María del Mar, la heroí­na que defen­dió la patria y los dere­chos de las muje­res- Tri­bu­na Popular

La difí­cil his­to­ria del reco­no­ci­mien­to de las muje­res en igual­dad de con­di­cio­nes con los varo­nes tie­ne alre­de­dor de sie­te mile­nios. La cons­truc­ción de la cul­tu­ra patriar­cal se vale de cual­quier ele­men­to para inva­li­dar­nos. Afor­tu­na­da­men­te las muje­res hemos podi­do ir edi­fi­can­do, en ague­rri­da lucha, los hilos que van tejien­do una con­di­ción dife­ren­te a estas reali­da­des y res­tan­do peso a la tra­di­ción de los sis­te­mas opresores.

Una de las mag­ní­fi­cas teje­do­ras lle­va por nom­bre María del Mar Álva­rez; la que se con­vir­tió en engra­na­je vital del motor de la his­to­ria. Comu­nis­ta des­de la déca­da del 50, mili­tó en las filas de la glo­rio­sa Juven­tud Comu­nis­ta de Vene­zue­la (JCV) y for­mó par­te de la lucha con­tra la igno­mi­nia capi­ta­lis­ta y patriar­cal (per­do­nen la redundancia).
El 17 de mar­zo de 1951 dio vida, jun­to a otras bata­lla­do­ras incan­sa­bles, a la Unión de Mucha­chas Vene­zo­la­nas, orga­ni­za­ción con­for­ma­da por cien­tos de jóve­nes quie­nes deci­die­ron agru­par­se para com­ba­tir a tra­vés de Comi­tés la feroz tira­nía perez­ji­me­nis­ta. Estos Comi­tés hicie­ron vida en las zonas popu­la­res, cen­tros de estu­dio y puer­tas de fábri­cas, a tra­vés del tra­ba­jo lite­ra­rio, depor­ti­vo, cul­tu­ral, accio­nes beli­ge­ran­tes, eco­nó­mi­cas y visi­tas soli­da­rias a nues­tros pre­sos y sus familiares.

Ellas pro­cu­ra­ron y logra­ron unir fuer­zas para com­ba­tir la dic­ta­du­ra y mejo­rar las con­di­cio­nes de la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en lo públi­co y lo pri­va­do. Con ope­ra­cio­nes colec­ti­vas con­tun­den­tes orga­ni­za­ron fes­ti­va­les, fue­ron per­se­gui­das, encar­ce­la­das y tor­tu­ra­das muchas de ellas, como nues­tra que­ri­dí­si­ma Yolan­da Villa­pa­re­des. La Segu­ri­dad Nacio­nal sus­pen­dió muchas de las acti­vi­da­des, sufrien­do un duro revés en 1953; pero esto no impi­dió que algu­nos Comi­tés siguie­ran tra­ba­jan­do, aun en la clan­des­ti­ni­dad o el exi­lio, con per­ma­nen­tes alla­na­mien­tos y per­se­cu­ción, y muchas de las muje­res con­ti­nua­ron su lucha eman­ci­pa­do­ra por los dere­chos de las muje­res y por un país en mode­lo eco­nó­mi­co inclu­si­vis­ta. Impor­tan­te seña­lar que esta ali­nea­ción de jóve­nes fue fun­da­men­tal­men­te con­for­ma­da por par­ti­ci­pan­tes de la JCV.

Nues­tra María del Mar par­ti­ci­pó en la lucha por los DDHH en la Comi­sión por la Jus­ti­cia y la Ver­dad, pla­ta­for­ma que inves­ti­ga los crí­me­nes del pun­to­fi­jis­mo, régi­men que aca­bó con la vida de muchas y muchos diri­gen­tes nues­tros, como el cama­ra­da Alber­to Love­ra, quien fue­ra su esposo.

Cons­tru­yó en abono colec­ti­vo, herra­mien­tas jurí­di­cas que visi­bi­li­zan a las muje­res, entre ellas la Cons­ti­tu­ción de la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la. Mar­có un hito en las for­mas lega­les, actuan­do en las dis­tin­tas comi­sio­nes que refor­ma­ron el Códi­go Civil en la déca­da de los ochen­ta, ade­más fue nues­tra pri­me­ra Defen­so­ra Nacio­nal de los Dere­chos de las Muje­res. Ella per­fi­ló estra­te­gias que ayu­dan a sen­si­bi­li­zar y empo­de­rar a las muje­res: “El tra­ba­jo con las muje­res siem­pre lo vin­cu­la­mos a sus rei­vin­di­ca­cio­nes, para que inte­rio­ri­za­ran que exis­tía la dis­cri­mi­na­ción… En Vene­zue­la hoy en día exis­te una igual­dad jurí­di­ca de la mujer, esta­ble­ci­da en la Cons­ti­tu­ción, y exis­te una preo­cu­pa­ción de las muje­res por aspi­rar, pero no pode­mos decir que esas con­quis­tas jurí­di­cas que hoy tene­mos estén ple­na­men­te asi­mi­la­das por todas las mujeres.”

Sus manos tam­bién tren­za­ron un inva­lua­ble apor­te cuan­do escri­bió tes­ti­mo­nios en su libro “La his­to­ria de la lucha de la Mujer vene­zo­la­na”, sen­tía que era una deu­da con noso­tras y que debía entre­gar­nos su memo­ria impresa.

María del Mar, ni el empe­ño de la muer­te –que te lle­vó el pasa­do 17 de agos­to– obnu­bi­la­rá la tarea y el com­pro­mi­so que tene­mos con­ti­go y con las muje­res de la patria. Nos dejas­te el mapa, la rosa de los vien­tos y el astro­la­bio, aspi­ra­mos mere­cer el honor de tu pre­sen­cia en nues­tros pasos. Abra­zo soro­ral don­de quie­ra que te encuentres.

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