«Nin­gún len­gua­je es ino­cen­te. El ino­cen­te es uno, si se lo cree»- Fer­nan­do Mar­tí­nez Heredia

La pri­me­ra cues­tión: ¿por qué habla­mos de un socia­lis­mo cubano?, ¿qué vici­si­tu­des ha arros­tra­do? Una segun­da pre­gun­ta: si crear socia­lis­mo impli­ca suce­sión y simul­ta­nei­dad de revo­lu­cio­nes y cam­bios cul­tu­ra­les, como pien­so yo, ¿qué ras­gos ha teni­do con­cien­ti­zar duran­te este pro­ce­so? Y en la actua­li­dad, ¿esa tarea va bien?, ¿les lle­ga real­men­te a las per­so­nas?, ¿cómo relan­zar el pro­ce­so con­cien­ti­za­dor? Me da la impre­sión de que quien pre­gun­ta cree que no le va bien, por­que habla de relan­zar. La ter­ce­ra cues­tión: ¿a su jui­cio, qué tipo de socia­lis­mo debe­mos cons­truir? La cuar­ta y la quin­ta pre­gun­ta: ¿esta­mos asu­mien­do como algo impo­si­ble crear una socie­dad más igua­li­ta­ria?, ¿qué se escon­de tras la crí­ti­ca mayo­ri­ta­ria al igua­li­ta­ris­mo? Y toda­vía que­da una pre­gun­ta: ¿cómo pue­den ayu­dar los medios a la con­cien­ti­za­ción y las trans­for­ma­cio­nes posi­ti­vas de la socie­dad cuba­na? Ade­más, el recla­mo de la pre­sen­cia de los inte­lec­tua­les y de la cul­tu­ra en los medios.

Entre otros defec­tos, ten­go el de ser mar­xis­ta. Creo, como el joven Car­los Marx del “Mani­fies­to Comu­nis­ta”, que los comu­nis­tas se dife­ren­cian de otros revo­lu­cio­na­rios en que nun­ca dejan de ver el movi­mien­to en su con­jun­to, y no solo algu­nas par­tes de él. Esto obli­ga, enton­ces, a tra­tar de alcan­zar una com­pren­sión tota­li­za­do­ra del con­jun­to, ope­ra­ción que no inten­ta con­ver­tir­nos en sabios; como decía Fede­ri­co Engels, no es para escri­bir libros que lle­nen estan­tes, es para la lucha revo­lu­cio­na­ria. Es decir, para tra­ba­jar con efi­cien­cia sobre los pro­ble­mas en deta­lle, sobre las cosas con­cre­tas. Los con­cep­tos que no sir­van para tra­ba­jar con algo, no sir­ven. Aun­que sue­nen boni­tos, aun­que estén de moda. Por eso yo traía una intro­duc­ción his­tó­ri­ca del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio des­de 1959, por­que resul­ta impo­si­ble com­pren­der la actua­li­dad para actuar sobre ella sin tener en cuen­ta ese pro­ce­so. Pero no hay tiem­po para hacer­lo, y esa es una ausen­cia muy fuer­te que las­tra­rá mi exposición.

El pro­ble­ma actual cubano no pue­de abor­dar­se sola­men­te des­de la coyun­tu­ra. La coyun­tu­ra es con­di­cio­na­da por los últi­mos 55 años en su con­jun­to; en cier­tos aspec­tos, por even­tos de años espe­cí­fi­cos, como 1961 – 1962, o 1989 – 1992. En otros, por los tiem­pos del asal­to al Mon­ca­da, por los de la repú­bli­ca bur­gue­sa neo­co­lo­nial del siglo XX y has­ta por el siglo XIX. La Revo­lu­ción del 95 fue la gran epo­pe­ya que hizo a los cuba­nos, y cuan­do aquí la gen­te se pone dema­sia­do dis­gus­ta­da, se sigue emo­cio­nan­do con el Himno Nacio­nal. La gen­te pue­de estar dis­gus­ta­dí­si­ma, pero sigue detrás de la ban­de­ra cuba­na. Cuan­do algu­nos qui­sie­ron cam­biar el nom­bre al país y lla­mar­le Repú­bli­ca Socia­lis­ta de Cuba, duran­te las dis­cu­sio­nes del Pro­yec­to de la Cons­ti­tu­ción de 1976, la pro­pues­ta fue derro­ta­da en todas las asam­bleas en que se pre­sen­tó. Cuba es comu­nis­ta, se decía, pero se lla­ma Repú­bli­ca de Cuba.

Es decir, si no tene­mos en cuen­ta la acu­mu­la­ción cul­tu­ral his­tó­ri­ca del país no enten­de­re­mos nada y, por tan­to, no podre­mos tra­ba­jar. El pro­ble­ma es gra­ve por­que, por otra par­te, lo his­tó­ri­co ha sido ver­da­de­ra­men­te deva­lua­do. Por ejem­plo, la ense­ñan­za de la His­to­ria de Cuba es de muy baja cali­dad: sim­plis­ta, omi­sa, sin con­flic­tos ni con­tra­dic­cio­nes, for­ma­lis­ta. Una can­ti­dad enor­me de mucha­chos saben muy poco de la his­to­ria de Cuba y, algo peor, no se sien­ten atraí­dos por ella, sobre todo por lo defi­cien­te que es su enseñanza.

Qui­sie­ra recor­dar­les que uste­des no son un colec­ti­vo más: por lo que apren­den y por las carac­te­rís­ti­cas de este plan­tel es nece­sa­rio que uste­des se con­vier­tan en cua­dros polí­ti­cos. Yo sé que la pala­bra cua­dro es feí­si­ma. Nadie quie­re ser cua­dro, es ver­dad, tie­nen la razón. Sin embar­go, lo que nece­si­ta el país es que sean cua­dros polí­ti­cos como los que que­ría el Che, e inte­lec­tua­les en el sen­ti­do en que el comu­nis­ta Anto­nio Grams­ci iden­ti­fi­ca­ba a los inte­lec­tua­les orgá­ni­cos de la revo­lu­ción. Por con­si­guien­te, uste­des deben cum­plir unos debe­res que no tie­nen otros. No se tra­ta mera­men­te de cri­ti­car, sino, sobre todo, de hacer cosas posi­ti­vas. Los que hace­mos muchas crí­ti­cas tene­mos la obli­ga­ción de afir­mar pri­me­ro, una y otra vez: hay que hacer, sobre todo, cosas posi­ti­vas. Quie­nes tie­nen más pre­pa­ra­ción, y medios para lle­gar a más gen­te y que sus men­sa­jes influ­yan en la gen­te, tie­nen sin duda más obli­ga­cio­nes. Muchas más obligaciones.

¿Por qué habla­mos de un socia­lis­mo cubano? Habla­mos de un socia­lis­mo cubano por nece­si­dad, no por nacio­na­lis­mo. Unir el socia­lis­mo y la libe­ra­ción nacio­nal fue un requi­si­to sin el cual no era posi­ble que triun­fa­ra y se man­tu­vie­ra una revo­lu­ción en Cuba. Y no solo en Cuba, creo que ese requi­si­to habrá que satis­fa­cer­lo en la mayor par­te del pla­ne­ta. Eso impli­ca una gran con­tra­dic­ción en el seno del socia­lis­mo mar­xis­ta. Aun­que Car­los Marx no era el úni­co anti­bur­gués ni el úni­co socia­lis­ta de su tiem­po, fue capaz de desa­rro­llar una teo­ría y una pro­pues­ta que han resul­ta­do insu­pe­ra­bles como bases para com­pren­der las socie­da­des capi­ta­lis­tas, los modos de com­ba­tir el capi­ta­lis­mo y la for­mu­la­ción de un pro­yec­to mun­dial de una socie­dad libe­ra­da con una nue­va cul­tu­ra. Marx negó todo regre­so a socie­da­des pre­vias para lograr la libe­ra­ción, y las lle­gó a ver como con­ser­va­do­ras. La dife­ren­cia entre el capi­ta­lis­mo y todas las socie­da­des de domi­na­ción ante­rio­res –dice en El Capi­tal– es que estas viven repro­du­cién­do­se a sí mis­mas, mien­tras el capi­ta­lis­mo vive revo­lu­cio­nán­do­se a sí mis­mo. Esa socie­dad euro­pea avan­za­da del siglo XIX crea­ría las pre­mi­sas para el gran sal­to: enor­mes fuer­zas pro­duc­ti­vas y un anta­go­nis­mo insal­va­ble entre bur­gue­ses y pro­le­ta­rios. Solo median­te la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria sería posi­ble aca­bar con el capi­ta­lis­mo y crear la socie­dad libe­ra­da comu­nis­ta, los pro­ta­go­nis­tas serían los pro­le­ta­rios europeos.

