Una bur­da men­ti­ra- Xabier Makazaga

El ex Secre­ta­rio de Esta­do de Segu­ri­dad Rafael Vera ha vuel­to a jus­ti­fi­car la gue­rra sucia de los GAL en un pro­gra­ma de pri­me time de TVE y ha sido muy cri­ti­ca­do por ello, pero nadie ha dicho nada sobre la bur­da men­ti­ra en que ha basa­do dicha jus­ti­fi­ca­ción. Una men­ti­ra, repe­ti­da duran­te déca­das, que con­sis­te en pre­ten­der que los ase­si­na­tos rei­vin­di­ca­dos usan­do las siglas GAL sir­vie­ron para lograr la cola­bo­ra­ción fran­ce­sa con­tra ETA.

Nada más lejos de la reali­dad, por­que dicha cola­bo­ra­ción esta­ba con­se­gui­da de ante­mano e incluía que las auto­ri­da­des fran­ce­sas hicie­ran la vis­ta gor­da ante la gue­rra sucia de los GAL. Algo que es bien fácil de dedu­cir con el sim­ple recur­so de repa­sar la heme­ro­te­ca del dia­rio El País, empe­zan­do por una rese­ña sobre una reu­nión secre­ta cele­bra­da en París.

Esa reu­nión tuvo lugar duran­te el verano de 1982, antes de que el PSOE gana­ra las elec­cio­nes y Feli­pe Gon­zá­lez fue­se pro­cla­ma­do Pre­si­den­te del Gobierno, y en ella una dele­ga­ción de altos diri­gen­tes de dicho par­ti­do soli­ci­tó a los enton­ces Pri­mer Minis­tro y Minis­tro del Inte­rior socia­lis­tas fran­ce­ses su cola­bo­ra­ción en la lucha con­tra ETA.

Die­ron así ini­cio a unas fecun­das rela­cio­nes en las que, según supo El País de fuen­tes del pro­pio PSOE, su estra­te­gia fue ela­bo­ra­da por el Pre­si­den­te del par­ti­do, Ramón Rubial, que ya había apun­ta­do con ante­rio­ri­dad la posi­bi­li­dad de recu­rrir a la gue­rra sucia, y el enton­ces Secre­ta­rio Gene­ral del PSE-PSOE, Txi­ki Benegas.

Por par­te fran­ce­sa tuvo un pro­ta­go­nis­mo espe­cial el emba­ja­dor fran­cés en Madrid, Pie­rre Gui­do­ni, miem­bro hono­ra­rio del PSOE y gran ami­go de Feli­pe Gon­zá­lez. Un hom­bre de peso en el PS y sin duda cla­ve, jun­to con el Pre­si­den­te Mit­te­rrand, en el acuer­do secre­to fran­co-espa­ñol de cola­bo­ra­ción adop­ta­do a fina­les de 1983, jus­to cuan­do empe­za­ron a actuar los GAL.

Fue pre­ci­sa­men­te Gui­do­ni el pri­me­ro en sacar a cola­ción dicho acuer­do en una sig­ni­fi­ca­ti­va tri­bu­na, «Un pági­na de his­to­ria», publi­ca­da por el dia­rio El País el 23 de enero de 1995. Una tri­bu­na en la que argu­yó que era del todo impo­si­ble que Rafael Vera y el Minis­tro del Inte­rior en la épo­ca de los GAL, José Barrio­nue­vo, tuvie­ran nada que ver con los aten­ta­dos terro­ris­tas rei­vin­di­ca­dos usan­do dichas siglas, por­que ambos eran ple­na­men­te par­tí­ci­pes de aquel acuer­do secreto.

Según él, «habría sido demen­cial» que las auto­ri­da­des espa­ño­las estu­vie­ran tras los GAL, por­que «el pri­mer resul­ta­do habría sido retra­sar, sin duda duran­te varios años, la entra­da de Espa­ña en Euro­pa. ¿Unos GAL, antes de 1983, cuan­do los dos Gobier­nos no se hablan, no se reúnen? Se hubie­ra podi­do enten­der. En 1983 sería idio­ta y tre­men­da­men­te peli­gro­so. Y tre­men­da­men­te peli­gro­so por idiota».

Gui­do­ni afir­mó tam­bién que «si hubie­ra habi­do una vin­cu­la­ción ‑por escon­di­da que fue­ra- con los GAL, lo habría­mos sabi­do. No podía­mos no saber­lo. Y la coope­ra­ción habría que­da­do inme­dia­ta­men­te inte­rrum­pi­da». Aho­ra bien, bas­ta con repa­sar lo suce­di­do a fina­les de 1983, cuan­do empe­za­ron a actuar los GAL, para ver que las auto­ri­da­des fran­ce­sas no pudie­ron no saber que el Esta­do espa­ñol aca­ba­ba de ini­ciar una nue­va cam­pa­ña de gue­rra sucia en Ipa­rral­de. La tercera.

