Vene­zue­la: Mafia trans­fron­te­ri­za ase­si­nó a Robert Serra

robert

Recien­te­men­te un hecho aler­tó a los sec­to­res revo­lu­cio­na­rios de la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la: la cone­xión de un suje­to des­equi­li­bra­do pero bien entre­na­do en el terro­ris­mo, como Loren Saleh, con el ex pre­si­den­te colom­biano Álva­ro Uri­be Vélez – pro­mo­tor de las Auto­ri­da­des Uni­das de Colom­bia (AUC) – con el fin de lle­var a cabo en el país aten­ta­dos y ase­si­na­tos selectivos.

Estos pla­nes, dise­ña­dos des­de el exte­rior con apo­yo interno, son par­te de la lla­ma­da Delin­cuen­cia Orga­ni­za­da Inter­na­cio­nal o Trans­fron­te­ri­za, como se cali­fi­ca a aque­llos gru­pos cuyos crí­me­nes se eje­cu­tan con apo­yo de sus cone­xio­nes inter­na­cio­na­les. Redes dedi­ca­das a acti­vi­da­des ten­dien­tes a vio­len­tar toda ley y nor­ma posible.

Lamen­ta­ble­men­te el ejem­plo colom­biano es nece­sa­rio para cla­ri­fi­car los últi­mos acon­te­ci­mien­tos ocu­rri­dos en el país. No sólo por el nivel de orga­ni­za­ción de las mafias de nar­co­tra­fi­can­tes, lava­do de dine­ro, secues­tro, fal­si­fi­ca­ción de docu­men­tos, etc, sino por las prác­ti­cas de éstas para lograr sus obje­ti­vos eco­nó­mi­cos. Pues a fin de cuen­tas, tan­to quie­nes orde­nan los crí­me­nes como quie­nes los eje­cu­tan son bene­fi­cia­dos finan­cie­ra­men­te. Enton­ces, los ope­ra­do­res actúan según la deman­da del “mer­ca­do”.

Este mer­ca­do lo pue­den deter­mi­nar aque­llos gru­pos o clien­tes que requie­ren de tales “ser­vi­cios”. Por lo que enco­mien­dan eli­mi­nar los obs­tácu­los que les impi­den favo­re­cer­se; que les limi­ten en sus múl­ti­ples pro­yec­tos o sean una pie­dra en el zapa­to para man­te­ner el con­trol en deter­mi­na­da área.

Estu­dios serios en la mate­ria seña­lan entre las carac­te­rís­ti­cas de la Delin­cuen­cia Orga­ni­za­da, el domi­nio de espa­cios geo­grá­fi­cos, como por ejem­plo, la pre­ten­sión de la dere­cha vene­zo­la­na de con­tro­lar los esta­dos de la lla­ma­da media luna.

Otro ele­men­to que la iden­ti­fi­ca es que sus inte­gran­tes care­cen de ideo­lo­gías, sal­vo en el caso de aque­llos que prac­ti­can el terro­ris­mo, como por ejem­plo quie­nes han esta­do al fren­te de las gua­rim­bas o pla­nes de des­es­ta­bi­li­za­ción del país; quie­nes han aten­ta­do en con­tra de ins­ta­la­cio­nes públi­cas como refi­ne­rías; o aque­llos que pla­ni­fi­can volar puen­tes, dis­co­te­cas, lico­re­rías o anun­cian ase­si­na­tos selec­ti­vos, tal y como lo dijo en un video el terro­ris­ta Loren Saleh.

Tam­bién iden­ti­fi­ca a estas orga­ni­za­cio­nes o ban­das, que su sub­sis­ten­cia no depen­de de la vida de sus inte­gran­tes, los cua­les pue­den ser apre­sa­dos o ase­si­na­dos (por los cuer­pos poli­cia­les o por los mis­mos miem­bros de tales redes) en la prác­ti­ca de estos hechos que eje­cu­tan con toda la crueldad.

La fal­ta de escrú­pu­los con la que los acto­res se des­en­vuel­ven es impre­sio­nan­te para el común de la gen­te. Estos delin­cuen­tes son “pro­fe­sio­na­les” para el mal, como los cali­fi­có Saleh en uno de sus videos.

Maca­bra encomienda

El pasa­do 1º de octu­bre, el país fue sacu­di­do por la noti­cia, con­mo­vi­do por el dolor y sor­pren­di­do por el horror, al cono­cer que el joven y bri­llan­te par­la­men­ta­rio Robert Serra, había sido ase­si­na­do den­tro de su resi­den­cia, en la emble­má­ti­ca parro­quia La Pas­to­ra, jun­to con su com­pa­ñe­ra María Herre­ra, tam­bién joven com­ba­tien­te venezolana.

El minis­tro de Inte­rior y Jus­ti­cia, Mayor Gene­ral del Ejér­ci­to, Miguel Rodrí­guez Torres, horas des­pués de ini­ciar las inves­ti­ga­cio­nes en torno al terri­ble cri­men, no dudó en afir­mar: “…se tra­ta de un homi­ci­dio inten­cio­nal, pla­ni­fi­ca­do y eje­cu­ta­do con gran pre­ci­sión…”, cuyas evi­den­cias según el alto fun­cio­na­rio, deve­lan que el doble homi­ci­dio fue come­ti­do “al deta­lle y con mucha técnica”.

