Sil­vio Rodrí­guez: “Soñar con impo­si­bles es posi­ble; igno­ro si afe­rrar­se ten­ga sentido”

El cantautor durante la Gira interminable en los barrios de La Habana. Foto: Koloian.

El can­tau­tor duran­te la Gira inter­mi­na­ble en los barrios de La Haba­na. Foto: Koloian.

Sil­vio Rodrí­guez: Antes creía que la poe­sía sal­va­ría el mun­do; hoy, que ayu­da a mejorar

Cuan­do no nos per­ca­ta­mos de la nece­si­dad de evo­lu­cio­nar nos damos de bru­ces con una revo­lu­ción, seña­la en entre­vis­ta el autor de Fusil con­tra fusil

El pri­mer poe­ta mexi­cano que cono­cí fue Juan de Dios Peza con Reír llo­ran­do, evo­ca el can­tau­tor, que vuel­ve a Méxi­co este mes.

El com­po­si­tor Sil­vio Rodrí­guez Domín­guez (San Anto­nio de los Baños, Cuba, 1946) refle­xio­na sobre la pren­sa cuba­na, la clau­su­ra de los cines pri­va­dos, las refor­mas migra­to­rias y la poesía.

“Es pro­ba­ble que con la pren­sa nos pase como a Ale­jan­dro Magno cuan­do a las puer­tas de Asia se encon­tró con el Nudo Gor­diano. La espa­da que cor­ta este nudo pudie­ra ser la web. Nece­si­ta­mos más y mejor Inter­net para inten­si­fi­car el deba­te”, pro­po­ne y así res­pon­de a un amplio cues­tio­na­rio que le envía la redac­ción de La Jor­na­da, ela­bo­ra­do por edi­to­res, repor­te­ros y cola­bo­ra­do­res, por medio del correo elec­tró­ni­co, a una sema­na de pre­sen­tar­se con la Gira inter­mi­na­ble en Pue­bla (7 de mar­zo), ciu­dad de Méxi­co (9 y 10), Tijua­na (17), Gua­da­la­ja­ra (14), Her­mo­si­llo (19) y Mon­te­rrey (22).

A con­ti­nua­ción pre­sen­ta­mos la pri­me­ra de dos par­tes de la entre­vis­ta que el autor de temas que han sido fuen­te de ins­pi­ra­ción de una ria­da de com­po­si­to­res actuales.

Soñar con imposibles

–Aca­ba de cum­plir 67 años de edad, ¿cuál es su esta­do de áni­mo como artis­ta, como crea­dor y como persona?

–Has­ta aho­ra todos esos esta­dos de áni­mo me han per­mi­ti­do seguir tra­ba­jan­do, aun­que des­de hace algu­nos años dedi­co más tiem­po a mi familia.

–Dicen que al lle­gar a esta edad uno se afe­rra a lo impo­si­ble. ¿Tie­ne ese síntoma?

–La ver­dad es que soñar con impo­si­bles siem­pre es posi­ble… Igno­ro si afe­rrar­se ten­ga sentido.

–¿Cuál es su mayor angus­tia y cuál su mayor satisfacción?

–Mi mayor angus­tia es cuan­do pien­so que pude hacer más. Mi mayor satis­fac­ción es haber encon­tra­do tiem­po que perder.

–¿Cómo ve en este momen­to la evo­lu­ción de su carrera?

–Es el momen­to de dar gra­cias a quien le lla­me evolución.

–Refe­ren­te prin­ci­pa­lí­si­mo del can­to lati­no­ame­ri­cano. ¿De qué le ha ser­vi­do y cómo ha uti­li­za­do tal distinción?

–El can­to lati­no­ame­ri­cano es lo sufi­cien­te­men­te exten­so y rico como para sen­tir­se gota de agua.

–¿El mun­do está cerran­do los oídos a la poesía?

–Los pue­blos hacen cons­tan­te­men­te poe­sía; en los cam­pos se escu­cha hablar así. Dicen que en Rusia, des­de la épo­ca de Push­kin, gus­ta­ban de escu­char a los poe­tas; por eso des­pués Maia­kovsky pudo decla­mar a mul­ti­tu­des. En la mayo­ría de los paí­ses las edi­cio­nes de poe­sía han sido exiguas. En Cuba ha sido mejor por el hábi­to de lec­tu­ra que creó la alfa­be­ti­za­ción y por­que los libros son bara­tos. Yo me afi­cio­né tem­prano a ese len­gua­je. Cuan­do joven creía que la poe­sía iba a sal­var el mun­do. Hoy pien­so que nos pue­de ayu­dar a com­pren­der­nos y a ser mejo­res. El mun­do que exclu­ye la poe­sía se está per­dien­do cosas.

