¿Rees­truc­tu­ra­cio­nes de la deu­da? ¿Audi­to­ría de la deu­da públi­ca?- Xabier Arri­za­ba­lo Montoro

Defi­ni­ti­va­men­te se ha pues­to de moda defen­der las rees­truc­tu­ra­cio­nes de la deu­da públi­ca y/​o su audi­to­ría, en un momen­to en que efec­ti­va­men­te la deu­da públi­ca ocu­pa un lugar muy impor­tan­te (en los Pre­su­pues­tos Gene­ra­les del Esta­do, se con­sig­na un pago de 38.000 millo­nes de euros, un 4% del PIB). Esta deu­da, que es el resul­ta­do no ya de la cri­sis sino sobre todo de las polí­ti­cas impues­tas ante ella, se con­vier­te en la coar­ta­da para nue­vas vuel­tas de tuer­ca a dichas políticas.

¿Se debe rei­vin­di­car rees­truc­tu­rar la deu­da para que su pago se haga de una for­ma más livia­na en el cor­to pla­zo aun­que se alar­gue en el tiem­po? ¿Se debe defen­der que se audi­te esta deu­da, para dife­ren­ciar la deu­da ile­gí­ti­ma de la legí­ti­ma que, ésta sí, en todo caso debe­ría ser paga­da? ¿Pue­de ser la audi­to­ría de la deu­da la ante­sa­la del repu­dio de la deuda?

Comen­zan­do por esto últi­mo, debe que­dar cla­ro que el repu­dio de la deu­da públi­ca con el capi­tal pri­va­do no nece­si­ta nin­gu­na ante­sa­la. Al con­tra­rio: el recha­zo al pago de deu­da al capi­tal finan­cie­ro es el pun­to de par­ti­da, una cues­tión ele­men­tal des­de una pers­pec­ti­va de cla­se e inclu­so sim­ple­men­te democrática.

El sig­ni­fi­ca­do de rees­truc­tu­rar la deu­da es cla­ro: dis­cu­tir cuán­to más se va a pagar y cómo por apla­zar el pago (de los tra­ba­ja­do­res, los pue­blos, al capi­tal finan­cie­ro). Defen­der la rees­truc­tu­ra­ción de la deu­da se enmar­ca en las posi­cio­nes que defien­den la par­ti­ci­pa­ción en la ges­tión del capi­ta­lis­mo (una expre­sión de esta orien­ta­ción de coges­tión es la vati­ca­nis­ta “doc­tri­na social de la igle­sia”, que tan­to admi­ra­ba Mus­so­li­ni). Es decir, en últi­ma ins­tan­cia supo­ne defen­der un gra­do “razo­na­ble” de explotación.

Pero tam­po­co la con­sig­na de la audi­to­ría abre nin­gu­na sali­da. Por­que no sólo no se acom­pa­ña de la exi­gen­cia de sus­pen­sión inme­dia­ta de todo pago de deu­da al capi­tal pri­va­do (inclui­dos intere­ses), sino al con­tra­rio, se opo­ne a ella. Hablar de audi­to­ría supo­ne un apla­za­mien­to, siem­pre amplia­ble, del recha­zo a pagar y, por tan­to, un medio para seguir pagan­do. Pero no es sólo eso: real­men­te, ¿qué debe audi­tar­se? ¿Aca­so hay algu­na duda acer­ca del pilla­je que el capi­tal ha hecho con el esfuer­zo de los tra­ba­ja­do­res para ir pagan­do sus hipo­te­cas, con los prés­ta­mos a los Esta­dos… en muchos casos para res­ca­tar­les a ellos mis­mos? La con­sig­na ine­quí­vo­ca es otra: repu­dio de toda la deu­da públi­ca con el capi­tal pri­va­do (dis­tin­tas son otras situa­cio­nes con­ta­bles como la deu­da del Esta­do con la Segu­ri­dad Social, etc.). Y en el caso espa­ñol esto exi­ge una cues­tión pre­via inelu­di­ble: dero­ga­ción del nue­vo artícu­lo 135 de la cons­ti­tu­ción que impo­ne la prio­ri­dad abso­lu­ta para el gas­to públi­co de des­ti­nar­se al pago al capi­tal pri­va­do (artícu­lo impues­to en sep­tiem­bre de 2011, ape­nas seis meses des­pués de que en mar­zo se “reco­men­da­ra” en el Pac­to por el euro plus acor­da­do en la cum­bre de Bru­se­las de mar­zo pre­vio y ape­nas unos días des­pués de la exi­gen­cia del BCE al enton­ces pre­si­den­te del gobierno, Zapatero).