El capi­ta­lis­mo solo pudo desa­rro­llar­se y tener un alcan­ce mun­dial median­te la colo­ni­za­ción de la mayor par­te del mun­do, a la cual saqueó y explo­tó, arra­só cul­tu­ras y esta­ble­ció divi­sio­nes, le impi­dió ser due­ña de sus recur­sos y satis­fa­cer las nece­si­da­des de las mayo­rías, y con­vir­tió el resul­ta­do en un sis­te­ma per­ma­nen­te. Por eso, en paí­ses como Cuba, la revo­lu­ción socia­lis­ta ha esta­do obli­ga­da a ser de libe­ra­ción nacio­nal, mien­tras que en Euro­pa la nación y el nacio­na­lis­mo han sido denun­cia­dos por los mar­xis­tas como recur­sos de la hege­mo­nía de la bur­gue­sía. Esta es la pri­me­ra razón de ser de un socia­lis­mo cubano.

En la his­to­ria cuba­na ha habi­do dos posi­cio­nes y dos con­cep­cio­nes del socia­lis­mo, y no una sola. Una de ellas pro­ce­de de la idea euro­pea que refe­rí, que la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta tra­tó de uni­ver­sa­li­zar a par­tir de 1919. Ella ins­pi­ró la fun­da­ción de Par­ti­dos Comu­nis­tas en Cuba y muchos otros paí­ses. La otra pro­ce­de de las nece­si­da­des, la his­to­ria y la cul­tu­ra de resis­ten­cia y de rebel­día del pue­blo cubano, y de sus repre­sen­ta­cio­nes, moti­va­cio­nes y accio­nes socia­les y polí­ti­cas. En Cuba, los ini­cia­do­res y pri­me­ros líde­res del socia­lis­mo cubano fue­ron Julio Anto­nio Mella y Anto­nio Gui­te­ras. En un gran núme­ro de paí­ses se pro­du­jo una his­to­ria de des­en­cuen­tros, con­tra­dic­cio­nes y con­flic­tos, a veces trá­gi­cos, entre el socia­lis­mo pro­ce­den­te de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta y las nece­si­da­des, movi­mien­tos y luchas de los pue­blos colo­ni­za­dos y neocolonizados.

Los dos modos de con­ce­bir y enten­der el socia­lis­mo se des­ple­ga­ron duran­te la Revo­lu­ción del 30 y des­pués con­ti­nua­ron exis­tien­do en nues­tro país. Fren­te a la dic­ta­du­ra implan­ta­da en mar­zo de 1952, Fidel y sus com­pa­ñe­ros par­tie­ron de la prác­ti­ca cons­cien­te y orga­ni­za­da de mino­rías, ini­cia­ron la lucha, la man­tu­vie­ron y se gana­ron la con­duc­ción de sec­to­res cada vez más amplios, que se movi­li­za­ban y se vol­vían sim­pa­ti­zan­tes o com­ba­tien­tes. Las ges­tas del Mon­ca­da y del Gran­ma fue­ron cri­ti­ca­das por la otra mane­ra de enten­der el socia­lis­mo en Cuba, como actos de peque­ño-bur­gue­ses, mili­ta­ris­tas y otros dic­te­rios, cuyas acti­vi­da­des per­ju­di­ca­ban las deman­das de la cla­se obre­ra. Es decir, aquel era un con­flic­to de ideas y de posi­cio­nes polí­ti­cas. Fue deci­di­do por la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria: la insu­rrec­ción se con­vir­tió en la expre­sión supre­ma de la lucha de masas, derro­tó a la tira­nía y abrió la puer­ta a una revo­lu­ción ver­da­de­ra y profunda.

Con el triun­fo de su revo­lu­ción en 1959, Cuba pro­du­jo un apor­te cul­tu­ral revo­lu­cio­na­rio des­co­mu­nal. Fue la vic­to­ria de un movi­mien­to insu­rrec­cio­nal con­ver­ti­do en revo­lu­ción popu­lar, socia­lis­ta de libe­ra­ción nacio­nal, al pie mis­mo de los Esta­dos Uni­dos, en un país neo­co­lo­ni­za­do, abso­lu­ta­men­te occi­den­tal, don­de todo se medía por el valor del dine­ro. Los cam­bios tuvie­ron que ser insó­li­tos, por­que era casi impo­si­ble con­ce­bir una trans­for­ma­ción tan pro­fun­da y abar­ca­do­ra como la que suce­dió, y las per­so­nas tuvie­ron que vio­len­tar a fon­do sus com­por­ta­mien­tos, moti­va­cio­nes, rela­cio­nes socia­les, sen­ti­mien­tos e ideas. Un joven eco­no­mis­ta mexi­cano muy des­ta­ca­do, Juan Noyo­la, vino a Cuba en 1959 al fren­te de una dele­ga­ción de la CEPAL –Comi­sión Eco­nó­mi­ca para Amé­ri­ca Lati­na, de la ONU — que hizo un estu­dio de la situa­ción. Noyo­la escri­bió: “En el fon­do de Cuba, el cam­pe­sino más mise­ra­ble, des­cal­zo, en hara­pos, todo lo mide a par­tir del dine­ro. En Cuba, el dine­ro es el equi­va­len­te gene­ral de las mer­can­cías”. Para ser, la gran revo­lu­ción debió aba­tir ese poder del dine­ro sobre la gen­te. Aquel mexi­cano deci­dió que­dar­se a tra­ba­jar y vivir aquí, y murió jun­to a toda la dele­ga­ción cuba­na de la que for­ma­ba par­te en un acci­den­te aéreo en Los Andes, en noviem­bre de 1962. Por cier­to, el edi­fi­cio de la Facul­tad de Eco­no­mía de la Uni­ver­si­dad de La Haba­na lle­va su nom­bre, aun­que sos­pe­cho que gran par­te de los estu­dian­tes no sepan quién fue Noyola.

Como tan­tas veces, la his­to­ria nos brin­da lec­cio­nes fun­da­men­ta­les. La idea de que el socia­lis­mo es la con­ver­sión de cosas impo­si­bles en cosas posi­bles y en reali­da­des median­te la actua­ción de los revo­lu­cio­na­rios es bási­ca para hoy, para el 2014. Si uno cree, o lo indu­cen a creer, que solo se pue­de repro­du­cir lo exis­ten­te, está situa­do en una posi­ción total­men­te dife­ren­te: la que pien­sa que las fuer­zas pro­duc­ti­vas son las que deter­mi­nan las rela­cio­nes de pro­duc­ción y la vida social, es decir, que cier­tos datos eco­nó­mi­cos selec­cio­na­dos deter­mi­nan el sis­te­ma eco­nó­mi­co y toda la vida social. Es la “obli­ga­da corres­pon­den­cia” que se estu­dia­ba en los manua­les del dog­ma­tis­mo mar­xis­ta. Los más jóve­nes de uste­des son más feli­ces, por­que nun­ca tuvie­ron que estu­diar eso, pero los demás no hemos sido tan feli­ces. Por eso el Che escri­bió en su Dia­rio de Boli­via, al ini­cio de la entra­da del día 26 de Julio: “26 de Julio. Asal­to al Mon­ca­da. Asal­to con­tra las oli­gar­quías y con­tra los dog­mas revo­lu­cio­na­rios”. Un asal­to con­tra el poder de ellos y con­tra los dog­mas nuestros.

Ese con­flic­to no fue resuel­to, sin embar­go, con las expe­rien­cias his­tó­ri­cas que aca­bo de men­cio­nar. Con­ti­núa has­ta hoy, lo que va cam­bian­do son su con­te­ni­do espe­cí­fi­co y sus con­di­cio­nan­tes. En mi opi­nión, el socia­lis­mo eco­no­mi­cis­ta no podrá dar­le una sali­da socia­lis­ta y efi­caz a la situa­ción actual: ten­dre­mos que ape­lar al socia­lis­mo cubano.

Trai­go en mis notas al menos otras cua­tro razo­nes de la pro­ce­den­cia del socia­lis­mo cubano. Las vere­mos en el pró­xi­mo encuen­tro. Per­mí­tan­me comen­tar­les un aspec­to que me pare­ce impor­tan­te. La demo­cra­ti­za­ción del con­su­mo cul­tu­ral, empren­di­da por el capi­ta­lis­mo des­de 1945 en ade­lan­te, la esta­mos pagan­do muy caro los demás. Ade­más de resul­tar efec­ti­va para la refor­mu­la­ción de su hege­mo­nía a esca­la pla­ne­ta­ria des­pués de la pro­lon­ga­da eta­pa de cri­sis ini­cia­da con la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial y la Revo­lu­ción de Octu­bre, se anti­ci­pó al pro­ce­so del últi­mo cuar­to del siglo, de hiper­cen­tra­li­za­ción y finan­cia­ri­za­ción del gran capi­tal trans­na­cio­nal, gigan­tes­co sis­te­ma inter­na­cio­nal de cobro de tri­bu­tos, des­po­jo a paí­ses de sus recur­sos natu­ra­les y dete­rio­ro ace­le­ra­do de las con­di­cio­nes de vida en la Tie­rra. Un pro­ce­so que lle­va ade­lan­te median­te eli­mi­na­ción de sobe­ra­nías nacio­na­les, agre­sio­nes mili­ta­res y pre­sio­nes de todo tipo, gran depre­da­ción del medio, espe­cu­la­ción con los ali­men­tos y otras muchas fecho­rías. El impe­ria­lis­mo actual no res­pe­ta las con­quis­tas del siglo XX, ni siquie­ra las que puso a su ser­vi­cio, con­fia­do en que las luchas de cla­ses y de libe­ra­ción nacio­nal no vol­ve­rán a ganar fuer­za y extenderse.