Com­pro­mi­so

–Es dema­sia­do pre­ten­cio­so pen­sar que la can­ción pue­de ayu­dar a resol­ver cosas en el pro­ce­so de cam­bio de una socie­dad, pero en algo debe ayu­dar. ¿En qué?

–La can­ción pue­de ser tras­mi­so­ra de bue­nos sen­ti­mien­tos; pue­de ense­ñar­nos a ser mejo­res. Una can­ción, como un himno, pue­de ele­var nues­tra auto­es­ti­ma, o hacer­nos que­rer lo que nos une. Una can­ción pue­de aler­tar­nos, acti­var nues­tras ante­nas. Tam­bién pue­de orien­tar­nos en momen­tos de con­fu­sión. Conoz­co médi­cos que han usa­do can­cio­nes para mejo­rar el esta­do emo­cio­nal de sus pacien­tes. Algu­nas per­so­nas dicen que tales can­cio­nes for­ma­ron par­te de la ban­da sono­ra de sus vidas. Si eso es cier­to, las can­cio­nes pue­den ser muy importantes.

–¿Cómo ve un comu­nis­ta la glo­ba­li­za­ción ideo­ló­gi­ca que se vive?

–No soy mili­tan­te comu­nis­ta. Pero no me dis­gus­ta que me lla­men así, por­que no empa­ren­to la pala­bra con los fra­ca­sos del lla­ma­do “socia­lis­mo real” ni con un bur­do igua­li­ta­ris­mo, sino con sen­ti­mien­tos de jus­ti­cia social que son par­te de aspi­ra­cio­nes huma­nas muy legí­ti­mas. La glo­ba­li­za­ción no esta­ría mal si se glo­ba­li­za­ran la salud públi­ca y la edu­ca­ción. Pero lo que se sue­le repar­tir es la gue­rra, el con­su­mis­mo y el acha­ta­mien­to cul­tu­ral, que sir­ven de cuñas para la explotación.

–¿Qué pien­sa de José Muji­ca, “el pre­si­den­te más pobre del mun­do”, que vin­di­ca con el ejem­plo la sen­ten­cia mar­tia­na de “con los pobres de la tie­rra quie­ro yo mi suer­te echar”.

–Creo que José Muji­ca no fue redu­ci­do por la pri­sión y los fra­ca­sos, sino que le mos­tra­ron otros cami­nos para con­tri­buir al mejo­ra­mien­to humano. Un caso ejem­plar en que el resen­ti­mien­to no pudo con el hombre.

®evo­lu­ción

–¿Sigue pen­san­do que a la revo­lu­ción cuba­na “se le debe qui­tar la R”?

–Sigo pen­san­do que hay momen­tos de la his­to­ria que son revo­lu­cio­na­rios, pero que la mayo­ría de las veces de lo que se tra­ta es de evo­lu­cio­nar. Tam­bién ha pasa­do que cuan­do no nos damos cuen­ta de la nece­si­dad de evo­lu­cio­nar nos damos de bru­ces con una revolución.

–La revo­lu­ción cuba­na ha sido deter­mi­nan­te tan­to en su vida como en su obra. Pero ima­gi­na­mos que los gra­dos y ele­men­tos de influen­cia han varia­do con el tiem­po ¿Cuá­les serían hoy? ¿Qué le ins­pi­ra la Cuba actual?

–Hace algún tiem­po me que­ja­ba, sobre todo entre ami­gos, de que no nos movía­mos. Soy de los que pien­san que per­di­mos tiem­po, sobre todo en la déca­da de los 90. Aho­ra que nos move­mos, hay opi­nio­nes sobre cómo lo esta­mos hacien­do: unos dicen que dema­sia­do len­to; otros, que no en la direc­ción correc­ta. Pues yo doy gra­cias –a lo que haya que dár­se­las– de que este­mos movién­do­nos en orden. Bas­ta un ojea­da al mun­do para ver lo que pasa cuan­do el caos se apo­de­ra de las calles. La Cuba actual me ins­pi­ra preo­cu­pa­ción y ocu­pa­ción, o sea res­pe­to y esperanza.

