El geno­ci­dio de Igua­la: Terro­ris­mo de Esta­do, corres­pon­sa­bi­li­dad de la socialdemocracia

Por: Pável Blan­co Cabre­ra, Pri­mer Secre­ta­rio del Par­ti­do Comu­nis­ta de Méxi­co , miem­bro de la pre­si­den­cia colec­ti­va del Movi­mien­to Con­ti­nen­tal Boli­va­riano MCB.
El 26 y 27 de Sep­tiem­bre en Igua­la, Gue­rre­ro, se pro­du­jo una bru­tal repre­sión con­tra estu­dian­tes de la Escue­la Nor­mal de Ayotzi­na­pa, en la que actua­ron con­jun­ta­men­te poli­cías y sica­rios, en estre­cha coor­di­na­ción, y en la que se encuen­tran invo­lu­cra­dos los gobier­nos del muni­ci­pio de Igua­la, el del Esta­do de Gue­rre­ro y el gobierno fede­ral. En el ata­que ini­cial fue­ron ase­si­na­das seis per­so­nas: unos, nor­ma­lis­tas y otros, pasa­je­ros del auto­bús de un equi­po depor­ti­vo, por pare­cer estu­dian­tes; hubo casi una dece­na de heri­dos, 25 dete­ni­dos y 47 des­apa­re­ci­dos; es alta­men­te pro­ba­ble que sean sus cuer­pos los que han veni­do encon­trán­do­se en fosas, con sig­nos de eje­cu­ción extra­ju­di­cial y terri­bles hue­llas de tor­tu­ra. Se tra­ta de un geno­ci­dio res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do mexi­cano, y sin embar­go, es nece­sa­rio apun­tar las res­pon­sa­bi­li­da­des para que esta afir­ma­ción no que­de en una abstracción.
Debe­mos seña­lar que este modus ope­ran­di fue apli­ca­do con­tra cin­co mili­tan­tes del Par­ti­do Comu­nis­ta de Méxi­co, en agos­to-noviem­bre del 2013, entre ellos el pro­fe­sor Ray­mun­do Veláz­quez Flo­res, secre­ta­rio gene­ral del PCM en el esta­do de Gue­rre­ro y diri­gen­te de la Liga Agra­ria Revo­lu­cio­na­ria del Sur Emi­liano Zapa­ta (LARSEZ), una orga­ni­za­ción popu­lar cam­pe­si­na que fue fun­da­da por el pro­fe­sor Gena­ro Váz­quez Rojas a fina­les de los años 60, quien encon­tran­do cerra­dos los cami­nos lega­les pasó a la lucha arma­da con la Aso­cia­ción Cívi­ca Nacio­nal Revo­lu­cio­na­ria. Tam­bién fue ase­si­na­do el cama­ra­da Luis Oli­va­res, diri­gen­te de la Orga­ni­za­ción Popu­lar de Pro­duc­to­res de la Cos­ta Gran­de. Nues­tros cama­ra­das fue­ron ase­si­na­dos por­que su tra­ba­jo polí­ti­co entre las masas afec­ta­ba los intere­ses de los mono­po­lios, pero el Esta­do se lavó las manos adju­di­can­do los crí­me­nes a las orga­ni­za­cio­nes delic­ti­vas. Sin embar­go, hay ele­men­tos que nos per­mi­ten ase­gu­rar que exis­te un entre­la­za­mien­to entre el Esta­do y los gru­pos delic­ti­vos, y que su uti­li­za­ción para el ase­si­na­to selec­ti­vo y la repre­sión masi­va hacen par­te de una estra­te­gia anti­obre­ra y anti­po­pu­lar, que emer­ge al paso del gene­ral colom­biano Oscar Naran­jo como ase­sor de segu­ri­dad de Enri­que Peña Nie­to, la cual se ensa­ya y adop­ta como medi­da de con­ten­ción de la movi­li­za­ción popu­lar, fren­te al perio­do de ines­ta­bi­li­dad que se ave­ci­na como resul­ta­do de la cri­sis eco­nó­mi­ca del capi­ta­lis­mo y de las agre­si­vas medi­das para des­va­lo­ri­zar el trabajo.
