Seve­ras con­se­cuen­cias para las niñas con el matri­mo­nio infan­til- Ana­ye­li Gar­cía Mar­tí­nez y Angé­li­ca Jocelyn Soto Espinosa


Las unio­nes de meno­res de edad aca­rrean diver­sos efec­tos nega­ti­vos para ellas, como por ejem­plo gra­ves daños a su salud debi­do a los emba­ra­zos prematuros.
Muer­te mater­na, infan­til y neo­na­tal, hiper­ten­sión, ane­mia, par­to pre­ma­tu­ro y secue­las seve­ras en su salud, son algu­nas de las con­se­cuen­cias de los emba­ra­zos en niñas meno­res de 15 años, muchas de las cua­les se vie­ron obli­ga­das o fue­ron for­za­das a unir­se en matrimonio.
Juan Mar­tín Pérez, direc­tor de la Red por los Dere­chos de la Infan­cia (Redim), expli­ca que la com­bi­na­ción matri­mo­nio-emba­ra­zo tie­ne como resul­ta­do altas pro­ba­bi­li­da­des de mor­ta­li­dad mater­na, toda vez que la salud de las niñas corre más ries­gos duran­te el emba­ra­zo y el parto.

De acuer­do con datos de la Redim basa­dos en esta­dís­ti­cas del Inegi, para 2012 un total de 10 mil 924 niñas de entre 10 y 14 años de edad regis­tra­ron un hijo; de ellas, 201 tenían sólo 10 años aun­que no se pre­ci­sa si esta­ban casa­das o vivían con sus parejas.
La Redim afir­ma que los matri­mo­nios están vin­cu­la­dos de mane­ra estre­cha con los emba­ra­zos pre­ma­tu­ros, una situa­ción que impac­ta el pro­yec­to de vida de las niñas, afec­ta su cre­ci­mien­to y ade­más las obli­ga a con­ver­tir­se en madres con todas las res­pon­sa­bi­li­da­des que ello implica.

EMBARAZO TEMPRANO

En 2013 la Direc­ción Gene­ral de Ser­vi­cios de Docu­men­ta­ción, Infor­ma­ción y Aná­li­sis de la Cáma­ra de Dipu­tados hizo un estu­dio sobre el emba­ra­zo en ado­les­cen­tes, y encon­tró que la salud de las niñas y jóve­nes corre mayo­res ries­gos por­que en gene­ral no lle­van un con­trol pre­na­tal y pue­den tener com­pli­ca­cio­nes médicas.

Al res­pec­to, el direc­tor de la Redim aco­ta que otra con­se­cuen­cia es la muer­te infan­til o neo­na­tal, ya que las niñas físi­ca­men­te no están pre­pa­ra­das para desa­rro­llar un feto e indi­có que a los efec­tos en la salud se suma el estig­ma social al ser recha­za­das por su círcu­lo familiar.

Según el repor­te del órgano legis­la­ti­vo, estas niñas corren el ries­go de pade­cer hiper­ten­sión, ane­mia, par­to pre­ma­tu­ro y lo más preo­cu­pan­te es que las muje­res meno­res de 15 años de edad tie­nen 60 por cien­to mayor pro­ba­bi­li­dad de morir que una mujer de 20 años o más. Ade­más exis­ten más posi­bi­li­da­des de que se les prac­ti­quen par­tos por cesá­rea o de que sus bebés ten­gan bajo peso.

Es por ello que espe­cia­lis­tas en dere­chos de la infan­cia afir­man que las unio­nes a eda­des tem­pra­nas aca­rrean un cúmu­lo de con­se­cuen­cias nega­ti­vas para las niñas y ado­les­cen­tes, entre las que se encuen­tran tam­bién la deser­ción esco­lar, la pre­ca­ria inser­ción labo­ral y la repro­duc­ción de la pobreza.

Según la Encues­ta Nacio­nal de Salud y Nutri­ción 2012, el 51.9 por cien­to de las ado­les­cen­tes de 12 a 19 años de edad algu­na vez pre­sen­tó un emba­ra­zo, y 10.7 por cien­to esta­ban en ges­ta­ción al momen­to de la entrevista.

