Ocu­pa­ción- Iña­ki Ega­ña

Habi­ta­mos en un terri­to­rio sal­pi­ca­do de cuar­te­les, gari­tas y, por si fue­ra poco, alam­bra­do con cien­tos de con­tro­les poli­cia­les que enla­tan nues­tras carre­te­ras en una red de vasos comu­ni­can­tes que demues­tran el Prin­ci­pio de Pas­cal. Por si fue­ra poco, las vie­jas figu­ras de virre­yes, gober­na­do­res, corre­gi­do­res y pre­bos­tes, esos que se que­da­ban con el mayor boca­do de la balle­na para el monar­ca cas­te­llano, siguen vigen­tes, reedi­ta­das en nom­bres eufe­mís­ti­cos acor­des con la leve­dad del len­gua­je.

Ten­go la impre­sión de que los pai­sa­nos nos hemos acos­tum­bra­do a esta atmós­fe­ra mili­tar en un entorno civil, a los des­fi­les legio­na­rios por nues­tros mon­tes como si se tra­ta­ran de la sel­va lacan­do­na o las jun­glas colom­bia­nas, a los pin­chos en una cur­va de la auto­pis­ta o a la que­re­lla sema­nal del dele­ga­do del Gobierno que aún no ha des­cu­bier­to el efec­to de los ansio­lí­ti­cos.
Cada vez que acom­pa­ña­mos a veci­nos o turis­tas, sin embar­go, la coti­dia­nei­dad la nota­mos excep­ción. Por­que en reali­dad se tra­ta de eso. Vivi­mos en un esta­do de excep­ción per­ma­nen­te al que la lon­ge­vi­dad del mis­mo nos ha hecho creer que es habi­tual. Algo así como el «Show de Tru­man», una vida, la nues­tra, en direc­to, para rego­ci­jo de quie­nes se ali­men­tan, fun­da­men­tal­men­te en Espa­ña, de asal­tos, robos, pre­sio­nes y ocu­pa­cio­nes manu mili­ta­ri de este terri­to­rio.

Ya tuve esta pri­me­ra impre­sión hace unas pocas déca­das, en la de 1980, cuan­do el CEDRI (Comi­té de Encues­ta sobre las Vio­la­cio­nes de los Dere­chos Huma­nos en Euro­pa), reali­zó un infor­me sobre Eus­kal Herria. El CEDRI abor­dó cues­tio­nes gene­ra­les y entre sus com­po­nen­tes se encon­tra­ban abo­ga­dos y toga­dos para nada sos­pe­cho­sos de velei­da­des revo­lu­cio­na­rias. Entre ellos recuer­do a Juan Alber­to Belloch, hoy alcal­de de Zara­go­za y en 1994 minis­tro de Jus­ti­cia e Inte­rior del Rei­no de Espa­ña.

Enton­ces, uno de los infor­mes del CEDRI decía tex­tual­men­te: «Las ope­ra­cio­nes de las UAR some­ten a la pobla­ción a un esta­do de con­trol per­ma­nen­te. En Eibar, Goi­zue­ta, Etxa­rri-Ara­naz, Ren­te­ría, etc. estas ope­ra­cio­nes han toma­do la dimen­sión de una ver­da­de­ra gue­rra colo­nial». Hoy, las UAR (Uni­dad de Acción Rural) de la Guar­dia Civil tie­nen a las GAR (Gru­pos de Acción Rápi­da) como equi­po de inter­ven­ción. Ubi­ca­das, no es casua­li­dad, en Logro­ño.

He teni­do varios deba­tes en los últi­mos años a cuen­ta de la repre­sión en tiem­pos fran­quis­tas y su con­ti­nui­dad en tiem­pos moder­nos, es decir, has­ta el pre­sen­te. Y lo he teni­do por­que hay un sec­tor de la izquier­da espa­ño­la que ase­gu­ra que a los vas­cos nos gus­ta ejer­cer de víc­ti­mas y que mien­tras el dic­ta­dor estu­vo en vida, la dure­za repre­si­va fue del mis­mo pelo en Gra­na­da, Bil­bao, Lega­nés, Ordi­zia o Utre­ra. No lo creo y no por­que ten­ga pre­di­lec­ción por cons­ta­tar más o menos palos.

