La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria: base para un poder real de los pue­blos

NOTA: Ponen­cia para la char­la-deba­te a cele­brar el vier­nes 4 de julio en Sant Celo­ni, Cata­lun­ya, orga­ni­za­da por el movi­mien­to juve­nil ARRAN.

Las múl­ti­ples sobe­ra­nías

Refle­xio­nar sobre el con­cep­to de sobe­ra­nía es tras­la­dar­nos a múl­ti­ples y posi­bles aspec­tos de ésta que están entre­te­ji­dos en una sola. Podría­mos hablar de la sobe­ra­nía per­so­nal y rápi­da­men­te pen­sa­mos en nues­tra capa­ci­dad de ser ple­na como per­so­na libre. De poder actuar para con­se­guir nues­tras nece­si­da­des y cum­plir nues­tros anhe­los. Pero la sobe­ra­nía per­so­nal que­da­ría coja si no se acom­pa­ña de la del entorno en el que nos encon­tra­mos, el con­tex­to fami­liar, nues­tro barrio, nues­tra ciu­dad y país. Por que no ten­dre­mos esa posi­bi­li­dad de actuar, trans­for­mar y mejo­rar en lo per­so­nal si mi pue­blo, cen­tro de tra­ba­jo o barrio no la tie­ne y eso impli­ca actuar como gru­po, como seres socia­les que somos. Hace poco me con­ta­ba una bue­na ami­ga, pro­fe­so­ra, que cada vez más la dele­ga­ción de edu­ca­ción del que depen­de su ins­ti­tu­to ejer­ce una ver­da­de­ra tira­nía, un «ordeno y man­do» sobre el pro­fe­so­ra­do sin con­tar con su opi­nión exper­ta (exper­ta por la expe­rien­cia y la acti­tud de apren­der cuan­do ense­ñas). Y en cier­ta oca­sión que la direc­ción del ins­ti­tu­to trans­mi­tía a sus com­pa­ñe­ras y com­pa­ñe­ros las órde­nes de «arri­ba» res­pon­dió iró­ni­ca­men­te si es que aca­so esta­ban al dic­ta­do (en su auten­ti­co sen­ti­do esco­lar) de lo que exi­gen sus «auto­ri­da­des» edu­ca­ti­vas. Esta anéc­do­ta como tan­tas otras que ocu­rren en el día a día de las per­so­nas nos mues­tra la impor­tan­cia de prac­ti­car la sobe­ra­nía en todos los ámbi­tos com­bi­nan­do la acti­tud per­so­nal fren­te a posi­bles impo­si­cio­nes injus­tas en nues­tra vida dia­ria lo cual no impi­de sino todo lo con­tra­rio que dicha acti­tud la reali­ce­mos en pare­jas, equi­pos de tra­ba­jo, gru­pos mili­tan­tes sin­di­ca­les, socia­les o polí­ti­cos. Es una prác­ti­ca y una lucha dia­ria para con­quis­tar y con­se­guir cuo­tas de inde­pen­den­cia per­so­nal, pro­fe­sio­nal o veci­nal que ter­mi­na en la nacio­nal, en el terri­to­rio en don­de nos encon­tre­mos. Ya que sin esa inde­pen­den­cia no se ten­drá capa­ci­dad de deci­dir en todos los ámbi­tos de la vida polí­ti­ca.

No es fácil por­que nues­tra socie­dad indi­vi­dua­lis­ta des­de los albo­res del capi­ta­lis­mo ha pro­pi­cia­do la pasi­vi­dad, el ais­la­mien­to y la fal­ta de par­ti­ci­pa­ción comu­nal. Y es que al igual que la libe­ra­ción de la mujer, este tam­bién es un pro­ce­so lar­go y difí­cil que debe reco­rrer muchos fren­tes, un esfuer­zo que supo­ne un cam­bio cons­cien­te y pro­gre­si­vo de hacer gru­po en todos los queha­ce­res de la vida.

Y no es fácil por­que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta en su fase impe­ria­lis­ta más deca­den­te se blin­da, se arma, no solo de arma­men­to sino tam­bién de sis­te­mas jurí­di­cos y comer­cia­les que favo­re­cen a los gru­pos eco­nó­mi­cos de poder. Que la troi­ka (hace­mos refe­ren­cia a la Comi­sión Euro­pea, el Ban­co Cen­tral Euro­peo y el Fon­do Mone­ta­rio Iner­na­cio­nal) tie­ne más poder de deci­sión que los pro­pios Esta­dos con supues­ta sobe­ra­nía polí­ti­ca, es bien pal­pa­ble en la actua­li­dad. En el Esta­do espa­ñol el gobierno de Zapa­te­ro cam­bia la cons­ti­tu­ción espa­ño­la a escon­di­das del pue­blo para redu­cir el lími­te del défi­cit tal como le orde­na­ron des­de la troi­ka. Y las pos­te­rio­res medi­das de Rajoy res­ca­tan­do a la ban­ca con dine­ro públi­co, vul­ne­ran­do dere­chos labo­ra­les y pri­va­ti­zan­do ser­vi­cios públi­cos es una con­ti­nua­ción de obe­dien­cia a dichos gober­nan­tes. El actual Tra­ta­do de Libre Comer­cio entre Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea que se está nego­cian­do en la actua­li­dad a espal­da de los pue­blos y al pro­pio par­la­men­to euro­peo pro­vo­ca­rá medi­das aún más duras para la región.

