Recor­dan­do la mar­cha patrió­ti­ca- Iña­ki Gil de San Vicente

Fes­te­ja­mos la segun­da efe­mé­ri­de de la impre­sio­nan­te Mar­cha Patrió­ti­ca rea­li­za­da por el pue­blo colom­biano en un momen­to espe­cial de su recien­te his­to­ria. Es un movi­mien­to polí­ti­co y social de masas, popu­lar, que se auto­or­ga­ni­zó en abril de 2012 para mos­trar al mun­do la cohe­sio­na­da deci­sión de vic­to­ria, y sobre el que cae regu­lar­men­te el terror ase­sino de la oli­gar­quía de su país y del impe­ria­lis­mo. Pode­mos hacer varias lec­tu­ras de este impor­tan­te acon­te­ci­mien­to, pero debi­do al poco espa­cio dis­po­ni­ble y a la evo­lu­ción de la coyun­tu­ra y del con­tex­to en estos últi­mos tiem­pos nos vamos a ceñir a una cues­tión que nos pare­ce cada vez más impor­tan­te. Habla­mos de que la segun­da efe­mé­ri­des ha de recor­dar la Mar­cha Patrió­ti­ca como inser­ta en un pro­ce­so de lucha per­ma­nen­te, no como algo defi­ni­ti­va­men­te con­clui­do, fini­qui­ta­do, sino como un paso en un avan­ce, un paso que apor­ta lec­cio­nes vita­les que debe­mos actua­li­zar en todo momento.

Para los pue­blos tra­ba­ja­do­res la memo­ria de lucha es una fuer­za de acción mate­rial en el pre­sen­te, no sólo del pasa­do. Cuan­do las gen­tes humi­lla­das gene­ra­ción tras gene­ra­ción empie­zan a cono­cer su his­to­ria, a recu­pe­rar su memo­ria de lucha, cons­ta­tan que su pre­sen­te es, en lo esen­cial, como su pasa­do por­que ape­nas han varia­do las con­di­cio­nes de mal­vi­ven­cia, de opre­sión. Cons­ta­tan que si lo han mejo­ra­do ha sido gra­cias a las luchas, nun­ca a la pasi­vi­dad. La acción es la vida, y las mejo­ras en las con­di­cio­nes de vida obte­ni­das con las vic­to­rias dejan impron­tas rojas en la memo­ria popu­lar. Pero tam­bién apren­de que exis­ten derro­tas, que hay dos for­mas de derro­ta: la des­hon­ro­sa y la hon­ro­sa. La pri­me­ra es la acae­ci­da sin lucha, o con poca, mala y enga­ña­da lucha que ha con­clui­do en un pac­to ver­gon­zo­so, en una clau­di­ca­ción refor­mis­ta. Las derro­tas des­hon­ro­sas son las que ter­mi­nan en des­mo­ra­li­za­ción y en aban­dono de amplios sec­to­res que se sien­ten enga­ña­dos; son derro­tas difí­ci­les de olvi­dar y que ape­nas apor­tan lec­cio­nes váli­das y menos aún opti­mis­mo y auto­con­fian­za para reini­ciar la lucha. Las segun­das, las derro­tas hon­ro­sas son las que a pesar de haber­se pro­du­ci­do, for­ta­le­cen el orgu­llo y el opti­mis­mo por la vic­to­ria definitiva.