Varios años des­pués de la gue­rra civil, el INE (Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Esta­dís­ti­ca espa­ñol) dio a cono­cer el cen­so de 1940, siguien­do las pau­tas ini­cia­das a prin­ci­pios del siglo XX de rea­li­zar un regis­tro al comien­zo de cada déca­da. Fue un cen­so, según el gober­na­dor civil de Gipuz­koa que pidió la cola­bo­ra­ción ciu­da­da­na, “exclu­si­va­men­te poli­cial”. Entre las cifras que se ofre­cían, exis­tía un apar­ta­do dedi­ca­do a las pro­fe­sio­nes. En total se con­ta­bi­li­za­ban has­ta 128 pro­fe­sio­nes, de las que una de ellas corres­pon­día al ape­la­ti­vo “pre­so”. Sin cono­cer todos los cri­te­rios uti­li­za­dos para la encues­ta, se pue­de decir que, al menos ofi­cial­men­te, 8.695 ciu­da­da­nos se encon­tra­ban encar­ce­la­dos en pri­sio­nes de Eus­kal Herria en la épo­ca en la que se reali­zó la encues­ta.

En las 128 pro­fe­sio­nes que se citan en el estu­dio del INE hay dos apar­ta­dos para poli­cías y guar­dia civi­les el uno, y mili­ta­res, el otro. Las cifras son sig­ni­fi­ca­ti­vas. Tre­men­da­men­te sig­ni­fi­ca­ti­vas. De estas cifras des­ta­can varios datos. El pri­me­ro, la fuer­te pre­sen­cia poli­cial y mili­tar: el 1,63% de la pobla­ción de 1940 en terri­to­rio vas­co eran mili­ta­res o fuer­zas poli­cia­les mili­ta­ri­za­das. Una cifra sin com­pa­ra­ción posi­ble inclu­so entre otras pro­fe­sio­nes: sólo los base­rri­ta­rras eran, en núme­ros abso­lu­tos, más que los miem­bros del Ejér­ci­to.

El segun­do dato es de la con­cen­tra­ción. En tér­mi­nos abso­lu­tos, la mayor con­cen­tra­ción mili­tar se dio en Nava­rra, y en rela­ti­vos en Ála­va, pro­vin­cias que estu­vie­ron, por otro lado, jun­to a los suble­va­dos. En tér­mi­nos tan­to abso­lu­tos como rela­ti­vos, era Biz­kaia el terri­to­rio menos copa­do por la auto­ri­dad mili­tar, como si los refuer­zos para su con­trol estu­vie­ran (de hecho lo esta­ban) acan­to­na­dos en sus lími­tes. Tan­to Logro­ño como Bur­gos tenían sus cuar­te­les reple­tos de mili­ta­res y guar­dia civi­les (como en el siglo XXI), dis­pues­tos a inter­ve­nir en terri­to­rio vas­co.

Sal­ta­mos a 2015 y la situa­ción no ha varia­do mucho. Leía hace unos días a Robert Fisk, a cuen­ta de los aten­ta­dos yiha­dis­tas en París, seña­lan­do que para com­pren­der el pre­sen­te hay que repa­sar el pasa­do cer­cano («Arge­lia agre­ga con­tex­to al ata­que con­tra Char­lie Heb­do»). «Nada en abso­lu­to ocu­rre sin un pasa­do», decía Fisk. Y en el caso de la ocu­pa­ción de nues­tra tie­rra, la rotun­da afir­ma­ción del perio­dis­ta bri­tá­ni­co me pare­ce de lo más acer­ta­da.

Estos días hemos cono­ci­do, a cuen­ta del revue­lo pari­sino, que la Unión Euro­pea tie­ne una media de 388 poli­cías por cada 100.000 habi­tan­tes. Una cifra ele­va­da a pesar de que deja fue­ra a un sec­tor pujan­te, el de la segu­ri­dad pri­va­da y a los agen­tes muni­ci­pa­les. Sin que­rer fri­vo­li­zar, según los padres de Schen­gen una can­ti­dad correc­ta, ade­cua­da.