La sobe­ra­nía polí­ti­ca es la esen­cial, el núcleo don­de se con­cen­tran las otras impres­cin­di­bles sobe­ra­nías por­que son los gobier­nos los que deci­den, más los más ricos y pode­ro­sos, los que apo­yan y se apo­yan en sus gran­des empre­sas trans­na­cio­na­les. Por­que son los gobier­nos los que fir­man los tra­ta­dos inter­na­cio­na­les que tie­nen impli­ca­cio­nes eco­nó­mi­cas y jurí­di­cas bene­fi­cio­sas para las cita­das empre­sas. Esta inter­na­cio­na­li­za­ción de las rela­cio­nes de pro­duc­ción ha pro­vo­ca­do una super­es­truc­tu­ra jurí­di­ca inter­na­cio­nal que pro­vo­ca pro­fun­dos cam­bios en los orde­na­mien­tos jurí­di­cos nacio­na­les e inter­na­cio­na­les como las nue­vas leyes de paten­tes, bol­sas de valo­res y mer­ca­dos inter­na­cio­na­les.

Y en este con­tex­to debe­mos situar la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria la más bási­ca y ele­men­tal por­que nos per­mi­te el sus­ten­to y super­vi­ven­cia de una pobla­ción. Sabien­do que ir con­quis­tán­do­la supo­ne una lucha dura y cons­tan­te, sub­je­ti­va de tra­ba­jo común, colec­ti­vo y polí­ti­co.

La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria

La expan­sión por las luchas por la segu­ri­dad y sobe­ra­nía ali­men­ta­ria es debi­do a la toma de con­cien­cia social y polí­ti­ca de las cam­pe­si­nas, indí­ge­nas y gen­te del mun­do rural que se orga­ni­zan en movi­mien­tos nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, des­ta­can­do la orga­ni­za­ción Vía Cam­pe­si­na.

Vía cam­pe­si­na y otros movi­mien­tos en la decla­ra­ción final del Foro Mun­dial sobre Sobe­ra­nía Ali­men­ta­ria cele­bra­do en La Haba­na en 2001 expre­san que:

La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria es el dere­cho de cada pue­blo a defi­nir sus pro­pias polí­ti­cas agro­pe­cua­rias y en mate­ria de ali­men­ta­ción, a pro­te­ger y regla­men­tar la pro­duc­ción agro­pe­cua­ria nacio­nal y el mer­ca­do domés­ti­co a fin de alcan­zar metas de desa­rro­llo sus­ten­ta­ble, a deci­dir en qué medi­da quie­ren ser auto- sufi­cien­tes, a impe­dir que sus mer­ca­dos se vean inun­da­dos por pro­duc­tos exce­den­ta­rios de otros paí­ses que los vuel­can al mer­ca­do inter­na­cio­nal median­te la prác­ti­ca del dum­ping… La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria no nie­ga el comer­cio inter­na­cio­nal, más bien defien­de la opción de for­mu­lar aque­llas polí­ti­cas y prác­ti­cas comer­cia­les que mejor sir­van a los dere­chos de la pobla­ción a dis­po­ner de méto­dos y pro­duc­tos ali­men­ta­rios ino­cuos, nutri­ti­vos y eco­ló­gi­ca­men­te sus­ten­ta­bles.

De esta defi­ni­ción pode­mos extraer tres ideas bási­cas:

  1. Cada pue­blo tie­ne dere­cho a defi­nir sus polí­ti­cas agro­pe­cua­rias y en mate­ria de ali­men­ta­ción. Esto es, que no ven­gan impues­tas del exte­rior.
  2. Pro­te­ger y regla­men­tar su pro­duc­ción inter­na para el desa­rro­llo del sec­tor que les haga auto­su­fi­cien­tes e impe­dir la entra­da de pro­duc­tos más bara­tos que los cos­tos de los pro­duc­tos nacio­na­les (dum­ping).
  3. Abo­gar por un comer­cio inter­na­cio­nal que pro­te­ja y sir­va a los dere­chos de los pue­blos (y no a unas pocas mul­ti­na­cio­na­les), a dis­po­ner de méto­dos y pro­duc­tos ali­men­ta­rios ino­cuos, nutri­ti­vos y res­pe­tuo­sos con el medio ambien­te.

La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria es un tema de segu­ri­dad y poder real de un país. Ya que si para ali­men­tar a un pue­blo de una nación cual­quie­ra su Esta­do (las nacio­nes y pue­blos que no tie­nen Esta­do aún lo tie­nen más difí­cil) debe depen­der de las reglas abu­si­vas del mer­ca­do inter­na­cio­nal de ali­men­tos y otros bie­nes o ser­vi­cios, que ade­más se uti­li­za como ins­tru­men­tos de pre­sión, o de la impre­vi­si­bi­li­dad y los altos cos­tos del trans­por­te de lar­ga dis­tan­cia, ese país pier­de la posi­bi­li­dad de actuar no solo sobre la ali­men­ta­ción sino tam­bién sobre otras deci­sio­nes polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas.

