“Más allá del euro­peís­mo crí­ti­co. Cos­tas Lapa­vit­sas y la cri­sis de la Euro­zo­na”- Giai­me Pala

El euro: una mone­da que no podía funcionar

Es pro­ba­ble que los his­to­ria­do­res de la eco­no­mía del futu­ro seña­len el 2013 como el año en que se abrió defi­ni­ti­va­men­te el deba­te sobre la via­bi­li­dad de la mone­da úni­ca euro­pea: el euro. En efec­to, pese a los esfuer­zos del mains­tream eco­nó­mi­co y de las orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas euro­peas de todas las ten­den­cias para ocul­tar este deba­te, en los últi­mos meses se han levan­ta­do nume­ro­sas voces que han recla­ma­do o bien una refor­ma radi­cal, o bien la diso­lu­ción orde­na­da de una mone­da con­si­de­ra­da como insos­te­ni­ble para todos los paí­ses de la euro­zo­na (EZ): des­de los pre­mios Nobel de Eco­no­mía Sti­glitz, Krug­man, Pis­sa­ri­des, Mirrless y Sar­gent has­ta Mar­tin Felds­tein y los eco­no­mis­tas que han redac­ta­do el “Mani­fies­to de Soli­da­ri­dad Euro­pea” [1]. Sus argu­men­tos se fun­da­men­tan en un con­cep­to bási­co, y mayo­ri­ta­ria­men­te acep­ta­do en la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca, de macro­eco­no­mía: que una zona mone­ta­ria no ópti­ma, como la EZ, no era via­ble sin una unión polí­ti­co-fis­cal euro­pea que garan­ti­za­ra fuer­tes trans­fe­ren­cias de dine­ro de los paí­ses más ricos hacia los más débi­les y sin un Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE) que actua­ra de pres­ta­mis­ta de últi­ma ins­tan­cia para cada uno de los Esta­dos miembros.

Una “área mone­ta­ria ópti­ma”, con­cep­to acu­ña­do por el eco­no­mis­ta Robert Mun­dell en 1961 [2], es la que se crea cuan­do un gru­po de Esta­dos deci­den adop­tar una mis­ma mone­da (y fijar, por ende, el tipo de cam­bio) y pre­sen­tan unas per­fec­tas fle­xi­bi­li­dad de pre­cios y sala­rios y movi­li­dad de los fac­to­res de pro­duc­ción. No era éste, repe­ti­mos, el caso de la EZ, la cual tam­po­co podía con­tar, a dife­ren­cia de los Esta­dos Uni­dos (otra zona mone­ta­ria no ópti­ma), con un fuer­te pre­su­pues­to fede­ral y un Ban­co Cen­tral com­pro­me­ti­do no sólo con la esta­bi­li­dad de pre­cios, como el BCE, sino tam­bién con el cre­ci­mien­to de la eco­no­mía y la garan­tía de la deu­da públi­ca del país. En suma, la EZ que se dise­ñó en el Tra­ta­do de Maas­tricht de 1992 se ha reve­la­do una estruc­tu­ra total­men­te ines­ta­ble y, lo que es peor, peli­gro­sa, en tan­to que ha pro­vo­ca­do, como deta­lla­re­mos más ade­lan­te, una mar­ca­da diver­gen­cia eco­nó­mi­ca entre los paí­ses del sur y los del nor­te de Euro­pa, con sus con­si­guien­tes ten­sio­nes polí­ti­cas. Vis­to el asun­to con cono­ci­mien­to de cau­sa, pode­mos cons­ta­tar cuán­ta razón tenía el gran eco­no­mis­ta Nicho­las Kal­dor cuan­do, en 1971, afir­mó no sólo que era impo­si­ble cons­truir una unión mone­ta­ria sin una unión polí­ti­co-fis­cal que la res­pal­da­ra, sino que plan­tear un pro­ce­so de uni­fi­ca­ción euro­pea par­tien­do de la mone­da cau­sa­ría gra­ves ten­sio­nes socio­eco­nó­mi­cas que ter­mi­na­rían impi­dien­do la mis­ma unión polí­ti­ca de los Esta­dos del con­ti­nen­te [3]. Esto es jus­ta­men­te lo que ha pasa­do, ya que para no sacri­fi­car una mone­da úni­ca que, a par­tir del ini­cio de la cri­sis en 2008, empe­zó a hacer agua por todos lados, se ha empo­bre­ci­do a millo­nes de per­so­nas median­te los pla­nes de aus­te­ri­dad impues­tos por la “Troi­ka” (Comi­sión Euro­pea, BCE y FMI). La con­sig­na, implí­ci­ta pero indis­cu­ti­ble, que lan­za­ron las ins­ti­tu­cio­nes comu­ni­ta­rias a los pue­blos euro­peos es que esta­ban empe­ña­das en sal­var al euro de sí mis­mo y no en sal­var a los ciu­da­da­nos de un euro com­ple­ta­men­te dis­fun­cio­nal [4]. Con el aña­di­do de que el acuer­do de gobierno fir­ma­do en oto­ño de 2013 por la CDU de Ange­la Mer­kel y el SPD pone negro sobre blan­co que Ale­ma­nia, el país hege­mó­ni­co y más rico de Euro­pa, no per­mi­ti­rá en los pró­xi­mos cin­co años una unión polí­ti­co-fis­cal de la EZ. En defi­ni­ti­va, esta­mos ante un pano­ra­ma som­brío, carac­te­ri­za­do por el estan­ca­mien­to eco­nó­mi­co y el peli­gro de la tram­pa defla­cio­na­ria, un nivel de pobre­za iné­di­ta en Euro­pa y una cre­cien­te acu­mu­la­ción de poder por par­te de ins­ti­tu­cio­nes no demo­crá­ti­cas como la Comi­sión Euro­pea, el Con­se­jo Euro­peo y el BCE, que está pri­van­do a los ciu­da­da­nos del “Vie­jo Mun­do” del más impor­tan­te dere­cho con­se­gui­do en la edad con­tem­po­rá­nea: la sobe­ra­nía popular.

