Rela­cio­nes de poder- Fran­cis­co Abril

La vio­len­cia de hom­bres con­tra muje­res es un pro­ble­ma inter­na­cio­nal de salud públi­ca y de dere­chos huma­nos. Un 35% de las muje­res del mun­do ente­ro han sido víc­ti­mas de vio­len­cia físi­ca y/​o sexual, por par­te de su pare­ja o de otros hom­bres que no son su pare­ja. Fre­cuen­te­men­te, la vio­len­cia de los hom­bres con­tra las muje­res comien­za en la infan­cia y repre­sen­ta par­te de la socia­li­za­ción mas­cu­li­na. Muchos mucha­chos son socia­li­za­dos a creer que las muje­res y niñas tie­nen obli­ga­cio­nes con ellos: cui­dar de la casa, cui­dar de los hijos/​as, tener rela­cio­nes sexua­les con ellos, aún cuan­do ellas no quie­ren. Así, Los hom­bres, sobre todo jóve­nes, son más pro­pen­sos a usar la vio­len­cia que cual­quier otro gru­po. La vio­len­cia de los hom­bres con­tra las muje­res se ejer­ce, prin­ci­pal­men­te, en el espa­cio pri­va­do y las rela­cio­nes de pare­ja. Su ini­cio tie­ne lugar, muchas veces, en las pare­jas más jóvenes.

Algu­nos hom­bres tam­bién son víc­ti­mas de la vio­len­cia machis­ta. Las socie­da­des patriar­ca­les ponen el énfa­sis en la com­pe­ten­cia entre hom­bres. Los hom­bres que no “enca­jan” en los patro­nes patriar­ca­les sue­len ser insul­ta­dos, vio­len­ta­dos o ase­si­na­dos. La homo­fo­bia es un gra­ve pro­ble­ma en muchas socie­da­des. La inves­ti­ga­ción empí­ri­ca ha cons­ta­ta­do la hipó­te­sis de los recur­sos según la cual el poder es el eje cen­tral, expli­ca­ti­vo, de la vio­len­cia: tener el poder y por tan­to pen­sar que se tie­ne dere­cho o ver el poder amenazado.

Los hom­bres son vio­len­tos cuan­do se sien­ten ame­na­za­dos por la pér­di­da de su sta­tus o cuan­do creen que tie­nen dere­cho a man­te­ner su poder median­te la vio­len­cia. Esta hipó­te­sis se sus­ten­ta en los prin­ci­pios de las socie­da­des patriar­ca­les don­de los hom­bres domi­nan a las muje­res y uti­li­zan la vio­len­cia (sim­bó­li­ca, físi­ca o psi­co­ló­gi­ca) para man­te­ner su domi­nio. Últi­ma­men­te, otros estu­dios des­ta­can, en sen­ti­do con­tra­rio, la hipó­te­sis del empo­de­ra­mien­to de las muje­res. De esta for­ma, las muje­res empo­de­ra­das y la igual­dad de géne­ro entre hom­bres y muje­res redu­cen la vio­len­cia de géne­ro. Así la des­igual­dad de géne­ro es un ele­men­to cru­cial y expli­ca­ti­vo de la violencia.

En este sen­ti­do, hay estu­dios que han cons­ta­ta­do que la igual­dad de géne­ro redu­ce la vio­len­cia. Así, las fami­lias no igua­li­ta­rias y/​o domi­na­das por el padre son a menu­do más vio­len­tas com­pa­ra­das con las fami­lias o hoga­res igua­li­ta­rios. Ade­más, la vio­len­cia con­tra los/​las niños/​as es menos fre­cuen­te en los hoga­res igua­li­ta­rios que en los no igua­li­ta­rios. De esta for­ma se des­ta­ca que la igual­dad de géne­ro apa­re­ce como el fac­tor prin­ci­pal que redu­ce la vio­len­cia con­tra los/​las niños/​as y las muje­res. Por tan­to, la igual­dad de géne­ro es un fac­tor de protección.

El men­sa­je es cla­ro si se quie­re redu­cir la vio­len­cia de géne­ro un fac­tor a tener en cuen­ta es fomen­tar la igual­dad entre hom­bres y muje­res. A tra­vés, por ejem­plo, del empo­de­ra­mien­to de las muje­res y tam­bién per­mi­tir y ayu­dar a los chi­cos y hom­bres a ana­li­zar crí­ti­ca­men­te los mode­los de rela­cio­nes de géne­ro que les son enseñados.

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