–¿Qué pien­sa de las rela­cio­nes actua­les de Esta­dos Uni­dos con Cuba, sigue sien­do el mis­mo de siem­pre, inter­ven­cio­nis­ta, o ha cambiado?

–Hay que tomar en cuen­ta que Washing­ton lle­va más de medio siglo ponien­do en prác­ti­ca polí­ti­cas hos­ti­les e inter­ven­cio­nis­tas con­tra Cuba. No sólo con abso­lu­ta con­cien­cia del daño que nos hace, sino des­pués de haber expli­ca­do con pelos y seña­les todo lo que se pro­po­ne hacer­nos. En tér­mi­nos lega­les sería “con pre­me­di­ta­ción y alevosía”.

“Cada año se cons­ta­ta más el fra­ca­so de esta polí­ti­ca y la ONU inva­ria­ble­men­te la con­de­na. Aho­ra ade­más se hacen ilu­sio­nes, vien­do que la gene­ra­ción his­tó­ri­ca de la revo­lu­ción se va reti­ran­do. Supon­go que por estas razo­nes cada vez son más los que se pro­nun­cian en favor una nor­ma­li­za­ción. Pero esos pro­nun­cia­mien­tos nun­ca dicen: ‘Nos hemos equi­vo­ca­do: debe­mos tra­tar a Cuba como nos gus­ta que Cuba nos tra­te’. Más bien siem­pre lle­van la cole­ti­lla de que ‘la línea dura no ha sur­ti­do el efec­to desea­do’. Ese “efec­to” no es otra cosa que devol­ver a Cuba al redil que la tenían los gobier­nos ante­rio­res a 1959.

Pre­jui­cios materiales

“Si Washing­ton hubie­ra cam­bia­do, no per­mi­ti­ría que con­ti­nua­ran las injus­tí­si­mas con­de­nas con­tra los cuba­nos anti­te­rro­ris­tas, pri­sio­ne­ros en cár­ce­les del nor­te (Gerar­do Her­nán­dez, nada menos que con dos cade­nas per­pe­tuas). Si hubie­ran cam­bia­do, nos hubie­ran devuel­to el terri­to­rio de Guan­tá­na­mo, ocu­pa­do con­tra nues­tra volun­tad. Tam­bién es evi­den­te que si hubie­ran cam­bia­do ya no exis­ti­ría el blo­queo que Juan Pablo II cali­fi­có de inmoral.

“Se podrá cuan­ti­fi­car el per­jui­cio mate­rial que nos han cau­sa­do, que ya suma miles de millo­nes, pero el daño espi­ri­tual que ha reci­bi­do el pue­blo cubano, el sen­ti­mien­to de tener un vecino egoís­ta que cal­cu­la y mal­tra­ta, va a sobre­vi­vir mucho des­pués de los que pade­ci­mos direc­ta­men­te su maldad.”

–¿Se han podi­do inde­pen­di­zar los paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos de esa rémo­ra que destabiliza?

–Varias corrien­tes de pen­sa­mien­to gobier­nan en Amé­ri­ca Lati­na. Hay paí­ses más inde­pen­dien­tes y paí­ses en que la depen­den­cia pare­ce omní­mo­da. Aún así, recuer­do la tris­te­za en los ojos de Pete See­ger cuan­do en 2010 me dijo que Lati­noa­mé­ri­ca no era mejor por cul­pa del gobierno de su país… Para mí es obvio que si el gobierno del nor­te no tuvie­ra una base en nues­tros paí­ses, otro gallo cantaría.

“Recuer­do que hace años acu­sa­ban a Cuba de fomen­tar la insu­rrec­ción en Amé­ri­ca Lati­na. Era una ayu­da para con­se­guir inde­pen­den­cia, y ocu­rría por­que los revo­lu­cio­na­rios, tor­tu­ra­dos y ase­si­na­dos en sus paí­ses, iban a Cuba a pedir ayu­da. ¿Dón­de si no, hubie­ran podi­do acu­dir en esta región? La insu­rrec­ción arma­da fue la úni­ca opción que vie­ron aque­llas gene­ra­cio­nes. Las oli­gar­quías se alia­ban con el nor­te y ponían gobier­nos que las bene­fi­cia­ban, sin la más míni­ma con­tem­pla­ción con sus pue­blos. Todo el que el que no entra­ba por el aro era repri­mi­do y cali­fi­ca­do de comu­nis­ta, cuan­do muchas veces no era así. ¿De dón­de salió la Teo­lo­gía de la Liberación?

