Tor­tu­ra­do­res, sober­bia e impu­ni­dad

Igor Meltxor

Igor Por­tu y Mar­tin Sara­so­la fue­ron dete­ni­dos al medio­día del domin­go día 6 de enero de 2008 en un supues­to con­trol de la Guar­dia Civil en Arra­sa­te (Gui­púz­coa). A las cua­tro de la madru­ga­da del día siguien­te, Por­tu fue ingre­sa­do en el Hos­pi­tal Donos­tia. Según la infor­ma­ción faci­li­ta­da por el pro­pio hos­pi­tal, lle­gó por su pro­pio pie, cons­cien­te, e infor­mó al per­so­nal sani­ta­rio que le aten­dió que había sido gol­pea­do con puños y pata­das en la cara, tórax y abdo­men.

El par­te médi­co pos­te­rior seña­la­ba que Por­tu pre­sen­ta­ba una cos­ti­lla rota, un derra­me pleu­ral, un impor­tan­te enfi­se­ma sub­cu­tá­neo, hin­cha­zón pro­du­ci­do por aire en el teji­do pul­mo­nar des­de la región cer­vi­cal has­ta la pel­vis, una hemo­rra­gia inter­na en el ojo izquier­do, y múl­ti­ples hema­to­mas, ero­sio­nes y abra­sio­nes en rodi­llas y tobi­llos.

En octu­bre de 2010 el caso por las tor­tu­ras a los dete­ni­dos lle­ga­ria a jui­cio.

SOBERBIA, MURMULLOS Y RISAS DE LOS TORTURADORES Y SUS COMPAÑEROS

El jui­cio con­tra los 15 guar­dias civi­les (octu­bre 2010) trans­cu­rrió en un cli­ma de ten­sión e inti­mi­da­ción por par­te de los guar­dias civi​les​.Media hora antes de que abrie­ra las puer­tas el tri­bu­nal (una hora antes del jui­cio), había ya poli­cías de pai­sano sufi­cien­tes para copar los 78 asien­tos libres de la sala.
La entra­da se pro­du­jo a trom­pi­co­nes, entre coda­zos, toca­mien­tos e insul­tos. Al final, la Audien­cia se lle­nó con guar­dias civi­les y sólo un puña­do de fami­lia­res. Duran­te el jui­cio, los pri­me­ros se com­por­ta­ron con sober­bia: mur­mu­llos, risas, etc. El juez reali­zó adver­ten­cias y ame­na­zó con expul­sar a todos.
Los asien­tos des­ti­na­dos al públi­co en la sala de vis­tas los ocu­pa­ron los agen­tes de pai­sano des­pla­za­dos expre­sa­men­te a la Audien­cia, que pre­via­men­te tra­ta­ron de impe­dir el acce­so a los fami­lia­res, blo­quean­do la puer­ta. Se pro­du­je­ron coda­zos y empu­jo­nes. Una mujer de Bera, de 73 años, aca­bó en el sue­lo. Etxe­rat denun­ció en un comu­ni­ca­do que se habían pro­du­ci­do «gol­pes, insul­tos y toca­mien­tos sexua­les».
Ade­más, ase­gu­ra­ron que no todos los guar­dias pasa­ron por el detec­tor y que algu­nos de ellos se encon­tra­ban arma­dos. La mujer que cayó al sue­lo y com­pa­ñe­ras suyas remi­tie­ron una que­ja por escri­to al juz­ga­do y acu­sa­ron «de pasi­vi­dad» a los ertzai­nas que se encon­tra­ban en el edi­fi­cio.

