El secues­tro de Marey- Xabier Makazaga

Los jue­ces espa­ño­les han mos­tra­do siem­pre una cla­ra fal­ta de inte­rés por escla­re­cer la gue­rra sucia. En efec­to, han inves­ti­ga­do bien pocos casos y en nin­guno de ellos lo han hecho has­ta el final. Abso­lu­ta­men­te en nin­guno. El 100% de los ase­si­na­tos debi­dos a la gue­rra sucia con­ti­núan sin ser del todo escla­re­ci­dos por la jus­ti­cia espa­ño­la, que sigue sin que­rer saber nada sobre la iden­ti­dad del res­pon­sa­ble máxi­mo de los GAL, el señor X.

Todo el mun­do sabe de sobra quién era el señor X, pero la gran mayo­ría de la gen­te des­co­no­ce, en cam­bio, que inclu­so las accio­nes de gue­rra sucia que se con­si­de­ran del todo escla­re­ci­das están muy lejos de ser­lo. Sir­va como ejem­plo la pri­me­ra acción rei­vin­di­ca­da usan­do las siglas GAL, el secues­tro de Segun­do Marey. Una acción sobre la que tan­to res­pon­sa­bles polí­ti­cos como poli­cías espa­ño­les y fran­ce­ses ocul­ta­ron no pocas cosas.

Ade­más, es fácil pro­bar que min­tie­ron des­ca­ra­da­men­te res­pec­to a otras. Por ejem­plo, afir­ma­ron que el obje­ti­vo del secues­tro era el refu­gia­do Mikel Lujua y que se die­ron cuen­ta de la con­fu­sión en cuan­to Marey fue entre­ga­do en la fron­te­ra al sub­co­mi­sa­rio José Ame­do. Impo­si­ble. La Jus­ti­cia espa­ño­la dio por pro­ba­do que fue eso lo que suce­dió, pero es evi­den­te que tan­to lo uno como lo otro era abso­lu­ta­men­te falso.

Si el obje­ti­vo de los secues­tra­do­res hubie­se sido Mikel Lujua, y Ame­do se hubie­ra dado cuen­ta del error ense­gui­da, es del todo impo­si­ble que des­pués suce­die­ra lo que suce­dió y con­tó El País: los secues­tra­do­res de Marey «le inten­ta­ron sacar infor­ma­ción fun­da­men­tal­men­te sobre per­so­nas, empre­sas y enti­da­des que pagan el impues­to revo­lu­cio­na­rio a ETA, así como el des­tino de las can­ti­da­des eco­nó­mi­cas obte­ni­das por este sistema».

Lo que con­tó El País fue, ade­más, del todo con­cor­dan­te con lo que afir­ma­ba el famo­so comu­ni­ca­do manus­cri­to, dos días des­pués del secues­tro, por el enton­ces Gober­na­dor Civil de Biz­kaia Julián San­cris­to­bal y el Secre­ta­rio Gene­ral del PSOE de Biz­kaia, Ricar­do Gar­cía Dam­bo­re­nea. En aquel comu­ni­ca­do, que guar­dó celo­sa­men­te Ame­do duran­te años y sir­vió para pro­bar la impli­ca­ción direc­ta de ambos res­pon­sa­bles polí­ti­cos, se decía que Segun­do Marey había sido secues­tra­do «por par­ti­ci­par en el cobro del impues­to revo­lu­cio­na­rio». En el siguien­te comu­ni­ca­do, ya no men­cio­na­ron nada similar.

Es indis­cu­ti­ble que Marey fue some­ti­do a tor­tu­ras, has­ta que sus secues­tra­do­res se tuvie­ron que ren­dir a la evi­den­cia de que nada tenía que ver con ETA. Lo dice bien cla­ro uno de ellos, el mer­ce­na­rio Jean Pie­rre Echa­lier, entre los minu­tos 8:25 y 9:05 del repor­ta­je «GAL: ase­si­nos de Esta­do», de Xavier Muntz y Bruno Fay, emi­ti­do por el Canal+ francés.