La segu­ri­dad ali­men­ta­ria sig­ni­fi­ca que cada niño, cada mujer y cada hom­bre deben tener la cer­te­za de con­tar con el ali­men­to sufi­cien­te y ade­cua­do cada día. Pero el con­cep­to no dice nada con res­pec­to a la pro­ce­den­cia del ali­men­to, o la for­ma en que se pro­du­ce. El comer­cio interno y local de pro­duc­ción y con­su­mo deben estar en la base de las eco­no­mías loca­les y nacio­na­les, que cui­de y desa­rro­lle la cali­dad de vida de las per­so­nas, que mejo­re sus cono­ci­mien­tos y aumen­te la pro­duc­ción varia­da de ali­men­tos con téc­ni­cas res­pe­tuo­sas con la tie­rra, el agua y los eco­sis­te­mas.

En defi­ni­ti­va mien­tras los ali­men­tos (y cuan­do habla­mos de ali­men­tos habla­mos de tie­rras, aguas, semi­llas o pro­duc­tos fito­sa­ni­ta­rios) y otros bie­nes bási­cos como la ener­gía se regu­len en acuer­dos comer­cia­les inter­na­cio­na­les como la Orga­ni­za­ción Mun­dial del Comer­cio (OMC) o el Tra­ta­do de Libre Comer­cio de Amé­ri­ca del Nor­te (TLCAN), entre otros, el desa­rro­llo eco­nó­mi­co local y la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria será un impo­si­ble. Ya que estos acuer­dos impli­can sub­si­dios y pro­tec­ción de par­te de los Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea que aba­ra­tan sus cos­tes y obli­gan a los gobier­nos que fir­ma­ron los acuer­dos a impor­tar pro­duc­tos más bara­tos que el cos­te de su pro­duc­ción nacio­nal. La impor­tan­cia de actuar a tra­vés de las luchas de los movi­mien­tos popu­la­res y gobier­nos más pro­gre­sis­tas pue­de evi­tar estos acuer­dos. Como ocu­rrió con el inten­to del Tra­ta­do de ALCA (Acuer­do de Libre Comer­cio de las Amé­ri­cas) que inten­ta­ba sobre­ex­plo­tar las rique­zas de Amé­ri­ca Lati­na y alte­rar el poder judi­cial en dichos paí­ses. La resis­ten­cia de los pue­blos y de algu­nos gobier­nos de la zona, des­ta­can­do el gobierno de Vene­zue­la impi­dió su con­se­cu­ción.

«¿Acce­so a los mer­ca­dos? ¡Si! Acce­so a los mer­ca­dos loca­les»— lo que sig­ni­fi­ca «no» a la inun­da­ción de ali­men­tos bara­tos impor­ta­dos (Vía Cam­pe­si­na, 2002). Que los sub­si­dios no son el pro­ble­ma, depen­de de cuan­to sea su valor, quie­nes los reci­ben, y para que son. Sub­si­dios para los gran­des pro­duc­to­res y cor­po­ra­cio­nes del Nor­te, que con­du­cen al dum­ping y a la des­truc­ción de los modos de vida rura­les, NO. Sub­si­dios para los gru­pos cam­pe­si­nos y agri­cul­to­res que se man­tie­nen en sus tie­rras y gene­ran eco­no­mías loca­les, con­ser­va­ción del sue­lo y prác­ti­cas agrí­co­las eco­ló­gi­ca, SÍ. Sub­si­dios para la pro­tec­ción y dis­tri­bu­ción a las zonas más cer­ca­nas; para la pro­duc­ción y pro­tec­ción pecua­ria y la pes­ca local, res­pe­tuo­sa ambos con la con­ser­va­ción del medio ambien­te, SÍ.

Estas polí­ti­cas que pro­te­gen a los peque­ños pro­duc­to­res y a las coope­ra­ti­vas loca­les entran en cla­ra con­tra­dic­ción con la exis­ten­cia de las cor­po­ra­cio­nes del sec­tor de la ali­men­ta­ción como Car­gill, Archer Daniels Mid­land, Drey­fuss, Bun­ge, Nestlé, entre otras, las cua­les pro­mue­ven el con­trol mono­pó­li­co de los ali­men­tos a nivel mun­dial obte­nien­do gran­des bene­fi­cios mone­ta­rios aba­ra­tan­do sus pre­cios a cos­ta de la explo­ta­ción de los y las tra­ba­ja­do­ras, de los ani­ma­les y son agre­si­vos con la natu­ra­le­za y el medio ambien­te. Estu­dios de hace ya un tiem­po aler­ta­ban de la enor­me con­cen­tra­ción mun­dial de las empre­sas ali­men­ta­rias trans­na­cio­na­les, cin­co paí­ses aca­pa­ran el 91% de los ingre­sos tota­les y 82% de la empre­sas con los Esta­dos uni­dos a la cabe­za (47% y 50% res­pec­ti­va­men­te), segui­do a gran dis­tan­cia de Gran Bre­ta­ña, Japón, Sui­za y Ale­ma­nia.