Así las cosas, se nos impo­ne a todos el deber de sofis­ti­car nues­tros cono­ci­mien­tos acer­ca de las carac­te­rís­ti­cas y la cri­sis de la EZ con vis­tas a ofre­cer pro­pues­tas con­vin­cen­tes para que Euro­pa sal­ga del ato­lla­de­ro en que se encuen­tra. Y para hacer­lo, uno de los mejo­res libros es el del eco­no­mis­ta Cos­tas Lapa­vit­sas Cri­sis en la euro­zo­na (Capi­tán Swing, 2013), que reco­ge una serie de infor­mes redac­ta­dos entre 2010 y 2011 y ofre­ce tan­to una des­crip­ción de la cri­sis del euro como una plan de diso­lu­ción con­cer­ta­da y pro­gre­sis­ta del mis­mo [5]. Vea­mos, pues, los moti­vos que expli­can por qué la mone­da úni­ca no ha sido, tal y como pro­me­tió el esta­blish­ment euro­peo en las últi­mas dos déca­das del siglo XX, un fac­tor de bien­es­tar para los ciu­da­da­nos, y cómo salir de ella.

Los cos­tes socio­eco­nó­mi­cos de la euro­zo­na y las alter­na­ti­vas a la mone­da única

Un aná­li­sis míni­ma­men­te arti­cu­la­do de la tra­yec­to­ria de la euro­zo­na tie­ne que par­tir de dos pun­tos: 1) el euro era una pro­pues­ta mone­ta­ria simé­tri­ca para reali­da­des eco­nó­mi­cas asi­mé­tri­cas; y 2) esta pro­pues­ta simé­tri­ca se dise­ñó en base a los fun­da­men­tos macro­eco­nó­mi­cos del país más fuer­te del con­ti­nen­te, es decir, Ale­ma­nia. De hecho, que el Sis­te­ma Mone­ta­rio Euro­peo (SME), que fue el pri­mer serio inten­to de con­ver­gen­cia mone­ta­ria y que pro­du­jo fuer­tes des­equi­li­brios en las balan­zas de cuen­tas corrien­tes de los Esta­dos, vola­ra por los aires para que éstos pudie­ran afron­tar el “shock” del ata­que a la libra ingle­sa de 1992, no fue óbi­ce para que las éli­tes euro­peas impu­sie­ran una mone­da úni­ca cuyo tipo de cam­bio fue­ra aún más rígi­do e, insis­ti­mos, con carac­te­rís­ti­cas cal­ca­das a las del mar­co ale­mán. De mane­ra que, a par­tir de media­dos de los años noven­ta, casi todos los paí­ses de la futu­ra EZ tuvie­ron que auto­dis­ci­pli­nar­se eco­nó­mi­ca­men­te para acer­car­se a los duros pará­me­tros de deu­da y défi­cit públi­cos (60% y 3%, res­pec­ti­va­men­te) y baja infla­ción apro­ba­dos en Maas­tricht. Una vez fija­do el tipo de cam­bio en 1999, vol­vió a pro­du­cir­se el mis­mo fenó­meno que, a la lar­ga, reven­tó el SME: la afluen­cia de capi­ta­les de los fuer­tes paí­ses del nor­te hacia unos paí­ses del sur que ya no podían deva­luar sus mone­das y que ofre­cían tasas de inte­rés natu­ral más altas.