Ni que decir tie­ne que en la prác­ti­ca el repu­dio debe­rá ir acom­pa­ña­do, nece­sa­ria­men­te, de medi­das drás­ti­cas que, en esta situa­ción de máxi­ma gra­ve­dad, pon­gan el con­jun­to de los recur­sos finan­cie­ros al ser­vi­cio del con­jun­to de la pobla­ción. Y ni que decir tie­ne asi­mis­mo que, como sabe­mos, la sali­da será más allá del ámbi­to nacio­nal. Por­que no cabe duda algu­na de que la con­sig­na del repu­dio abre una sali­da en posi­ti­vo, que si se adop­ta­ra en un país auto­má­ti­ca­men­te se con­ver­ti­ría en un refe­ren­te inclu­so mundial.

La idea de la “audi­to­ría” se apo­ya, en últi­ma ins­tan­cia, en la pre­ten­sión de que no pagar una par­te de la deu­da pue­de ser com­pa­ti­ble con el dere­cho inter­na­cio­nal, defen­di­do por Nacio­nes Uni­das y las Cor­tes Inter­na­cio­na­les de Jus­ti­cia y todas esas ins­ti­tu­cio­nes. Por eso sus defen­so­res sos­tie­nen que “legal­men­te” se pue­de no pagar. Es más de lo mis­mo: para defen­der el capi­ta­lis­mo, des­de una supues­ta radi­ca­li­dad, se defien­de que es posi­ble un “capi­ta­lis­mo bueno”, un FMI demo­crá­ti­co, un BCE demo­crá­ti­co, un capi­ta­lis­mo sin espe­cu­la­ción y con las finan­zas domes­ti­ca­das, etc.

Vale la pena aña­dir que hay un hecho que ha con­tri­bui­do a abrir ese espa­cio de fal­sas ilu­sio­nes: la feti­chi­za­ción del “neo­li­be­ra­lis­mo” tan­to teó­ri­ca como polí­ti­ca­men­te, como si el pro­ble­ma fue­ra el neo­li­be­ra­lis­mo o el “capi­ta­lis­mo neo­li­be­ral”, lo que deja­ría espa­cio a otro posi­ble capi­ta­lis­mo. No, el pro­ble­ma pro­ce­de de las exi­gen­cias de la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal lle­ga­do a este pun­to de su desa­rro­llo his­tó­ri­co, el imperialismo.

Por eso es impres­cin­di­ble rom­per toda depen­den­cia con las ins­ti­tu­cio­nes del capi­tal. Subor­di­nar­se a ellas es com­pli­ci­dad como en el caso de la Alian­za Roji­ver­de (RGA/​Enhedslisten) en Dina­mar­ca, que ha vota­do por lo que ellos mis­mos lla­man “apo­yar una inter­ven­ción mili­tar bajo el man­do de EE UU” (res­pec­to al lla­ma­do Esta­do Islá­mi­co en Irak) por­que “exis­te una coin­ci­den­cia tem­po­ral de intere­ses entre el impe­ria­lis­mo y los socia­lis­tas en torno a la sim­ple cues­tión de la lucha con­tra el EI” (decla­ra­ción publi­ca­da en la revis­ta Vien­to Sur, vin­cu­la­da a Izquier­da Anti­ca­pi­ta­lis­ta). Quien habla de coin­ci­den­cia con los intere­ses del impe­ria­lis­mo, ya la eti­que­te de tem­po­ral o de lo que sea, que­da abso­lu­ta­men­te autorretratado.

Ante la situa­ción actual con la deu­da no caben medias tin­tas: ni rees­truc­tu­ra­cio­nes de los pagos ni audi­to­ría: repu­dio des­de ya de la deu­da, dero­ga­ción del artícu­lo 135, ni un euro para el capi­tal pri­va­do. ¡La deu­da no es de los pueblos!

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