Este sis­te­ma, que lle­ga a vio­len­tar su pro­pia natu­ra­le­za y a eli­mi­nar las pro­me­sas del pro­gre­so, el desa­rro­llo y la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos, tie­ne que vol­ver­se muy supe­rior en el terreno del con­trol de las ideas, las con­cien­cias, los deseos, los sen­ti­mien­tos y la vida espi­ri­tual en gene­ral, para pre­ve­nir las resis­ten­cias y las rebel­días que lo pon­drían en peli­gro mor­tal. La demo­cra­ti­za­ción del con­su­mo cul­tu­ral en manos del impe­ria­lis­mo es hoy un arma más impor­tan­te que las con­tien­das con sol­da­dos y dro­nes, en la gue­rra cul­tu­ral mun­dial que libra con­tra los pue­blos. Esta­mos obli­ga­dos a iden­ti­fi­car­la bien, y a actuar con suma inte­li­gen­cia para enfren­tar­la, y al mis­mo tiem­po avan­zar en una extra­or­di­na­ria labor posi­ti­va de uti­li­za­ción de los medios que se van ponien­do a nues­tro alcan­ce, para poner­los al ser­vi­cio de nues­tra socie­dad. Ten­dre­mos que ser muy crea­ti­vos y tener muy cla­ros y fir­mes nues­tros prin­ci­pios. Y, en mi opi­nión, será impres­cin­di­ble que nos situe­mos en las ideas y las posi­cio­nes del socia­lis­mo cubano.

La segun­da pre­gun­ta que me hacen tie­ne como pre­mi­sa la con­cep­ción que com­par­to, por­que enten­der que la épo­ca de tran­si­ción socia­lis­ta impli­ca y exi­ge una suce­sión y una simul­ta­nei­dad de revo­lu­cio­nes y cam­bios cul­tu­ra­les es asu­mir la con­cep­ción del socia­lis­mo cubano. Pero no da tiem­po a abor­dar hoy esa pre­gun­ta. Lo mis­mo debo hacer con la ter­ce­ra –¿qué tipo de socia­lis­mo debe­mos cons­truir? – ; mi comen­ta­rio iba a ser larguísimo.

¿Esta­mos asu­mien­do como impo­si­ble crear una socie­dad más igua­li­ta­ria? ¿Qué se escon­de tras la crí­ti­ca mayo­ri­ta­ria al igua­li­ta­ris­mo? Esta cuar­ta pre­gun­ta es un poco pro­vo­ca­do­ra, lo que hace que me gus­te más. Lo pri­me­ro es cons­ta­tar que hay una ausen­cia cró­ni­ca de deba­te de ideas y de fun­da­men­ta­ción con­cep­tual de la Revo­lu­ción, y, por tan­to, de sus pro­ble­mas, sus estra­te­gias, sus prin­ci­pios, sus tác­ti­cas y su pro­yec­to. Esa ausen­cia ya lle­va años, por eso es que le lla­mo cró­ni­ca. Fue impues­ta pri­me­ro por la gran cri­sis del ini­cio de los años noven­ta, de la cali­dad de la vida, la eco­no­mía, la via­bi­li­dad del país, ya no de una for­ma o de otra, sino de cual­quier for­ma, y la cri­sis de la segu­ri­dad nacio­nal, pues­to que había ter­mi­na­do la geo­po­lí­ti­ca de la bipo­la­ri­dad. Tam­bién era una situa­ción crí­ti­ca para la idea mis­ma de socia­lis­mo, por­que en esos años se había des­pres­ti­gia­do el socia­lis­mo a esca­la mun­dial, y el sis­te­ma domi­nan­te inten­ta­ba que todos con­si­de­ra­ran que el socia­lis­mo era algo que había suce­di­do, un hecho del pasado.

Deje­mos a un lado el examen de un even­to que, sin embar­go, fue el fun­da­men­tal: el socia­lis­mo cubano no cayó. Para el sis­te­ma tota­li­ta­rio de for­ma­ción de opi­nión públi­ca domi­nan­te en el mun­do era tan lógi­co y espe­ra­ble que caye­ra, que la úni­ca res­pues­ta que pudo arti­cu­lar cuan­do la Revo­lu­ción cuba­na no pasó a la his­to­ria fue no refe­rir­se nun­ca más a ese hecho. Para ellos, eso es sufi­cien­te; pero, para noso­tros, no. Debe­mos cono­cer lo que suce­dió y por qué pudo suce­der, y extraer las valio­sas lec­cio­nes que contiene.

La opción de con­fiar­se a las prác­ti­cas y limi­tar­se a repe­tir algu­nas ver­da­des y algu­nas con­sig­nas tuvo su razón de ser, pero ha teni­do sus cos­tos, como toda deci­sión impor­tan­te. La ausen­cia de deba­te de ideas y de ela­bo­rar o reela­bo­rar una fun­da­men­ta­ción de nues­tro socia­lis­mo se fue vol­vien­do cró­ni­ca, y en el vacío resul­tan­te tam­bién apa­re­cie­ron o se for­ta­le­cie­ron creen­cias y luga­res comu­nes que son erró­neos y resul­tan muy per­ju­di­cia­les, nos debi­li­tan. ¿Por qué? Por­que ellos sus­ti­tu­yen a las ideas y por­que oscu­re­cen u ocul­tan las fuer­zas his­tó­ri­cas que han sido y son vita­les para la Revo­lu­ción, que for­man par­te de nues­tra acu­mu­la­ción cul­tu­ral revolucionaria.

Esas ideas o creen­cias –son, sobre todo, creen­cias – , esos luga­res comu­nes, pro­du­cen for­mu­la­cio­nes que se con­tra­di­cen con los prin­ci­pios de la Revo­lu­ción, o son por lo menos aje­nas a ella, y a sus expe­rien­cias his­tó­ri­cas. Sumán­do­me a la pro­vo­ca­ción, agre­ga­ría tam­bién la expre­sión “pater­na­lis­mo”. Y la extre­ma timi­dez en el uso públi­co de la pala­bra socialismo.

Es un gra­ve error ata­car, uti­li­zan­do gene­ra­li­da­des des­pec­ti­vas, la idea de una socie­dad igua­li­ta­ria. Eso indu­ce a que poda­mos creer­nos que aque­llos fue­ron gran­des erro­res que come­ti­mos, que nos han hecho mucho daño, que al fin nos hemos dado cuen­ta y por fin los echa­re­mos a un lado. La Revo­lu­ción cuba­na plas­mó la idea igua­li­ta­ria a una esca­la colo­sal, con las medi­das tan pro­fun­das como tan jus­tas de redis­tri­bu­ción de la rique­za social entre la pobla­ción, y al esta­ble­cer como regla la igual­dad de opor­tu­ni­da­des. Esas reali­da­des han esta­do en la base del con­sen­so suma­men­te acti­vo de la mayo­ría de la pobla­ción con el poder revo­lu­cio­na­rio, y for­mó par­te de una tota­li­dad revo­lu­cio­na­ria que nos apor­tó inmen­sas fuer­zas mora­les y polí­ti­cas, pero que tam­bién nos apor­tó enor­mes logros mate­ria­les, y repre­sen­ta­cio­nes y pro­yec­tos nacio­na­les, per­so­na­les y fami­lia­res que son sin­gu­la­res en el mun­do. Recuer­do que un emba­ja­dor en Cuba de un país del lla­ma­do Pri­mer Mun­do dijo una vez: “En mate­ria de polí­ti­ca exte­rior todos los paí­ses son San­cho Pan­za, menos Cuba, que es Don Qui­jo­te”. Un elo­gio de una per­so­na cuya ideo­lo­gía está lejos de la nues­tra, pero sabe dis­cer­nir lo que es digno y admi­ra­ble de lo que no lo es.

Esos idea­les supe­rio­res con­ver­ti­dos en reali­da­des fue­ron los que sal­va­ron a Cuba de sus enemi­gos. Todas las veces que sur­gió la ten­ta­ción, o la nece­si­dad, la Revo­lu­ción no se transó ni clau­di­có, por sus prin­ci­pios y por­que apren­di­mos que si nos hubié­ra­mos transa­do, al final habría­mos per­di­do todo. Lo que este país ha hecho trans­for­mó en un gra­do y un con­te­ni­do mara­vi­llo­sos la con­cien­cia social del pue­blo. Hace sesen­ta años era muy difí­cil ima­gi­nar­se un país don­de el dine­ro fue­ra más impor­tan­te que en Cuba. En reali­dad, des­de hace dos­cien­tos años era así, por­que el enor­me nego­cio bur­gués de la escla­vi­tud masi­va en Cuba fue moder­ní­si­mo. No fue un atra­so, eso es fal­so. Toda­vía es usual recor­dar, erró­nea­men­te, como abue­li­tos de la nación, a unos caba­lle­ros crio­llos de Cuba que se man­tu­vie­ron siem­pre rigu­ro­sa­men­te den­tro del orden colo­nial que pro­te­gía su pro­pie­dad sobre empre­sas y per­so­nas y su lugar social pre­do­mi­nan­te. Eran tan moder­nos que esta­ban al día de lo últi­mo de Euro­pa, pero tuvie­ron tan­to dine­ro, ran­go y cul­tu­ra a cos­ta del tra­ba­jo y la vida de los escla­vos. Los inge­nios azu­ca­re­ros en los que molie­ron jun­to con las cañas las vidas de un millón de per­so­nas no lle­va­ban tan­tos nom­bres de san­tos o vír­ge­nes como de luga­res geo­grá­fi­cos –a veces exó­ti­cos – , asun­tos de nego­cios o heroí­nas de las nove­las román­ti­cas euro­peas. Muy moder­na­men­te come­tie­ron crí­me­nes horro­ro­sos duran­te un siglo.