Hoy, la repre­sión esta­tal se decu­pli­ca y sale de lo selec­ti­vo a lo masi­vo, insis­tien­do en la inmovilización/​desmovilización; ya no sólo se des­ca­be­za, sino que se bus­ca sem­brar el terror, la con­fu­sión y la para­li­za­ción den­tro de orga­ni­za­cio­nes diná­mi­cas en la lucha de cla­ses. El ata­que a las escue­las nor­ma­les, don­de se for­man los pro­fe­so­res, lle­va más de 20 años, y com­bi­na la pri­va­ti­za­ción de la edu­ca­ción públi­ca con la liqui­da­ción de estos semi­lle­ros de cua­dros popu­la­res que son las nor­ma­les, y que han apor­ta­do miles de muje­res y hom­bres que par­ti­ci­pan en la lucha del pue­blo tra­ba­ja­dor, que engro­san las filas del magis­te­rio inde­pen­dien­te, que se asu­men como orga­ni­za­do­res natos en los pue­blos del país.
En Igua­la ocu­rrió un geno­ci­dio res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do, ni duda cabe; sin embar­go, debe lla­mar­nos la aten­ción la ola de argu­men­tos en esa direc­ción, que con tan­ta cla­ri­dad res­pon­sa­bi­li­zan a la máqui­na de que se sir­ve la cla­se de los capi­ta­lis­tas para man­te­ner su domi­na­ción sobre el pro­le­ta­ria­do y demás explo­ta­dos. ¿Es que hoy todos asu­men las tesis del mar­xis­mo-leni­nis­mo o es que se pro­cu­ra una vaga gene­ra­li­dad para elu­dir la con­cre­ción de la res­pon­sa­bi­li­dad de la lla­ma­da izquier­da electoral?
El Esta­do mexi­cano inte­gró ya a su engra­na­je al sis­te­ma de par­ti­dos con regis­tro elec­to­ral, pues­to que nin­guno le resul­ta anta­gó­ni­co y todos le son fun­cio­na­les, y su expre­sión más efi­cien­te has­ta hoy fue el Pac­to por Méxi­co, que per­mi­tió en muy poco tiem­po apro­bar las refor­mas nece­sa­rias para que el poder de los mono­po­lios ase­gu­re sus ganan­cias y ren­ta­bi­li­dad en un perio­do como el actual, de cri­sis inter­na­cio­nal de la eco­no­mía. En esa direc­ción, cual­quier ges­tión es admi­si­ble en tan­to le dé via­bi­li­dad a la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta, con la que están com­pro­me­ti­dos lo mis­mo Peña Nie­to, que Car­los Nava­rre­te y López Obra­dor, por citar a quie­nes pare­ce­rían adver­sa­rios. El sis­te­ma de par­ti­dos elec­to­ra­les es correa de trans­mi­sión para man­te­ner a los explo­ta­dos con la ilu­sión de la demo­cra­cia bur­gue­sa, de la facha­da demo­crá­ti­ca de la dic­ta­du­ra de cla­se del capi­tal; son pues una par­te impor­tan­te del Estado.
Vea­mos lo con­cre­to: En Gue­rre­ro gobier­na Ángel Agui­rre, has­ta el año 2010 un impor­tan­te cua­dro polí­ti­co del PRI, quien sus­ti­tu­yó pro­vi­sio­nal­men­te a Rubén Figue­roa des­pués que éste orde­na­ra la repre­sión en Aguas Blan­cas, don­de fue­ron ase­si­na­dos dece­nas de cam­pe­si­nos de la OCSS acu­sa­dos de per­te­ne­cer a la insur­gen­cia arma­da. Como gober­na­dor pro­vi­sio­nal, Agui­rre es el res­pon­sa­ble de la masa­cre de El Char­co, don­de tam­bién fue­ron ase­si­na­dos dece­nas de cam­pe­si­nos con el mis­mo argu­men­to. Es decir, Agui­rre está impli­ca­do direc­ta­men­te en dos de las más impor­tan­tes masa­cres de las últi­mas déca­das y aun así, el PRD (par­ti­do impor­tan­te den­tro del Foro de Sao Pau­lo, don­de hace par­te de su Gru­po de Tra­ba­jo, y en la Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta, y de mane­ra más recien­te del Encuen­tro Pro­gre­sis­ta que se con­vo­có en Ecua­dor), en coa­li­ción con el PT y Con­ver­gen­cia (hoy Movi­mien­to Ciu­da­dano), lo pos­tu­la­ron como can­di­da­to a Gober­na­dor en 2010. En su cam­pa­ña par­ti­ci­pó con entu­sias­mo López Obra­dor. Y en su gabi­ne­te par­ti­ci­pan des­ta­ca­dos cua­dros del PRD y de MORENA. No esta­mos hacien­do una carac­te­ri­za­ción ideo­ló­gi­ca, sino enun­cian­do hechos, datos que son irre­fu­ta­bles, suje­tos a la comprobación.