Lógi­ca­men­te, ello pro­vo­có un aumen­to de la infla­ción y una pér­di­da de com­pe­ti­ti­vi­dad de estos paí­ses, acom­pa­ña­dos de la crea­ción de bur­bu­jas finan­cie­ras liga­das, como en Espa­ña, al sec­tor de la cons­truc­ción. Ade­más, dicha lle­ga­da de capi­ta­les, uni­da al estan­ca­mien­to de los sala­rios reales que, en los paí­ses de sur, ini­ció en los años ochen­ta, cau­só un toda­vía más preo­cu­pan­te endeu­da­mien­to de fami­lias y empre­sas. Cuan­do el flu­jo del cré­di­to inter­na­cio­nal se inte­rrum­pió des­pués de la quie­bra de Leh­man Brothers en 2008, los Esta­dos tuvie­ron que res­ca­tar a los ban­cos pri­va­dos e inyec­tar liqui­dez para man­te­ner a flo­te sus eco­no­mías las­tra­das por el aumen­to del paro, por lo que los nive­les de défi­cit y deu­da públi­cos se ele­va­ron rápi­da­men­te. A mayor abun­da­mien­to, una vez que la Troi­ka optó por no garan­ti­zar la deu­da públi­ca grie­ga des­pués de que el recién ele­gi­do pre­si­den­te Papan­dreu reve­la­ra en 2010 que Gre­cia esta­ba al bor­de de la ban­ca­rro­ta, los otros Esta­dos del sur se vie­ron envuel­tos en una cri­sis de la pri­ma de ries­go para salir de la cual tuvie­ron que sucum­bir al chan­ta­je que les pre­sen­tó el BCE en agos­to de 2011: la com­pra de deu­da públi­ca en los mer­ca­dos secun­da­rios a cam­bio de recor­tes de los sala­rios, pre­ca­ri­za­ción del mer­ca­do labo­ral, pro­gra­mas de pri­va­ti­za­ción de los ser­vi­cios públi­cos y refor­mas cons­ti­tu­cio­na­les que san­cio­na­ran lími­tes estric­tos de défi­cit público.

Por si ello no bas­ta­ra, el autor nos recuer­da que, a par­tir de 2003, el gobierno ale­mán acau­di­lla­do por Gerhard Schrö­der dio ini­cio a una con­tun­den­te polí­ti­ca de dum­ping social (la famo­sa “Agen­da 2010”) basa­da en una pre­sión sobre los sala­rios a cau­sa de la cual —y a dife­ren­cia de lo que ocu­rría en los paí­ses del sur— los «cos­tes uni­ta­rios labo­ra­les se movie­ron a un rit­mo casi idén­ti­co al de la pro­duc­ti­vi­dad» (p. 57); lo que, suma­do a una infla­ción que se man­te­nía más baja que la del res­to de la EZ por una deman­da agre­ga­da ané­mi­ca, impul­só de for­ma extra­or­di­na­ria la com­pe­ti­ti­vi­dad ale­ma­na. Liso y llano: el gobierno de Schrö­der reali­zó una autén­ti­ca deva­lua­ción inter­na al tiem­po que la lle­ga­da de capi­ta­les de nor­te, la mayo­ría de los cua­les pro­ce­dían de Ale­ma­nia, car­co­mía las eco­no­mías del sur, endeu­dán­do­las (para com­prar los pro­duc­tos ale­ma­nes aho­ra ya más con­ve­nien­tes) y mer­man­do su com­pe­ti­ti­vi­dad [6]. El quid de la cues­tión, como ya empie­za a resul­tar evi­den­te has­ta a la pren­sa mode­ra­da más inte­li­gen­te, resi­de en que el euro repre­sen­tó un dra­ma tan­to para las eco­no­mías del sur —que no esta­ban pre­pa­ra­das para adop­tar una mone­da que, para más inri, no paró de apre­ciar­se a par­tir de 2002 con la com­pli­ci­dad ale­ma­na y del BCE (cuyo obje­ti­vo era con­ver­tir­lo en la gran mone­da de reser­va mun­dial)— como para los tra­ba­ja­do­res ale­ma­nes, sobre cuyos sacri­fi­cios sala­ria­les se basó el tan cacarea­do “éxi­to ale­mán”. Pocas dudas pue­den caber ya acer­ca de que el euro ha sido el prin­ci­pal ins­tru­men­to median­te el cual la oli­gar­quía euro­pea ha dis­ci­pli­na­do a los tra­ba­ja­do­res del con­ti­nen­te y derrum­ba­do los avan­ces socia­les obte­ni­dos des­pués de la Segun­da Gue­rra Mundial.

