Cinco razones por las que la izquierda europea se opone al TTIP

El Tra­ta­do de Libre Comer­cio (TTIP, en sus siglas en inglés) que la Unión Euro­pea nego­cia con Esta­dos Uni­dos des­de febre­ro de 2013 se ha reve­la­do como un sutil ter­mó­me­tro ideo­ló­gi­co en el Par­la­men­to comu­ni­ta­rio, cáma­ra don­de son cons­tan­tes, espe­cial­men­te des­de los par­ti­dos de izquier­da (sobre todo Izquier­da Uni­ta­ria Euro­pea y Los Ver­des) las crí­ti­cas hacia el PP Euro­peo, los social­de­mó­cra­tas del PSD y los libe­ra­les por ejer­cer una supues­ta “gran coa­li­ción” sobre los temas cru­cia­les para la Unión.

El TTIP se halla sobre esa bás­cu­la en este momen­to que ha cogi­do en medio a los social­de­mó­cra­tas: si se alían con los popu­la­res euro­peos serán acu­sa­dos de ser cóm­pli­ce de ese rodi­llo de la dere­cha; si apues­tan por encua­drar­se con los par­ti­dos más a la izquier­da, serán cri­ti­ca­dos por la dere­cha, es decir, sus fre­cuen­tes com­pa­ñe­ros de pac­to, de “irres­pon­sa­bles” o, direc­ta­men­te, de “popu­lis­tas”. Y en medio pare­ce no haber mati­ces ni gri­ses.

Meca­nis­mo de arbi­tra­je inter­na­cio­nal. A par­tir de aho­ra lo oirá muchas veces: es el lla­ma­do meca­nis­mo ISDS, lo que tra­du­ci­do del inglés sig­ni­fi­ca­ría “meca­nis­mo de reso­lu­ción de con­flic­tos entre un inver­sor extran­je­ro y un Esta­do”. Esta fór­mu­la impli­ca­ría implan­tar los tri­bu­na­les inter­na­cio­na­les de arbi­tra­je cuan­do una mul­ti­na­cio­nal entre en con­flic­to con un Esta­do miem­bro, por ejem­plo, en el caso de que éste reali­ce un cam­bio en sus leyes.

No es nada nue­vo. Los Esta­dos euro­peos tie­nen fir­ma­dos ya 1.400 acuer­dos comer­cia­les (a menu­do bila­te­ra­les) en los que esta cláu­su­la se halla incor­po­ra­da. Pue­de tener cier­to sen­ti­do cuan­do se tra­ta de un acuer­do comer­cial con un país dic­ta­to­rial o cuyo sis­te­ma legal sea defi­cien­te o muy poco fia­ble, pero ¿tie­ne sen­ti­do intro­du­cir el ISDS entre EE UU y la Unión Euro­pea?

Esta­dos Uni­dos ya lo intro­du­jo en 1994 en su acuer­do comer­cial con Méxi­co y Cana­dá (el NAFTA). Las con­se­cuen­cias no se hicie­ron espe­rar. Entre ellas, la deman­da que reci­bió Cana­dá por la com­pa­ñía Ethyl, que acu­só al Gobierno cana­dien­se de cam­biar la nor­ma­ti­va de adi­ti­vos de la gaso­li­na y hacer­le per­der dine­ro. Cana­dá tuvo que anu­lar su refor­ma legal. Ethyl le había recla­ma­do 251 millo­nes de dóla­res de com­pen­sa­ción.

Una con­sul­ta públi­ca rea­li­za­da por la Comi­sión Euro­pea el año pasa­do y cuyos resul­ta­dos se hicie­ron públi­cos a media­dos de enero, reve­la resul­ta­dos con­tun­den­tes: el 95% de los ciu­da­da­nos que par­ti­ci­pa­ron en ella (150.000 en total) recha­za que el TTIP inclu­ya el meca­nis­mo ISDS.

“Esta cláu­su­la sig­ni­fi­ca otor­gar­le a las mul­ti­na­cio­na­les el poder para con­tes­tar las deci­sio­nes de un Esta­do, es decir, el poder de tum­bar la volun­tad popu­lar en la toma de deci­sio­nes”, expli­ca Yan­nick Jadot, euro­dipu­tado de Los Ver­des.

Armo­ni­za­ción legal a la baja. Es otro de los temo­res que más preo­cu­pa a la izquier­da euro­pea así como a la socie­dad civil y ONG euro­peas, espe­cial­men­te las dedi­ca­das a la pro­tec­ción del medio ambien­te, de la ali­men­ta­ción y de los con­su­mi­do­res.