Pero aún quie­ren más, en junio de 2013 la Unión Euro­pea y los Esta­dos Uni­dos ini­cia­ron, apro­ba­do en el Esta­do espa­ñol por el PP y el PSOE, nego­cia­cio­nes para lle­gar a un Acuer­do Tras­atlán­ti­co de Comer­cio e Inver­sión, más cono­ci­do como Tra­ta­do de Libre Comer­cio (TLC). La nego­cia­ción no solo es secre­ta sino que inclu­so el nego­cia­dor prin­ci­pal de la par­te euro­pea reco­no­ció en una car­ta públi­ca que todos los docu­men­tos rela­cio­na­dos con dichas nego­cia­cio­nes no ten­drán acce­so públi­co duran­te al menos trein­ta años y, por supues­to, el Par­la­men­to Euro­peo no par­ti­ci­pa­rá de ellas. El obje­ti­vo prin­ci­pal no es la reduc­ción de los ya muy bajos aran­ce­les sino la regu­la­ción de las rela­cio­nes comer­cia­les que favo­re­ce­rán a las cor­po­ra­cio­nes trans­na­cio­na­les y que afec­ta­rán a están­da­res medioam­bien­ta­les, con­ve­nios labo­ra­les y dere­chos de pro­pie­dad inte­lec­tual e inclu­so pri­va­ti­za­cio­nes de ser­vi­cios públi­cos. Pero para el tema que nos ocu­pa las con­se­cuen­cias de este tra­ta­do es la com­pe­ten­cia des­leal de las gran­des empre­sas que podrán man­te­ner cos­tes y pre­cios redu­ci­dos (a cons­ta de una mayor reduc­ción de pues­tos de tra­ba­jo y explo­ta­ción labo­ral) eli­mi­nan­do a la com­pe­ten­cia local y nacio­nal. A nivel ali­men­ta­rio, las gran­jas de Esta­dos Uni­dos son aún más inten­si­vas, tre­ce veces más gran­des, y con­ta­mi­nan­tes que las euro­peas. Esto aumen­ta­rá la con­cen­tra­ción de poder y rique­za en el sec­tor que la que sufri­mos actual­men­te. Los nego­cia­do­res de Esta­dos Uni­dos han seña­la­do par­ti­cu­lar­men­te a la regu­la­ción de sani­dad y de los pro­duc­tos fito­sa­ni­ta­rios (La lla­ma­da agro­far­ma­in­dus­tria don­de la bio­tec­no­lo­gía jue­gan un papel pri­mor­dial), que faci­li­ta­rá la intro­duc­ción de orga­nis­mos modi­fi­ca­dos gené­ti­ca­men­te (OMG) en ali­men­tos y otros como las hor­mo­nas de cre­ci­mien­to trans­gé­ni­cas para el engor­de rápi­do de ani­ma­les; como apun­te, el 70% de la comi­da ven­di­da en Esta­dos Uni­dos con­tie­nen OMG (sin legis­la­ción para iden­ti­fi­car­los en el eti­que­ta­do). Ade­más de las con­se­cuen­cias nega­ti­vas que ten­drá para el poten­cial desa­rro­llo indus­trial de otros sec­to­res en los dife­ren­tes terri­to­rios de la Unión Euro­pea.

Sin poder dete­ner­nos mucho en otras con­se­cuen­cias nega­ti­vas como la posi­bi­li­dad de obten­ción de ener­gía peli­gro­sa como el frac­king, este tra­ta­do no solo no crea­rá empleos sino que ade­más el tra­ba­jo será más pre­ca­rio (el Tra­ta­do de Libre comer­cio de Nor­te Amé­ri­ca fir­ma­do por Cana­dá, Esta­dos Uni­dos y Méxi­co en 1993 que anun­ció que crea­ría un total de 20 millo­nes de empleos, se que­dó en una pér­di­da neta de cer­ca de un millón de empleos por las des­lo­ca­li­za­cio­nes).

Estas nor­ma­ti­vas inter­na­cio­na­les que supo­nen una pro­tec­ción legal a las gran­des empre­sas y don­de los futu­ros gobier­nos no podrán hacer nada. Las deman­das de estas empre­sas a tra­vés de tri­bu­na­les inter­na­cio­na­les ya ocu­rren des­de hace tiem­po, Uru­guay fue deman­da­da por 2.000 millo­nes de dóla­res, ¡por poner aler­tas sani­ta­rias en las caje­ti­llas de taba­co!, Ale­ma­nia por cerrar cen­tra­les nuclea­res, y así en otros paí­ses como Ecua­dor o el caso más recien­te y ejem­pla­ri­zan­te de Argen­ti­na que tie­ne acu­mu­la­das deman­das por 20.000 millo­nes de dola­res.

