Algu­nas refle­xio­nes sobre las san­cio­nes con­tra Rusia y la res­pues­ta de Mos­cú- Oli­ver Zamo­ra Oria

vladimir putin y dimitri medvedev

Como par­te del equi­po edi­to­rial de Cuba­de­ba­te, he segui­do la intere­san­te dis­cu­sión de los foris­tas sobre las san­cio­nes eco­nó­mi­cas de Esta­dos Uni­dosEuro­pa con­tra Rusia, y la res­pues­ta del gigan­te euro­asiá­ti­co anun­cia­da hace unos días. Fren­te a la diver­si­dad de opi­nio­nes he que­ri­do dar mi pun­to de vista.

Si, tal como se espe­ra­ba Rusia res­pon­dió de la úni­ca for­ma posi­ble: con más san­cio­nes pero en sen­ti­do inver­so, una vía lógi­ca de pro­te­ger a los pro­duc­to­res inter­nos, quie­nes sufri­rán de for­ma indi­rec­ta las san­cio­nes occi­den­ta­les. La demo­ra en reac­cio­nar supo­ne que el Krem­lin ha estu­dia­do deta­lla­da­men­te el impac­to del con­flic­to y las res­pues­tas nece­sa­rias, cons­cien­te de que será un tran­ce difí­cil (no el fin del mun­do), pero que a la lar­ga supe­ra­ble y qui­zás beneficio.

¿Por qué bene­fi­cio­so? En polí­ti­ca y en eco­no­mía los reve­ses pue­den con­ver­tir­se en vic­to­rias a mediano y lar­go pla­zo si son mane­ja­dos con inte­li­gen­cia. Esta mone­da tie­ne dos caras, es cier­to, habrá mayor fuga de capi­ta­les, la incor­po­ra­ción de Cri­mea cons­ti­tu­ye un gas­to enor­me que pon­drá en aprie­tos el pre­su­pues­to de este año y el pró­xi­mo, y la eco­no­mía podría decre­cer en tér­mi­nos de Pro­duc­to Interno Bru­to (PIB).

Pero el vaso podría ver­se medio lleno y no medio vacío; qui­zás sea el momen­to ideal para reajus­tar el mode­lo eco­nó­mi­co, para que Rusia for­ta­lez­ca cier­tos sec­to­res pro­duc­ti­vos que debían com­pe­tir con los pro­duc­tos extran­je­ros antes de las sanciones.

¿Por qué Rusia tie­ne que com­prar man­za­nas en Polo­nia o pollos en Esta­dos Uni­dos? ¿Aca­so es un país tro­pi­cal o sin tie­rras cul­ti­va­bles? Sus gran­des for­tu­nas, que no son pocas, podrían inver­tir su dine­ro en el país y no lan­zar­se a com­prar lujo­sos inmue­bles en la Rive­ra Fran­ce­sa, Lon­dres o en Ibi­za, o com­prar equi­pos de fut­bol en Ingla­te­rra. Rusia pue­de poner a cir­cu­lar sus capi­ta­les al inte­rior del país.

Mos­cú tie­ne varios ins­tru­men­tos para enfren­tar esta cri­sis e impul­sar esa posi­ble recon­ver­sión; pri­me­ro un pre­si­den­te popu­lar con más del 80 por cien­to de acep­ta­ción, segun­do, un apa­ra­to esta­tal fuer­te y cohe­sio­na­do, ter­ce­ro, enor­mes reser­vas inter­na­cio­na­les supe­rio­res a los 470 mil millo­nes de dóla­res, lo cual pue­de sos­te­ner el rublo duran­te un tiem­po e inver­tir­se en la indus­tria nacio­nal, y cuar­to, algo muy impor­tan­te, un fuer­te sen­ti­mien­to nacio­na­lis­ta que hace de los rusos un pue­blo con una capa­ci­dad extra­or­di­na­ria para enfren­tar situa­cio­nes difíciles.