La expli­ca­ción de Lapa­vit­sas de la diver­gen­cia eco­nó­mi­ca con­ti­nen­tal que tra­jo el euro es robus­ta, docu­men­ta­da y ha sido con­fir­ma­da en los últi­mos dos años por nume­ro­sos eco­no­mis­tas. Con todo, hay un pun­to que olvi­da y que otro gran ana­lis­ta de la mone­da úni­ca, el ita­liano Alber­to Bag­nai, ha sub­ra­ya­do con acier­to: la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca segui­da por Schrö­der (y lue­go Mer­kel) ha ido en con­tra de uno de los artícu­los más impor­tan­tes del Tra­ta­do de Maas­tricht, el núme­ro 2, según el cual el obje­ti­vo de la enton­ces Comu­ni­dad Eco­nó­mi­ca Euro­pea era el

desa­rro­llo armo­nio­so y equi­li­bra­do de las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas en el con­jun­to de la Comu­ni­dad, un cre­ci­mien­to sos­te­ni­ble y no infla­cio­nis­ta que res­pe­te el medio ambien­te, un alto gra­do de con­ver­gen­cia de los resul­ta­dos eco­nó­mi­cos, un alto nivel de empleo y de pro­tec­ción social, la ele­va­ción del nivel y de la cali­dad de vida, la cohe­sión eco­nó­mi­ca y social y la soli­da­ri­dad entre los Esta­dos miem­bros [7].

Obvia­men­te, el dum­ping social ale­mán era todo lo con­tra­rio de la polí­ti­ca aus­pi­cia­da por el Tra­ta­do. Sin embar­go, nin­gún gobierno euro­peo del sur ape­ló a ese artícu­lo para neu­tra­li­zar las medi­das de com­pe­ti­ción des­leal prac­ti­ca­das por los gobier­nos de Ale­ma­nia. Todo lo con­tra­rio. A par­tir del ini­cio de la cri­sis, los segun­dos apro­ve­cha­ron la cri­sis de deu­da (interna/​externa, pública/​privada) que pade­cían los pri­me­ros para impo­ner una diná­mi­ca de “cen­tro” y “peri­fe­ria” en vir­tud de la cual Ale­ma­nia se sin­tió lo sufi­cien­te­men­te fuer­te como para dic­tar los duros pro­gra­mas de aus­te­ri­dad diri­gi­dos a obli­gar a las socie­da­des del sur a pagar sus deu­das a los ban­cos del nor­te. Con­clu­yen­te­men­te, el pro­yec­to de la EZ ha fra­ca­sa­do a la hora de impe­dir, como que­ría Fra­nçois Mit­te­rand des­pués de la caí­da del Muro de Ber­lín, que Ale­ma­nia se eri­gie­ra en el país domi­nan­te de la UE. En estos momen­tos, has­ta los polí­ti­cos e inte­lec­tua­les ale­ma­nes más hones­tos (U. Beck, H. Schimdt) se mues­tran preo­cu­pa­dos por esta Ale­ma­nia impe­rial que va gran­jeán­do­se el odio de unos veci­nos del sur some­ti­dos a vio­len­tas tera­pias de aus­te­ri­dad social.

¿Qué hacer, por tan­to, para evi­tar que éstos ter­mi­nen sofo­ca­dos por seme­jan­te situa­ción de des­es­pe­ran­za y humi­lla­ción? Lapa­vit­sas nos pre­sen­ta, a lo lar­go del libro, tres esce­na­rios de futu­ro. El pri­me­ro corres­pon­de al que los euró­cra­tas y gobier­nos nacio­na­les de la EZ han impues­to a la pobla­ción euro­pea: la aus­te­ri­dad, que el autor recha­za por basar­se en un diag­nós­ti­co erra­do de las cau­sas de la cri­sis, por los estra­gos socia­les que está cau­san­do y, last but not least, por no solu­cio­nar los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de los pue­blos europeos.

Un segun­do esce­na­rio podría ser el de una refor­ma en pro­fun­di­dad del mode­lo de gober­nan­za de la EZ, basa­da en la unión polí­ti­co-fis­cal de los terri­to­rios que la com­po­nen, en trans­for­mar el BCE en un orga­nis­mo obli­ga­do a rea­li­zar polí­ti­cas mone­ta­rias pen­sa­das para fomen­tar el empleo y el cre­ci­mien­to, y en crear una “Ofi­ci­na de Deu­da Públi­ca” que pudie­ra coor­di­nar la emi­sión y ges­tión de la deu­da públi­ca de cada Esta­do en cola­bo­ra­ción con el BCE. Al res­pec­to —y con razón, si pen­sa­mos en el ya cita­do acuer­do de gobierno ale­mán— Lapa­vit­sas se mues­tra escép­ti­co sobre su via­bi­li­dad, ya que com­por­ta­ría una radi­cal rees­truc­tu­ra­ción de la sobe­ra­nía en toda la EZ, den­tro de la cual exis­te una férrea jerar­quía de Esta­dos e insos­la­ya­bles intere­ses nacio­na­les. Por otra par­te, como ha recor­da­do recien­te­men­te Wolf­gang Streeck, aun en el caso de que los con­tri­bu­yen­tes del nor­te qui­sie­ran cos­tear la unión fis­cal de la UE, ésta ter­mi­na­ría repro­du­cien­do el vie­jo mode­lo ita­liano: un “Mez­zo­giorno” enjau­la­do en una unión mone­ta­ria que le es per­ju­di­cial, cuyo atra­so sería palia­do por el dine­ro del nor­te a cos­ta de la renun­cia de aquel a un futu­ro de pro­gre­so social y pleno empleo [8].