En aque­lla Cuba, la liber­tad del escla­vo urbano esta­ba liga­da a su capa­ci­dad de aho­rrar algún dine­ro. Lle­gó a haber una ley, le lla­ma­ban de coar­ta­ción, que le per­mi­tía ir pagan­do su pre­cio de com­pra en la comi­sa­ría de poli­cía, si su due­ño no se lo que­ría acep­tar. Pien­sen en la espe­ran­za en el poder del dine­ro que gene­ra­ría la liber­tad indi­vi­dual que lle­ga­ba a obte­ner una peque­ña minoría.

La Revo­lu­ción, que inclu­yó el igua­li­ta­ris­mo entre sus vir­tu­des, desa­rro­lló e ins­pi­ró los tra­ba­jos y los sacri­fi­cios de millo­nes de per­so­nas, a las cua­les hizo muchí­si­mo mejo­res como seres huma­nos. Per­so­nas más capa­ces de ser soli­da­rios, de aspi­rar a feli­ci­da­des altruis­tas, es decir, feli­ci­da­des que no exis­ten median­te la mise­ria, el des­po­jo o el des­va­li­mien­to de los otros. La idea igua­li­ta­ris­ta for­ma par­te de lo que ha hecho a Cuba admi­ra­ble y muy admi­ra­da por millo­nes de per­so­nas, que nos siguen vien­do como su espe­ran­za: “ellos han logra­do lo que noso­tros qui­sié­ra­mos lograr”. Silen­ciar, olvi­dar o negar nues­tros logros tam­bién con­tri­bu­ye a des­mo­ra­li­zar­nos, pre­ci­sa­men­te por la fuer­za moral que tie­nen esos logros. Y baja la capa­ci­dad defen­si­va de la Revolución.

Esas creen­cias erró­neas se apo­yan mucho en lo que pare­ce ser de “sen­ti­do común”, sin dar­se cuen­ta de que el sen­ti­do común es bur­gués. Alien­tan el plan­teo de dile­mas fal­sos, como el de que hay quien tie­ne éxi­to y quien fra­ca­sa. ¿Uste­des no se han fija­do en los seria­les y las pelí­cu­las nor­te­ame­ri­ca­nos a los que nos some­te todos los atar­de­ce­res y las noches la tele­vi­sión cuba­na? Pare­cen tener el obje­ti­vo de que nos afi­cio­ne­mos a la mane­ra de vivir de los joven­ci­tos y las joven­ci­tas de Esta­dos Uni­dos por las tar­des, y a la de los adul­tos por las noches. Uno de los axio­mas que divul­ga para que lo con­su­ma la mayo­ría es: “él es un hom­bre de éxi­to” o “él es un fra­ca­sa­do” Uste­des saben que nin­gún len­gua­je es ino­cen­te. Nin­gún len­gua­je es ino­cen­te. El ino­cen­te es uno, si se lo cree. Esas creen­cias pue­den favo­re­cer ten­den­cias que son poten­cial­men­te opues­tas al socia­lis­mo, como el apo­li­ti­cis­mo y la con­ser­va­ti­za­ción social.

El con­ser­va­tis­mo social y el apo­li­ti­cis­mo son dife­ren­tes entre sí, pero son com­ple­men­ta­rios. Estos enemi­gos de la socie­dad que hemos logra­do cons­truir se han desa­rro­lla­do y cre­ci­do en las dos últi­mas déca­das. El apo­li­ti­cis­mo ha dis­mi­nui­do en los últi­mos años, la poli­ti­za­ción ha expe­ri­men­ta­do una recu­pe­ra­ción. Con­ta­mos hoy con una par­te de la gene­ra­ción joven que tie­ne ansia de actuar en polí­ti­ca. En los años noven­ta no era así, fue más bien una gene­ra­ción de frus­tra­cio­nes. Pero como no pue­do hacer tri­zas por fal­ta de tiem­po lo que que­ría expli­car­les, quie­ro al menos resal­tar que el apo­li­ti­cis­mo pare­ce ser ajeno a lo polí­ti­co y no com­pro­me­ter a quien lo prac­ti­ca con nin­gu­na posi­ción polí­ti­ca, pero en Cuba tie­ne una con­se­cuen­cia polí­ti­ca funes­ta para el socia­lis­mo, al corroer por omi­sión la impres­cin­di­ble par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca del pue­blo, sin dar opor­tu­ni­dad de per­sua­sión o de con­fron­ta­ción de ideas.

Por su par­te, la con­ser­va­ti­za­ción social pue­de pare­cer inclu­so que tie­ne que ver sola­men­te con la vida pri­va­da de las per­so­nas. No pre­ten­de otra cosa que recu­pe­rar los usos, las nor­mas, los com­por­ta­mien­tos, las reac­cio­nes, los valo­res, las visio­nes de la vida y del mun­do, “que había antes”. Su pro­pó­si­to, en últi­ma ins­tan­cia, sería “vol­ver a la nor­ma­li­dad”. Pero, en el fon­do, esa supues­ta nor­ma­li­dad es la de la vida y las rela­cio­nes socia­les que regían antes de la Revo­lu­ción. Cuan­do yo era un niño, por ejem­plo, lo nor­mal era que yo ni era blan­co ni negro, y que no nos moría­mos de ham­bre; comía­mos bien, aun­que con un solo cubier­to. Mi fami­lia había subi­do unos pel­da­ños en la esca­la social duran­te el últi­mo medio siglo. Pero los mucha­chos apren­di­mos a no aspi­rar a tra­ba­jar en nin­gún ban­co, comer­cio u otros luga­res don­de no per­mi­tían tra­ba­jar a per­so­nas que no tuvie­ran la piel blan­ca. Des­de que era peque­ñi­to me ense­ña­ron a dar­me mi lugar. Así se lla­ma­ba eso: “apren­der a dar­se su lugar”. Eso es lo que pre­ten­de el con­ser­va­tis­mo social en la Cuba actual: que vol­va­mos “a lo nor­mal” y que cada cual “se dé su lugar”. Es decir, que la socie­dad que hemos crea­do se suicide.

No me olvi­do que tene­mos dos for­mi­da­bles enemi­gos en la buro­cra­ti­za­ción ya cris­ta­li­za­da –el buro­cra­tis­mo– y en la iner­cia. Son dos enemi­gos malos que han cre­ci­do como la mala hier­ba. La iner­cia es más “demo­crá­ti­ca” que el buro­cra­tis­mo, es un desar­me gene­ral que con­sis­te en no actuar, sino espe­rar: “no vamos a actuar, vamos a espe­rar”. Ya bas­tan­te cosas nega­ti­vas ten­dría­mos con lo dicho, pero lo peor es que está en mar­cha una cam­pa­ña sub­ver­si­va muy bien idea­da por el impe­ria­lis­mo con­tra Cuba. Sería muy ton­ta la per­so­na cons­cien­te que no se dé cuen­ta. Tal vez has­ta esté bien orga­ni­za­da, no solo bien idea­da. Con ella se pre­ten­de refor­zar cada vez más las ten­den­cias a admi­tir el capi­ta­lis­mo en Cuba. Es decir, des­ar­mar­nos ideo­ló­gi­ca­men­te por den­tro, debi­li­tar la con­cien­cia y el deseo de seguir sien­do socia­lis­tas, y faci­li­tar accio­nes de des­es­ta­bi­li­za­ción y des­le­gi­ti­ma­ción del orden vigen­te que sir­van como mar­co para ini­cia­ti­vas de sub­ver­sión que sean más abier­tas y efec­ti­vas, y faci­li­ten el inter­ven­cio­nis­mo. Los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios de siem­pre, lo que hacen y dicen, ya no están en la línea prin­ci­pal de sub­ver­sión. Los impor­tan­tes aho­ra para el impe­ria­lis­mo son más jóve­nes, son inte­li­gen­tes y gra­dua­dos uni­ver­si­ta­rios, con más capa­ci­da­des y más posi­bi­li­dad de comunicarse.

Por con­si­guien­te, es un deber de todos los que tene­mos acti­vi­da­des y pape­les inte­lec­tua­les enfren­tar­nos con inte­li­gen­cia y deci­sión al con­jun­to de nues­tros pro­ble­mas, a la tota­li­dad del enfren­ta­mien­to cul­tu­ral que exis­te en Cuba entre el capi­ta­lis­mo y el socia­lis­mo, a la tarea de hacer cre­cer la con­cien­cia y lograr que las trans­for­ma­cio­nes socia­les en cur­so ten­gan un sal­do posi­ti­vo para el socia­lis­mo. Es esen­cial enfren­tar la situa­ción como una tota­li­dad. Si aten­de­mos la cues­tión de la sub­ver­sión como algo apar­te y lo abso­lu­ti­za­mos come­te­ría­mos un gran error, y nos debi­li­ta­ría­mos. Para decir­lo de una mane­ra más cla­ra: si enten­de­mos la sub­ver­sión como el pro­ble­ma de repri­mir­la sola­men­te, nos debi­li­ta­re­mos, por­que ese es solo un aspec­to de lo que es nece­sa­rio hacer.

