2015, un año crí­ti­co y tur­bu­len­to- Raúl Zibechi

El 2014 ter­mi­na con la deci­sión de Barack Oba­ma de res­ta­ble­cer rela­cio­nes con Cuba, lue­go de medio siglo de blo­queo y ata­ques a la sobe­ra­nía de la isla. La ale­gría que sus­ci­ta la noti­cia debe mati­zar­se. El acer­ca­mien­to se pro­du­ce en el momen­to en que Esta­dos Uni­dos mues­tra mar­ca­das ten­den­cias hacia la pro­vo­ca­ción de con­flic­tos y gue­rras, como par­te de estra­te­gia de crear caos sis­té­mi­co para seguir dominando.

El año que fina­li­za fue uno de los más ten­sos e inten­sos, ya que la Casa Blan­ca des­ple­gó un con­jun­to de ini­cia­ti­vas que pue­den lle­var a la gue­rra entre paí­ses que poseen armas ató­mi­cas. El caso más crí­ti­co es el de Ucra­nia. Washing­ton per­ge­ñó un gol­pe de Esta­do en la fron­te­ra de Rusia, con la inten­ción de con­ver­tir a Ucra­nia en pla­ta­for­ma para la des­es­ta­bi­li­za­ción y, even­tual­men­te, la agre­sión mili­tar con­tra Rusia. La estra­te­gia esta­du­ni­den­se se orien­ta a esta­ble­cer un cer­co mili­tar, eco­nó­mi­co y polí­ti­co a Rusia, para impe­dir todo acer­ca­mien­to con la Unión Europea.

Entre los hechos más gra­ves de 2014, debe­mos recor­dar que Esta­dos Uni­dos no movió un dedo para impe­dir los bom­bar­deos indis­cri­mi­na­dos de Israel sobre la Fran­ja de Gaza. La polí­ti­ca de la Casa Blan­ca en Medio Orien­te es de una hipo­cre­sía alar­man­te. Ava­ló unas elec­cio­nes más que dudo­sas en Egip­to, lue­go de un gol­pe de Esta­do con­tra el pri­mer gobierno demo­crá­ti­co, que lle­va­ron a su incon­di­cio­nal alia­do Alb­del­fa­tah Al-Sisi al poder.

La situa­ción caó­ti­ca que atra­vie­san Siria, Sudán, Irak y Libia es una mues­tra cla­ra de que se ha dise­ña­do una estra­te­gia del caos, como vie­nen denun­cian­do varios ana­lis­tas, como medio para redi­se­ñar las rela­cio­nes de poder a su favor. Siguen sien­do un mis­te­rio cómo las pode­ro­sas fuer­zas mili­ta­res occi­den­ta­les no pue­den aba­tir al Esta­do Islá­mi­co, hacien­do cre­cer las sos­pe­chas de que la orga­ni­za­ción terro­ris­ta tra­ba­ja en la mis­ma estra­te­gia que impul­sa el Pentágono.

En Amé­ri­ca Lati­na, lla­ma la aten­ción el silen­cio de la admi­nis­tra­ción Oba­ma sobre las masa­cres en Méxi­co. Por mucho menos, fun­cio­na­rios del gobierno de Vene­zue­la están sien­do denun­cia­dos y per­se­gui­dos por la Casa Blanca.

No deja de lla­mar la aten­ción que la nue­va esca­la­da con­tra el gobierno de Nico­lás Madu­ro sea simul­tá­nea con el acer­ca­mien­to a Cuba. Pare­ce obli­ga­do pre­gun­tar­se: ¿qué inten­cio­nes abri­ga Esta­dos Uni­dos con esta nue­va polí­ti­ca hacia la isla?

Es evi­den­te que no hay una polí­ti­ca esta­du­ni­den­se hacia Vene­zue­la y otra hacia Cuba, o hacia Méxi­co. El obje­ti­vo es el mis­mo: seguir impe­ran­do en el Cari­be, en Cen­troa­mé­ri­ca, Méxi­co y todo el nor­te de Suda­mé­ri­ca, el área don­de Esta­dos Uni­dos no admi­te desa­fíos. Para evi­tar­lo, todo vale. La gue­rra con­tra los sec­to­res popu­la­res en Méxi­co (con la excu­sa del nar­co) fue dise­ña­da para impe­dir un levan­ta­mien­to popu­lar, que era posi­ble en los pri­me­ros años del nue­vo siglo.