El ter­cer esce­na­rio es el del impa­go de la deu­da por par­te de los Esta­dos del sur de Euro­pa, y su sali­da de la mone­da úni­ca. Este es el pano­ra­ma que Lapa­vit­sas con­si­de­ra más con­ve­nien­te para ellos. Eso sí, siem­pre y cuan­do el pro­ce­so de sali­da no fue­ra des­fa­vo­ra­ble para sus cla­ses tra­ba­ja­do­ras, ya dura­men­te cas­ti­ga­das en estos años de recor­tes. Para ello, el eco­no­mis­ta grie­go indi­ca que el impac­to, en su opi­nión fuer­te, que ten­dría la sali­da de un país de la EZ, debe­ría ir acom­pa­ña­do de medi­das como: 1) la sus­pen­sión de pagos y la res­truc­tu­ra­ción de la deu­da inter­na­cio­nal; 2) la nacio­na­li­za­ción y la crea­ción de un sis­te­ma de ban­cos públi­cos que garan­ti­za­ra los depó­si­tos de los ciu­da­da­nos y con­ce­die­ra cré­di­tos en con­di­cio­nes razo­na­bles a peque­ñas y media­nas empre­sas (lo que pro­te­ge­ría el empleo); 3) con­tro­les de capi­ta­les para evi­tar el flu­jo de sali­das de fon­dos líqui­dos y pro­te­ger el sis­te­ma ban­ca­rio del país que deci­de recu­pe­rar su sobe­ra­nía mone­ta­ria; 4) una fuer­te inter­ven­ción públi­ca para con­tro­lar aque­llas áreas estra­té­gi­cas de la eco­no­mía (trans­por­tes, ener­gía, tele­co­mu­ni­ca­cio­nes, etc.) ame­na­za­das por el impac­to de la sali­da de la EZ. Como se pue­de notar, Lapa­vit­sas con­ci­be la sali­da del euro no sólo como una nece­si­dad inevi­ta­ble dada la situa­ción de inmo­vi­lis­mo polí­ti­co que carac­te­ri­za la EZ, sino tam­bién como una opor­tu­ni­dad para lle­var a cabo una refor­ma estruc­tu­ral de la eco­no­mía por com­ple­to dife­ren­te de las rece­tas neo­li­be­ra­les que se han apli­ca­do en Euro­pa (y que nos empu­ja­ría, de paso, a repen­sar nues­tras polí­ti­cas fis­ca­les, ener­gé­ti­cas e industriales).

Si bien el autor pre­sen­ta un pano­ra­ma de sali­da de la mone­da úni­ca más impac­tan­te y menos deta­lla­do que los que plan­tean eco­no­mis­tas como Jac­ques Sapir o el mis­mo Bag­nai [9], su pro­pues­ta tie­ne un méri­to indu­da­ble: el de ofre­cer a la izquier­da de los paí­ses del sur un pro­gra­ma de emer­gen­cia pero tam­bién ofen­si­vo, capaz de aglu­ti­nar a las capas socia­les pau­pe­ri­za­das por la aus­te­ri­dad y a millo­nes de jóve­nes sin pers­pec­ti­vas de futu­ro. Un pro­gra­ma, pues, que ofre­ce espe­ran­za y un papel de pro­ta­go­nis­ta a una izquier­da trans­for­ma­do­ra que, des­de que esta­lló la cri­sis, no ha sabi­do —o podi­do, según se mire— dete­ner la ofen­si­va de la Troi­ka. Por­que, hacien­do un ejer­ci­cio de hones­ti­dad, deber��amos reco­no­cer que la izquier­da euro­pea no se encuen­tra en su mejor momen­to: en los tres prin­ci­pa­les paí­ses de la EZ, o ha sido arrin­co­na­da del jue­go polí­ti­co (Ita­lia) o se encuen­tra cla­ra­men­te estan­ca­da en sus pers­pec­ti­vas de voto (Fran­cia y Ale­ma­nia); tam­po­co en Por­tu­gal y Espa­ña las cosas van mucho mejor, ya que los par­ti­dos socia­lis­tas ibé­ri­cos pare­cen haber para­do la hemo­rra­gia de votos que esta­ban sufrien­do y fre­na­do el ascen­so de las siglas a su izquier­da (IU, PCP y Blo­que de Esquer­da). Sólo en Gre­cia, Syri­za sigue man­te­nién­do­se como alter­na­ti­va real de gobierno. Este es el moti­vo por el que su líder, Ale­xis Tsi­pras, ha sido nom­bra­do can­di­da­to por el Par­ti­do de la Izquier­da Euro­pea (PIE) a la pre­si­den­cia de la Comi­sión Euro­pea para las elec­cio­nes de mayo. Unas elec­cio­nes de extra­or­di­na­ria impor­tan­cia, has­ta el pun­to de que el mis­mo Tsi­pras ha afir­ma­do que repre­sen­tan «la últi­ma opor­tu­ni­dad» para cons­truir una UE jus­ta y «de las per­so­nas» [10]. O, lo que es lo mis­mo, que esta­mos ante la últi­ma opor­tu­ni­dad para el lla­ma­do “euro­peís­mo crí­ti­co”. Habrá que ver qué resul­ta­dos con­se­gui­rá el joven polí­ti­co heleno. Por aho­ra, los son­deos apun­tan a un ele­va­do nivel de abs­ten­ción y a un cre­ci­mien­to del PIE cla­ra­men­te insu­fi­cien­te para deter­mi­nar un cam­bio sus­tan­cial en las polí­ti­cas de Bru­se­las. En fin, no es des­car­ta­ble que esta “últi­ma opor­tu­ni­dad” ter­mi­ne en un fra­ca­so, razón por la que es opor­tuno for­mu­lar aquí una últi­ma refle­xión sobre cómo la izquier­da se ha rela­cio­na­do has­ta hoy con el pro­ce­so de uni­fi­ca­ción europea.

