Del des­po­jo al saqueo- Iña­ki Egaña

La recien­te ope­ra­ción de la Guar­dia Civil a tra­vés de la Audien­cia Nacio­nal con­tra abo­ga­dos vas­cos ha deja­do en la reti­na la ima­gen de la incau­ta­ción de una impor­tan­te can­ti­dad de dine­ro pro­ce­den­te de la mani­fes­ta­ción a favor del fin de la dis­per­sión con­vo­ca­da en Bil­bao por Sare este pasa­do 10 de enero.

Horas des­pués de las deten­cio­nes y de la entra­da en la sede de LAB, la agen­cia Euro­pa Press envia­ba un comu­ni­ca­do a sus clien­tes seña­lan­do que el dine­ro incau­ta­do en el local del sin­di­ca­to ascen­día, en «mone­das y bille­tes peque­ños», a 90.000 euros. Si sor­pren­día la alu­sión al tama­ño de los bille­tes, en todo caso están­da­res, no tan­to la refe­ren­cia al ori­gen de la noti­cia, «fuen­tes de la lucha anti­te­rro­ris­ta». Bajo el para­guas de una fuen­te tan inde­fi­ni­da y sin iden­ti­fi­car como la lan­za­da por Euro­pa Press, y la poca cre­di­bi­li­dad en otras oca­sio­nes de la mis­ma, la can­ti­dad requi­sa­da bien pudie­ra ser otra.

Des­po­jos, saqueos, incau­ta­cio­nes, inclu­so robos denun­cia­dos en juz­ga­dos, han sido par­te de la his­to­ria recien­te de la intro­mi­sión de mili­tar y poli­cial en la vida coti­dia­na. Con 40.000 deten­cio­nes en 50 años, según el Gobierno vas­co (al menos 22.500 según Eus­kal Memo­ria), las inci­den­cias en este terreno han sido numerosas.

Cada deten­ción y alla­na­mien­to ha sido com­par­ti­do con la incau­ta­ción de nume­ro­so mate­rial, des­de libros, dis­cos, ropa, orde­na­do­res, repro­duc­to­res de soni­do, telé­fo­nos… has­ta sumas de dine­ro, más o menos con­si­de­ra­bles. Biblio­te­cas, archi­vos y fon­dos de nume­ro­sas orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas y sin­di­ca­les se encuen­tran en la actua­li­dad depo­si­ta­dos en depen­den­cias poli­cia­les y judi­cia­les, cuan­do no han sido des­trui­dos, siguien­do la este­la pre­ci­sa­men­te de la pri­me­ra incau­ta­ción a orga­ni­za­cio­nes repu­bli­ca­nas que se hizo en Bil­bao en 1937 y sir­vió para la crea­ción, duran­te el fran­quis­mo, del Archi­vo de la Gue­rra Civil de Salamanca.

La cos­tum­bre del des­po­jo y del saqueo tie­ne tam­bién raí­ces en el pasa­do más cer­cano. Muchas de las joyas y obras de arte roba­das a los per­de­do­res de la gue­rra civil han reapa­re­ci­do en museos públi­cos, vivien­das pri­va­das, inclu­so en subas­tas públi­cas recien­tes. La sucur­sal de un ban­co ubi­ca­do en la Pla­za del Cas­ti­llo de Iru­ñea guar­dó en sus cajas de segu­ri­dad duran­te déca­das par­te del pro­duc­to de aquel expolio.

Ya hace años, Teles­fo­ro Mon­zon, el que fue­ra dipu­tado en las Cor­tes madri­le­ñas tan­to duran­te la Segun­da Repú­bli­ca como en la Tran­si­ción, se que­dó hela­do al obser­var por tele­vi­sión, des­de su exi­lio en Doni­ba­ne Lohi­zu­ne, nume­ro­sos obje­tos de su vivien­da de Ber­ga­ra fue­ra de con­tex­to. Cua­dros, vaji­lla, mue­bles… de la torre Ola­so de Ber­ga­ra apa­re­cían en el Pazo de Mei­rás, resi­den­cia vera­nie­ga del dic­ta­dor Franco.