Tam­bién lo denun­ció el pro­pio Marey en una entre­vis­ta: «Fue una tor­tu­ra sis­te­má­ti­ca. Eran pro­fe­sio­na­les […] Se reían de mi pos­tu­ra, de mi dolor. Tenía alu­ci­na­cio­nes, pesa­di­llas espe­luz­nan­tes que se han repe­ti­do des­de enton­ces». A pesar de ello, la sen­ten­cia con­de­na­to­ria del caso Marey no men­cio­nó para nada las tor­tu­ras que sufrió y enci­ma los jue­ces afir­ma­ron que los secues­tra­do­res no lo inte­rro­ga­ron. ¡Vaya si lo hicie­ron! Con saña.

El mer­ce­na­rio Echa­lier pre­ci­sa en el repor­ta­je antes men­cio­na­do que pre­ten­dían secues­trar al «teso­re­ro de ETA». Lo men­cio­na con toda cla­ri­dad dos veces, y lo que está más allá de cual­quier duda es que, al menos has­ta el segun­do día tras el secues­tro, tan­to mer­ce­na­rios como auto­ri­da­des y poli­cías espa­ño­les esta­ban per­sua­di­dos de que Segun­do Marey tenía mucho que ver con las finan­zas de ETA.

Esa his­to­ria de que pre­ten­dían secues­trar a Mikel Lujua, que nada tuvo que ver nun­ca con dichas finan­zas, no resis­te el más míni­mo aná­li­sis. La ver­da­de­ra con­fu­sión con­sis­tió, sin duda, en creer que Marey era «el teso­re­ro de ETA» y algu­nos de los impli­ca­dos, sino todos, segu­ro que saben por qué lle­ga­ron a seme­jan­te con­clu­sión. Una con­clu­sión a pri­me­ra vis­ta total­men­te absur­da, pero que debe tener algu­na explicación.

En su libro Cal viva, Ame­do vuel­ve a men­tir al res­pec­to. Sigue pre­ten­dien­do que deci­die­ron secues­trar a «Mikel Lujua Goros­tio­la, res­pon­sa­ble de finan­zas de la ban­da, des­pués de que el poli­cía Guy Met­ge faci­li­ta­ra duran­te un almuer­zo en Bil­bao su direc­ción en Hen­da­ya y un plan para secues­trar­lo a tra­vés de un gru­po de mercenarios».

Ame­do sabe de sobra que Lujua nun­ca tuvo abso­lu­ta­men­te nada que ver con las finan­zas de ETA y que Met­ge no faci­li­tó la direc­ción de Lujua en Hen­daia sino la de Marey, al que todos los pre­sen­tes en aquel almuer­zo con­si­de­ra­ban «res­pon­sa­ble de finan­zas de la ban­da». Y así lo siguie­ron con­si­de­ran­do, has­ta que, tras some­ter­lo duran­te días a duras tor­tu­ras, se tuvie­ron que ren­dir a la evi­den­cia de que Marey no tenía abso­lu­ta­men­te nada que ver con ETA.

Hoy día, Ame­do sigue afir­man­do que su secues­tro fue sólo un «error rela­ti­vo», cuan­do sabe de sobra que la mete­du­ra de pata fue de escán­da­lo. Tam­bién tie­ne que saber el moti­vo por el que pen­sa­ban que Marey era «el teso­re­ro de ETA», pero eso segu­ro que inten­ta­rá lle­vár­se­lo a la tum­ba, mien­tras sigue sol­tan­do su habi­tual retahí­la de medias ver­da­des y des­ca­ra­das mentiras.

Una de las men­ti­ras que suel­ta res­pec­to al caso Marey es de las de mar­ca mayor. Pre­ten­de que «Los hom­bres de Intxau­rron­do que­rían hacer­se con Marey para intro­du­cir­lo como topo en Sokoa des­pués de ame­dren­tar­lo». Un des­pro­pó­si­to del que sólo la pri­me­ra par­te res­pon­de a la reali­dad. Tam­bién Galin­do que­ría secues­trar a Marey, pero no pre­ci­sa­men­te para «ame­dren­tar­lo», sino para hacer­lo des­apa­re­cer como a los refu­gia­dos Lasa y Zaba­la. Se le ade­lan­tó Ame­do, que sigue fan­fa­rro­nean­do sobre sus «haza­ñas» de enton­ces, sin que la (in)Justicia espa­ño­la tome medi­da alguna.

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