El com­pa­ñe­ro Raúl ha dicho una y otra vez que hay que deba­tir y lle­gar a tener diver­gen­cias, para plan­tear bien los pro­ble­mas y encon­trar­le las mejo­res solu­cio­nes. Ha sido muy difí­cil que los medios se hagan eco efec­ti­vo de esos lla­ma­dos. Recuer­do que hace unos años Raúl des­pe­día al pre­si­den­te de Ango­la en el aero­puer­to y hubo una espe­cie de con­fe­ren­cia de pren­sa con él al final, pero como nadie le pre­gun­ta­ba por ese tema, Raúl apro­ve­chó la oca­sión y dijo que debe­mos tener dis­cu­sio­nes y tie­ne que haber diver­gen­cias. Nadie se lo había pre­gun­ta­do, y yo me dije: “¿qué es esto? Si el pre­si­den­te está obli­ga­do a uti­li­zar ese recur­so es por­que, si no lo hace así, no se lo publi­can”. Es decir, tene­mos que ir a con­tra­co­rrien­te de algu­nos hábi­tos que son muy per­ju­di­cia­les. Por ejem­plo, el amplio espec­tro de cues­tio­nes que se sos­pe­cha que pue­dan ser peli­gro­sas. O la auto­cen­su­ra que hemos pade­ci­do, un mal infi­ni­ta­men­te peor que la cen­su­ra. La cen­su­ra inclu­so se pue­de des­pre­ciar u odiar, se pue­de recha­zar. Pero la auto­cen­su­ra se la hace uno mis­mo, y por lo tan­to se disi­mu­la por com­ple­to, median­te la bue­na inten­ción, el patrio­tis­mo o el opor­tu­nis­mo dis­fra­za­do de cobardía.

¿Cómo pue­den ayu­dar los medios a la con­cien­ti­za­ción y a trans­for­ma­cio­nes posi­ti­vas de la socie­dad cuba­na? ¿Cómo lograr más pre­sen­cia de los inte­lec­tua­les y de la cul­tu­ra en los medios? Esto es lo más impor­tan­te para uste­des, pero mi fun­ción no pue­de ser dedi­car­le la mayor par­te del tiem­po y por eso es que no lo pre­ten­día, por­que de eso uste­des saben incom­pa­ra­ble­men­te más que yo. Sería bai­lar en la casa del trom­po. Lo que pue­do inten­tar es ayu­dar­los en aspec­tos de su for­ma­ción y su infor­ma­ción que pue­den ser­vir a esa espe­cia­li­za­ción que uste­des tie­nen, y des­de mi igno­ran­cia lla­mar­les la aten­ción con comen­ta­rios agu­dos. A mí me pare­ce que hay que adqui­rir una sóli­da for­ma­ción, una for­ma­ción mayor que lo que la espe­cia­li­za­ción exi­ge, para poder ser un buen espe­cia­lis­ta y para tener cla­ri­dad de por qué uno hace una cosa, por qué no hace otra, por qué lo que le están dicien­do es bueno o malo, por qué a uno se le deben ocu­rrir ideas o prác­ti­cas que nadie le ha orien­ta­do. Una de las cosas más terri­bles de la nece­si­dad que hemos teni­do de una uni­dad férrea es eso de que no se te debe ocu­rrir nada, sino espe­rar que te digan qué y cómo, algo que es tan des­ar­man­te y negativo.

Vien­do el pro­ble­ma en tér­mi­nos más gene­ra­les, es muy duro que a la suma inmen­sa de capa­ci­da­des que tie­ne el pue­blo cubano le corres­pon­da un por­cen­ta­je tan esca­so de uti­li­za­ción de ellas. Los cuba­nos tie­nen un nivel extra­or­di­na­rio de for­ma­ción gene­ral y de for­ma­ción espe­cia­li­za­da, de cono­ci­mien­to de pro­fe­sio­nes, inclu­so de cien­cias, de inves­ti­ga­ción-desa­rro­llo y bási­ca, pero es esca­sí­si­mo el por­cen­ta­je de su uti­li­za­ción, con evi­den­te per­jui­cio de todos los cam­pos afec­ta­dos y todas las ini­cia­ti­vas de efi­cien­cia y de cam­bios nece­sa­rios. Solo aña­do que ade­más de ver y cri­ti­car esto, ya es lo más impor­tan­te cam­biar la situa­ción en el área en que cada uno se mue­ve y pelear entre todos por cam­bios más generales.

Hay que tener una infor­ma­ción sufi­cien­te y hones­ta sobre nues­tro pro­pio país. Real y bas­tan­te. A veces la infor­ma­ción no es real, y por lo gene­ral no es bas­tan­te. Y esto inclu­ye su his­to­ria, su Revo­lu­ción, sus pro­ble­mas. A veces escu­cho un dato que ofre­cen en un medio sobre un tema eco­nó­mi­co que es real­men­te absur­do, impo­si­ble. Y suce­de por­que los que tuvie­ron que ver con su con­fec­ción y apro­ba­ción para emi­tir­se no sabían nada del tema. Se ofre­ce, por ejem­plo, un dato de pro­duc­ción que podría alcan­zar­se en Cana­dá o Bra­sil, pero no en Cuba, o, al con­tra­rio, se redu­ce lo que exis­te en miles a uni­da­des. No es posi­ble que los cono­ci­mien­tos de eco­no­mía se reduz­can a cómo están las gua­guas en La Haba­na. Saber, por ejem­plo, lo rela­ti­vo al níquel de Cuba, es poder actuar como espe­cia­lis­ta y con­tri­buir a la con­cien­ti­za­ción revo­lu­cio­na­ria en los medios.

Se pue­de ser revo­lu­cio­na­rio y no saber nada del níquel, pero no es con­ve­nien­te si uno tra­ba­ja en los medios. Saber que la Cuba revo­lu­cio­na­ria tenía la reser­va de níquel más gran­de del mun­do, y que al extraer el níquel la cola, que es como se lla­ma lo que sobra, tenía un con­te­ni­do de 49 % de hie­rro, y que con eso se pue­de hacer un com­ple­jo side­rúr­gi­co muy pode­ro­so, y que de las vein­ti­sie­te for­mas en que se mejo­ra el níquel –y se obtie­ne mayor valor agre­ga­do– en Cuba se podían mejo­rar 21, un núme­ro abso­lu­ta­men­te supe­rior al míni­mo que per­mi­te una explo­ta­ción muy satis­fac­to­ria. Si uno igno­ra todo eso, ¿cómo va a saber qué cosa es ser una colo­nia?, ¿en qué se dife­ren­cia un recur­so natu­ral de su explo­ta­ción eco­nó­mi­ca via­ble?, ¿por qué la URSS, un país que dice ser su her­mano duran­te los trein­ta años que dura­ron nues­tras rela­cio­nes estre­chas, no le ven­de a Cuba una side­rúr­gi­ca? Para que no fué­ra­mos dema­sia­do libres. Si uno con­vier­te ese níquel y ese hie­rro en lami­na­dos de ace­ro y en ace­ros de alta cali­dad; si uno pue­de sepa­rar el níquel del cobal­to que con­tie­ne tam­bién, para no ven­der­los jun­tos como un sín­ter de níquel más cobal­to, por­que el cobal­to vale muchí­si­mo más que el níquel y ade­más se usa en la pro­duc­ción de ace­ros de alta cali­dad y para la cosmonáutica…

Hay que apren­der las cues­tio­nes eco­nó­mi­cas. Saber de eco­no­mía para ejer­cer la pro­fe­sión de comu­ni­ca­dor. En un plano más gene­ral, uno está colo­ca­do en un lugar estra­té­gi­co de comu­ni­ca­ción de las per­so­nas, de uno depen­de que los demás conoz­can o no conoz­can lo que suce­de, reci­ban datos e ideas para orien­tar­se mejor, y sepan que exis­te una mul­ti­tud de temas diver­sos de inte­rés para su desa­rro­llo humano y social.

Pero hay otro pro­ble­ma actual que me preo­cu­pa mucho. ¿Se que­da cor­to una y otra vez el regis­tro de lo que se ha enten­di­do en Cuba por medios? Ten­go la sen­sa­ción, ali­men­ta­da por lo que me cuen­tan, de que a tra­vés de redes infor­ma­les un núme­ro y un por­cen­ta­je enor­me de jóve­nes de La Haba­na no ven ya la tele­vi­sión. Yo que me la paso cri­ti­cán­do­la, ¿no esta­ré per­dien­do la mitad de mi tiem­po, por­que la mitad de los jóve­nes ya no la ven? Me con­ta­ron de un edi­fi­cio en Cen­tro Haba­na en que han hecho un sis­te­ma de red con trein­ta y cin­co entra­das y ade­más socia­li­zan los “paque­tes” que se adquie­ren; cada uno apor­ta una cuo­ta irri­so­ria al colec­ti­vo. En ese edi­fi­cio nin­gún mucha­cho se intere­sa en ver nues­tra tele­vi­sión. Estos son nue­vos medios, total­men­te fue­ra de con­trol esta­tal o social, y están pro­ve­yen­do una par­te cre­cien­te del con­su­mo, con un con­jun­to de impli­ca­cio­nes cul­tu­ra­les e ideo­ló­gi­cas que me temo que estén mucho más cer­ca del modo de vida y los valo­res del mun­do del capi­ta­lis­mo desa­rro­lla­do que del nuestro.