Pien­so aho­ra en uno de los tan­tí­si­mos ejem­plos: el Cer­co a Lenin­gra­do, cuan­do los habi­tan­tes de la ciu­dad se comían los zapa­tos y male­ti­nes de cue­ro para apla­car la ham­bru­na de un hos­ti­ga­mien­to que duró casi tres años, una expe­rien­cia vivi­da por los padres de Putin y que pue­de haber mar­ca­do la per­so­na­li­dad polí­ti­ca de este líder.

Es el país que per­dió más de 20 millo­nes de habi­tan­tes en la Segun­da Gue­rra Mun­dial, que tras­la­dó toda su indus­tria pesa­da a Sibe­ria de for­ma mara­tó­ni­ca para no dejar de pro­du­cir en medio de la con­tien­da. Es el país que cons­tru­yó una capi­tal euro­pea sacan­do el fan­go con las manos y que pro­ta­go­ni­zó los prin­ci­pa­les giros de la his­to­ria duran­te el siglo 20. ¿Serán estas san­cio­nes las que doble­ga­rán una resis­ten­cia que es cul­tu­ral? No.

Hay otros ele­men­tos a ana­li­zar. No sub­es­ti­me­mos la capa­ci­dad de res­pues­ta de Mos­cú, algu­nos foris­tas sub­va­lo­ran las car­tas del Krem­lin alu­dien­do a las pocas mar­cas rusas que se cono­cen en el mer­ca­do inter­na­cio­nal, lo cual, con todo res­pe­to, es un pun­to de vis­ta cues­tio­na­ble; recor­de­mos que muchas de las gran­des mar­cas son euro­peas y esta­dou­ni­den­ses, sin embar­go, tie­nen sus fábri­cas en Chi­na, Fili­pi­nas o en Tailandia.

Es cier­to… Rusia tie­ne pro­ble­mas estruc­tu­ra­les como el atra­so tec­no­ló­gi­co en algu­nos sec­to­res, pero es la octa­va eco­no­mía a nivel inter­na­cio­nal. El canal ruso RT ofre­ce algu­nos deta­lles en su pági­na web dig­nos de tener en cuen­ta: el país euro­asiá­ti­co está entre los pri­me­ros pro­duc­to­res mun­dia­les de petró­leo, es más, en oca­sio­nes ha ocu­pa­do el pri­mer lugar en ese sec­tor. Tie­ne la segun­da indus­tria arma­men­tis­ta más poten­te del pla­ne­ta; solo la empre­sa Rosa­tom con­tro­la el 16 por cien­to de las cons­truc­cio­nes de cen­tra­les nuclea­res en el mun­do y es líder mun­dial en la pro­duc­ción de varios pro­duc­tos quí­mi­cos. Las ven­tas de ali­men­tos le repor­ta­ron 15.000 millo­nes de dóla­res en 2013.

Cuan­do habla­mos de que Euro­pa sen­ti­rá en car­ne pro­pia sus san­cio­nes con­tra Mos­cú, no nos refe­ri­mos tan­to a los que Rusia no le ven­de­rá, sino a lo que Rusia no le com­pra­rá. Los cálcu­los están hechos y publi­ca­dos, el PIB de la Unión Euro­pea decre­ce­rá y esta gue­rra de san­cio­nes podría cos­tar­le más de 40 mil millo­nes de dóla­res este año. En el caso de Ale­ma­nia, la loco­mo­to­ra regio­nal, pue­de per­der dece­nas de miles de pues­tos de tra­ba­jos y algu­nas de sus empre­sas cien­tos de millo­nes de euros.

Pero quién sabe si las mayo­res ten­sio­nes están por venir. Si Rusia comien­za a res­pon­der de for­ma pau­la­ti­na y lle­ga al pun­to de mover sus pode­ro­sas palan­cas polí­ti­cas y diplo­má­ti­cas, el dolor de cabe­za será más fuer­te para Euro­pa y los Esta­dos Unidos.

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