La saña y téc­ni­ca con las cua­les fue come­ti­da tal enco­mien­da maca­bra, hablan de prác­ti­cas aje­nas a nues­tro pue­blo, extra fron­te­ras, que lle­va a cabo el para­mi­li­ta­ris­mo, gra­ve fenó­meno que man­tie­ne a la pobla­ción colom­bia­na, inmer­sa en el terror por el hos­ti­ga­mien­to, ame­na­zas, masa­cres, tor­tu­ras, ase­si­na­tos selec­ti­vos, des­apa­ri­cio­nes que estos gru­pos come­ten a diario.

En Vene­zue­la, este tipo de encar­gos no es coti­diano y mucho menos natu­ral. Sin embar­go, lla­ma la aten­ción que des­de hace pocos años, homi­ci­dios de tales carac­te­rís­ti­cas se vie­nen come­tien­do en con­tra de figu­ras vin­cu­la­das con el gobierno revo­lu­cio­na­rio, impul­sor jun­to con el pue­blo de un nue­vo mode­lo de país, que aho­ra se encuen­tra en tran­si­ción hacia el socia­lis­mo, en medio de una gue­rra sin cuar­tel des­de 1999, tras la lle­ga­da a la pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca, del Coman­dan­te Hugo Chávez.

Duran­te el gol­pe de Abril de 2002, la dere­cha gol­pis­ta colo­có fran­co­ti­ra­do­res en edi­fi­cios adya­cen­tes al Pala­cio de Mira­flo­res, des­de los cua­les ase­si­na­ron con cer­te­ros tiros en la cabe­za a 19 vene­zo­la­nos, la mayo­ría com­pa­trio­tas que fue­ron al puen­te Lla­guno para defen­der al gobierno de Chá­vez que fue derro­ca­do sólo por unas horas. Sie­te de los fran­co­ti­ra­do­res fue­ron cap­tu­ra­dos y entre­ga­dos al Regi­mien­to de la Guar­dia de Honor del Pre­si­den­te; lue­go tras­la­da­dos a la Disip (hoy Sebin) don­de fue­ron ficha­dos. Uno de ellos era de nacio­na­li­dad nor­te­ame­ri­ca­na, un colom­biano y otro con cédu­la fal­sa, el res­to por­ta­ba docu­men­ta­ción, pero a fin de cuen­tas no dio el tiem­po para con­fir­mar sus datos por­que el régi­men de Car­mo­na los puso en liber­tad y des­apa­re­ció todo indi­cio que los incul­pa­ra como actas de aprehen­sión, ofi­cios de soli­ci­tud, exper­ti­cias de tra­zas de dis­pa­ros y expediente.

Tam­bién recor­de­mos los para­mi­li­ta­res que fue­ron sor­pren­di­dos hace diez años en la Fin­ca Dak­ta­ri, muni­ci­pio El Hati­llo, don­de esta­rían pro­te­gi­dos mien­tras se lle­va­ba a cabo el maca­bro plan de ase­si­nar al pre­si­den­te Hugo Chá­vez, a quien pen­sa­ban cor­tar­le la cabe­za. Esta pro­pie­dad en la que se encon­tra­ban los “para­cos” era pro­pie­dad de otro terro­ris­ta, Robert Alon­so, alias “el coro­nel”, her­mano de María Con­chi­ta Alon­so y pro­te­gi­do por el gobierno de Barak Oba­ma, lo cual habla del apo­yo que los para­mi­li­ta­res reci­ben de las mafias dis­tri­bui­das en todo el mundo.

El obje­ti­vo de estos gru­pos como las AUC, por ejem­plo, es exter­mi­nar a las orga­ni­za­cio­nes y movi­mien­tos polí­ti­cos que se enfren­tan al poder impe­rial. Son el bra­zo arma­do de las oli­gar­quías finan­cie­ras, polí­ti­cas y mili­ta­res que ven mer­ma­do su poder y que por ejem­plo, en Vene­zue­la, tie­nen más de 15 años sin poner­le la mano, o robar­se para ser más exac­tos, los recur­sos del país, que aho­ra se invier­ten en lo social primordialmente.

Cin­co meses antes de la muer­te de Robert Serra, le arre­ba­ta­ron la vida a otro hom­bre del pro­ce­so, fiel al Coman­dan­te Eterno Hugo Chá­vez, y sím­bo­lo de fuer­za revo­lu­cio­na­ria, nos refe­ri­mos a Elié­cer Otai­za, en cuyo cri­men el para­mi­li­ta­ris­mo dejó sus huellas.

