Ucra­nia, en la mira de las cor­po­ra­cio­nes occidentales

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En esta colum­na Fré­dé­ric Mous­seau, direc­tor de Polí­ti­ca del Oakland Ins­ti­tu­te, escri­be que la pre­sen­cia de las empre­sas occi­den­ta­les en Ucra­nia se expan­di­do en estos últi­mos años, par­ti­cu­lar­men­te en el sec­tor agrí­co­la, en coin­ci­den­cia con el mayor con­flic­to Este-Oes­te que se com­ba­te des­de el fin de la Gue­rra Fría. Ucra­nia es el ter­cer expor­ta­dor mun­dial de maíz, el quin­to expor­ta­dor mun­dial de tri­go, y tie­ne 32 millo­nes de hec­tá­reas de tie­rra cul­ti­va­ble, equi­va­len­tes a un ter­cio del total de la tie­rra pro­duc­ti­va de la Unión Europea.

Por Fre­de­ric Mousseau

OAKLAND, Esta­dos Uni­dos, 3 feb 2015 (IPS) – El nue­vo gobierno de Ucra­nia, en fun­cio­nes des­de el 2 de diciem­bre, tie­ne el más fir­me apo­yo de las poten­cias occi­den­ta­les y es úni­co en el mun­do: tres de sus más impor­tan­tes minis­tros nacie­ron en el extran­je­ro y reci­bie­ron la ciu­da­da­nía ucra­nia­na horas antes de asu­mir sus cargos.
La minis­tra de Finan­zas es Nata­lie Jares­ko, una empre­sa­ria naci­da en Esta­dos Uni­dos, que resi­de en Ucra­nia des­de media­dos de los años 90 y admi­nis­tra Hori­zon Capi­tal, un fon­do de inver­sio­nes de capi­ta­les occidentales.

Esta inusual pre­sen­cia de extran­je­ros en el gobierno de Kiev es cohe­ren­te con el pre­do­mi­nio que los intere­ses occi­den­ta­les han adqui­ri­do sobre la eco­no­mía ucraniana.

El Oakland Ins­ti­tu­te ha docu­men­ta­do esta trans­for­ma­ción en dos recien­tes infor­mes, el pri­me­ro sobre la pre­sen­cia del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) y el Ban­co Mun­dial en el con­flic­to en Ucra­nia ( Wal­king on the West Side: The World Bank and the IMF in the Ukrai­ne Con­flict) y el más recien­te sobre la pene­tra­ción de las cor­po­ra­cio­nes occi­den­ta­les en la agri­cul­tu­ra ucra­nia­na ( The Cor­po­ra­te Takeo­ver of Ukrai­nian Agri­cul­tu­re).

El prin­ci­pal fac­tor de la cri­sis que des­en­ca­de­nó una olea­da de pro­tes­tas y for­zó la renun­cia del pre­si­den­te Vik­tor Yanu­ko­vich en febre­ro de 2014, fue su recha­zo a un acuer­do de aso­cia­ción con la Unión Euro­pea (UE), con­ce­bi­do para expan­dir el comer­cio bila­te­ral e inte­grar la eco­no­mía de Ucra­nia a ese blo­que. El acuer­do esta­ba vin­cu­la­do con cré­di­to de 17.000 millo­nes de dóla­res del FMI.

Tras el ale­ja­mien­to de Yanu­ko­vich y la ins­ta­la­ción de un gobierno pro occi­den­tal, el FMI ini­ció un pro­gra­ma de refor­mas orien­ta­do a incen­ti­var las inver­sio­nes pri­va­das en el país.

El paque­te de medi­das incluía la pri­va­ti­za­ción del sumi­nis­tro de agua y ener­gía, y asig­na­ba pro­mi­nen­te impor­tan­cia a lo que el Ban­co Mun­dial iden­ti­fi­ca­ba como “las raí­ces estruc­tu­ra­les” de la actual cri­sis eco­nó­mi­ca ucra­nia­na, en pri­mer tér­mino los ele­va­dos cos­tos que gra­van a las empre­sas privadas.

La agri­cul­tu­ra ha sido el obje­ti­vo prin­ci­pal de las inver­sio­nes extran­je­ras en Ucra­nia y es con­si­de­ra­da por el FMI y el Ban­co Mun­dial como el sec­tor prio­ri­ta­rio del pro­gra­ma de reformas.

Las dos ins­ti­tu­cio­nes ala­ban la rapi­dez con la que el gobierno ha segui­do sus con­se­jos. Por ejem­plo, el pro­gra­ma de refor­mas rece­ta­do a Ucra­nia incluía la faci­li­ta­ción de la adqui­si­ción de tie­rras agrí­co­las, la eli­mi­na­ción de con­tro­les y regu­la­cio­nes sobre la pro­duc­ción de ali­men­tos, y la reduc­ción de impues­tos y de dere­chos aduaneros.