Si el saqueo de las pro­pie­da­des de Mon­zón tuvo un fin orna­men­tal, en otras oca­sio­nes los robos fue­ron cata­lo­ga­dos como «tro­feos de gue­rra». Esta obse­sión ha esta­do pre­sen­te en mul­ti­tud de alla­na­mien­tos, inclu­so recien­te­men­te denun­cia­dos des­de las pági­nas de Gara (con rela­ción al aban­dono del cuar­tel de la Poli­cía Nacio­nal de Alda­pe­ta, en Donostia).

Hace aho­ra 30 años, Jose­ba Elo­se­gi sus­tra­jo una iku­rri­ña exhi­bi­da en el Museo del Ejér­ci­to de Madrid como «ban­de­ra cap­tu­ra­da al enemi­go». Se abrie­ron dili­gen­cias y, por cier­to, Euro­pa Press anun­ció que la iku­rri­ña reapa­re­ce­ría en el Guda­ri Egu­na, hecho que no ocu­rrió. Elo­se­gi se defen­dió y dijo: «he recu­pe­ra­do algo que nos fue robado».

Los tro­feos de gue­rra sin embar­go, han sido la par­te ico­no­grá­fi­ca del des­po­jo, la que ha acom­pa­ña­do a otra más efec­ti­va, la mate­rial. Esta últi­ma con dos varian­tes, las ava­la­das por los tri­bu­na­les y las intan­gi­bles, esas mis­te­rio­sas des­apa­ri­cio­nes en regis­tros y deten­cio­nes que jamás apa­re­cen en los infor­mes de los secre­ta­rios judi­cia­les, cuan­do los hay.

Entre las pri­me­ras, las sopor­ta­das por la ley, la lis­ta es inter­mi­na­ble. Des­de la incau­ta­ción («robo» según los pas­qui­nes dis­tri­bui­dos en Tolo­sa) del coche del cura Lukas Dorron­so­ro por no pagar una mul­ta de 2.500 pese­tas, has­ta el impa­go a Herri Bata­su­na de las sub­ven­cio­nes que le corres­pon­dían por sus resul­ta­dos electorales.

Has­ta en cin­co oca­sio­nes dic­ta­mi­nó el Tri­bu­nal Supre­mo espa­ñol que la deu­da del Esta­do con Herri Bata­su­na era ile­gal y anti­cons­ti­tu­cio­nal (cer­ca­na a dos millo­nes de euros). Final­men­te, cuan­do Herri Bata­su­na fue ile­ga­li­za­da, el Gobierno de Rodrí­guez Zapa­te­ro deci­dió dis­tri­buir­la entre las lla­ma­das «vic­ti­mas del terro­ris­mo», y la BBK y Kutxa, por impa­gos en prés­ta­mos moro­sos. Aquel repar­to tuvo su lado oscu­ro. Simul­tá­nea­men­te, BBK con­do­na­ba una deu­da de 21 millo­nes de euros al PSOE, de una que lle­va­ba arras­tran­do 18 años.

Los des­po­jos y saqueos intan­gi­bles son aque­llos de los que no que­da cons­tan­cia. Hay una máxi­ma en todos los alla­na­mien­tos poli­cia­les y mili­ta­res. Todas aque­llas can­ti­da­des encon­tra­das en efec­ti­vo son incau­ta­das sis­te­má­ti­ca­men­te. LAB denun­ció la des­apa­ri­ción de 1.800 euros duran­te el regis­tro recien­te de su sede por par­te de la Guar­dia Civil. Dece­nas de dete­ni­dos les han pre­ce­di­do en sus denuncias.

En 1999, duran­te la deten­ción de Mikel Egi­bar, una juez de la Audien­cia Nacio­nal dic­tó una orden de regis­tro con­tra dos sedes de Herri Bata­su­na en Donos­tia por par­te de miem­bros de la Guar­dia Civil quie­nes, de inme­dia­to, pro­ce­die­ron a su ocu­pa­ción y saqueo. Herri Bata­su­na denun­ció la des­apa­ri­ción de 18 orde­na­do­res y diver­sas can­ti­da­des de dine­ro. El juez Bal­ta­sar Gar­zón orde­nó la devo­lu­ción de los orde­na­do­res. Del res­to no hubo noticias.