Pero en Méxi­co, Esta­dos Uni­dos pue­de con­tar con una cla­se polí­ti­caentre­na­da y finan­cia­da por ellos, fiel y sumi­sa. Algo con lo que no pue­den con­tar en Vene­zue­la (don­de la opo­si­ción no tie­ne ni la cohe­sión ni la capa­ci­dad como para diri­gir el país), mucho menos en Cuba, don­de los cua­dros téc­ni­cos y polí­ti­cos no son mane­ja­bles por las agen­cias del imperio.

En Vene­zue­la se está apos­tan­do fuer­te por el caos, como se des­pren­de del tipo de accio­nes lle­va­das ade­lan­te en los pri­me­ros meses de este año por los sec­to­res más radi­ca­li­za­dos de la opo­si­ción. Es pro­ba­ble que inten­ten lle­var la estra­te­gia del caos en Cuba, con todo lo que impli­ca: des­de la intro­duc­ción de la cul­tu­ra capi­ta­lis­ta (en par­ti­cu­lar con­su­mis­mo y dro­gas) has­ta las for­mas vena­les de la demo­cra­cia elec­to­ral al uso en occidente.

Al pare­cer, por­que aún es pron­to para saber si la Casa Blan­ca está pro­mo­vien­do un vira­je en su polí­ti­ca exte­rior, exis­te la inten­ción de jerar­qui­zar el papel de Amé­ri­ca Lati­na. El aná­li­sis del Dia­rio del Pue­blo, apun­ta en esa direc­ción. La estra­te­gia de Esta­dos Uni­dos de influir en la zona Asia-Pací­fi­co fue una deci­sión tras­no­cha­da y ya se han dado cuen­ta. Aho­ra Esta­dos Uni­dos mue­ve sus pie­zas hacia otros derro­te­ros. La nor­ma­li­za­ción de las rela­cio­nes con Cuba inten­ta eli­mi­nar la gran pie­dra para su acti­va par­ti­ci­pa­ción en los asun­tos de Amé­ri­ca Lati­na, y des­li­za una dis­cre­ta ade­cua­ción en su falli­da estra­te­gia de regre­sar a Asia-Pací­fi­co( Dia­rio del Pue­blo, 19 de diciem­bre de 2014).

Es cier­to que Oba­ma en su alo­cu­ción hizo refe­ren­cia a que la polí­ti­ca hacia Cuba dis­tan­ció a Esta­dos Uni­dos de la región y limi­tó las posi­bi­li­da­des de impul­sar cam­bios en la isla. A tra­vés de Cuba, sim­bó­li­ca­men­te, Esta­dos Uni­dos enfa­ti­za su inte­rés por la comu­ni­dad ame­ri­ca­na, con­clu­ye el dia­rio ofi­cia­lis­ta chino.

Si es cier­to que la poten­cia apun­ta sus bate­rías hacia Amé­ri­ca, esta­ría­mos ante un vira­je de pro­por­cio­nes a la vez que se esta­ría evi­den­cian­do la esca­sa con­sis­ten­cia de su polí­ti­ca exte­rior, que des­de 1945 estu­vo foca­li­za­da en Medio Orien­te y en los dos últi­mos años se pro­pu­so bas­cu­lar hacia Asia-Pacífico.

En todo caso, los lati­no­ame­ri­ca­nos esta­mos ante pro­ble­mas nue­vos. En los últi­mos años el poder blan­do de Esta­dos Uni­dos pro­vo­có dos gol­pes de Esta­do exi­to­sos (Hon­du­ras y Para­guay), una gue­rra de alta inten­si­dad con­tra un pue­blo (Méxi­co), puso en jaque la gober­na­bi­li­dad en varios paí­ses (Vene­zue­la y en menor medi­da Argen­ti­na) y aho­ra la empren­de con­tra la mayor empre­sa del con­ti­nen­te (la bra­si­le­ña Petro­bras). Es cier­to, todo hay que decir­lo, que la incom­pe­ten­cia de algu­nos gobier­nos les faci­li­ta la tarea.

Todo indi­ca que 2015 será un año difí­cil, en el cual las ten­den­cias hacia la gue­rra, la des­es­ta­bi­li­za­ción y el caos sis­té­mi­co cre­ce­rán de for­ma pro­ba­ble­men­te expo­nen­cial. Esto va a afec­tar a los gobier­nos con­ser­va­do­res y a los pro­gre­sis­tas, entre los cua­les hay cada vez menos dife­ren­cias. Para los movi­mien­tos de los de aba­jo y para quie­nes segui­mos empe­ña­dos en acom­pa­ñar­los, toca apren­der a vivir y a resis­tir en esce­na­rios de agu­das tem­pes­ta­des. Es en ellas don­de se for­jan los ver­da­de­ros navegantes.

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