Homi­ci­dios como estos y el del Fis­cal Dani­lo Ander­son, tam­bién en 2004, res­pon­den sin duda a un plan bien estruc­tu­ra­do por quie­nes se espe­cia­li­zan en esta gue­rra no con­ven­cio­nal. Per­si­gue afec­tar la esta­bi­li­dad de la nación, ata­can­do a la pobla­ción en gene­ral que ade­más es sacu­di­da a dia­rio por los titu­la­res de los noti­cie­ros y pri­me­ras pági­nas, espe­cia­lis­tas en refle­jar estos suce­sos de mane­ra ais­la­da, des­con­tex­tua­li­za­da y sin herra­mien­tas para que quie­nes reci­ben tales infor­ma­cio­nes pue­dan pen­sar los hechos. El efec­to que cau­san enton­ces es la zozo­bra, la incer­ti­dum­bre, la inse­gu­ri­dad, la des­mo­ra­li­za­ción, el terror y por con­si­guien­te la des­mo­vi­li­za­ción, obje­ti­vo final de quie­nes apli­can esta estrategia.

Come­tie­ron un magnicidio

Robert Serra tenía muchas cua­li­da­des y capa­ci­da­des. Ade­más de ser el dipu­tado más joven de la Asam­blea Nacio­nal, era una de las men­tes más luci­das del Par­la­men­to y de la diri­gen­cia juve­nil revo­lu­cio­na­ria del país.

Se carac­te­ri­zó por un ver­bo encen­di­do, inte­li­gen­te y cor­tan­te que puso en su lugar a la dere­cha apa­tri­da en todas las oca­sio­nes que tuvo opor­tu­ni­dad de hacer­lo. Su capa­ci­dad de aná­li­sis e inter­pre­ta­ción de la situa­ción del país y genio para trans­mi­tir­la a la gen­te, des­de muy joven, le valió de Hugo Chá­vez el apo­do de “metra­lle­ta”. Pero ade­más con­ta­ba con el afec­to de mucha gen­te que se lan­zó a la calle a acom­pa­ñar­lo has­ta la siem­bra en el Cemen­te­rio Gene­ral del Sur.

En la calle cual­quier ciu­da­dano opi­na que Robert pudo lle­gar a ocu­par gran­des e impor­tan­tes car­gos y noso­tros com­par­ti­mos ese sen­tir. La dere­cha terro­ris­ta no sólo ase­si­nó a un bri­llan­te y joven dipu­tado; mató a un Fis­cal Gene­ral de la Repú­bli­ca, a un pre­si­den­te del Tri­bu­nal Supre­mo de Jus­ti­cia, a un Con­tra­lor; a un Fis­cal Gene­ral, a un pre­si­den­te de la Asam­blea Nacio­nal, a un gober­na­dor, ase­si­nó a un minis­tro y has­ta a un futu­ro Pre­si­den­te de la Repú­bli­ca. Quie­nes encar­ga­ron el cri­men de Robert sabían lo que esta­ban hacien­do y a quién esta­ban asesinando.

El ase­si­na­to de Robert Serra pudo ser anun­cia­do un día antes por el dipu­tado de la dere­cha Car­los Berriz­bei­tia, del par­ti­do Pro­yec­to Vene­zue­la, al cual per­te­ne­ce Loren Saleh y cuyo fun­da­dor es el ex gober­na­dor del esta­do Cara­bo­bo, Hen­ri­que Salas Romer. Berriz­bei­tia en la últi­ma sesión a la cual asis­tió el dipu­tado del PSUV, envió un men­sa­je cla­ro a los par­la­men­ta­rios de la Revo­lu­ción: “…uste­des tie­nen los días contados”.

El pre­si­den­te de la Repú­bli­ca Nico­lás Madu­ro, duran­te el sepe­lio del joven Serra, anun­ció que las inves­ti­ga­cio­nes en torno al doble homi­ci­dio esta­ban bas­tan­te ade­lan­ta­das. E inclu­so ade­lan­tó que los auto­res mate­ria­les esta­ban iden­ti­fi­ca­dos y per­se­gui­dos por los cuer­pos poli­cia­les y que los inte­lec­tua­les pudie­ran estar rela­cio­na­dos con el ase­si­na­to de Dani­lo Ander­son y ubi­ca­dos en Mia­mi y Colom­bia, cen­tros de la cons­pi­ra­ción per­ma­nen­te de la dere­cha terro­ris­ta en con­tra de Chá­vez y aho­ra en con­tra de Maduro.

Robert Serra, joven revo­lu­cio­na­rio, sen­si­ble hijo y sol­da­do de la Patria, mere­cía como todos los jóve­nes vivir; como todos los seres huma­nos pro­duc­ti­vos para la Patria, for­mar una fami­lia y seguir apor­tan­do al país. Sin embar­go, la dere­cha cri­mi­nal y terro­ris­ta del país, la mafia trans­fron­te­ri­za con sus alia­dos o jefes arre­ba­ta­ron el futu­ro, como lo vie­nen hacien­do con miles de jóve­nes que son víc­ti­mas del ham­pa orga­ni­za­da, cone­jos de india en esta gue­rra silen­cio­sa que pre­ten­de no sólo derro­car un pro­ce­so, sino la savia, la espe­ran­za, los sue­ños y las con­quis­tas de un pue­blo que lucha por su sobe­ra­nía y liber­tad a cos­ta de su vida.

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