RELATO DE TORTURAS

Igor Por­tu con­tó cómo lo lle­va­ron entre insul­tos has­ta un río «que cubri­ría has­ta la rodi­lla», que allí fue­ron los gol­pes más fuer­tes y siem­pre mien­tras le pre­gun­ta­ban y le reque­rían infor­ma­ción. «¿Quién te reclu­tó? ¿Quién más está en el tal­de?…».
Mal­tra­to e inte­rro­ga­to­rio iban uni­dos.
En su tes­ti­mo­nio, al igual que en el pos­te­rior de Sara­so­la, el infierno se des­ata ya des­de el momen­to en que los mon­tan en el coche poli­cial, espo­sa­dos con las manos a la espal­da. «Me acuer­do del copi­lo­to. Se vol­vía y me gol­pea­ba sobre todo en la cara y en la cabe­za con la mano y con el puño». Los «cache­tes», los gol­pes, los insul­tos («Putari de mier­da. Los jefes están muy bien en Fran­cia, voso­tros sois unos prin­ga­dos») y las pre­gun­tas fue­ron cons­tan­tes.
Ese pri­mer via­je en coche dura­ría poco. Para­ron en una pis­ta fores­tal.
Pri­me­ro lle­gó Sara­so­la. «Al bajar me ponen una pipa en la sien. Me dicen que me van a matar, que me van a matar como a Zabal­za», decla­ró ante el juez Iña­ki Subija­na el joven lesa­ka­rra. Sara­so­la no pre­ci­só con exac­ti­tud cuán­to tiem­po pudie­ron durar las tor­tu­ras des­de que aban­do­na­ran el camino y baja­ran por una cues­ta has­ta una espe­cie de pinar.
El tes­ti­mo­nio de Sara­so­la coin­ci­de con el de su vecino: «Vi cómo le subían y me baja­ron por el mis­mo sitio». A Por­tu le lle­va­ron has­ta un peque­ño río. Según su tes­ti­mo­nio, le sumer­gie­ron la cabe­za en el agua entre tres o cua­tro veces. «Me pre­gun­ta­ron si tenía bue­na apnea. Me cogie­ron por los tobi­llos, me levan­ta­ron las pier­nas y otro me hun­día la cabe­za», seña­ló Por­tu, que ase­gu­ró que cayó al sue­lo y reci­bió «pata­das por todo el cuer­po».
Del mon­te se los lle­va­ron a Intxau­rron­do. «Bueno, eso es lo que dije­ron.
Yo no veía nada», apun­tó Sara­so­la. En cual­quier caso, las decla­ra­cio­nes sobre lo ocu­rri­do en depen­den­cias poli­cia­les tam­bién resul­ta coin­ci­den­te en ambos rela­tos. Los dos dicen haber sido intro­du­ci­dos en un cala­bo­zo, haber pasa­do a manos de agen­tes de pai­sano y que les tapa­ron la cabe­za. Sara­so­la ase­gu­ró que lo cubrie­ron con una man­ta y que lo gol­pea­ron duran­te horas. «Se mar­cha­ban para lue­go vol­ver y seguir dán­do­me», afir­mó.
A dife­ren­cia de Por­tu, Sara­so­la no se atre­vió a rela­tar estos hechos al foren­se. Ase­gu­ró que le habían ame­na­za­do con ir a por su her­mano, que era el due­ño de la fur­go­ne­ta con la que se había tras­la­da­do a Arra­sa­te.
Su denun­cia por tor­tu­ras no lle­ga­ría has­ta que estu­vo fren­te al juez de la Audien­cia Nacio­nal, cuan­do supo que no vol­ve­ría «con los mis­mos agen­tes».
Los dos jóve­nes de Lesa­ka fue­ron aten­di­dos por el foren­se del Juz­ga­do de Guar­dia de Donos­tia y ahí sus cami­nos se sepa­ra­ron. Por­tu aca­ba­ría en la UCI del hos­pi­tal con tres cos­ti­llas rotas. Su com­pa­ñe­ro sería tras­la­do a Madrid. Sara­so­la deta­lló más epi­so­dios de tor­tu­ra duran­te el via­je y en las depen­den­cias poli­cia­les madri­le­ñas.