Jóve­nes perio­dis­tas de Juven­tud Rebel­de me pidie­ron hace tres meses que les escri­bie­ra un tex­to bre­ve para el pri­mer núme­ro de su blog Soy Cuba. Mi artícu­lo se lla­mó “No sea­mos sier­vos de ellas, tra­ba­je­mos con ellas”. Ellas son lo que de mane­ra muy reduc­cio­nis­ta se lla­ma “nue­vas tec­no­lo­gías”. Ade­más de tra­tar de pre­ci­sar al com­ple­jo cul­tu­ral en cues­tión, deci­dí esco­ger un aspec­to cru­cial de su actua­li­dad: su dimen­sión favo­ra­ble al domi­nio mun­dial del capi­ta­lis­mo. Por con­si­guien­te, apren­da­mos a no ser sier­vos de ellas. Pero, al mis­mo tiem­po, apren­da­mos que tra­tar de prohi­bir­las es una mane­ra nue­va de sui­ci­dar­se. Hay que tra­ba­jar con ellas, y apro­ve­char sus poten­cia­li­da­des a favor del desa­rro­llo humano y socia­lis­ta de los cubanos.

Les cuen­to un ejem­plo, que aca­bo de ver en la Feria del Libro de San­tia­go de Cuba, El Pro­yec­to de Pro­mo­ción Lite­ra­ria Claus­tro­fo­bias, que pre­si­de el poe­ta Yunier Rique­nes, pro­ve­yó infor­ma­ción audio­vi­sual inme­dia­ta sobre prác­ti­ca­men­te todas las acti­vi­da­des, títu­los en ven­ta, entre­vis­tas, etcé­te­ra, que suce­dían, y esta­ble­ció un ser­vi­cio median­te una red inalám­bri­ca (WiFi) para que los intere­sa­dos copia­ran libros y revis­tas digi­ta­les en sus memo­rias, celu­la­res y otros medios aptos para hacer­lo. Accio­nes como esa son pasos hacia una revo­lu­ción de las posi­bi­li­da­des de ofre­cer masi­va­men­te tex­tos para su lec­tu­ra. Yunier me comen­tó: “no es tan­to lo que cues­ta”. Ellas le mul­ti­pli­can las posi­bi­li­da­des de desa­rro­llo cul­tu­ral a una pobla­ción que tie­ne muy alta esco­la­ri­dad pro­me­dio y duran­te déca­das el cli­ma cul­tu­ral ha sido favo­ra­ble a sus poten­cia­li­da­des. Pero hoy exis­te tam­bién una corrien­te con­tra­ria, que tien­de a ale­jar a sus adep­tos de la lec­tu­ra, del gus­to por la cali­dad en los pro­duc­tos artís­ti­cos e inte­lec­tua­les, del estu­dio y del cono­ci­mien­to en gene­ral. El que ha sido gana­do por esa corrien­te no iría a copiar nada al stand de ese pro­yec­to, por­que ¿a bus­car qué? Sería más bien recep­ti­vo de esos “paque­tes” audio­vi­sua­les que sue­len estar reple­tos de mate­ria­les de cali­dad ínfima.

Pero el fon­do de la cues­tión no es de buen gus­to o mal gus­to, o de talen­to con­tra medio­cri­dad. Esta otra corrien­te está ins­cri­ta den­tro de la gigan­tes­ca ope­ra­ción inter­na­cio­nal de irle qui­tan­do a la gen­te la facul­tad de pen­sar, de ofre­cer a los ojos y los oídos una ava­lan­cha inter­mi­na­ble de imá­ge­nes y soni­dos que carez­ca de sen­ti­do pero se vuel­va nece­sa­ria, de extran­je­ri­zar sin ofre­cer nue­vos gen­ti­li­cios, de colo­ni­zar con el con­sen­ti­mien­to del colo­ni­za­do. Ya sabe­mos quién es el pro­pie­ta­rio de esta supues­ta uni­ver­sa­li­za­ción de los sue­ños. Se tra­ta, enton­ces, de un com­ba­te, y como tal hay que entenderlo.

¿Cuán­ta cla­ri­dad tene­mos hoy de las reali­da­des con­tra­dic­to­rias de uti­li­zar medios y suje­tar­se a len­gua­jes que por­tan con­di­cio­na­mien­tos muy férreos en cuan­to a su con­te­ni­do y su orien­ta­ción? A mí me encan­tó Dua­ba, y des­pués me hicie­ron una narra­ción muy intere­san­te acer­ca de cómo Dua­ba logró ser. Por­que no fue coser y can­tar, fue una con­tien­da. Hubo quien pen­só que se tra­ta­ba de fil­mar una lec­ción de his­to­ria abu­rri­dí­si­ma, que nadie que­rría ver. Pero el serial ha obte­ni­do un éxi­to de públi­co des­co­mu­nal, y ha emo­cio­na­do a miles de cuba­nos y cuba­nas, entre ellos a una gran can­ti­dad de jóve­nes. Alguien me expli­có que des­de el pun­to de vis­ta téc­ni­co Dua­ba ape­la a medios más actua­les, que no son más caros y que per­mi­ten situar­lo en luga­res don­de con medios menos actua­les nun­ca lo podría­mos ven­der. Pero yo me pre­gun­to: ¿por qué no ha habi­do un estre­me­ci­mien­to de deba­tes en los medios y de divul­ga­cio­nes alre­de­dor de Dua­ba? No lo ha habi­do. Hace­mos comen­ta­rios, nos encan­tó, pero no apa­re­ce en los medios nada de lo que hemos dicho, u opi­nio­nes crí­ti­cas que le seña­len defec­tos o ausen­cias. O que plan­teen emu­lar con Dua­ba. No se tra­ta de hacer algo igual, sino de inci­tar a que se nos ocu­rran ini­cia­ti­vas crea­do­ras como esa, y las realicemos.

Ellos han dado un ejem­plo de cómo com­bi­nar ser crea­dor y audaz con ser muy labo­rio­so y sacar pro­ve­cho a lo que pare­ce­ría impo­si­ble. Con dos acto­res que son ofi­cia­les en acti­vo de las Fuer­zas Arma­das que nun­ca habían actua­do, y uno es pro­ta­go­nis­ta, mili­ta­res que pro­veen las tro­pas de ambos con­ten­dien­tes y un heli­cóp­te­ro de las FAR, una direc­ción de acto­res que tie­ne que ser excep­cio­nal para que se alcan­za­ra un logro como este en esas con­di­cio­nes, un colec­ti­vo de artis­tas y téc­ni­cos que supie­ron entre­gar­se sin remil­gos a aque­lla tarea, que se vol­vió una tri­bu que fes­te­jó sen­ci­lla­men­te en la lade­ra de una loma el día que ter­mi­na­ron la fil­ma­ción. No digo más, no ten­go la capa­ci­dad de un crí­ti­co. Pero, ¿no había mucho que narrar, que opi­nar, que dis­cu­tir ante Duaba?

Sí quie­ro lla­mar la aten­ción sobre el tra­ta­mien­to ópti­mo que le dio el serial a un tema com­ple­jo pero vital como es el de la hege­mo­nía. De muchas mane­ras, que ilus­tra­ré refi­rién­do­me a una sola. La gen­te más humil­de de la zona por don­de des­em­bar­ca­ron Maceo y sus com­pa­ñe­ros fue movi­li­za­da mili­tar­men­te con­tra los expe­di­cio­na­rios y com­ba­tió con más efi­ca­cia que los espa­ño­les a sus pai­sa­nos. Se hacían lla­mar Los Indios de Yate­ras, y por sus sen­ti­mien­tos obe­de­cían al Rey de Espa­ña, al que se le supo­nía pro­tec­tor de los indios fren­te a los des­ma­nes de los due­ños de Cuba. Esa era la creen­cia de estos cam­pe­si­nos pobres que poseían una iden­ti­dad étni­ca. Se sen­tían apo­ya­dos por la bene­vo­len­cia de Su Majes­tad his­pa­na y se lan­za­ron a com­ba­tir a sus pai­sa­nos con valen­tía y con la maes­tría de su capa­ci­dad sobre el terreno. ¿Recuer­dan la reac­ción de aquel “indio” al que le atri­buían la muer­te del gene­ral mam­bí Flor Crom­bet? El anciano que en los años trein­ta no quie­re que sus entre­vis­ta­do­res lo retra­ten (qui­zás para que no le roben el alma). Con una sin­ce­ra ale­gría aquel hom­bre sal­ta y gri­ta de ale­gría y le da vivas a la Vir­gen y a Espa­ña cuan­do com­prue­ban que han mata­do a Flor.

