Ope­ra­ción Ara­ña: Prohi­bi­do opi­nar- La Haine

Hace poco aler­tá­ba­mos sobre la esca­la­da repre­si­va que el régi­men está lle­van­do a cabo con­tra la liber­tad de expre­sión, esti­rán­do como un chi­cle el artícu­lo 578 del códi­go penal, ese al que lla­man “deli­to de enal­te­ci­mien­to del terrorismo”.

La deten­ción, bau­ti­za­da como “ope­ra­ción ara­ña”, el pasa­do 28 de abril por orden del juez de la Audien­cia Nacio­nal Eloy Velas­co de 21 per­so­nas por sim­ple­men­te opi­nar en las redes socia­les abre una puer­ta a la total per­se­cu­ción de la libre expre­sión de ideas en público.

En los últi­mos días, ade­más, se ha pues­to de mani­fies­to que esta esca­la­da repre­si­va con­tra cual­quier opi­nión dis­tin­ta a la del gobierno es la nue­va línea a seguir por el régi­men, tan­to des­de la Audien­cia Nacio­nal como des­de el res­to del apa­ra­to judicial.

La con­de­na al twit­te­ro L.J.M. a pagar 300 euros de mul­ta, las cos­tas del jui­cio y 1.000 euros de indem­ni­za­ción a la dele­ga­da del gobierno de Madrid, Cris­ti­na Cifuen­tes, por lla­mar­la “puta” en un comen­ta­rio de twit­ter, cons­ti­tu­ye un absur­do, pero lo real­men­te gra­ve es que la fis­ca­lía pedía 4 años de pri­sión por este hecho. Es una mues­tra más de cómo el dere­cho a la liber­tad de expre­sión se está redu­cien­do has­ta lími­tes insos­pe­cha­dos y de cómo los pode­ro­sos usan su pri­vi­le­gia­da posi­ción para ame­dren­trar e incul­car el terror a cual­quie­ra que ose lle­var­les la contraria.

Otro ata­que más a la libre opi­nión y expre­sión ha sido la recien­te denun­cia por par­te de la poli­cía muni­ci­pal de Iru­ña a un gru­po de per­so­nas que paro­dió una pro­ce­sión en la pasa­da sema­na san­ta. A estas per­so­nas se les acu­sa de un “deli­to con­tra la liber­tad religiosa”.

Cómo comen­tá­ba­mos recien­te­men­te, las con­de­nas por deli­tos de opi­nión se están hacien­do habi­tua­les, como mues­tran las sen­ten­cias con­tra la twit­te­ra @albacorazonnegro(1 año de pri­sión), Pablo Hasel (2 años de pri­sión), los Bas­to­ners Soli­da­ris (1 año de pri­sión) o a Fer­nan­do Sota, el Tafa­llés que ingre­só el pasa­do domin­go en pri­sión por una con­de­na de un año por haber pues­to las fotos de dos pre­sos polí­ti­cos de su pue­blo. Este últi­mo caso ha cau­sa­do un gran revue­lo ya que lo habi­tual cuan­do hay con­de­nas no supe­rio­res a 2 años es dejar la con­de­na en suspenso.

Aho­ra a todo esto hay que sumar­le las raz­zias poli­cia­les como la del pasa­do 28 de abril.

En los últi­mos tiem­pos esta­mos vien­do como cual­quier ciu­da­dano, sim­ple­men­te por pro­tes­tar en la calle, es sus­cep­ti­ble de ser apa­lea­do impu­ne­men­te, o dete­ni­do sema­nas des­pués en una nue­va raz­zia poli­cial, e inclu­so de ingre­sar direc­ta­men­te en pri­sión, como en el caso de Miguel e Isma, dete­ni­dos por el 22M. Tras impo­ner el terror con­tra el que se atre­va a pro­tes­tar en la calle, el siguien­te paso está sien­do impo­ner el terror con­tra el que se atre­va a opi­nar publi­ca­men­te, siem­pre que sea una opi­nión con­tra­ria a la del régimen.

La inclu­sión en esta ope­ra­ción de per­so­nas como Aitor Cuer­vo, un poe­ta anti­fas­cis­ta con cier­ta rele­van­cia, o de Aitor Mar­tí­nez Iba­rro­la, que escri­be en el medio digi­tal popu­lar Topa​tu​.info, pone de mani­fies­to la posi­bi­li­dad de que los comen­ta­rios en las redes socia­les pue­dan usar­se como una bur­da excu­sa para per­se­guir y repri­mir a acti­vis­tas socia­les, a gen­te rele­van­te del mun­do de la cul­tu­ra o a perio­dis­tas incó­mo­dos para el poder.

Las noti­cias difun­di­das por los mass-media, en las que dicen que se inves­ti­ga otros 200 per­fi­les más de las redes socia­les, nos aler­tan sobre la cla­ra posi­bi­li­dad de que las siguien­tes deten­cio­nes sean así: deten­cio­nes polí­ti­cas en las que lo que se per­si­gue son las ideas y el com­pro­mi­so con ellas, pero ponien­do la excu­sa de que “el dete­ni­do afir­mó una vez en su cuen­ta de face­book que “esta boca es mía” ”.

En defi­ni­ti­va, en el esta­do espa­ñol el artícu­lo 20 de la cons­ti­tu­ción, el que garan­ti­za el dere­cho a la liber­tad de expre­sión, ha sido dero­ga­do de fac­to. Hemos retro­ce­di­do años atrás en el tiem­po, a los años de la cen­su­ra, el tije­re­ta­zo y la inqui­si­ción. Pode­mos afir­mar que en el esta­do espa­ñol se ha prohi­bi­do el dere­cho a opi­nar, siem­pre que sea una opi­nión crí­ti­ca con el régimen.

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