren­cia cómo es posi­ble que a un para­do un ban­co le con­ce­da un prés­ta­mo. Lo que el para­do nece­si­ta no es un prés­ta­mo sino tra­ba­jo. Una vez que ten­ga tra­ba­jo se le pue­de con­ce­der un préstamo.
El tra­ba­jo del para­do se lla­ma cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co, pero Varu­fa­kis tam­bién ha dicho que eso no depen­de de Gre­cia, sino de la Unión Euro­pea y, natu­ral­men­te, para que la Unión Euro­pea crez­ca Ale­ma­nia tie­ne que cam­biar su polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, que es el caba­llo de bata­lla del refor­mis­mo que cen­tra sus iras sobre Mer­kel. Si Ale­ma­nia lan­za­ra un plan de reac­ti­va­ción eco­nó­mi­ca, el pro­ble­ma de la deu­da que­da­ría resuel­to en toda Europa.
El plan­tea­mien­to me pare­ce algo extra­or­di­na­ria­men­te lla­ma­ti­vo, el mun­do al revés: no se tra­ta de que Ale­ma­nia pre­sio­ne a Gre­cia, sino de que Gre­cia pre­sio­ne a Ale­ma­nia. “Gre­cia pue­de obli­gar a Euro­pa a que cam­bie”, dijo Varu­fa­kis el 20 de enero en una entre­vis­ta al dia­rio finan­cie­ro fran­cés La Tri­bu­ne. ¿Habla­ba en serio?
Son las famo­sas secue­las de aquel «Otro mun­do es posi­ble» que con­sis­te en supo­ner que no es nece­sa­rio cam­biar casi nada por­que bas­ta con modi­fi­car la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, como el New Deal de hace 80 años. A su vez, para cam­biar la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca de un país bas­ta con cam­biar de gobierno. Para ello lo que debe­mos hacer es votar a los Syri­zas loca­les, ese des­fi­le de nue­vos par­ti­dos que sue­ñan con hacer­se con un hue­co bajo el sol.
Para colec­cio­nar votos hay que lan­zar un men­sa­je bien sen­ci­llo que no falla nun­ca y que con­sis­te en decir a las masas lo que quie­ren escu­char: que es posi­ble un empa­te, o sea, que de la cri­sis del capi­ta­lis­mo se pue­de salir sin que nadie sal­ga per­ju­di­ca­do, ni los obre­ros ni los capi­ta­lis­tas, ni los pen­sio­nis­tas ni los ban­cos, ni los acree­do­res ni los deu­do­res, ni los impor­ta­do­res ni los expor­ta­do­res… Nadie absolutamente.
Varu­fa­kis lan­zó un jarro a agua fría sobre la espal­da cuan­do nos dijo que sus pre­ten­sio­nes no lle­ga­ban ni siquie­ra a la altu­ra del New Deal de hace 80 años. Nada de gas­to públi­co y nada de inver­sión públi­ca: todo va a depen­der de los capi­ta­lis­tas par­ti­cu­la­res. A ellos debe­mos enco­men­dar­nos para salir del atas­co, es decir, a los mis­mos que nos han meti­do en él. Por eso Varu­fa­kis siem­pre ha deja­do cla­ro que Syri­za no tenía nin­gu­na inten­ción de rever­tir las pri­va­ti­za­cio­nes, es decir, el saqueo de la pro­pie­dad públi­ca que los gobier­nos de Gre­cia han lle­va­do a cabo duran­te años para pagar las deudas.
Cuan­do un nacio­na­lis­ta como Varu­fa­kis habla de inver­sión pri­va­da, se refie­re a la inver­sión extran­je­ra, o lo que es lo mis­mo: Syri­za pre­fie­re poner a Gre­cia en manos de extran­je­ras antes que en manos públicas.
¿Qué debe hacer Gre­cia para que los espe­cu­la­do­res inter­na­cio­na­les invier­tan allá y no en otro país? Con­ver­tir­lo en un paraí­so atrac­ti­vo para la vora­ci­dad mono­po­lis­ta con bajos sala­rios, des­pi­do libre, tra­ba­jo pre­ca­rio, reduc­ción de las pres­ta­cio­nes socia­les, incre­men­to de la jor­na­da de tra­ba­jo, etc.
Es ver­dad que eso ya lo han pues­to en prác­ti­ca los ante­rio­res gobier­nos grie­gos sin recu­rrir a Syri­za. Pero si aún que­da algún mar­gen para apre­tar el cin­tu­rón a la cla­se obre­ra, les corres­pon­de a ellos poner­lo en mar­cha. Ese es el papel que le corres­pon­de desem­pe­ñar a Syri­za en Gre­cia, el mis­mo de siem­pre. El capi­ta­lis­mo no cam­bia y el refor­mis­mo tampoco.

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