Si noso­tros no apren­de­mos esas lec­cio­nes de la his­to­ria esta­re­mos per­di­dos, ¿saben? Sobre todo los que creen ser repre­sen­tan­tes de los humil­des sin saber quié­nes son ellos, sin haber con­vi­vi­do nun­ca con ellos. Tie­ne una fuer­za incom­pa­ra­ble­men­te mayor esta his­to­ria de los seres huma­nos, por la cual uno se ente­ra de que fue un mucha­chi­to “indio”, sobrino del impu­tado, el que real­men­te mató a Flor en aquel com­ba­te. Y se ente­ra de que la Revo­lu­ción le alum­bró el camino y se unió a ella un mes des­pués. Lo bus­qué en el libro de Roloff y encon­tré su nom­bre y su regi­mien­to: se alzó en mayo de 1895 y ter­mi­nó la gue­rra con el gra­do de tenien­te. El mucha­cho había ido con­tra los mam­bi­ses en abril, por­que su tío le pidió que lo acom­pa­ña­ra. Cuan­do yo era muy joven toda­vía hubo jóve­nes en Cuba que se fue­ron con sus fami­lia­res y se hicie­ron ban­di­dos; ellos hubie­ran podi­do ser revo­lu­cio­na­rios y no pelear con­tra la Revo­lu­ción que venía a redi­mir­los. Por­que los que pelea­ron como ban­di­dos en Cuba hace cin­cuen­ta años eran pobres, la mayo­ría eran cam­pe­si­nos y tra­ba­ja­do­res agrí­co­las: los ricos se fue­ron para Esta­dos Uni­dos a espe­rar. Fue terri­ble. Son ense­ñan­zas, son cosas que se pue­den aprender.

Men­cio­na­ba hace un rato la baja cali­dad de la ense­ñan­za de la His­to­ria de Cuba. ¿Por qué no se apro­ve­chó Dua­ba para des­ta­car en los medios la dife­ren­cia tan gran­de entre el serial y la ense­ñan­za de la his­to­ria de Cuba? Yo tuve un com­pa­ñe­ro muy que­ri­do, José Taba­res, un gran his­to­ria­dor cubano, al que su nie­to, alumno de secun­da­ria, le dijo un día: “Abue­lo, yo no ven­go a que tú me expli­ques las cosas como fue­ron, yo sé que tú tie­nes la razón, pero yo no las quie­ro oír. Lo que quie­ro es que tú me expli­ques lo qué yo debo res­pon­der a estas pre­gun­tas que trai­go, para apro­bar el examen”. Es decir, si exis­ten esas duras con­tra­dic­cio­nes, ¿por qué los medios sue­len com­por­tar­se como si no existieran?

Pero la res­pues­ta posi­ti­va no pue­de ser sola­men­te cri­ti­car. Hay que tra­tar de ayu­dar a los maes­tros y las maes­tras, y lograr­lo. Ellos son muy sacri­fi­ca­dos, y toda­vía no les van a subir el sala­rio. Y el sis­te­ma edu­ca­cio­nal está lleno de per­so­nas con capa­ci­da­des y con deseos de acer­tar y cum­plir: hay que ayudar.

Opino que los inte­lec­tua­les tene­mos el deber en esta situa­ción actual de par­ti­ci­par y ofre­cer nues­tros apor­tes al sis­te­ma edu­ca­cio­nal, y par­ti­ci­par en los medios tam­bién. Ha habi­do una lar­ga his­to­ria de impe­dir u obs­ta­cu­li­zar que lo haga­mos, pero ya es tiem­po de que ter­mi­ne esa situa­ción. Tene­mos que ofre­cer­nos, y si es nece­sa­rio pre­sio­nar para que suce­da. A noso­tros se nos hace más caso cuan­do pro­tes­ta­mos. Sé que es difí­cil, me ha suce­di­do más de una vez que una mucha­cha inte­li­gen­te y cons­cien­te me pide entre­vis­tar­me, y al res­pon­der­le a algu­na pre­gun­ta le acla­ro: “no te la van a dejar salir”. Me gus­ta cuan­do me dicen: “usted verá que sí”, aun­que no lo con­si­gan. Pero ya sale mucho más que antes, y que­da la varian­te digi­tal, por don­de sale de todo. Cla­ro que es difí­cil, pero todas las cosas impor­tan­tes son difíciles.


Pre­gun­tas del auditorio

Haniel: ¿Qué accio­nes debe tomar la UJC de hoy para reto­mar la van­guar­dia polí­ti­ca de nues­tra gene­ra­ción, de los jóve­nes de hoy? Mi pun­to de vis­ta es que la UJC ha deja­do de ser esa van­guar­dia polí­ti­ca de los jóve­nes para con­ver­tir­se en un esque­ma, en algo fijo que no se desarrolla.

¿Cómo actuar en pos de res­ca­tar de la inopia cul­tu­ral a los jóve­nes de hoy, ase­dia­dos por la indus­tria cul­tu­ral que res­pon­de pre­ci­sa­men­te a la ideo­lo­gía que se com­ba­te? Hoy hay esca­sez cul­tu­ral en nues­tra gene­ra­ción, en las aulas. Y segui­mos vien­do La Voz Kids, Nues­tra Belle­za Latina…

¿Cuán preo­cu­pan­te es el des­ape­go a la for­ma­ción cul­tu­ral de la pobla­ción cuba­na de hoy, y la ten­den­cia a con­ver­tir los tec­ni­cis­mos eco­nó­mi­cos en casi el úni­co deba­te coti­diano? Hoy la gen­te está hablan­do de la dua­li­dad mone­ta­ria, de tér­mi­nos eco­nó­mi­cos, y nos ale­ja­mos de nues­tra for­ma­ción cul­tu­ral. A la gen­te ya no le impor­ta leer­se un libro, oír bue­na músi­ca o apre­ciar un buen cua­dro. Inclu­si­ve estu­diar nues­tra his­to­ria, saber de dón­de veni­mos, sino que se enfo­can en el dinero.

La ten­den­cia a la reapa­ri­ción de la peque­ña pro­pie­dad pri­va­da, el cuen­ta­pro­pis­mo, entre otros meca­nis­mos pro­pios del mer­ca­do capi­ta­lis­ta, ¿no aca­rrea con­si­go la apa­ri­ción de valo­res pro­pios del capi­ta­lis­mo, el indi­vi­dua­lis­mo, la ten­den­cia a la dere­cha gene­ra­li­za­da de los jóve­nes de hoy?

Niur­ka: Noso­tros tuvi­mos la opor­tu­ni­dad de tener un encuen­tro con los rea­li­za­do­res de Dua­ba. Y me lle­vé la idea de que sur­ge Dua­ba por los deseos que había de hacer una serie que tri­bu­ta­ra a la his­to­ria de una for­ma dife­ren­te, que brin­da­ra la his­to­ria de Cuba de una for­ma dife­ren­te, con curio­si­da­des que ape­nas se cono­cían. Lo de Dua­ba ha sido algo prác­ti­ca­men­te iné­di­to, por lo menos para noso­tros los más jóve­nes. Había muchas cosas que no cono­cía­mos. Y ahí cai­go en la for­ma en que se está ense­ñan­do la His­to­ria de Cuba. Real­men­te hoy por hoy no cum­ple con las expec­ta­ti­vas, prin­ci­pal­men­te de los jóve­nes uni­ver­si­ta­rios. Noso­tros lle­ga­mos aquí en pri­mer año y segui­mos dan­do la His­to­ria que dimos en quin­to, sex­to, y toda la Secun­da­ria. Lo hemos plan­tea­do ya, en el Con­gre­so de la FEU tam­bién lo plan­tea­mos, y creo que se debe pro­yec­tar un poco más mejo­rar la impar­ti­ción de esta asig­na­tu­ra. Hablá­ba­mos con una pro­fe­so­ra que nos visi­tó en el mar­co de un “Diá­lo­go de Gene­ra­cio­nes” de cosas nue­vas, de curio­si­da­des de cada gue­rra que se hizo en nues­tra his­to­ria, que son cosas que ape­nas cono­ce­mos, y que eso nos tri­bu­ta qui­zás un poco más que seguir repi­tien­do lo que hemos dado ya en cin­co cur­sos con­se­cu­ti­vos, me refie­ro a la pri­ma­ria y la secun­da­ria. Cosa que tri­bu­ta tam­bién, y noso­tros en todos los espa­cios lo plan­tea­mos, es que somos muy malos hacien­do tele­vi­sión, no tene­mos un camino defi­ni­do qui­zás de cómo mejo­rar la tele­vi­sión, cómo le trans­mi­ti­mos mejor a la juven­tud, que les lle­gue lo que que­re­mos dar. Hoy por hoy la juven­tud se basa en La Voz Kids, las series, Nues­tra Belle­za Lati­na. Y no es eso, que yo las cata­lo­ga­ría como cosas bana­les, sino en hacer cosas que real­men­te le tri­bu­ten a uno en su pre­pa­ra­ción cul­tu­ral, con más peso. Mejo­rar la tele­vi­sión que hace­mos hoy.