ENTRA EN ESCENA EL DOCTOR QUE AFIRMÓ QUE UNAI ROMANO SE AUTOLESIONÓ

Duran­te el jucio se pro­du­jo una dis­cu­sión entre peri­tos con un pun­to casi gene­ra­cio­nal. Fren­te a Resi­nes (el doc­tor que sos­tu­vo que Unai Romano se auto­le­sio­nó con una puer­ta) y el cate­drá­ti­co Villa­nue­va, de 71 años, se encon­tra­ban los fun­cio­na­rios del tri­bu­nal donos­tia­rra, diri­gi­dos por el pro­fe­sor David del Valle. El deba­te lle­gó a tal nivel de disen­sión que, en un momen­to dado, los peri­tos donos­tia­rras des­ta­ca­ron que la cien­cia había evo­lu­cio­na­do enor­me­men­te des­de que Villa­nue­va no ejer­ce. Ade­más, Resi­nes se des­acre­di­tó a sí mis­mo con una chu­les­ca y poco téc­ni­ca inter­ven­ción (lle­gó a decir que a Por­tu se le debe­rían de haber que­da­do los tes­tícu­los como «beren­je­nas»).

INTIMIDACIÓN A TESTIGOS

En pri­mer lugar, median­te el inti­mi­da­to­rio ambien­te de la sala. Cada des­liz de los tes­ti­gos reci­bió un apo­yo por par­te de las dece­nas de agen­tes, inclui­dos altos man­dos, que domi­na­ron la sala de audien­cias des­de el pri­mer día. «Han traí­do al más ton­to», se susu­rra­ban unos a otros, mien­tras expo­nía su tes­ti­mo­nio el úni­co tes­ti­go pre­sen­cial de la deten­ción, Isi­dro Rope­ro, cuyo ner­vio­sis­mo aumen­ta­ba a ojos vis­ta.
Los abo­ga­dos de la defen­sa le pre­sio­na­ron para que con­fe­sa­ra que sabía de lo del paque­te envuel­to en celo­fán, lo leyó en GARA. Pero él no lle­gó a des­de­cir­se. A tra­vés de este perió­di­co, Rope­ro supo que el paque­te con­te­nía unas pis­to­las. Él, en un pri­mer momen­to, pen­só que se tra­ta­ba de hachís. Pese a todo, su tes­ti­mo­nio incu­rrió en algu­nas con­tra­dic­cio­nes, que Agui­lar y Cho­clán apro­ve­cha­ron para pre­sio­nar al pre­si­den­te de la Audien­cia Pro­vin­cial, ins­tán­do­le públi­ca­men­te para que ini­cia­ra un pro­ce­di­mien­to con­tra él por fal­so tes­ti­mo­nio a fin de des­acre­di­tar por com­ple­to al úni­co tes­ti­go visual de la deten­ción de los de Lesa­ka.
El inten­so ambien­te de la sala tam­bién caló en Paki­ta Etxe­goien. Esta ATS aten­dió a Por­tu en el hos­pi­tal. Al reco­ger la ropa del dete­ni­do, encon­tró sus cal­ce­ti­nes extre­ma­da­men­te húmeos, lo que le lla­mó pode­ro­sa­men­te la aten­ción. Pre­gun­tó, enton­ces, a Por­tu el moti­vo por el cuál esta­ban tan moja­dos. Él con­tes­tó: «Erre­kan sar­tu nau­te». «¿Por que diri­gió a él en eus­ka­ra?», pre­gun­ta­ron los defen­so­res. «Es mi len­gua», res­pon­dió Etxe­goien. Los agen­tes de entre el públi­co rie­ron, lo que aumen­tó la indig­na­ción del juez. La defen­sa insi­nuó que su decla­ra­ción esta­ba pac­ta­da.

Penas de cár­cel para cua­tro guar­dias civi­les por tor­tu­rar a Por­tu y Sara­so­la (30.12.2010)

La Audien­cia de Gipuz­koa con­de­nó a cua­tro guar­dias civi­les por un deli­to de tor­tu­ras a Mat­tin Sara­so­la e Igor Por­tu, aun­que les impo­nía con­de­nas míni­mas para estos casos ‑Por­tu estu­vo ingre­sa­do en la UCI al correr ries­go su vida-. La reali­dad de los hechos habia sido fija­da en reso­lu­ción judi­cial. Nega­ba cre­di­bi­li­dad, por tan­to, a la ver­sión ofi­cial que había veni­do defen­dien­do el Minis­te­rio del Inte­rior de Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba des­de enero de 2008.

