Cuan­do el esta­do repar­tió heroí­na para alie­nar a gran par­te de su juven­tud- Fran­cis­co Gon­zá­lez Tejera

Toda­vía recuer­do aque­llos años fina­les de los 70, prin­ci­pios de los 80, cuan­do de repen­te apa­re­ció mis­te­rio­sa­men­te la heroí­na en casi todos los barrios popu­la­res de Cana­rias. Antes solo se encon­tra­ba marihua­na, hachís, pas­ti­llas y excep­cio­nal­men­te cocaí­na, dro­gas que no gene­ra­ban en aque­llos tiem­pos una exce­si­va adic­ción, ni con­ver­tían a quie­nes las con­su­mían en zom­bis demacrados/​as dispuestos/​as a todo para con­se­guir una nue­va dosis.

Con la heroí­na lo con­si­guie­ron y todo se lle­nó de fan­tas­mas desnutridos/​as, tre­men­da­men­te flacos/​as, reco­rrien­do las calles pidien­do dine­ro, for­zan­do coches, roban­do, pegan­do tiro­nes, atra­can­do, saquean­do los humil­des aho­rros de sus pro­pias familias.

Soy de los que pien­so que el pro­pio esta­do comen­zó ese repar­to indis­cri­mi­na­do de dro­ga, con el obje­ti­vo cla­ro de alie­nar a una juven­tud que era com­ba­ti­va, que lle­va­ba años luchan­do con­tra la ante­rior dic­ta­du­ra fas­cis­ta espa­ño­la, que tras el enga­ño sinies­tro de la “tran­si­ción” a la fal­sa demo­cra­cia se eter­ni­zó en el poder a los nue­vos ladro­nes, delin­cuen­tes polí­ti­cos, esta­fa­do­res pro­fe­sio­na­les de coche ofi­cial, que temían a una juven­tud que comen­za­ba a orga­ni­zar­se, a luchar, a movi­li­zar­se en sus barrios y ciu­da­des, en los cen­tros edu­ca­ti­vos de secun­da­ria y en la pro­pia universidad.

Ese plan alie­nan­te se lle­vó a cabo por todo el esta­do espa­ñol, no solo en las islas, inci­dien­do sobre todo en Eus­kal Herria, Cata­lun­ya, Gali­xa, Anda­lu­cía, Madrid…, don­de de repen­te los/​as heroinómanos/​as for­ma­ron par­te del pai­sa­je coti­diano, des­tru­yen­do a una par­te de la juven­tud más lucha­do­ra, lle­ván­do­la a la muer­te por sobre­do­sis, ase­si­na­tos, dis­pa­ros de la poli­cía y suicidios.

Por ello no entien­do que los voce­ros del cadu­co régi­men espa­ñol se echen las manos a la cabe­za, sim­ple­men­te por­que alguien diga “que la pro­pia poli­cía repar­tió dro­gas”. Es una reali­dad pal­pa­ble, no sé si los cuer­pos de segu­ri­dad lo hicie­ron direc­ta­men­te o no, pero es un hecho que exis­tió, un pro­yec­to pre­con­ce­bi­do de alie­na­ción des­de las entra­ñas del esta­do, cuyos resul­ta­dos les fue­ron inmen­sa­men­te satis­fac­to­rios, borran­do del mapa social y polí­ti­co a muchos/​as jóve­nes, des­tro­zan­do barrios com­ba­ti­vos, heroi­cos y alta­men­te orga­ni­za­dos, don­de gran par­te de sus líde­res juve­ni­les caye­ron en las fau­ces de las toxi­co­ma­nías, conducidos/​as direc­ta­men­te al pare­dón de la pasi­vi­dad, del lum­pen, de la abso­lu­ta indi­gen­cia, de una exclu­sión social casi irreversible.

Muchos ami­gos y ami­gas jamás salie­ron de ese abis­mo, yo mis­mo pude ser uno/​a de ellos/​as. Gen­te muy valio­sa, inte­li­gen­te, con mucha cul­tu­ra, com­pro­mi­so, con ideas cla­ras de lucha con­tra este cri­mi­nal sis­te­ma capi­ta­lis­ta, compañeros/​as que aho­ra están muertos/​as, hospitalizados/​as de por vida o sim­ple­men­te con una demen­cia per­ma­nen­te, deam­bu­lan­do calles oscu­ras en la más abso­lu­ta sole­dad, desamparados/​as por el corrup­to régi­men, sobre­vi­vien­do en ban­cos de ali­men­tos, pasan­do sus últi­mos días en cen­tros socia­les tapa­de­ra, que lo úni­co que per­si­guen es tapar la evi­den­te y tris­te realidad.

Aque­llos años de Deep Pur­ple, Led Zep­pe­lin y el amor revo­lu­cio­na­rio de Víc­tor Jara, inun­da­ron de ter­nu­ra esa par­te de nosotros/​as que toda­vía sigue viva, que nos estre­me­ce cuan­do recor­da­mos a los/​as muchos/​as que ya no están, que se que­da­ron en el camino deso­la­do, galo­pan­do caba­llos de muer­te entre las nubes del olvido.

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