Tra­ta­dos o acuer­dos como este pro­vo­can un poder, una potes­tad judi­cial mayor que la de los tri­bu­na­les del Esta­do espa­ñol, obvian­do por supues­to los tri­bu­na­les más loca­les. Una for­ma silen­cio­sa más que ampa­ra a las trans­na­cio­na­les del sec­tor ali­men­ta­rio, entre otros, y pro­vo­ca el estran­gu­la­mien­to, la impo­si­bi­li­dad de cam­bios reales en nues­tros paí­ses, aumen­tan­do la depen­den­cia, que ata y opri­me a los pue­blos al intro­du­cir, impor­tar todo tipo de ser­vi­cios más bara­tos e impe­dir la posi­bi­li­dad de un desa­rro­llo armó­ni­co y equi­li­bra­do de las rique­zas inter­nas, empe­zan­do por las ali­men­ta­rias. Pero es que, ade­más, esos pro­duc­tos más bara­tos que des­tru­yen teji­do pro­duc­ti­vo local es a cos­ta de la explo­ta­ción de otros pue­blos de nacio­nes empo­bre­ci­das, en muchos casos en con­di­cio­nes de escla­vi­tud. Tene­mos el ejem­plo actual, por las muer­tes dra­má­ti­cas, de la indus­tria tex­til en el Esta­do espa­ñol, empre­sas como Indi­tex S.A. des­lo­ca­li­za sus pro­duc­cio­nes en paí­ses del sudes­te asiá­ti­co cuyos gobier­nos ofre­cen mano de obra muy bara­ta en unas con­di­cio­nes inhu­ma­nas y de ausen­cia de segu­ri­dad. El modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta en su fase impe­ria­lis­ta pro­vo­ca a dife­ren­tes nive­les de desa­rro­llo des­igual un sis­te­ma que no cono­ce de desa­rro­llo eco­nó­mi­co huma­ni­za­do y éti­co, sino de explo­ta­ción, des­truc­ción y bene­fi­cios mone­ta­rios, «cai­ga quien cai­ga». Saber eso es impres­cin­di­ble para ser cons­cien­tes que la lucha sobe­ra­nis­ta de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en sus pro­pios terri­to­rios es la mis­ma lucha de pue­blos leja­nos, la lucha inter­na­cio­na­lis­ta. Por­que el hilo con­duc­tor que los une es el mis­mo la explo­ta­ción y repre­sión que sufren bajo el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta.

Mien­tras tan­to la lucha por la segu­ri­dad y sobe­ra­nía ali­men­ta­ria de los pue­blos que tra­ba­jan en el cam­po y en la mar se debe expan­dir y con­ti­nuar resis­tien­do y fre­nan­do los inten­tos de las trans­na­cio­na­les y los gobier­nos por impo­ner este mode­lo agro­ali­men­ta­rio que impi­den que sean los pue­blos los que real­men­te deci­dan su futu­ro y que hipo­te­can su futu­ro para las gene­ra­cio­nes veni­de­ras. Para ayu­dar en esta lucha bási­ca que ocu­rre en dife­ren­tes luga­res y paí­ses del mun­do, la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria es un con­cep­to a apli­car y ana­li­zar en cada lugar en fun­ción de sus carac­te­rís­ti­cas y sus idio­sin­cra­sia, des­de la per­te­nen­cia a paí­ses del lla­ma­do Nor­te como a los del Sur pasan­do por la dis­tri­bu­ción de la tie­rra y los recur­sos, la cul­tu­ra y la con­fi­gu­ra­ción de su cla­se tra­ba­ja­do­ra.

La sobe­ra­nía ali­men­ta­ria en Anda­lu­cía

En Anda­lu­cía, la tie­rra ha repre­sen­ta­do his­tó­ri­ca­men­te un patri­mo­nio colec­ti­vo en el sen­ti­do más amplio de la pala­bra que inclu­ye sus cos­tas y todo el cono­ci­mien­to y cul­tu­ra que se ha ges­ta­do alre­de­dor de su terri­to­rio. Pero la reali­dad de su tenen­cia es muy otra, repre­sen­tan­do una de sus aspi­ra­cio­nes más impor­tan­tes y sim­bó­li­cas. Una tie­rra repar­ti­da y gene­ra­do­ra de empleo y ali­men­tos de cali­dad, res­pe­tuo­sa con el medio ambien­te y orga­ni­za­da de for­ma que dis­tri­bu­ya sus pro­duc­tos des­de lo local en un pro­ce­so de for­ma­ción de las muje­res y hom­bres del cam­po en cola­bo­ra­ción con otros sec­to­res de la eco­no­mía social.

Si decía­mos que el con­cep­to más acep­ta­do a nivel inter­na­cio­nal de sobe­ra­nía ali­men­ta­ria es el dere­cho de los pue­blos a defi­nir sus polí­ti­cas agro­pe­cua­rias y de ali­men­ta­ción, regla­men­tan­do e impi­dien­do la entra­da masi­va de pro­duc­tos más bara­tos que los cos­tos de su pro­duc­ción inter­na y defen­dien­do un comer­cio inter­na­cio­nal pro­tec­tor de la nece­si­dad de los pue­blos a tener unos méto­dos y ali­men­ta­ción ade­cua­da (nutri­ti­va e ino­cua) y res­pe­tuo­sa con su medio ambien­te. Debe­mos aña­dir que este dere­cho debe hacer­se exten­si­ble a todos tipos de recur­sos, de mate­rias pri­mas, indus­tria­les, ener­gé­ti­cos, tec­no­ló­gi­cos y del cono­ci­mien­to.

