Para mis com­pa­ñe­ros de la Fede­ra­ción Estu­dian­til Uni­ver­si­ta­ria- Fidel Cas­tro

Fidel en la Universidad de La Habana, 3 de septiembre de 2010. Foto: Ismael FranciscoFidel en la Uni­ver­si­dad de La Haba­na, 3 de sep­tiem­bre de 2010. Foto: Ismael Fran­cis­co

Que­ri­dos com­pa­ñe­ros:

Des­de el año 2006, por cues­tio­nes de salud incom­pa­ti­bles con el tiem­po y el esfuer­zo nece­sa­rio para cum­plir un deber —que me impu­se a mí mis­mo cuan­do ingre­sé en esta Uni­ver­si­dad el 4 de sep­tiem­bre de 1945, hace 70 años — , renun­cié a mis car­gos.

No era hijo de obre­ro, ni caren­te de recur­sos mate­ria­les y socia­les para una exis­ten­cia rela­ti­va­men­te cómo­da; pue­do decir que esca­pé mila­gro­sa­men­te de la rique­za. Muchos años des­pués, el nor­te­ame­ri­cano más rico y sin duda muy capaz, con casi 100 mil millo­nes de dóla­res, decla­ró ―según publi­có una agen­cia de noti­cias el pasa­do jue­ves 22 de enero — , que el sis­te­ma de pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción pri­vi­le­gia­da de las rique­zas con­ver­ti­ría de gene­ra­ción en gene­ra­ción a los pobres en ricos.

Des­de los tiem­pos de la anti­gua Gre­cia, duran­te casi 3 mil años, los grie­gos, sin ir más lejos, fue­ron bri­llan­tes en casi todas las acti­vi­da­des: físi­ca, mate­má­ti­ca, filo­so­fía, arqui­tec­tu­ra, arte, cien­cia, polí­ti­ca, astro­no­mía y otras ramas del cono­ci­mien­to humano. Gre­cia, sin embar­go, era un terri­to­rio de escla­vos que rea­li­za­ban los más duros tra­ba­jos en cam­pos y ciu­da­des, mien­tras una oli­gar­quía se dedi­ca­ba a escri­bir y filo­so­far. La pri­me­ra uto­pía fue escri­ta pre­ci­sa­men­te por ellos.

Obser­ven bien las reali­da­des de este cono­ci­do, glo­ba­li­za­do y muy mal repar­ti­do pla­ne­ta Tie­rra, don­de se cono­ce cada recur­so vital depo­si­ta­do en vir­tud de fac­to­res his­tó­ri­cos: algu­nos con mucho menos de los que nece­si­tan; otros, con tan­tos que no hallan qué hacer con ellos. En medio aho­ra de gran­des ame­na­zas y peli­gros de gue­rras rei­na el caos en la dis­tri­bu­ción de los recur­sos finan­cie­ros y en el repar­to de la pro­duc­ción social. La pobla­ción del mun­do ha cre­ci­do, entre los años 1800 y 2015, de mil millo­nes a sie­te mil millo­nes de habi­tan­tes. ¿Podrán resol­ver­se de esta for­ma el incre­men­to de la pobla­ción en los pró­xi­mos 100 años y las nece­si­da­des de ali­men­to, salud, agua y vivien­da que ten­drá la pobla­ción mun­dial cual­quie­ra que fue­sen los avan­ces de la cien­cia?

Bien, pero dejan­do a un lado estos enig­má­ti­cos pro­ble­mas, admi­ra pen­sar que la Uni­ver­si­dad de La Haba­na, en los días en que yo ingre­sé a esta que­ri­da y pres­ti­gio­sa ins­ti­tu­ción, hace casi tres cuar­tos de siglo, era la úni­ca que había en Cuba.

Por cier­to, com­pa­ñe­ros estu­dian­tes y pro­fe­so­res, debe­mos recor­dar que no se tra­ta de una, sino que con­ta­mos hoy con más de cin­cuen­ta cen­tros de Edu­ca­ción Supe­rior repar­ti­dos en todo el país.

Cuan­do me invi­ta­ron uste­des a par­ti­ci­par en el lan­za­mien­to de la jor­na­da por el 70 aniver­sa­rio de mi ingre­so a la Uni­ver­si­dad, lo que supe sor­pre­si­va­men­te, y en días muy ata­rea­dos por diver­sos temas en los que tal vez pue­da ser toda­vía rela­ti­va­men­te útil, deci­dí des­can­sar dedi­cán­do­le algu­nas horas al recuer­do de aque­llos años.

Me abru­ma des­cu­brir que han pasa­do 70 años. En reali­dad, com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras, si matri­cu­la­ra de nue­vo a esa edad como algu­nos me pre­gun­tan, le res­pon­de­ría sin vaci­lar que sería en una carre­ra cien­tí­fi­ca. Al gra­duar­me, diría como Gua­ya­sa­mín: déjen­me una luce­ci­ta encen­di­da.

En aque­llos años, influi­do ya por Marx, logré com­pren­der más y mejor el extra­ño y com­ple­jo mun­do en que a todos nos ha corres­pon­di­do vivir. Pude pres­cin­dir de las ilu­sio­nes bur­gue­sas, cuyos ten­tácu­los logra­ron enre­dar a muchos estu­dian­tes cuan­do menos expe­rien­cia y más ardor poseían. El tema sería lar­go e inter­mi­na­ble.

Otro genio de la acción revo­lu­cio­na­ria, fun­da­dor del Par­ti­do Comu­nis­ta, fue Lenin. Por eso no vaci­lé un segun­do cuan­do en el jui­cio del Mon­ca­da, don­de me per­mi­tie­ron asis­tir, aun­que una sola vez, decla­ré ante jue­ces y dece­nas de altos ofi­cia­les batis­tia­nos que éra­mos lec­to­res de Lenin.

