Salu­do a las muje­res- Rubín Morro, Dele­ga­ción de Paz de las FARC-EP

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“Eres can­to, belle­za y mis­te­rio, fina melo­día que bro­ta entre la
nacien­te pri­ma­ve­ra, pero tam­bién eres liber­tad, espa­da y trinchera”.

Cuan­to qui­sie­ra yo abra­zar­las a todas, a las estu­dian­tes, a las amas de casa, a las viu­das y huér­fa­nas que ha deja­do este lar­go con­flic­to social y arma­do, a aque­llas muje­res iné­di­tas que viven el pre­sen­te y cons­tru­yen el futu­ro en difí­ci­les con­di­cio­nes, a la madre de los sol­da­dos y de la gue­rri­lle­ra­da que llo­ran a sus hijos e hijas en la incer­ti­dum­bre de la gue­rra; a las gue­rri­lle­ras que con su sen­si­bi­li­dad y belle­za, le ponen un toque mági­co de dul­zu­ra a esta con­fron­ta­ción, a todas hoy, va mi salu­do y con el mío, el de todos los gue­rri­lle­ros y gue­rri­lle­ras del Blo­que Iván Ríos de las FARC-EP.

Quie­ro decir­les que el futu­ro es de uste­des y como par­te­ras de la vida mis­ma, deben tam­bién con­tri­buir a la cons­truc­ción de la paz que Colom­bia nece­si­ta. Des­de la insur­gen­cia veni­mos crean­do espa­cios de igual­dad y equi­dad de géne­ro, para que entre todas las per­so­nas, eche­mos la his­to­ria a andar por una patria ama­ble, sobe­ra­na y con jus­ti­cia social.

Me gus­ta ver­las empu­jan­do pro­yec­tos y reali­da­des, recha­zan­do esque­mas y entra­ma­dos infun­da­dos en exclu­sio­nes vio­len­tas, que hacen de las muje­res obje­tos del mer­ca­do, con sin­gu­lar acen­to. La his­to­ria nos ha demos­tra­do que el papel de las muje­res ha sido fun­da­men­tal en la trans­for­ma­ción de la socie­dad, con­tri­bu­yen­do a la lucha por una ver­da­de­ra alter­na­ti­va popu­lar, en con­se­cuen­cia su pro­ta­go­nis­mo debe eri­gir­se como el más alto peñas­co de los Andes.

Me pare­ce muy impor­tan­te el tra­ba­jo en la pági­na web de las Muje­res Faria­nas, tener este espa­cio per­mi­te una trin­che­ra de lucha for­mi­da­ble para todos y todas. Ade­lan­te, Camaradas.

Equi­dad de género

El hecho de incor­po­rar la equi­dad de géne­ro como tema de deba­te en todos los esce­na­rios don­de par­ti­ci­pen dis­tin­tos acto­res socia­les, es una nece­si­dad para el equi­li­brio entre las muje­res y los hom­bres como suje­tos políticos.

Las FARC-EP, como orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria polí­ti­co-mili­tar, cuyo obje­ti­vo cen­tral es, jun­to al pue­blo, cons­truir un país jus­to, no pode­mos exo­ne­rar­nos de par­ti­ci­par en este impor­tan­te debate.

En las filas gue­rri­lle­ras, en nues­tra prác­ti­ca coti­dia­na, ya no se tra­ta sola­men­te de deba­te, sino que muje­res – y hom­bres, y así está esti­pu­la­do en nues­tro esta­tu­to, vamos de la mano, desem­pe­ñan­do sen­ci­llas y com­pli­ca­das tareas dia­rias en la cons­truc­ción de la nue­va socie­dad. Los dos somos un com­ple­men­to nece­sa­rio, en una rela­ción de cama­ra­de­ría, y compañerismo.

Hemos supe­ra­do eta­pas pro­pias del desa­rro­llo, ¿Cómo negar que los hom­bres, y has­ta las mis­mas muje­res, haya­mos lle­va­do un las­tre domés­ti­co, machis­ta y fan­fa­rrón, ? No pode­mos aver­gon­zar­nos de ello, por el con­tra­rio, son retos que nos hemos pues­to y obs­tácu­los que esta­mos superan­do en nues­tra pra­xis revo­lu­cio­na­ria. La exclu­sión es sinó­ni­mo de sec­ta­ris­mo y vio­len­cia, la inclu­sión es equi­dad, reco­no­ci­mien­to e inte­gra­li­dad entre seres humanos.

Nues­tra orga­ni­za­ción tie­ne heroí­nas y héroes, sobre sus sacri­fi­cios están cimen­ta­das las colum­nas de nues­tro pro­yec­to boli­va­riano. He vis­to her­mo­sos ros­tros de muje­res ensan­gren­ta­dos al filo del com­ba­te y avan­zan­do como cal­de­ras liber­ta­rias, tam­bién he vis­to a hom­bres de bata­lla, cam­bian­do un pañal a un bebe, bañan­do y pei­nan­do a su peque­ña hija. Hemos ido sis­te­má­ti­ca­men­te igua­lan­do los espa­cios de par­ti­ci­pa­ción de ambos suje­tos, rom­pien­do esque­mas y sin mol­des pre­de­ter­mi­na­dos que esti­mu­len la exclu­sión por el solo hecho de ser hom­bres o mujeres.

Géne­ro: Es una cons­truc­ción social a tra­vés de la cual se asig­nan dife­ren­tes atri­bu­tos, roles, carac­te­rís­ti­cas, nor­mas al sexo mas­cu­lino y feme­nino de mane­ra dife­ren­cial, media­das por rela­cio­nes socia­les, eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas, ideo­ló­gi­cas y cul­tu­ra­les, orien­ta­das al man­te­ni­mien­to de esas dife­ren­cias. Es lo que sig­ni­fi­ca ser hom­bre o mujer en un con­tex­to deter­mi­na­do por la valo­ra­ción que las socie­da­des divi­di­das en cla­se han dado a las dife­ren­cias de sexo.

Equi­dad de géne­ro: Alu­de a una cues­tión de jus­ti­cia para lograr la igual­dad real. Es la dis­tri­bu­ción jus­ta de los recur­sos y del poder en la socie­dad; da la posi­bi­li­dad de que las muje­res y los hom­bres acce­dan con jus­ti­cia e igual­dad al uso, con­trol y bene­fi­cio de los bie­nes, ser­vi­cios, recur­sos y opor­tu­ni­da­des de la socie­dad; así como a la toma de deci­sio­nes en todos los ámbi­tos de la vida social, eco­nó­mi­ca, ambien­tal, polí­ti­ca, cul­tu­ral y familiar.

Según las defi­ni­cio­nes ante­rio­res, ello pre­su­po­ne la inte­gra­li­dad total de los dere­chos y debe­res de las per­so­nas en com­ple­ta armo­nía entre la igual­dad y la equi­dad de géne­ro, sin impor­tar si es mujer u hom­bre. Lograr este pro­pó­si­to es una tarea urgen­te en los que debe­mos unir esfuer­zos para res­ca­tar el ver­da­de­ro valor que tene­mos todos los seres huma­nos en este planeta.

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