¿Y qué hicie­ron? Exac­ta­men­te lo mis­mo que al ini­cio de la segun­da cam­pa­ña, desa­rro­lla­da entre 1978 y 1981. Tras los dos pri­me­ros ase­si­na­tos, lejos de pro­tes­tar ante las auto­ri­da­des espa­ño­las, empe­za­ron a tomar con­tun­den­tes medi­das con­tra los refu­gia­dos vas­cos, lo cual apun­ta cla­ra­men­te a una res­pon­sa­bi­li­dad com­par­ti­da, fran­co-espa­ño­la, en el dise­ño y eje­cu­ción de dichas cam­pa­ñas de gue­rra sucia.

Años des­pués de que Gui­do­ni escri­bie­ra aque­lla escla­re­ce­do­ra tri­bu­na en El País, el mis­mo dia­rio publi­có, el 24 de junio de 1998, una inter­ven­ción de Feli­pe Gon­zá­lez en la que el ex Pre­si­den­te vol­vió a recu­rrir a los mis­mos argu­men­tos para recha­zar de plano que las auto­ri­da­des espa­ño­las tuvie­sen nada que ver con los GAL. Ade­más, para corro­bo­rar la impo­si­bi­li­dad de dicha impli­ca­ción, ofre­ció datos con­cre­tos sobre las fechas en que se ela­bo­ró el acuer­do secre­to, jus­to cuan­do empe­za­ron a actuar los GAL. Y tam­bién sobre las con­se­cuen­cias inme­dia­tas de dicho acuer­do: múl­ti­ples medi­das poli­cia­les y admi­nis­tra­ti­vas con­tra los refu­gia­dos vascos.

Gon­zá­lez y Gui­do­ni argu­men­ta­ron a la per­fec­ción por qué era una locu­ra pen­sar que Barrio­nue­vo y Vera pudie­sen estar invo­lu­cra­dos en la gue­rra sucia, pero, para su des­gra­cia, des­pués que­dó judi­cial­men­te pro­ba­do que ambos estu­vie­ron meti­dos has­ta las cejas en ello. Y no cuan­do según Gui­do­ni era plau­si­ble, antes de 1983, sino pre­ci­sa­men­te cuan­do según él era tan iló­gi­co y absur­do, cuan­do alcan­za­ron aquel acuer­do secre­to fran­co-espa­ñol de colaboración.

Los diri­gen­tes del PSOE no eran, des­de lue­go, unos demen­tes, y si actua­ron como actua­ron sólo pudo ser por­que con­ta­ban con el acuer­do de Mit­te­rrand y otros diri­gen­tes rele­van­tes del PS. Sin su acuer­do, tenían mucho que per­der y poco que ganar, como expli­ca­ron a la per­fec­ción Gui­do­ni y Gon­zá­lez. Aho­ra bien, con el acuer­do fran­cés sí que tenían mucho que ganar y muy poco que per­der… si no hubie­sen come­ti­do tan­tas chapuzas.

En todo caso, lo que es impres­cin­di­ble es que un meca­nis­mo inde­pen­dien­te inves­ti­gue a fon­do todo lo que suce­dió enton­ces. Una inves­ti­ga­ción que se debe a todas las víc­ti­mas como Segun­do Marey quien, antes de morir, pidió «acla­rar toda la ver­dad de los GAL, para que las víc­ti­mas de esas siglas dejen de sufrir». Por­que, como él mis­mo resal­tó, «No hay nada más horri­ble que des­co­no­cer la verdad».

Quie­nes nie­gan que la gue­rra sucia en Ipa­rral­de fue terro­ris­mo de Esta­do puro y duro, no sólo se nie­gan a que un meca­nis­mo inde­pen­dien­te inves­ti­gue al res­pec­to. Enci­ma, se dedi­can a dar lec­cio­nes de éti­ca mien­tras se nie­gan a reco­no­cer a las víc­ti­mas del terro­ris­mo de Esta­do que no pue­den pre­sen­tar prue­bas irre­fu­ta­bles; en espe­cial, a las de la tor­tu­ra. Y lo hacen sabien­do de sobra que es inhe­ren­te al Esta­do el pro­cu­rar a toda cos­ta no dejar prue­bas de las vul­ne­ra­cio­nes de Dere­chos Huma­nos que come­te, y que tie­ne ingen­tes medios para ello.

¿Es ése su sue­lo ético?

Xabier Maka­za­ga, inves­ti­ga­dor del terro­ris­mo de Estado

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