Ingla­te­rra, país metro­po­li­tano, a medias entre el pro­yec­to común euro­peo, no tan­to en el mone­ta­rio, tie­ne una cifra menor de poli­cías: 260 por cada 100.000 habi­tan­tes. Fran­cia, en cam­bio, entre PAF, Gen­dar­me­ría, CRS… se acer­ca a la media euro­pea, de hecho es el para­dig­ma de la mis­ma: 390 poli­cías.

Gre­cia, a pun­to de un cam­bio his­tó­ri­co en su Gobierno, tie­ne 453 poli­cías, Por­tu­gal 462 y Tur­quía, en gue­rra con­tra kur­dos y con un sis­te­ma que habi­tual­men­te se uti­li­za como refe­ren­cia para citar a corrup­tos, mili­ta­res y demás, 484. Espa­ña tie­ne 505 poli­cías por cada 100.000 habi­tan­tes, Koso­vo 566 y Chi­pre 671, el más alto de Euro­pa entre los esta­dos admi­ti­dos por Nacio­nes Uni­das. Como recor­da­mos, la isla está ocu­pa­da en par­te por Tur­quía e Ingla­te­rra tie­ne dos encla­ves estra­té­gi­cos. Siria, en gue­rra, se encuen­tra ape­nas a 120 kiló­me­tros de Chi­pre. No sé si hay razo­nes obje­ti­vas para que Chi­pre ten­ga seme­jan­te pro­por­ción poli­cial, pero sí al menos encuen­tro una lógi­ca en el núme­ro.

Fue­ra de todo con­tex­to béli­co, sin embar­go, se encuen­tra Hego Eus­kal Herria, con una mar­ca que rom­pe todas las barre­ras: 703 poli­cías por cada 100.000 habi­tan­tes, el mayor núme­ro de Euro­pa. ¿El con­tex­to his­tó­ri­co del que habla­ba Robert Fisk, en esta oca­sión ava­la­do por los datos vas­cos de 1940? ¿Ocu­pa­ción colo­nial, siguien­do aquel infor­me del CEDRI de 1985? No ten­go res­pues­tas con­tun­den­tes, sim­ple­men­te una cons­ta­ta­ción que cada día que pasa inquie­ta como una losa enor­me, gigan­te.

Si vivi­mos, como dicen, en un país nor­ma­li­za­do, si el reper­to­rio demo­crá­ti­co espa­ñol es envi­dia­do por Euro­pa, como seña­lan des­de Madrid, si el terro­ris­mo yiha­dis­ta es ajeno a nues­tra tie­rra, si los índi­ces de deli­tos comu­nes son los más bajos del sur de Euro­pa… ¿por qué tene­mos el núme­ro de poli­cías per capi­ta más alto del Con­ti­nen­te? ¿A qué se debe seme­jan­te ocu­pa­ción?

«Nada en abso­lu­to ocu­rre sin un pasa­do», recu­pe­ro la fra­se de Fisk que me ha impac­ta­do. Y ese pasa­do cer­cano y lejano es el que nos mar­ca las cla­ves de la ocu­pa­ción. Por­que, sin eufe­mis­mos, los datos nos indi­can que se tra­ta de una ocu­pa­ción en toda regla. Lo que nos lle­va a varias pre­gun­tas uni­ver­sa­les de las que dejo caer algu­nas: «¿Hay una dife­ren­cia de nacio­na­li­dad y de intere­ses entre el pue­blo vas­co y las fuer­zas que inter­vie­nen y ejer­cen poder en su terri­to­rio? ¿Hay leal­tad de unos con otros? ¿Cuen­tan estas fuer­zas ocu­pan­tes con nor­mas de emer­gen­cia para ejer­cer su domi­nio? ¿Quién impo­ne la base jurí­di­ca de la ocu­pa­ción?…

Ten­go las res­pues­tas, como supon­go la mayo­ría de los lec­to­res.

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