Tres años más tar­de, en 2002, la Poli­cía de Adua­nas fran­ce­sa detu­vo en Valen­cien­nes a dos mili­tan­tes de Bata­su­na, Jon Gorrotxa­te­gi y Mikel Cor­cue­ra, pro­ce­den­tes de Bru­se­las, don­de habían com­par­ti­do reunio­nes con el enton­ces euro­dipu­tado Kol­do Goros­tia­ga. Les incau­ta­ron 200.000 euros de la ofi­ci­na de Bata­su­na de Bru­se­las. La jue­za fran­ce­sa Levert abrió una inves­ti­ga­ción que cin­co años más tar­de, en 2007, se la pisó el espa­ñol Gar­zón. Al día de hoy, la can­ti­dad no ha sido devuel­ta a sus pro­pie­ta­rios y las dudas sobre su des­tino, tras el rifi-rafe entre Levert y Gar­zón, siguen abiertas.

Mili­tan­tes de ETA denun­cia­ron la des­apa­ri­ción de impor­tan­tes can­ti­da­des de dine­ro en el momen­to de su cap­tu­ra. Por razo­nes obvias, nadie pre­sen­tó deman­das judi­cia­les, pero en algu­nos infor­mes se des­li­za­ban las des­apa­ri­cio­nes. El caso más noto­rio fue el del secues­tro de Emi­liano Revi­lla, en 1988. Des­pués de nego­ciar el res­ca­te entre la fami­lia y la direc­ción de ETA, un inter­me­dia­rio depo­si­tó 750 millo­nes de pese­tas en un coche en Baio­na. Días des­pués, la PAF dete­nía a Félix Pérez Alon­so cuan­do iba a reti­rar el dinero.

La PAF reali­zó su infor­me per­ti­nen­te, en el que se hacía eco de la incau­ta­ción de los 750 millo­nes y su empa­que­ta­mien­to. En París, el juez Michael Legrand reci­bió días des­pués el car­ga­men­to y los docu­men­tos pre­cep­ti­vos. Fal­ta­ban 25 millo­nes. Inves­ti­ga­cio­nes perio­dís­ti­cas apun­ta­ron a la direc­ción de la PAF.

De todas estas infor­ma­cio­nes, la que ha per­ma­ne­ci­do como icono en la memo­ria colec­ti­va ha sido la del saqueo de esta­ble­ci­mien­tos en Ore­re­ta. Gra­cias a una míti­ca foto­gra­fía, una comi­sión popu­lar pudo iden­ti­fi­car a una com­pa­ñía de poli­cía pro­ce­den­te de Miran­da de Ebro que acu­dió a Erren­te­ria en el verano de 1978, para repri­mir las pro­tes­tas por las muer­tes de Ger­mán Rodrí­guez en Iru­ñea y Jose­ba Baran­dia­ran en Donostia.

El capi­tán José Luis Fari­zo Mar­tín man­da­ba aque­lla com­pa­ñía. Cuan­do las imá­ge­nes del saqueo die­ron la vuel­ta al mun­do, Fari­zo aban­do­nó la enton­ces Poli­cía Arma­da, rein­te­grán­do­se al Ejér­ci­to que lo des­ta­có en Tarra­go­na. Era vete­rano del Saha­ra y, des­pués del robo de la com­pa­ñía que man­da­ba, ascen­dió a coro­nel y se espe­cia­li­zó en con­tra­gue­rri­lla, en los Piri­neos. Murió en Zara­go­za en 2011 con un currícu­lo «inta­cha­ble».

En Ore­re­ta, los poli­cías rom­pie­ron los esca­pa­ra­tes de nume­ro­sos esta­ble­ci­mien­tos, en una actua­ción cali­fi­ca­da como bár­ba­ra, roban­do radios, relo­jes y…pasteles. Aun­que la ima­gen fue una, los esta­ble­ci­mien­tos afec­ta­dos fue­ron más de cin­cuen­ta. Has­ta El País se hizo eco de los actos van­dá­li­cos aña­dien­do que en un por­tal de la calle Ara­lar «los miem­bros de la fuer­za públi­ca defe­ca­ron y ori­na­ron repetidamente».

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