Arac­no­fo­bia- Borro­ka Garaia

Antes de la gran expan­sión que tuvo inter­net, la poli­cía se dedi­ca­ba a per­se­guir a per­so­nas que repar­tían pan­fle­tos en la calle o pega­ban car­te­les de con­te­ni­do polí­ti­co crí­ti­co con el esta­do de las cosas. Los pocos medios de comu­ni­ca­ción fue­ra del cir­cui­to con­tro­la­do por el capi­tal tenían que supe­rar múl­ti­ples barre­ras para abrir­se paso y ade­más sufrir una coac­ción y per­se­cu­ción similar.

Todo eso sigue ocu­rrien­do igual, pues la gue­rra por el con­trol de la infor­ma­ción y la opi­nión es uno de los pila­res de todo esta­do tota­li­ta­rio como el espa­ñol, hijo del fran­quis­mo. Sin embar­go, aho­ra exis­te un nue­vo fac­tor debi­do a la expan­sión social de nue­vas tec­no­lo­gías como la red de redes lla­ma­da inter­net. Inter­net, como cual­quier otra herra­mien­ta, depen­dien­do de su uso tie­ne sus cosas nega­ti­vas e impac­tos que pue­den hacer retro­ce­der a la socie­dad en algu­nos cam­pos. Pero hoy no voy a escri­bir sobre ello, sino sobre fac­to­res positivos.

Uno de ellos supo­ne, aun­que sea par­cial­men­te, la ero­sión de ese mono­po­lio infor­ma­ti­vo. Otro, la crea­ción de opi­nión en sen­ti­do hori­zon­tal. Para ello exis­ten diver­sas herra­mien­tas como las redes socia­les don­de sin espe­rar “opi­nio­nes cer­ti­fi­ca­das” ni pre­fa­bri­ca­das, los usua­rios y usua­rias hacen uso de una teó­ri­ca liber­tad de expre­sión, don­de se com­par­ten pun­tos de vis­ta, foto­gra­fías e infor­ma­cio­nes. Digo teó­ri­ca, por­que inter­net si en un prin­ci­pio fue un pro­yec­to mili­tar yan­kee dese­cha­do por fal­ta de segu­ri­dad, hoy en día no sigue estan­do en manos dife­ren­tes. El espio­na­je y el con­trol es exhaus­ti­vo. Pues para los esta­dos y el capi­tal es un arma de doble filo. Lo mis­mo ocu­rre para los y las de abajo.

El esta­do espa­ñol. Un esta­do en des­com­po­si­ción a todos los nive­les, no pue­de per­mi­tir­se ese fluir libre de opi­nio­nes. Por­que obvia­men­te hay que ser un autén­ti­co borre­go acos­tum­bra­do al menú de los mass mier­da para tra­gar lo que un día si y otro tam­bién nos echan enci­ma. Le resul­ta tre­men­da­men­te des­agra­da­ble que “ciu­da­da­nos” de a pie, fue­ra de los mar­cos de con­trol mediá­ti­co del esta­do, pien­sen por sí mis­mos, saquen fotos que no se quie­ran ver y las publi­quen o hagan lla­ma­mien­tos a movilizaciones.

Pare­des mudas como en la dic­ta­du­ra, es par­te del refra­ne­ro popu­lar. Tam­bién quie­ren mudos los muros de las redes socia­les y las pági­nas de inter­net. Es eso, y nin­gún otro moti­vo más por el cual en las últi­mas horas han sido cobar­de­men­te dete­ni­das dece­nas de per­so­nas en una ope­ra­ción-mon­ta­je más fal­sa que un duro de car­tón de los que lle­van fusi­les para poner­los en manos de niños en el cole­gio, bau­ti­za­da estú­pi­da­men­te como la araña.

El pate­tis­mo alcan­za­do por el esta­do espa­ñol en su cru­za­da para exten­der el mie­do no tie­ne lími­tes. Pero la úni­ca alter­na­ti­va que tie­nen son los cam­pos de con­cen­tra­ción masi­vos y poner ver­jas al pen­sa­mien­to. Lo segun­do lo tie­nen bas­tan­te jodi­do. El men­sa­je real de estas deten­cio­nes es pre­ci­sa­men­te el pro­pio mie­do del esta­do a que los pri­vi­le­gios de unos pocos y la opre­sión nacio­nal de los pue­blos sean aplas­ta­das y pasen a la his­to­ria jun­to a unos méto­dos repre­si­vos dig­nos de la inquisición.

La ara­ña en el ojo de la cerradura

Una ara­ña, des­pués de haber explo­ra­do toda la casa, por den­tro y por fue­ra, pen­só meter­se en el ojo de la cerradura.

¡Qué refu­gio ideal! ¿Quién podría des­cu­brir­la jamás, allí den­tro? Ella, en cam­bio, aso­mán­do­se al bor­de de la cerra­du­ra, podría mirar a todas par­tes sin ries­go alguno.

– Allí – decía para sí, obser­van­do el umbral de pie­dra – ten­de­ré una red para las mos­cas; más allá – aña­día, miran­do el esca­lón – ten­de­ré otra para los gusa­nos; aquí cer­ca, en el mar­co de la puer­ta, arma­ré una tram­pa peque­ña para los mosquitos.

La ara­ña se rego­ci­ja­ba. El ojo de la cerra­du­ra le daba una segu­ri­dad nue­va, extra­or­di­na­ria; tan oscu­ro, estre­cho, como un estu­che de hie­rro, le pare­cía más inac­ce­si­ble que una for­ta­le­za, más segu­ro que cual­quier armadura.

Mien­tras se delei­ta­ba con estos pen­sa­mien­tos, le lle­gó al oído un rumor de pasos; pru­den­te, se reti­ró enton­ces al fon­do del refugio.

Alguien esta­ba a pun­to de entrar en casa. Una lla­ve tin­ti­neó, enfi­ló el ojo de la cerra­du­ra y la aplastó.

Apren­do que: Debe­mos ser rea­lis­tas al pla­near nues­tras accio­nes tenien­do en cuen­ta las ven­ta­jas y desventajas.

Leo­nar­do da Vinci

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