“La infor­ma­ción no via­ja­ba a la velo­ci­dad de hoy. Pasa­ban años, déca­das, y nada cam­bia­ba. Algu­nos deci­dían com­ba­tir las armas con que les nega­ban la jus­ti­cia. De ahí salió Fusil con­tra fusil. Aquel enfren­ta­mien­to arma­do, aún cuan­do fra­ca­sa­ra como méto­do, resul­tó una adver­ten­cia que abrió muchos ojos y fle­xi­bi­li­zó zonas del pen­sa­mien­to con­ser­va­dor. Oja­lá haya sido has­ta el pun­to en que se pue­da cre­cer. Yo supon­go que podría­mos dar un sal­to como espe­cie; pero no des­de el pun­to de vis­ta tec­no­ló­gi­co, sino des­de el pun­to de vis­ta humano.

“Des­de esa espe­ran­za, creo que debe­mos dejar de pelear, pasar a otra eta­pa. Debe­mos apren­der de la his­to­ria, de lo bueno y de lo malo que hemos hecho. Debe­mos encon­trar pun­tos de con­tac­to y de diá­lo­go para que las pug­nas se sua­vi­cen y entre todos haga­mos lo que se debe por la mayo­ría que lo nece­si­ta. Los ricos no tie­nen que dejar de ser­lo, sólo pen­sar un poco en los que no tie­nen su suer­te. Per­dón por la uto­pía, pero cual­quier otro camino me pare­ce injus­to e infi­ni­ta­men­te más doloroso.”

–Des­de hace años pro­mue­ve y defien­de cam­bios en la legis­la­ción cuba­na. Fle­xi­bi­li­zar las medi­das migra­to­rias ha sido una de sus pro­pues­tas. ¿Vis­lum­bra otras solu­cio­nes en el futuro?

–No sólo yo: muchos lle­vá­ba­mos tiem­po abo­gan­do por más liber­tad migra­to­ria, al menos por par­te de Cuba, por­que aho­ra los obs­tácu­los están en las emba­ja­das. Es cier­to que nos fal­tan cam­bios, pero en algu­nas pro­vin­cias se están rea­li­zan­do ensa­yos de des­cen­tra­li­za­ción. Sé que no es fácil, por­que esta­mos acos­tum­bra­dos a que “las ins­tan­cias supe­rio­res” se pro­nun­cien primero.

“Res­pec­to de la pren­sa todos pare­ce­mos de acuer­do en que debe ser más acti­va y auto­crí­ti­ca. Se hacen reunio­nes, se sale de allí con opti­mis­mo y, cuan­do nada cam­bia, se cul­pa al perio­dis­ta. No creo que sea cul­pa de los perio­dis­tas si no tene­mos mejor pren­sa, sino de los que deci­den. Es pro­ba­ble que con la pren­sa nos pase como a Ale­jan­dro cuan­do a las puer­tas de Asia se encon­tró con el Nudo Gor­diano. La espa­da que cor­ta este nudo pudie­ra ser la web. Nece­si­ta­mos más y mejor Inter­net para inten­si­fi­car el debate.”

Reli­gión

–Ha lle­ga­do el momen­to en que nos des­cu­bra en qué cree ¿Cuál es su fe, su reli­gión? ¿Es un hom­bre de men­ti­ras o de verdades?

–Esta pre­gun­ta me recuer­da a una pla­ni­lla que tuve que lle­nar cuan­do ingre­sé a la tele­vi­sión en 1967. En Cuba les lla­má­ba­mos un “cuén­ta­me-tu-vida” y eran comu­nes en aque­llos tiem­pos de pre­jui­cios. Pero des­de hace muchí­si­mos años uno ve inclu­so a mili­tan­tes del PCC con pren­das de san­te­ría y nadie se mete en eso (cosa que está muy bien).

“Soy un hom­bre hecho de ver­da­des y, lamen­ta­ble­men­te, tam­bién de men­ti­ras. Pre­fie­ro las ver­da­des, y ten­go fe en que el géne­ro humano lle­gue a ser algo inmen­so que hoy ni siquie­ra ima­gi­na. Ya he dicho que las reli­gio­nes me pare­cen la buro­cra­cia de la espiritualidad.”

Méxi­co para Silvio

–¿Qué sig­ni­fi­ca Méxi­co en su carrera?