Más allá del “euro­peís­mo crítico”

Una de las mayo­res cua­li­da­des del libro de Lapa­vit­sas es que obli­ga a la izquier­da con­ti­nen­tal a hacer un esfuer­zo de cla­ri­fi­ca­ción men­tal acer­ca de un euro­peís­mo —“crí­ti­co” todo lo que se quie­ra, pero euro­peís­mo al fin y al cabo— del que, des­de los años seten­ta, hace gala con orgu­llo. Esto es par­ti­cu­lar­men­te cier­to para las izquier­das del sur [11], para las que el dog­ma de tener que con­se­guir una uni­dad de des­tino con paí­ses tan ale­ja­dos y dis­pa­res como Leto­nia, Ale­ma­nia, Fin­lan­dia o Irlan­da, les ha impe­di­do ima­gi­nar un futu­ro para sus paí­ses den­tro de espa­cios eco­nó­mi­cos, cul­tu­ra­les y lin­güís­ti­cos más cohe­ren­tes y fac­ti­bles (área medi­te­rrá­nea e Ibe­ro­amé­ri­ca). Es más, repe­tir macha­co­na­men­te duran­te más de trein­ta años que se debía alcan­zar una “esca­la” y un úni­co “suje­to de lucha” euro­peos, no ha ser­vi­do a la izquier­da para crear un medio de infor­ma­ción común a todos los paí­ses de la UE ni para tener una idea míni­ma­men­te cla­ra de las carac­te­rís­ti­cas socio­eco­nó­mi­cas de cada una de las reali­da­des que com­po­nen el mosai­co comu­ni­ta­rio: pre­gun­ten, si no, a un mili­tan­te espa­ñol por las carac­te­rís­ti­cas del mer­ca­do labo­ral holan­dés o por la com­po­si­ción social de Ita­lia. Y, sin embar­go, un “suje­to euro­peo”, si quie­re ser real­men­te via­ble e inci­si­vo, no pue­de no basar­se en el cono­ci­mien­to por­me­no­ri­za­do de todas sus par­tes; máxi­me si se tie­ne en cuen­ta que la Unión Euro­pea, y más toda­vía la EZ, son áreas pro­fun­da­men­te asi­mé­tri­cas des­de un pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co, por lo que resul­ta com­pli­ca­do dar con solu­cio­nes a los pro­ble­mas comu­ni­ta­rios que satis­fa­gan a todos (cues­tión impor­tan­te, ya que para refor­mar los tra­ta­dos euro­peos se nece­si­ta la apro­ba­ción uná­ni­me de los paí­ses de la Unión).