El obje­ti­vo prin­ci­pal del TTIP pasa por eli­mi­nar barre­ras comer­cia­les entre Esta­dos Uni­dos y Euro­pa para faci­li­tar el trán­si­to de mer­can­cías y la com­pra-ven­ta de bie­nes y pro­duc­tos entre ambas ori­llas del Atlán­ti­co. Pero, ¿qué suce­de­rá cuan­do las legis­la­cio­nes sobre dichos bie­nes o ser­vi­cios sean dife­ren­tes?

Sin embar­go, des­de la ONG Food and Water Euro­pe apun­tan: “La nor­ma­ti­va euro­pea en cuan­to a la pro­duc­ción de ali­men­tos es mucho más estric­ta que la esta­dou­ni­den­se. En la UE se con­tro­la toda la cade­na de pro­duc­ción mien­tras que en EE UU sólo la últi­ma fase, por lo que allí se pue­den emplear antes de esa últi­ma fase cier­tos pro­duc­tos que pue­den ser eli­mi­na­dos de cara a con­tro­les antes de dicha últi­ma fase, y eso en Euro­pa no está per­mi­ti­do. ¿Tene­mos que pen­sar enton­ces que van a subir­se los requi­si­tos en EE UU?”, se pre­gun­ta un por­ta­voz de esta ONG, que se res­pon­de: “No pare­ce muy rea­lis­ta esta opción. Si el Gobierno de Oba­ma aspi­ra a ven­der pro­duc­tos de Esta­dos Uni­dos en Euro­pa lo nor­mal es que recla­me reba­jas de la nor­ma­ti­va en la UE y no un incre­men­to en su pro­pia legis­la­ción”.

¿Puer­ta abier­ta al ‘frac­king’? El con­flic­to entre Rusia y Ucra­nia ha levan­ta­do ampo­llas en Euro­pa, pero no por el cariz polí­ti­co o terri­to­rial de dicho enfren­ta­mien­to sino por las impli­ca­cio­nes ener­gé­ti­cas que está tenien­do en el sis­te­ma ener­gé­ti­co euro­peo, depen­dien­te enor­me­men­te del gas ruso, sobre todo la indus­tria ale­ma­na, el motor eco­nó­mi­co de Euro­pa.

Ante esta situa­ción euro­pea, en el pano­ra­ma inter­na­cio­nal el pre­cio del petró­leo se ha des­plo­ma­do. La razón hay que encon­trar­la en Esta­dos Uni­dos: el país de Oba­ma ha alcan­za­do el auto­abas­te­ci­mien­to ener­gé­ti­co gra­cias al frac­king (la téc­ni­ca de obten­ción de hidro­car­bu­ros del sub­sue­lo median­te su frac­tu­ra­ción).

Esta inde­pen­den­cia ener­gé­ti­ca esta­dou­ni­den­se se con­tra­po­ne a la alta depen­den­cia euro­pea del gas ruso, lo cual pue­de lle­var a intro­du­cir en Euro­pa un alto com­po­nen­te de impre­vi­si­bi­li­dad eco­nó­mi­ca, según corran o no los vien­tos en la Rusia de Putin. Y esto no gus­ta en la UE que está miran­do, con el TTIP, cada vez más hacia EE UU y sus recur­sos del frac­king.

Esto podría sig­ni­fi­car que si Esta­dos Uni­dos com­par­te su tar­ta ener­gé­ti­ca con Euro­pa, la indus­tria ener­gé­ti­ca ame­ri­ca­na podría tener las puer­tas abier­tas al frac­king en este con­ti­nen­te. De momen­to, esta prác­ti­ca es com­pe­ten­cia exclu­si­va de los Esta­dos miem­bros. Pero, ¿y si el TTIP esta­ble­cie­ra otro orden de cosas?

La izquier­da euro­pea, sobre todo Los Ver­des, cla­man con­tra el frac­king. Pri­me­ro, por­que esto no haría sino ahon­dar aún más en las emi­sio­nes de CO2 a la atmós­fe­ra; segun­do, por­que a esto se le inclui­rían los daños en los eco­sis­te­mas terres­tres deri­va­dos del frac­king, entre ellos, con­ta­mi­na­ción de la tie­rra, del agua o inclu­so la pro­vo­ca­ción de peque­ños terre­mo­tos.