Ángel Agui­rre es el res­pon­sa­ble direc­to del geno­ci­dio de Igua­la, y tam­bién del ase­si­na­to de cin­co cama­ra­das del PCM. Bus­ca esca­bu­llir­se adju­di­can­do la res­pon­sa­bi­li­dad exclu­si­va a José Luis Abar­ca, que sin embar­go lle­gó a la alcal­día de Igua­la con el impul­so de Láza­ro Mazón, quien hoy es Secre­ta­rio de Salud del gobierno de Gue­rre­ro, fue dos veces alcal­de de Igua­la y es pre­can­di­da­to de MORENA al gobierno de esa enti­dad; por si no bas­ta­ra, su her­mano, Luis Mazón, es quien sus­ti­tui­rá legal­men­te a Abar­ca en la pre­si­den­cia muni­ci­pal de Igua­la. Es decir, el PRD y MORENA han dado cober­tu­ra a los res­pon­sa­bles de este geno­ci­dio, y esa ver­dad es inob­je­ta­ble, a pesar de sus silen­cios, de sus excusas.
No son datos meno­res, se corres­pon­den con una polí­ti­ca con­sis­ten­te del PRD (antes de que MORENA sur­gie­ra de su seno) y que va de la repre­sión al Fren­te de Pue­blos de Defen­sa de la Tie­rra de San Sal­va­dor Aten­co en mayo del 2006 en Tex­co­co, al ata­que per­ma­nen­te de Ebrard, y aho­ra Man­ce­ra, al fren­te del gobierno de la ciu­dad de Méxi­co con­tra el movi­mien­to obre­ro y popu­lar. Al tiem­po que se vin­cu­lan a los mono­po­lios, al tiem­po que apli­can el des­po­jo con­tra las comu­ni­da­des, el ata­que a los dere­chos socia­les y que cola­bo­ra­ron estre­cha­men­te en las refor­mas estructurales.
Ellos son corres­pon­sa­bles de apli­car esa polí­ti­ca repre­si­va del Esta­do, cola­bo­ran­do con el rum­bo gene­ral que sigue Enri­que Peña Nieto.
El terro­ris­mo de Esta­do acti­vó ya los meca­nis­mos repre­si­vos que inclu­yen a sus fuer­zas for­ma­les (Ejér­ci­to, gen­dar­me­ría, poli­cías fede­ra­les, esta­ta­les y muni­ci­pa­les) auxi­lia­das por fuer­zas para­mi­li­ta­res (sica­rios), como ocu­rrió duran­te los regí­me­nes fas­cis­tas en Euro­pa y como ocu­rre en Colom­bia. Estos dos ejem­plos, los ase­si­na­tos polí­ti­cos en Coyu­ca de Bení­tez e Igua­la, nos mues­tran que no se tra­ta de excep­cio­nes, sino de un esque­ma ope­ra­ti­vo don­de fuer­zas lega­les e ile­ga­les actúan con­jun­ta­men­te para sal­va­guar­dar los intere­ses de los mono­po­lios y gol­pear a las fuer­zas cla­sis­tas, y son un avi­so de la ten­den­cia que habre­mos de enfrentar.
A ello debe­mos sumar la eje­cu­ción extra­ju­di­cial en Tlatla­ya, sobre la que se guar­da silen­cio, de más de 20 per­so­nas, por par­te del Ejér­ci­to Fede­ral. Un cua­dro pues de terro­ris­mo de Estado.