Nashie­li Ramí­rez, coor­di­na­do­ra de Riri­ki Inter­ven­ción Social, abun­da que las unio­nes matri­mo­nia­les son más comu­nes en las comu­ni­da­des indí­ge­nas o rura­les, sin embar­go obser­va que la mater­ni­dad tem­pra­na es un fenó­meno que tam­bién se da en con­tex­tos urba­nos y no nece­sa­ria­men­te impli­ca un matrimonio.

CÍRCULO DE MISERIA

El infor­me “El pano­ra­ma de la edu­ca­ción 2013”, de la Orga­ni­za­ción para la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­cos (OCDE), reve­ló que Méxi­co ocu­pó el pri­mer lugar en deser­ción esco­lar entre niñas y niños de 15 y 18 años, un tema rele­van­te por­que para este meca­nis­mo la edu­ca­ción deter­mi­na cómo se vivi­rá en la edad adul­ta y un nivel de ingre­sos más alto.

Los exper­tos seña­lan que las niñas que se casan o viven en pare­ja tie­nen menos pro­ba­bi­li­da­des de con­ti­nuar sus estu­dios, por­que deben cum­plir con roles domés­ti­cos o ser madres. Al res­pec­to, datos de la Redim basa­dos en fuen­tes ofi­cia­les indi­can que 9 de cada 10 niñas que son madres dejan de asis­tir a la escuela.

En Chia­pas, por ejem­plo, una enti­dad don­de 32.2 por cien­to de su pobla­ción vive en pobre­za extre­ma y 26 por cien­to es indí­ge­na, según el Inegi, y don­de ade­más es común la prác­ti­ca de matri­mo­nios de niñas, la deser­ción esco­lar es mayor y ellas tie­nen un nivel pro­me­dio de esco­la­ri­dad que no reba­sa el pri­mer año de secun­da­ria, indi­ca Jen­ni­fer Haza Gutié­rrez, direc­to­ra de la Fun­da­ción chia­pa­ne­ca Melel Xojobal.

El infor­me “Pobre­za y dere­chos socia­les de niñas, niños y ado­les­cen­tes 2008−2010”, del Con­se­jo Nacio­nal para la Eva­lua­ción de la Polí­ti­ca Social (Cone­val) y el Fon­do de Nacio­nes Uni­das para la Infan­cia (UNICEF), indi­ca que jun­to con Chia­pas, el Esta­do de Méxi­co, Gue­rre­ro, Michoa­cán y Vera­cruz son las enti­da­des con mayor pobre­za para la niñez.

La doc­to­ra en Antro­po­lo­gía por la UNAM Jahel López Gue­rre­ro, expli­ca que el matri­mo­nio infan­til dis­mi­nu­ye las posi­bi­li­da­des de que la niñez tome deci­sio­nes sobre su futu­ro, y ade­más no le per­mi­te desa­rro­llar otros aspec­tos de su vida, toda vez que se les “pre­pa­ró” úni­ca­men­te para unir­se de mane­ra temprana.

En este tenor, la aca­dé­mi­ca obser­va que esta situa­ción –cuan­do es ori­gi­na­da por estruc­tu­ras eco­nó­mi­cas y cul­tu­ra­les de algu­nas comu­ni­da­des– arras­tra una heren­cia de pobre­za que las nue­vas gene­ra­cio­nes no pue­den rom­per, por­que no per­mi­te a la infan­cia bus­car otra alter­na­ti­va de desarrollo.

Refle­xio­na que el pro­ble­ma más gra­ve es que en par­ti­cu­lar las niñas son vis­tas como obje­to de inter­cam­bio, no como per­so­nas con dere­chos, aspi­ra­cio­nes y posi­bi­li­da­des de un pro­yec­to de vida que no esté liga­do sola­men­te con la vida matri­mo­nial o la maternidad.

Ante este pano­ra­ma, en la pró­xi­ma y últi­ma entre­ga de esta serie de repor­ta­jes con moti­vo del 30 de abril Día del Niño, defen­so­res de los dere­chos de la infan­cia expli­ca­rán cuá­les son algu­nas de las estra­te­gias que debe imple­men­tar el Esta­do mexi­cano para evi­tar las unio­nes en niñas, y con ello evi­tar las con­se­cuen­cias para su desa­rro­llo y el de la sociedad.

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