En con­cre­to, seña­la al sar­gen­to Juan Jesús Casas Gar­cía como autor de un deli­to de tor­tu­ras gra­ves y de lesio­nes, por los que le impo­ne cua­tro años y medio de pri­sión; al guar­dia civil José Manuel Esca­mi­lla, a dos años y medio de pri­sión por tor­tu­ras gra­ves y lesio­nes; y a los agen­tes Ser­gio Gar­cíaSer­gio Mar­tí­nez, a dos años de pri­sión y ocho días de loca­li­za­ción per­ma­nen­te. A los cua­tro, ade­más, les impo­ne la inha­bi­li­ta­ción abso­lu­ta para ocho años, y a la Guar­dia Civil y la Poli­cía espa­ño­la, por res­pon­sa­bi­li­dad civil sub­si­dia­ria, al pago de 18.000 euros a Igor Por­tu y 6.000 euros a Mat­tin Sara­so­la «por el daño físi­co y psí­qui­co cau­sa­do» a ambos.
A su vez, absuel­ve a los otros once guar­dias civi­les impu­tados en la cau­sa ins­trui­da en Donos­tia y cuya sen­ten­cia, emi­ti­da ayer, toda­vía no es fime y podrá ser recu­rri­da ante el Tri­bu­nal Supre­mo.

El Supre­mo nie­ga las tor­tu­ras a Por­tu y Sara­so­la y absuel­ve a los cua­tro guar­dias civi­les (16.11.2011)

El Tri­bu­nal Supre­mo espa­ñol lle­gó a cri­ti­car al juez Iña­ki Subija­na por dar más cre­di­bi­li­dad a los foren­ses de la Audien­cia Pro­vin­cial de Gipuz­koa que a los peri­tos de par­te, entre los que se encon­tra­ba el foren­se que dijo que Unai Romano se auto­le­sio­nó con una puer­ta. El TS afir­ma los tes­ti­mo­nios de Igor Por­tu y Mat­tin Sara­so­la son una inven­ción, una «kan­ta­da» [sic], y ETA se encar­gó de encon­trar tes­ti­gos que corro­bo­ra­sen su ver­sión.

Resul­ta sig­ni­fi­ca­ti­vo el argu­men­to emplea­do para tum­bar las afir­ma­cio­nes de la tes­ti­go auxi­liar de enfer­me­ría. Ella con­tó en el jui­cio que, al ver a Por­tu, le pre­gun­tó qué le había ocu­rri­do, dado que obser­vó que sus cal­ce­ti­nes esta­ban moja­dos. Él le dijo: «Erre­kan sar­tu nau­te» (Me han meti­do en el río). Los jue­ces con­clu­yen que un cal­ce­tín no pue­de man­te­ner­se moja­dos duran­te unas 16 horas y, de hecho, pro­po­nen que Por­tu pudo haber entra­do a un baño y mojár­se­los adre­de para corro­bo­rar su «kan­ta­da». El Supre­mo obvia en su con­clu­sión que un cal­ce­tín moja­do, den­tro de una bota moja­da, tar­da en secar­se ese tiem­po o más.
Más allá de todo eso, el hecho de que la auxi­liar con­tac­ta­ra con la madre de Por­tu le pare­ce al tri­bu­nal muy sos­pe­cho­so, al igual que con­si­de­ra sos­pe­cho­so que el alcal­de de Ara­maio fue­ra de ANV o que el tes­ti­go ocu­lar de la deten­ción tuvie­ra un cuña­do pre­so. En cuan­to al alcal­de de Ara­maio, el Supre­mo men­cio­na que, en su día, se le impu­tó per­te­nen­cia a ETA, aun­que aña­de des­pués que fue absuel­to.

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