De Mao Zedong no habla­mos por­que toda­vía no había con­clui­do la Revo­lu­ción Socia­lis­ta en Chi­na, ins­pi­ra­da en idén­ti­cos pro­pó­si­tos.

Advier­to, sin embar­go, que las ideas revo­lu­cio­na­rias han de estar siem­pre en guar­dia a medi­da que la huma­ni­dad mul­ti­pli­que sus cono­ci­mien­tos.

La natu­ra­le­za nos ense­ña que pue­den haber trans­cu­rri­do dece­nas de miles de millo­nes de años luz y la vida en cual­quie­ra de sus mani­fes­ta­cio­nes está siem­pre suje­ta a las más increí­bles com­bi­na­cio­nes de mate­ria y radia­cio­nes.

El salu­do per­so­nal de los Pre­si­den­tes de Cuba y Esta­dos Uni­dos se pro­du­jo en el fune­ral de Nel­son Man­de­la, insig­ne y ejem­plar com­ba­tien­te con­tra el Apart­heid, quien tenía amis­tad con Oba­ma.

Bas­te seña­lar que ya en esa fecha, habían trans­cu­rri­do varios años des­de que las tro­pas cuba­nas derro­ta­ran de for­ma aplas­tan­te al ejér­ci­to racis­ta de Sudá­fri­ca, diri­gi­do por una bur­gue­sía rica y con enor­mes recur­sos eco­nó­mi­cos. Es la his­to­ria de una con­tien­da que está por escri­bir­se. Sudá­fri­ca, el gobierno con más recur­sos finan­cie­ros de ese con­ti­nen­te, poseía armas nuclea­res sumi­nis­tra­das por el Esta­do racis­ta de Israel, en vir­tud de un acuer­do entre este y el pre­si­den­te Ronald Reagan, quien lo auto­ri­zó a entre­gar los dis­po­si­ti­vos para el uso de tales armas con las cua­les gol­pear a las fuer­zas cuba­nas y ango­la­nas que defen­dían a la Repú­bli­ca Popu­lar de Ango­la con­tra la ocu­pa­ción de ese país por los racis­tas. De ese modo se excluía toda nego­cia­ción de paz mien­tras Ango­la era ata­ca­da por las fuer­zas del Apart­heid con el ejér­ci­to más entre­na­do y equi­pa­do del con­ti­nen­te afri­cano.

En tal situa­ción no había posi­bi­li­dad algu­na de una solu­ción pací­fi­ca. Los ince­san­tes esfuer­zos por liqui­dar a la Repú­bli­ca Popu­lar de Ango­la para desan­grar­la sis­te­má­ti­ca­men­te con el poder de aquel bien entre­na­do y equi­pa­do ejér­ci­to, fue lo que deter­mi­nó la deci­sión cuba­na de ases­tar un gol­pe con­tun­den­te con­tra los racis­tas en Cui­to Cua­na­va­le, anti­gua base de la OTAN, que Sudá­fri­ca tra­ta­ba de ocu­par a toda cos­ta.

Aquel pre­po­ten­te país fue obli­ga­do a nego­ciar un acuer­do de paz que puso fin a la ocu­pa­ción mili­tar de Ango­la y el fin del Apart­heid en Áfri­ca.

El con­ti­nen­te afri­cano que­dó libre de armas nuclea­res. Cuba tuvo que enfren­tar, por segun­da vez, el ries­go de un ata­que nuclear.

Las tro­pas inter­na­cio­na­lis­tas cuba­nas se reti­ra­ron con honor de Áfri­ca. Sobre­vino enton­ces el Perio­do Espe­cial en tiem­po de paz, que ha dura­do ya más de 20 años sin levan­tar ban­de­ra blan­ca, algo que no hici­mos ni hare­mos jamás.

Muchos ami­gos de Cuba cono­cen la ejem­plar con­duc­ta de nues­tro pue­blo, y a ellos les expli­co mi posi­ción esen­cial en bre­ves pala­bras.

No con­fío en la polí­ti­ca de Esta­dos Uni­dos ni he inter­cam­bia­do una pala­bra con ellos, sin que esto sig­ni­fi­que, ni mucho menos, un recha­zo a una solu­ción pací­fi­ca de los con­flic­tos o peli­gros de gue­rra. Defen­der la paz es un deber de todos. Cual­quier solu­ción pací­fi­ca y nego­cia­da a los pro­ble­mas entre Esta­dos Uni­dos y los pue­blos o cual­quier pue­blo de Amé­ri­ca Lati­na, que no impli­que la fuer­za o el empleo de la fuer­za, debe­rá ser tra­ta­da de acuer­do a los prin­ci­pios y nor­mas inter­na­cio­na­les. Defen­de­re­mos siem­pre la coope­ra­ción y la amis­tad con todos los pue­blos del mun­do y entre ellos los de nues­tros adver­sa­rios polí­ti­cos. Es lo que esta­mos recla­man­do para todos.

El Pre­si­den­te de Cuba ha dado los pasos per­ti­nen­tes de acuer­do a sus pre­rro­ga­ti­vas y las facul­ta­des que le con­ce­den la Asam­blea Nacio­nal y el Par­ti­do Comu­nis­ta de Cuba.

Los gra­ves peli­gros que ame­na­zan hoy a la huma­ni­dad ten­drían que ceder paso a nor­mas que fue­sen com­pa­ti­bles con la dig­ni­dad huma­na. De tales dere­chos no está exclui­do nin­gún país.

Con este espí­ri­tu he lucha­do y con­ti­nua­ré luchan­do has­ta el últi­mo alien­to.

Fidel Cas­tro Ruz
Enero 26 de 2015
12 y 35 p.m.

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