Bas­tan pocos datos para des­cri­bir la mag­ni­tud de la agri­cul­tu­ra ucra­nia­na: es el ter­cer expor­ta­dor mun­dial de maíz, el quin­to expor­ta­dor mun­dial de tri­go, y tie­ne 32 millo­nes de hec­tá­reas de tie­rra cul­ti­va­ble, equi­va­len­tes a un ter­cio del total de la tie­rra pro­duc­ti­va de la UE.

El con­trol del sis­te­ma agrí­co­la ucra­niano es un fac­tor fun­da­men­tal en la lucha que ha teni­do lugar este últi­mo año en el con­tex­to del mayor con­flic­to Este-Oes­te des­de el fin de la Gue­rra Fría.

La pre­sen­cia de las cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras en la agri­cul­tu­ra de Ucra­nia se ha exten­di­do rápi­da­men­te, ya que en estos últi­mos años han com­pra­do 1,6 millo­nes de hectáreas.

Aun­que empre­sas como las esta­dou­ni­den­ses Mon­san­to, Car­gill y DuPont se encuen­tran en Ucra­nia des­de hace mucho tiem­po, sus inver­sio­nes en el país se han expan­di­do recientemente.

Car­gill es pro­duc­to­ra de pes­ti­ci­das, semi­llas, fer­ti­li­zan­tes y ha amplia­do sus inver­sio­nes en alma­ce­na­mien­to de gra­nos y nutri­ción ani­mal, mien­tras que ha adqui­ri­do una par­ti­ci­pa­ción en UkrLand­Far­ming, la mayor com­pa­ñía agro­in­dus­trial del país.

Por su par­te, Mon­san­to ha dupli­ca­do su per­so­nal en el país en los últi­mos tres años y en mar­zo de 2014, unas sema­nas antes de la sali­da de Yanu­ko­vich, invir­tió 140 millo­nes de dóla­res en la cons­truc­ción de una nue­va plan­ta de semillas.

La expan­sión de DuPont tam­bién inclu­ye una plan­ta de semillas.

El desig­nio de las cor­po­ra­cio­nes occi­den­ta­les no se detie­ne en el con­trol de algu­nas ren­ta­bles acti­vi­da­des agrí­co­las, aspi­ra a la inte­gra­ción ver­ti­cal del sec­tor de la agri­cul­tu­ra, y ya se está exten­dien­do al trans­por­te y la infraestructura.

Por ejem­plo, Car­gill posee aho­ra cua­tro ele­va­do­res de gra­nos y dos plan­tas pro­ce­sa­do­ras de acei­te de gira­sol, y en diciem­bre de 2013 adqui­rió 25 por cien­to de una ter­mi­nal en el puer­to de Novo­ros­siysk, en el mar Negro, con capa­ci­dad para pro­ce­sar 3,5 millo­nes de tone­la­das anua­les de granos.

En todas las fases de la cade­na agrí­co­la, des­de la pro­duc­ción de semi­llas has­ta el trans­por­te de las expor­ta­cio­nes, está en aumen­to el con­trol por par­te de las cor­po­ra­cio­nes occidentales.

Aun­que Ucra­nia no per­mi­te la pro­duc­ción de ali­men­tos gené­ti­ca­men­te modi­fi­ca­dos (GM), el acuer­do entre Kiev y la UE inclu­ye una cláu­su­la (artícu­lo 404) que com­pro­me­te a las dos par­tes a coope­rar para “exten­der el uso de bio­tec­no­lo­gías” en el país.

Esta cláu­su­la lla­ma la aten­ción por­que impli­ca una aper­tu­ra hacia la impor­ta­ción de ali­men­tos GM en Euro­pa, que es el mayor obje­ti­vo de las cor­po­ra­cio­nes pro­duc­to­ras de semi­llas, como Mon­san­to, pero que son recha­za­dos por la gran mayo­ría de los con­su­mi­do­res europeos

Empe­ro, no se advier­te cómo este cam­bio podría bene­fi­ciar a los ucra­nia­nos, como tam­po­co lo que pue­da sig­ni­fi­car la olea­da de inver­sio­nes extran­je­ras para los sie­te millo­nes de agri­cul­to­res locales.

Cuan­do final­men­te cese el con­flic­to en el “pro ruso” sec­tor orien­tal, los ucra­nia­nos se pre­gun­ta­rán qué ha que­da­do de la capa­ci­dad de su país para con­tro­lar su sumi­nis­tro de ali­men­tos, y admi­nis­trar su eco­no­mía de acuer­do con sus pro­pios intereses.

Y es de espe­rar que euro­peos y esta­dou­ni­den­ses final­men­te desoi­gan la ensor­de­ce­do­ra retó­ri­ca sobre agre­sio­nes rusas y dere­chos huma­nos, y comien­cen a cues­tio­nar la inje­ren­cia de sus paí­ses en el con­flic­to ucraniano.

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