Pero para con­se­guir­lo nece­si­ta­mos sobe­ra­nía polí­ti­ca, real poder de deci­sión en todos los sec­to­res impor­tan­tes de nues­tra socie­dad. Por­que Anda­lu­cía ha sido his­tó­ri­ca­men­te, al menos des­de los ini­cios del capi­ta­lis­mo, un terri­to­rio depen­dien­te y sumi­nis­tra­dor de mate­rias pri­mas y mano de obra bara­ta a otros luga­res del Esta­do espa­ñol y de otros Esta­dos. Con una estruc­tu­ra­ción eco­nó­mi­ca que pro­mo­vía sec­to­res como la agri­cul­tu­ra exten­si­va con menor valor aña­di­do que otros como el indus­trial y finan­cie­ro y cuyos cen­tros poder y las ganan­cias han esta­do fue­ra del terri­to­rio. A esa depen­den­cia se aña­de impo­ner a su terri­to­rio una fron­te­ra mili­ta­ri­za­da (Gibral­tar y dos bases de la OTAN) y asien­to de las indus­trias más con­ta­mi­nan­tes cuyas plus­va­lías se han apro­pia­do agen­tes exter­nos (polos indus­tria­les en Huel­va y la bahía de Alge­ci­ras). Terri­to­rio de un «mono­cul­ti­vo» de sec­to­res, como el turis­mo y el inmo­bi­lia­rio, que ha pro­vo­ca­do más paro, con­ta­mi­na­ción, pobre­za y pre­ca­rie­dad labo­ral.

Esta depen­den­cia polí­ti­ca ha teni­do como resul­ta­do su dra­má­ti­ca situa­ción eco­nó­mi­ca y social. La tasa de paro alcan­za el 36% de la pobla­ción acti­va y en meno­res de 25 años el 62% (sin con­tar la cada vez mayor can­ti­dad de gen­te que ya ni se ins­cri­be en el paro). El 56,2% de los des­em­plea­dos no reci­ben pres­ta­cio­nes por des­em­pleo, 5 pun­tos por deba­jo de la media esta­tal (y aún debe­mos sopor­tar que nos lla­men «sub­si­dia­rios») a lo que se aña­de un gra­ve aumen­to de la pre­ca­rie­dad labo­ral y un 38,6% de la pobla­ción en situa­ción de pobre­za o exclu­sión social. Esta gra­ví­si­ma situa­ción tie­ne una tra­yec­to­ria his­tó­ri­ca de muchos años que se acen­túa en los últi­mos 30 al pro­fun­di­zar­se las polí­ti­cas en la mis­ma direc­ción equi­vo­ca­da ya comen­ta­da, con la ayu­da cóm­pli­ce de la Jun­ta de Anda­lu­cía que sigue man­te­nien­do una Anda­lu­cía pobre en un terri­to­rio rico.

Los ante­ce­den­tes his­tó­ri­cos más recien­tes de la lucha por una refor­ma agra­ria en Anda­lu­cía se sitúan en los movi­mien­tos cam­pe­si­nos de fina­les del siglo XIX y has­ta bien entra­do el siglo XX. En la actua­li­dad la rei­vin­di­ca­ción es más amplia al incluir el apo­yo y la pre­ser­va­ción de sus recur­sos agro­pe­cua­rios, pes­que­ros y de todo el talen­to y cono­ci­mien­tos ances­tra­les que carac­te­ri­zan la rica cul­tu­ra anda­lu­za. Por tan­to una de las aspi­ra­cio­nes his­tó­ri­cas de nues­tro pue­blo es la impor­tan­cia de tener un Patri­mo­nio Agra­rio Anda­luz con tie­rras que, al menos a cor­to pla­zo, inclu­yan las de titu­la­ri­dad públi­ca; las cedi­das y recu­pe­ra­das como tie­rras comu­na­les y de pro­pios que sufrie­ron pro­ce­sos des­amor­ti­za­do­res; las que no estén sien­do explo­ta­das ni mejo­ra­das por el desuso y aban­dono y las que fue­ron expro­pia­das al ampa­ro de la legis­la­ción de la Segun­da Repú­bli­ca. Que dichas tie­rras se uti­li­cen en for­ma de coope­ra­ti­vas, con empleo y sala­rios jus­tos, con inclu­sión des­ta­ca­da de la mujer y otros colec­ti­vos más des­fa­vo­re­ci­dos. Que su pro­duc­ción sea para uso ali­men­ta­rio y sus ganan­cias revier­tan en los gru­pos invo­lu­cra­dos; que no se uti­li­cen semi­llas tra­ta­das gené­ti­ca­men­te y que pro­mue­va semi­llas tra­di­cio­na­les. Que fomen­te la uti­li­za­ción de téc­ni­cas tra­di­cio­na­les y nue­vas para un uso efi­cien­te del agua y con el com­pro­mi­so que en un pla­zo recien­te un alto por­cen­ta­je de la explo­ta­ción sea de cer­ti­fi­ca­ción eco­ló­gi­ca.

Pero la Anda­lu­cía actual no solo es tie­rra (y aguas cos­te­ras y de inte­rior), es rique­za natu­ral de mate­rias pri­mas, natu­ra­le­za diver­sa, ener­gía, cono­ci­mien­to, cul­tu­ra y arte. Por­que el talen­to y pre­pa­ra­ción de su pobla­ción es uno de sus valo­res más pre­cia­dos. Esa rique­za huma­na y social ha gene­ra­do en nues­tro terri­to­rio, cien­tí­fi­cos, escri­to­res, pin­to­res, músi­cos y cineas­tas pro­duc­to de un amplio lega­do his­tó­ri­co que carac­te­ri­za la rica cul­tu­ra de «lo anda­luz». Por­que dicha rique­za huma­na y cul­tu­ral ha sufri­do inten­tos de usur­pa­ción y sub­su­mi­sión (con mayor o menor éxi­to) por las cla­ses domi­nan­tes del Esta­do espa­ñol y de la pro­pia Anda­lu­cía, es por lo que debe ser res­ca­ta­da y desa­rro­lla­da en sus con­te­ni­dos más pro­gre­sis­tas y en su iden­ti­dad más genui­na y popu­lar.