Es por eso por lo que el error que ha come­ti­do la izquier­da no es tan­to haber apos­ta­do por el fede­ra­lis­mo con­ti­nen­tal y el euro­peís­mo social como haber­se nega­do siquie­ra a pen­sar en un “Plan B” en caso de que sus plan­tea­mien­tos se demos­tra­ran —como ya pare­cen ser­lo— muy difí­ci­les de rea­li­zar en el cor­to-medio pla­zo, esto es, el pla­zo para rever­tir una situa­ción de des­com­po­si­ción social como la que vivi­mos. Nun­ca ha habi­do un plan alter­na­ti­vo por­que en el fon­do no lo podía haber: duran­te lus­tros fue fuer­te —y, aun­que menos, aún lo es— la con­vic­ción según la cual los paí­ses de la EZ esta­ban des­ti­na­dos a acep­tar una mayor unión polí­ti­ca y fis­cal que haría sos­te­ni­ble para todos una mone­da úni­ca “ger­ma­ni­za­da”. Dicho con otras pala­bras: que el euro­peís­mo nada­ba a favor de la corrien­te his­tó­ri­ca y que, pese a todas sus con­tra­dic­cio­nes y a las bru­ta­les polí­ti­cas anti­po­pu­la­res que los gobier­nos de los paí­ses de la EZ esta­ban obli­ga­dos a apli­car, se iba “por el buen camino” en la medi­da en que se crea­ría ese gran espa­cio euro­peo cada vez más homo­gé­neo en el que la izquier­da asu­mi­ría un rol de pro­ta­go­nis­ta. Todo ello por­que se con­si­de­ra­ba como ver­dad incues­tio­na­ble el hecho de que el euro­peís­mo, ideal inter­cla­sis­ta por anto­no­ma­sia (tan euro­peís­ta pue­de sen­tir­se Emi­lio Botín u Oli Rehn que un para­do del Baix Llo­bre­gat o una ama de casa de Valle­cas), iba a ser una palan­ca efi­ca­cí­si­ma para cons­truir un con­ti­nen­te social­men­te avan­za­do. Un con­ven­ci­mien­to que, ele­va­do a su máxi­ma expre­sión acrí­ti­ca, lle­vó a muchos sin­di­ca­tos euro­peos y a inte­lec­tua­les como Anto­nio Negri a pedir el “sí” para el refe­rén­dum sobre el pro­yec­to de Cons­ti­tu­ción Euro­pea de 2004 [12] (tex­to que blin­da­ba, mucho más que el Tra­ta­do de Lis­boa de 2007, el actual mode­lo de gober­nan­za polí­ti­co-eco­nó­mi­ca de la UE con­tra el que la izquier­da está luchan­do hoy en día con enor­mes dificultades).

En defi­ni­ti­va, pese a los recor­tes socia­les que se han pro­du­ci­do en los paí­ses del sur para sal­var la mone­da úni­ca, y a las reglas eco­nó­mi­cas que gobier­nos con­ser­va­do­res y socio­li­be­ra­les esta­ble­cie­ron en los años noven­ta, la izquier­da optó por no cues­tio­nar el mar­co mone­ta­rio vigen­te por con­si­de­rar­lo un mar­co irre­ver­si­ble pero modi­fi­ca­ble en un sen­ti­do pro­gre­si­vo. De mane­ra que el euro venía a ser con­si­de­ra­do algo así como una suer­te de “final de la his­to­ria polí­ti­co-mone­ta­ria” del que nadie podía vol­ver atrás so pena de ir en con­tra­di­rec­ción del natu­ral pro­gre­so euro­peo, y que podía trans­for­mar­se en un arma arro­ja­di­za con­tra los mis­mos que la crea­ron —con toda la inten­ción del mun­do— con aque­llas carac­te­rís­ti­cas neo­li­be­ra­les. Tama­ña con­vic­ción con­tras­ta­ba con una his­to­ria recien­te pla­ga­da de rup­tu­ras de unio­nes mone­ta­rias (más de seten­ta des­pués de 1945), con los vati­ci­nios de un amplio núme­ro de eco­no­mis­tas y, sobre todo, con una res­pues­ta popu­lar que no pudo parar —pre­ci­sa­men­te por la difi­cul­tad de cons­truir un suje­to de ámbi­to con­ti­nen­tal— las polí­ti­cas implan­ta­das por la Troi­ka. De ahí que, en este momen­to con­cre­to y den­tro de la izquier­da, los par­ti­da­rios de la mone­da úni­ca estén en una situa­ción cada vez más com­pli­ca­da a la hora de defen­der su posi­ción, lo que expli­ca el uso abun­dan­te que ellos hacen del tre­men­dis­mo para repre­sen­tar un esce­na­rio posteu­ro en que los ciu­da­da­nos sólo encon­tra­rían “desas­tres”, nive­les de infla­ción “wei­ma­ria­nos” y ter­cer­mun­dis­mo social. En una pala­bra, una no-expli­ca­ción que hace mella en los mie­dos de una pobla­ción en seria difi­cul­tad eco­nó­mi­ca para abor­tar el deba­te. Y huel­ga decir que la izquier­da, hija his­tó­ri­ca de la Ilus­tra­ción, no pue­de ni debe basar sus deci­sio­nes polí­ti­cas sobre el mie­do, sino sobre el deba­te racio­nal y la espe­ran­za. Por este moti­vo con­vie­ne ale­jar­se de los pro­fe­tas del Apo­ca­lip­sis y apos­tar por una dis­cu­sión sose­ga­da y que ten­ga en cuen­ta los exce­len­tes estu­dios de los que dis­po­ne­mos para arti­cu­lar una pro­pues­ta con­vin­cen­te de sali­da de una mone­da úni­ca des­ti­na­da, tal y como están las cosas, a implo­sio­nar. Y el libro de Cos­tas Lapa­vit­sas es uno de ellos. Como él mis­mo nos recuer­da, hay alter­na­ti­vas al euro que nos per­mi­ti­rían cons­truir una Euro­pa ver­da­de­ra­men­te fra­ter­nal. Sólo hace fal­ta que sal­ga­mos del blo­queo cog­ni­ti­vo que nos impi­de ver que, fue­ra de la EZ, hay vida. Y, si esta­mos dis­pues­tos a dis­cu­tir seria­men­te sobre el tema y a luchar, una vida mejor y más jus­ta que la actual.