Pro­fe­sor: No tene­mos dudas de que el pro­ble­ma eco­nó­mi­co se va a resol­ver en algún momen­to. Pero creo que el talón de Aqui­les está en el tema cul­tu­ral. Por­que pode­mos sal­var­nos eco­nó­mi­ca­men­te, y cul­tu­ral­men­te per­der la Revo­lu­ción. La Revo­lu­ción no es un hecho eco­nó­mi­co, más que un hecho eco­nó­mi­co es un hecho cul­tu­ral, si per­de­mos ese pun­to de vis­ta pode­mos tras­to­car todo lo que haga­mos en mate­ria eco­nó­mi­ca. Ten­go la per­cep­ción, el mie­do de que en las ansias de mejo­rar eco­nó­mi­ca­men­te el país, des­cui­de­mos un poco la par­te cul­tu­ral. Y ahí hay que cen­trar tam­bién el deba­te de los inte­lec­tua­les. Ir a con­ver­sar con los jóve­nes a ver qué hablan, qué ven, qué sien­ten. Para cons­truir jun­tos el cono­ci­mien­to de lo que que­re­mos como socia­lis­mo. ¿Qué es ser revo­lu­cio­na­rio hoy en el siglo XXI? Eso para los jóve­nes es impor­tan­te. ¿Qué es ser revo­lu­cio­na­rio para un joven hoy, de la UCI, de la capi­tal? ¿Cómo debe pro­yec­tar­se un joven? ¿Como usted en los 60, cuan­do diri­gía Pen­sa­mien­to Crí­ti­co, o de otra manera?

Otras pre­gun­tas no rea­li­za­das duran­te el intercambio:

Nai­ro­vin: ¿Cómo debe­mos enfren­tar los desa­fíos rela­cio­na­dos con las des­igual­da­des racia­les en nues­tro país? ¿A que se deben los bajos nive­les de adqui­si­ción eco­nó­mi­ca o pobre­za que se obser­van en la pobla­ción negra cubana?

Juan Manuel: ¿Qué estra­te­gia inte­gral pode­mos des­ple­gar para que pri­me el fac­tor sub­je­ti­vo y las per­so­nas sean capa­ces de resis­tir las duras con­di­cio­nes objetivas?

Fer­nan­do Mar­tí­nez Here­dia: Aho­ra no pode­mos regre­sar a cual­quier mar­xis­mo. No pue­de vol­ver el mar­xis­mo dog­má­ti­co de obe­de­cer, de legi­ti­mar, de cla­si­fi­car, de repar­tir pre­mios y cas­ti­gos. Es nece­sa­rio asu­mir crí­ti­ca­men­te todo el mar­xis­mo, toda la his­to­ria del marxismo.

Den­tro de esa gran tarea, hágan­le mucho caso a Car­los Marx, por­que se lo mere­ce. Él plan­teó, por ejem­plo, en Los fun­da­men­tos de la eco­no­mía polí­ti­ca –el libro que lla­man Grun­dris­se en ale­mán – , que hay que lograr que el tiem­po de tra­ba­jo no sea la uni­dad de medi­da de la eco­no­mía. El gran pen­sa­dor que expu­so esa idea den­tro de su teo­ría del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, pos­tu­ló la nece­si­dad de que duran­te el trán­si­to al comu­nis­mo se logre que el tiem­po de tra­ba­jo deje de ser la medi­da, y que una de las carac­te­rís­ti­cas del comu­nis­mo será lograr­lo. Plan­teó tam­bién que el tiem­po de jue­go lle­gue a ser más impor­tan­te que el tiem­po de tra­ba­jo. Es mejor hacer­le caso a Marx. Por cier­to, uste­des saben que tuvo un yerno san­tia­gue­ro, Pablo Lafar­gue, que escri­bió un folle­to que no debe­mos olvi­dar, “Elo­gio de la pere­za”. Fue el mejor divul­ga­dor de las ideas de su sue­gro en Fran­cia y el pri­mer fran­cés socia­lis­ta ele­gi­do como dipu­tado. ¿Saben lo que escri­bió en el acta al tomar pose­sión?: “Paul Lafar­gue. Mulâ­tre Cubain”. Mula­to cubano puso al pie de su firma.

Nada más que me he dete­ni­do con­ti­go y ya usé el tiem­po que tenía. Efec­ti­va­men­te, la UJC se for­ma­li­zó total­men­te, pero yo tuve la satis­fac­ción y la suer­te de ir por pri­me­ra vez a un Fes­ti­val Mun­dial de la Juven­tud y los Estu­dian­tes –a uno le pasan cada cosas – , en diciem­bre pasa­do. Al cabo de la vejez, pero me diver­tí muchí­si­mo. Y fui feliz al ver que los com­pa­ñe­ros de la UJC esta­ban cla­rí­si­mos y que­rían cam­biar las cosas y hacer de la orga­ni­za­ción una cosa viva y fuer­te. Y me dije: “bueno, vamos a ver. No nos deje­mos lle­var por pre­jui­cios, vamos a jun­tar­nos y salir ade­lan­te…” Los de la FEU me pidie­ron una sesión duran­te su reu­nión del Con­se­jo Nacio­nal, el últi­mo domin­go de enero. Me dije­ron: “Pro­fe (le dicen a uno “pro­fe” para disi­mu­lar­le la edad), ven­ga con crí­ti­cas duras”. Y yo lo hice. Les dije: “Vamos a ver el país, las uni­ver­si­da­des y la orga­ni­za­ción de uste­des, esas tres cosas”. Y fue­ron mara­vi­llo­sos con la pro­fun­di­dad y la hones­ti­dad de sus par­ti­ci­pa­cio­nes, con lo que que­rían, lo que buscaban.

Este país que tie­ne una con­cien­cia polí­ti­ca de nivel récord mun­dial y unos nive­les de esco­la­ri­dad y de cono­ci­mien­tos espe­cia­li­za­dos altí­si­mos. La rec­to­ra Miriam lo decía: ¿qué hacer con todos los gra­dua­dos de la UCI? La dis­po­ni­bi­li­dad de empleos corres­pon­dien­tes a la for­ma­ción de los gra­dua­dos es infe­rior a su núme­ro. Es decir, la rique­za mayor que tie­ne Cuba está en las per­so­nas que ha for­ma­do y for­ma, y no en los medios mate­ria­les con que cuen­ta. Pero eso no es para echar­se a llo­rar, es para actuar. La rec­to­ra tie­ne con­cien­cia de las impli­ca­cio­nes que tie­ne esa situa­ción, inclui­das las más nega­ti­vas, lo que me pare­ce un indi­ca­dor muy posi­ti­vo. Si tene­mos con­cien­cia de los pro­ble­mas y las insu­fi­cien­cias, si nos due­len, ya comen­za­mos a avan­zar en su enfren­ta­mien­to y en la pro­ba­bi­li­dad de resolverlos.

Se aca­bó el tiem­po. Qui­sie­ra ter­mi­nar recor­dan­do una de tan­tas acti­vi­da­des que he teni­do la suer­te de com­par­tir en uni­ver­si­da­des cuba­nas. Ellas me ayu­dan mucho y me dan vida, qui­sie­ra que suce­die­ran tam­bién en cen­tros de tra­ba­jo indus­tria­les y agrí­co­las, que ten­gan otra vez una fuer­za gran­de los tra­ba­ja­do­res manua­les, que hoy no la tie­nen. Fue en la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Las Villas, invi­ta­do a hablar y deba­tir en una acti­vi­dad sema­nal de la FEU, los mar­tes por la noche, que se lla­ma el Aula 14. Me pidie­ron hablar de los estu­dian­tes en las luchas revo­lu­cio­na­rias del siglo XX en Cuba. Cosa que hice, pero sabien­do que ellos que­rían lle­var la dis­cu­sión a la actua­li­dad. Ter­mi­né de expo­ner y les dije: “aho­ra van a hablar uste­des”. Uno dijo: “Pro­fe, el pro­ble­ma es que uste­des todo lo tenían muy cla­ro, por­que uste­des sabían quié­nes eran uste­des y quién era el enemi­go. Pero noso­tros no”. Les dije que ese era un gran avan­ce, por­que ya se habían dado cuen­ta de algo muy impor­tan­te. Aho­ra es más difí­cil saber quié­nes somos y quién es el enemi­go, pero si nos damos cuen­ta del pro­ble­ma, esta­mos sal­va­dos. Enton­ces se hicie­ron varias bue­nas inter­ven­cio­nes, pero no he olvi­da­do a un estu­dian­te que se diri­gió a sus com­pa­ñe­ros: “Miren, yo estoy pen­san­do mejor todo esto que hemos dis­cu­ti­do, y he lle­ga­do a una con­clu­sión. Noso­tros, los jóve­nes de aho­ra, tene­mos que vol­ver a tomar el tren blindado”.

Eso no fue una fra­se poé­ti­ca, tenía razón. Hay que vol­ver a tomar el tren blin­da­do. Cla­ro que ya no es como lo hicie­ron los rebel­des de la Colum­na 8, es de otra mane­ra. Es otro tren blin­da­do. Tie­nes que iden­ti­fi­car­lo, tie­nes que ver cómo, tie­nes que pre­pa­rar­te, y tie­nes que tomarlo.

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