Por tan­to, hablar de sobe­ra­nía ali­men­ta­ria en Anda­lu­cía impli­ca fomen­tar la par­ti­ci­pa­ción, el repar­to y la cali­dad de la pro­duc­ción ali­men­ta­ria local y nacio­nal inclu­yen­do el con­cep­to de segu­ri­dad ali­men­ta­ria basa­do en el cono­ci­mien­to cien­tí­fi­co que se nutra de los cono­ci­mien­tos ances­tra­les del pue­blo en estre­cha rela­ción con el aca­dé­mi­co. Las rique­zas natu­ra­les agro­pe­cua­rias deben ser fuen­te de ali­men­tos de cali­dad para una salud y die­ta equi­li­bra­da para toda su pobla­ción. Ade­más, el Patri­mo­nio Agra­rio Anda­luz cede­rá fin­cas para el apro­ve­cha­mien­to fores­tal, su rege­ne­ra­ción y repo­bla­ción, la sil­vi­cul­tu­ra, las caba­ñas capri­nas y ovi­nas, la api­cul­tu­ra y la obten­ción de bio­ma­sa y abo­nos natu­ra­les para el desa­rro­llo de indus­trias rela­cio­na­das, de trans­for­ma­ción agra­ria y comer­cia­li­za­ción así como para man­te­ner las ins­ta­la­cio­nes de trans­for­ma­ción arte­sa­nal. Pero tam­bién se deben incor­po­rar las ini­cia­ti­vas que ya exis­ten sobre avan­ces tec­no­ló­gi­cos y de inno­va­ción, el uso de ener­gías reno­va­bles y el desa­rro­llo de I+D+i (Inves­ti­ga­ción, Desa­rro­llo e inno­va­ción) en los sec­to­res fun­da­men­ta­les de la eco­no­mía nacio­nal para el pue­blo anda­luz.

Con todas estas medi­das mos­tra­mos la impor­tan­cia de plan­tear accio­nes con­cre­tas, prác­ti­cas y per­ti­nen­tes en un pro­ce­so que tie­ne unas metas de trans­for­ma­ción social y polí­ti­ca indis­pen­sa­bles. Ya decía­mos en otro escri­to ante­rior que no nos debe­mos enga­ñar, que nues­tra depen­den­cia del Esta­do espa­ñol, de la Unión Euro­pea y de sus tra­ta­dos con Esta­dos Uni­dos, res­trin­ge enor­me­men­te las posi­bi­li­da­des de acción por y para nues­tra nación y su pobla­ción. Por­que el Esta­do espa­ñol y el gobierno anda­luz se han supe­di­ta­do y se supe­di­tan al capi­tal pri­va­do cada vez más inter­na­cio­na­li­za­do don­de ya vie­nen pac­ta­dos los ejes comer­cia­les, de pre­cios y jurí­di­cos en bene­fi­cio de las gran­des empre­sas y en per­jui­cio de las peque­ñas, de los autó­no­mos y de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en gene­ral.

La entra­da del Esta­do espa­ñol en la Unión Euro­pea creó una depen­den­cia aún mayor de Anda­lu­cía a intere­ses exte­rio­res y una pro­fun­di­za­ción del lati­fun­dis­mo. Solo hay que mirar los núme­ros de las ayu­das de la polí­ti­ca agra­ria común (PAC) para ver que estas se con­cen­tran en los gran­des pro­pie­ta­rios de tie­rras y obvian el cri­te­rio fun­da­men­tal de crea­ción de empleo y desa­rro­llo social. Tam­bién ha pro­vo­ca­do una inten­si­fi­ca­ción del mono­cul­ti­vo, como es el caso del oli­var y la pro­duc­ción de acei­te de oli­va de alta cali­dad. Pese a que todos los pro­ce­sos de trans­for­ma­ción se pro­du­cen en nues­tra tie­rra, una ausen­cia de fis­ca­li­dad de los gobier­nos esta­tal y anda­luz dejan que ter­mi­nen en empre­sas bri­tá­ni­cas y como ya ocu­rrió con la indus­tria cer­ve­ce­ra Cruz­cam­po y ello sin entrar en quien tie­ne la pro­pie­dad y el con­trol de nues­tros recur­sos e indus­trias.

Segui­mos, por tan­to, man­te­nien­do y poten­cian­do los múl­ti­ples fren­tes de la lucha para con­se­guir la sobe­ra­nía en gene­ral, y la ali­men­ta­ria en par­ti­cu­lar, en Anda­lu­cía. Se pue­de, Mari­na­le­da es un sím­bo­lo, y Somon­tes tam­bién. En el pri­mer caso, los pro­duc­tos de la tie­rra tie­nen sus pro­pias indus­trias de enva­sa­do y trans­for­ma­ción, pero sobre todo la rique­za que gene­ra es para el pue­blo y todas sus nece­si­da­des vita­les. Pero este­mos en el cam­po o en la ciu­dad se pue­de actuar modi­fi­can­do acti­tu­des y orga­ni­zan­do las accio­nes en todos los ámbi­tos. Cono­cien­do las for­ta­le­zas y debi­li­da­des de todos los con­tex­tos loca­les e inter­na­cio­na­les, por­que el cono­ci­mien­to es una pre­mi­sa bási­ca para la acción.