Fuen­te: http://​www​.mien​tras​tan​to​.org/

Notas

[1] Juan­ma Lamet, «Los cin­co Nobel de Eco­no­mía que con­tem­plan la sali­da de Espa­ña del euro», Expan­sión, 7 de julio de 2013; sobre el Mani­fies­to de Soli­da­ri­dad Euro­pea, véa­se la pági­na web: http://​www​.euro​pean​-soli​da​rity​.eu.

[2] Robert Mun­dell, «Theory of opti­mum currency areas», Ame­ri­can Eco­no­mic Review, n.º 51, 1961, pp. 657 – 665.

[3] Nicho­las Kal­dor, «The Dyna­mic Effects Of The Com­mon Mar­ket», The New Sta­te­ment, 12/​03/​1971.

[4] Esta es una de las prin­ci­pa­les con­clu­sio­nes del exce­len­te libro de Gavin Hewitt, Euro­pa a la deri­va, Madrid, Alian­za, 2013.

[5] En reali­dad, los estu­dios que for­man el libro han sido ela­bo­ra­dos por un equi­po de eco­no­mis­tas guia­do por Lapa­vit­sas. Sin embar­go, en el pre­sen­te tex­to se men­cio­na­rá sólo al eco­no­mis­ta grie­go por una cues­tión práctica.

[6] Para una visión exhaus­ti­va de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca y labo­ral de Ale­ma­nia des­de 1989, véa­se tam­bién: Rafael Poch-de-Feliu, Àngel Ferre­ro, Car­men Negre­te, La quin­ta Ale­ma­nia, Bar­ce­lo­na, Icà­ria, 2013; Vla­di­mi­ro Giac­ché, Ans­chluss. L’annessione. L’unificazione della Ger­ma­nia e il futu­ro dell’Europa, Reg­gio Emi­lia, Impri­ma­tur edi­to­re, 2013.

[7] Alber­to Bag­nai, Il tra­mon­to dell’euro, Reg­gio Emi­lia, Impri­ma­tur edi­to­re, 2012, pp. 231 – 232.

[8] Wolf­gang Streeck, «Mer­ca­dos y pue­blos: capi­ta­lis­mo demo­crá­ti­co e inte­gra­ción euro­pea», New Left Review (edi­ción en cas­te­llano), n.º 73, mar­zo-abril de 2012, pp. 55 – 62.

[9] Jac­ques Sapir, S’il faut sor­tir de l’Euro…, Cemi-Ehess, París, 2011; Alber­to Bag­nai, Il tra­mon­to dell’euro, op. cit., pp. 307 – 398.

[10] Ale­xis Tsi­pras: «Este es nues­tro momen­to, es la últi­ma opor­tu­ni­dad para cam­biar Euro­pa», Públi­co, 14 de diciem­bre de 2013. Con­sul­ta­ble en: http://​www​.publi​co​.es/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​4​8​9​2​3​2​/​a​l​e​x​i​s​-​t​s​i​p​r​a​s​-​e​s​t​e​-​e​s​-​n​u​e​s​t​r​o​-​m​o​m​e​n​t​o​-​e​s​-​l​a​-​u​l​t​i​m​a​-​o​p​o​r​t​u​n​i​d​a​d​-​p​a​r​a​-​c​a​m​b​i​a​r​-​e​u​r​opa.

[11] Con la excep­ción de los Par­ti­dos Comu­nis­tas de Gre­cia y Por­tu­gal, des­de siem­pre con­tra­rios al pro­ce­so de uni­fi­ca­ción euro­pea tal y como éste se ha desarrollado.

[12] Una crí­ti­ca pun­zan­te y efi­caz a los argu­men­to que Negri (y sobre todo Haber­mas) adu­je­ron para apo­yar el pro­yec­to de Cons­ti­tu­ción Euro­pea es la de José María Ripal­da, «Haber­mas y Euro­pa», mien­tras tan­to, n.º 96, 2005, pp. 17 – 22.

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