Ser­vi­cios públi­cos pri­va­ti­za­dos, lici­ta­cio­nes públi­cas. La izquier­da euro­pea aler­ta de que la entra­da en fun­cio­na­mien­to del Tra­ta­do de Libre Comer­cio con Esta­dos Uni­dos impli­ca­ría una ola de pri­va­ti­za­cio­nes en el sec­tor públi­co espe­cial­men­te en dos ámbi­tos: la ges­tión del agua y los sis­te­mas sani­ta­rios euro­peos.

En el pri­mer caso, la bata­lla está casi pér­di­da antes de comen­zar, pues­to que a lo lar­go y ancho de Euro­pa ya suce­de que empre­sas sobre todo fran­ce­sas ges­tio­nan los recur­sos hídri­cos de no pocos paí­ses euro­peos. El ries­go, sin embar­go, sería que, para per­mi­tir la entra­da de empre­sas esta­dou­ni­den­ses, los están­da­res rela­cio­na­dos con la cali­dad del agua o los pro­ce­sos para su ges­tión se reduz­can al equi­pa­rar­se con los de EE UU.

En cuan­to a los sis­te­mas sani­ta­rios, la preo­cu­pa­ción es mucho más hon­da. Reino Uni­do, por ejem­plo, ya ha escri­to a la UE pidien­do expli­ca­cio­nes sobre si su sis­te­ma nacio­nal de salud, públi­co, corre el ries­go de sufrir pri­va­ti­za­cio­nes. El jefe nego­cia­dor de la UE, Igna­cio Gar­cía Ber­ce­ro, tuvo que res­pon­der el año pasa­do por car­ta al gobierno de Lon­dres para tran­qui­li­zar­lo.

“Los gobier­nos euro­peos serán libres de man­te­ner y adop­tar medi­das de con­trol del acce­so al mer­ca­do de sus ser­vi­cios sani­ta­rios por par­te de empre­sas extran­je­ras”, ase­gu­ró Gar­cía Ber­ce­ro. Sin embar­go, la izquier­da euro­pea ve muy difí­cil que Euro­pa pue­da man­te­ner todas estas con­di­cio­nes en una nego­cia­ción con Esta­dos Uni­dos.

Dere­chos labo­ra­les y pro­tec­ción al con­su­mi­dor. Es otro de los temas cla­ves que rodean al TTIP: si el obje­ti­vo final del Tra­ta­do de Libre Comer­cio es reba­jar los cos­tes que en estos momen­tos afec­tan a las empre­sas esta­dou­ni­den­ses y euro­peas en su comer­cio con el otro lado del Atlán­ti­co, ¿no recla­ma­rá Esta­dos Uni­dos en las nego­cia­cio­nes que se reba­jen las medi­das de pro­tec­ción al con­su­mi­dor y, sobre todo, los dere­chos labo­ra­les que tie­nen los tra­ba­ja­do­res en Euro­pa?

De no ser así, si una empre­sa se implan­ta en algún Esta­do miem­bro de la UE aca­ba­ría tenien­do un mayor gas­to en este apar­ta­do del que tie­ne en Esta­dos Uni­dos, de modo que el pre­sun­to incen­ti­vo que la UE pre­ten­de que sea el TTIP des­apa­re­ce­ría, mucho más si, como argu­men­ta la patro­nal euro­pea, Busi­nes­sEu­ro­pe, el TTIP “no sólo sería útil para las gran­des cor­po­ra­cio­nes sino espe­cial­men­te para las Pyme, pues­to que las mul­ti­na­cio­na­les tie­nen capa­ci­dad para afron­tar esas dife­ren­cias de cos­te actual­men­te, pero no tan­to las Pyme”, según fuen­tes de la patro­nal.

Así que la izquier­da euro­pea ve un ele­va­do ries­go de que el TTIP supon­ga implan­tar prác­ti­cas, en cuan­to a la pro­tec­ción al con­su­mi­dor, de una reba­ja, por ejem­plo, en los requi­si­tos de eti­que­ta­do o el régi­men de san­cio­nes a las empre­sas; y en el ámbi­to labo­ral, como el des­pi­do libre o el fin de los con­ve­nios colec­ti­vos. ¿No es la direc­ción que des­de que comen­zó la cri­sis han ido toman­do en Euro­pa y a ins­tan­cias de la Troi­ka las refor­mas labo­ra­les impul­sa­das por los dife­ren­tes gobier­nos de dere­cha en la UE?

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