Entra­mos ya a la eta­pa abier­ta de la vio­len­cia del Esta­do –e insis­ti­mos, no sólo del PRI y PAN, sino del PRD y la corres­pon­sa­bi­li­dad de MORENA‑, para con­te­ner las pre­vi­si­bles olea­das de con­tes­ta­ción popu­lar fren­te a las refor­mas labo­ral, edu­ca­ti­va, fis­cal y ener­gé­ti­ca, de con­se­cuen­cias tan lesi­vas para la cla­se obre­ra y las capas populares.
La res­pues­ta popu­lar es de indig­na­ción masi­va y de accio­nes cre­cien­tes, don­de des­ta­can los estu­dian­tes, que en estos días pro­ta­go­ni­zan una movi­li­za­ción que sólo encuen­tra paran­gón en 1968 y 1999. Prác­ti­ca­men­te todas las escue­las y uni­ver­si­da­des de la Ciu­dad de Méxi­co han ido a paro, y se pre­vé un ascen­so de la lucha.
En Gue­rre­ro maes­tros y estu­dian­tes, acom­pa­ña­dos de orga­ni­za­cio­nes popu­la­res, han enfo­ca­do su ira a los cen­tros sim­bó­li­cos del gobierno.
Entre las lec­cio­nes que que­dan, sub­ra­ya­mos las siguientes:
La facha­da demo­crá­ti­ca del poder de los mono­po­lios se des­do­bla al terro­ris­mo de Esta­do que lo mis­mo eje­cu­ta la vio­len­cia por medios lega­les que ile­ga­les. La ges­tión social­de­mó­cra­ta, lla­ma­da izquier­da demo­crá­ti­ca, izquier­da res­pon­sa­ble, izquier­da moder­na, pro­gre­sis­mo, no es la defen­so­ra con­se­cuen­te de la for­ma­li­dad demo­crá­ti­ca, sino un ins­tru­men­to esta­tal que por igual acti­va los meca­nis­mos repre­si­vos, por lo que no hay que tener la míni­ma con­fian­za en ella. Una sec­ción de la social­de­mo­cra­cia bus­ca como el aves­truz ocul­tar su cabe­za bajo la tie­rra, elu­de el tema a pesar de sus res­pon­sa­bi­li­da­des y refuer­za al Esta­do con recur­sos lega­les para impug­nar la refor­ma ener­gé­ti­ca, habla de cual­quier otra cosa mien­tras eva­de el tema de Ayotzinapa.
El queha­cer de los comu­nis­tas se redo­bla en estas con­di­cio­nes, en que la úni­ca opción a la bar­ba­rie capi­ta­lis­ta y su repre­sión geno­ci­da pue­de sur­gir del masi­vo pro­ta­go­nis­mo de la cla­se obre­ra y su vigen­te pro­gra­ma del derro­ca­mien­to del poder de los monopolios.
El terro­ris­mo de Esta­do no nos debe lle­var al replie­gue, sino ace­le­rar los pre­pa­ra­ti­vos de la con­tra­ofen­si­va pro­le­ta­ria y popular.
Vamos a tra­ba­jar en este con­tex­to impul­san­do la insu­bor­di­na­ción y la insu­mi­sión fren­te al esta­do de dere­cho que ase­si­na a nues­tro pue­blo. A noso­tros no nos intere­sa la gober­na­bi­li­dad, ni la esta­bi­li­dad polí­ti­ca de la bar­ba­rie del terro­ris­mo de Esta­do, sino la ingo­ber­na­bi­li­dad que haga sur­gir el pro­ta­go­nis­mo de los tra­ba­ja­do­res, que lle­ve a las masas popu­la­res a la irrup­ción en la polí­ti­ca, para asu­mir los asun­tos de su inte­rés en sus pro­pias manos.
Vamos a tra­ba­jar para pro­mo­ver la orga­ni­za­ción uni­ta­ria de los estu­dian­tes, con carác­ter demo­crá­ti­co y de alcan­ce nacio­nal, que expre­se fuer­zas nue­vas y no la suma de mem­bre­tes. Vamos a apo­yar las deci­sio­nes de la CETEG y la APG. Vamos a tra­ba­jar para esbo­zar un hori­zon­te que pon­ga fin ya a estas into­le­ra­bles mani­fes­ta­cio­nes de vio­len­cia anti­po­pu­lar, endé­mi­cas al capi­ta­lis­mo. ¡Que sue­ne la hora de la ofen­si­va popular!

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