La memo­ria de lucha de los pue­blos es una pode­ro­sa e impres­cin­di­ble arma de eman­ci­pa­ción, tan­to que los pode­res habi­dos han inten­tan­do exter­mi­nar­la de raíz o mani­pu­lar­la si no han con­se­gui­do su liqui­da­ción total. Habla­mos de memo­ria de lucha, no de memo­ria con­tem­pla­ti­va, sino de resis­ten­cia a la opre­sión, de com­ba­te físi­co y cul­tu­ral con­tra el inva­sor. La memo­ria de lucha de un pue­blo abar­ca a todos los medios de resis­ten­cia que ha apli­ca­do en su his­to­ria y que le han per­mi­ti­do sobre­vi­vir como colec­ti­vo con iden­ti­dad pro­pia, for­mas, tác­ti­cas y méto­dos pací­fi­cos y no vio­len­tos, mar­chas socia­les masi­vas o par­cia­les, mil mane­ras de boi­cot social y civil coti­diano al ocu­pan­te y a las fuer­zas cola­bo­ra­cio­nis­tas, des­obe­dien­cia múl­ti­ple y arti­cu­la­da en red y conec­ta­das a for­mas colec­ti­vas de deba­tir y tomar deci­sio­nes al mar­gen de las estruc­tu­ras polí­ti­cas de domi­na­ción bus­can­do avan­zar en situa­cio­nes de con­tra­po­der efec­ti­vo en la medi­da de lo posi­ble, etcétera.

La Mar­cha Patrió­ti­ca del pue­blo colom­biano que hoy reme­mo­ra­mos es un movi­mien­to polí­ti­co y sin­di­cal de las más amplias masas que cuen­ta con la soli­da­ri­dad inter­na­cio­na­lis­ta. La Mar­cha Patrió­ti­ca se ins­cri­be de lleno en lo expues­to arri­ba sobre la fuer­za mate­rial pre­sen­te de la memo­ria de lucha en sus for­mas pací­fi­cas y se nutre del ali­men­to teó­ri­co y éti­co que emer­ge de la memo­ria de lucha en todo su poten­cial libe­ra­dor. Den­tro de la memo­ria glo­bal de lucha, poli­va­len­te y mul­ti­fa­cé­ti­ca en su uni­dad libe­ra­do­ra, des­ta­ca la memo­ria mili­tar, es decir, la espe­cial y heroi­ca pra­xis rea­li­za­da cuan­do no que­dan ya otros recur­sos de jus­ti­cia que prac­ti­car por­que el poder explo­ta­dor los prohí­be, encar­ce­la y has­ta ase­si­na. Des­de 1948, fecha de apro­ba­ción en las Nacio­nes Uni­das de la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de los Dere­chos Huma­nos, la memo­ria mili­tar de un pue­blo tra­ba­ja­dor opri­mi­do no es sino su memo­ria de la prác­ti­ca de esa Decla­ra­ción Uni­ver­sal, en cuyo Preám­bu­lo se reco­no­ce el dere­cho humano a la rebe­lión con­tra la injus­ti­cia y la opre­sión cuan­do han fra­ca­sa­do o están prohi­bi­dos los otros méto­dos y medios tam­bién reco­no­ci­dos en la memo­ria de lucha, como hemos visto.

La Mar­cha Patrió­ti­ca mos­tró que la memo­ria mili­tar se había plas­ma­do en una fuer­za tan mani­fies­ta e inne­ga­ble que corrien­tes polí­ti­cas, sin­di­ca­les, socia­les, cul­tu­ra­les, etc., diver­sas y varia­das, no tuvie­ron pro­ble­mas en sumar­se a ella a pesar de las dife­ren­cias que les sepa­ra­ron en el pasa­do. Divi­dir­la y rom­per­la, borrar su recuer­do y anu­lar su esen­cial inser­ción en el pro­ce­so de con­quis­ta de sus liber­ta­des que man­tie­ne el pue­blo colom­biano, es decir, impo­ner la amne­sia para que el pue­blo no sepa que la Mar­cha Patrió­ti­ca es ya su pre­sen­te y a la vez pre­fi­gu­ra su futu­ro, lograr esto es una obse­sión de la bur­gue­sía colom­bia­na y del impe­ria­lis­mo. Nues­tra soli­da­ri­dad inter­na­cio­na­lis­ta con el pue­blo colom­biano nos lle­va no solo a difun­dir sus logros por el mun­do ente­ro, sino tam­bién a asu­mir sus lec­cio­nes por­que tam­bién son las nuestras.

Iña­ki Gil de San Vicente

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