Si que­re­mos un con­su­mo ali­men­ta­rio salu­da­ble para nues­tras fami­lias y para toda la pobla­ción debe­mos empe­zar por noso­tras mis­mas evi­tan­do el con­su­mo de ali­men­tos que supon­gan un alto cos­te eco­nó­mi­co, social y eco­ló­gi­co. Aun­que es muchas veces difí­cil cono­cer la posi­ble uti­li­za­ción de pro­duc­tos quí­mi­cos, trans­gé­ni­cos o pro­du­ci­dos bajo inad­mi­si­bles con­di­cio­nes de explo­ta­ción labo­ral y saqueo de los pue­blos, siem­pre se pue­de inten­tar un con­su­mo res­pon­sa­ble. Solo evi­tan­do o comien­do muy poca can­ti­dad de ali­men­tos pro­tei­cos de ori­gen ani­mal o ali­men­tos de fabri­ca­ción indus­trial esta­mos mos­tran­do nues­tro recha­zo a la pro­duc­ción inten­si­va de las explo­ta­cio­nes agro­pe­cua­rias, avia­rias y pes­que­ras. Inten­tan­do cono­cer el ori­gen de los ali­men­tos para con­su­mir los de pro­duc­ción local y res­pe­tuo­sa con la cla­se tra­ba­ja­do­ra y la natu­ra­le­za. Por ejem­plo, en Anda­lu­cía tene­mos el pes­ca­do obte­ni­do con méto­dos tra­di­cio­na­les. En Bar­ba­te (Cádiz), la sar­di­na y el boque­rón se obtie­nen de la flo­ta de cer­co de jare­ta o traí­ñas. O con­su­mir fru­tas y ver­du­ras de peque­ñas explo­ta­cio­nes cer­ca­nas y eco­ló­gi­cas y evi­tan­do com­prar pro­duc­tos de los gran­des inver­na­de­ros o lati­fun­dis­ta. Com­pran­do en las tien­das del barrio y en los cir­cui­tos de pro­duc­ción y con­su­mo res­pon­sa­ble o apo­yan­do las expe­rien­cias agro­eco­ló­gi­cas como las eco­ces­tas.

Con­cien­ciar y edu­car en el ámbi­to don­de nos mova­mos y actuar en los gru­pos don­de mili­te­mos. Debe­mos avan­zar en la lucha con­tra los trans­gé­ni­cos. En el Esta­do espa­ñol, Eus­kal Herria, Balea­res, Cana­rias o Astu­rias han decla­ra­do sus terri­to­rios libres de trans­gé­ni­cos. En Anda­lu­cía los muni­ci­pios como Mari­na­le­da, El Arahal o La Alga­ba, muy poco, dado el exten­so terri­to­rio anda­luz.

La lucha orga­ni­za­da, social, sin­di­cal y polí­ti­ca es bási­ca para impe­dir que se vul­ne­ren dere­chos bási­cos y nece­sa­rios como la ali­men­ta­ción, la vivien­da o el tra­ba­jo de cali­dad. El bien común, el dere­cho comu­nal debe pre­va­le­cer fren­te al dere­cho de la pro­pie­dad pri­va­da que en el esta­do actual de inter­na­cio­na­li­za­ción del poder de las empre­sas y las legis­la­cio­nes que las ampa­ran está afec­tan­do a la salud glo­bal de la pobla­ción. En este sen­ti­do sus­cri­bi­mos la alter­na­ti­va que plan­tea la ponen­cia Sobe­ra­nía Ali­men­ta­ria del I Con­gre­so Nacio­nal del SAT (cele­bra­do en diciem­bre de 2011) rei­vin­di­can­do la capa­ci­dad de deci­dir de las nacio­nes y de los pue­blos según sus pro­pios intere­ses. La nece­si­dad en Anda­lu­cía de una polí­ti­ca agro­ali­men­ta­ria sin inter­fe­ren­cias del la OMC o del FMI y la nece­si­dad de, al menos, un cam­bio radi­cal de la PAC. Con­si­de­rar los ali­men­tos como un dere­cho inalie­na­ble de los pue­blos que los Esta­dos deben garan­ti­zar; expro­piar a los expro­pia­do­res los bie­nes comu­na­les, la tie­rra, el agua, las semi­llas y los recur­sos natu­ra­les arre­ba­ta­dos a los pue­blos; fomen­tar rela­cio­nes hori­zon­ta­les de comer­cio sin mono­po­lios ni oli­go­po­lios agro­ali­men­ta­rios y pro­du­cir ali­men­tos salu­da­bles a tra­vés de su tra­za­bi­li­dad com­pro­ba­da.

En defi­ni­ti­va, luchar por la salud y bien­es­tar de los pue­blos, por el con­su­mo de ali­men­tos salu­da­bles es sacar los ali­men­tos de los mer­ca­dos capi­ta­lis­tas y con­ver­tir­los en patri­mo­nio de las per­so­nas, los pue­blos y la huma­ni­dad.

Con­cep­ción Cruz Rojo
Anda­lu­cía, 2 de julio de 2014

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