–Con Méxi­co tuve una empa­tía inme­dia­ta. Yo había leí­do un poco sobre cul­tu­ras pre­co­lom­bi­nas, inclu­so había escri­to una can­ción que evo­ca­ba un mito náhuatl. Vine por pri­me­ra vez en 1975, como par­te de una exten­sa emba­ja­da cul­tu­ral inte­gra­da por el ballet, la sal­sa, la rum­ba, lo sin­fó­ni­co, el cine. En medio de todo aque­llo, yo tenía una par­ti­ci­pa­ción dis­cre­ta y fue una sor­pre­sa que des­de el públi­co pidie­ran La eraFusil con­tra fusil. A par­tir de enton­ces empe­za­ron a invi­tar­me a jor­na­das de soli­da­ri­dad con paí­ses que enton­ces sufrían dic­ta­du­ras mili­ta­res. Ini­cial­men­te tuvi­mos un audi­to­rio uni­ver­si­ta­rio que poco a poco se fue extendiendo.

“Entre lo que recuer­do está haber cono­ci­do a Euge­nia León en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­no­ma de Méxi­co (UNAM), cuan­do can­ta­ba en un cuar­te­to que lla­ma­ba Víc­tor Jara. Jun­to a Noel Nico­la hice una gira con el gru­po argen­tino-mexi­cano Zanam­pay, inte­gra­do por Hebe Rosell, Nal­do Labrín, Caí­to, Del­for Som­bra, y en el que tam­bién era voca­lis­ta Gua­da­lu­pe Pine­da. Por enton­ces Tania Liber­tad se mudó a Méxi­co. Com­par­tía­mos a menu­do con la for­mi­da­ble Ampa­ro Ochoa, con Óscar Chá­vez, René Villa­nue­va y Los Fol­klo­ris­tas, el Negro Sal­va­dor Oje­da, Mar­cial Ale­jan­dro, Gabino Palo­ma­res, La Nopa­le­ra. Méxi­co era un des­fi­le. Muchos del Cono Sur esta­ban exi­lia­dos en este país y no era raro coin­ci­dir con Alfre­do Zita­rro­sa, Daniel Vigliet­ti, Los Parra o Nacha Guevara.

–¿Cómo ve México?

–Para mí es el país don­de José Mar­tí adqui­rió el acen­to que, dicen, pre­do­mi­na­ba en su for­ma de hablar; don­de hizo ami­gos para siem­pre, escri­bió no pocas cosas y publi­có tex­tos en la impren­ta de Anto­nio Vane­gas Arro­yo, que lue­go impri­mió gra­ba­dos de José Gua­da­lu­pe Posa­da. En esa impren­ta des­pués dur­mió un clan­des­tino Fidel Cas­tro, cuan­do se dis­po­nía a regre­sar a Cuba. Yo pude ver aquel taller, que esta­ba en un patio, creo que de la colo­nia Roma, por­que cono­cí a Arsa­cio Vane­gas, el lucha­dor que ense­ñó defen­sa per­so­nal a los expe­di­cio­na­rios de Gran­ma. Arsa­cio me daba masa­jes cuan­do la espal­da se me enga­rro­ta­ba por tan­tos con­cier­tos. Hay muchas cosas de Méxi­co que no me dejan ver­lo des­de fuera.

Influen­cias

–Usted ha dicho que “cada quien tie­ne las influen­cias que mere­ce” ¿Cuá­les han sido las suyas? ¿Con qué tipo de crea­dor se ha sen­ti­do más identificado?

–En reali­dad esa res­pues­ta me la dio Nico­lás Gui­llén el día que le dije que algo de su poe­sía esta­ba en mis can­cio­nes. Y es que, por supues­to, me han impre­sio­na­do infi­ni­dad de crea­cio­nes. Toda­vía escu­cho, leo y veo cosas que me hacen sen­tir ali­men­ta­do. Cual­quier des­cu­bri­mien­to, por sim­ple que parez­ca, es aprendizaje.

–En poe­sía, nos gus­ta­ría que habla­ra de su rela­ción con poe­tas mexicanos.

–El pri­mer poe­ta mexi­cano del que tuve noti­cia fue Juan de Dios Peza. Cuan­do era niño mi padre me leía sus diver­ti­dos ver­sos fami­lia­res. Peza no figu­ra en todas las anto­lo­gías, pero tie­ne un poe­ma que cada vez que lo leo me aprie­ta el pecho. Se lla­ma Reír llo­ran­do. Muchos años des­pués, cuan­do lle­gué a Méxi­co, tuve la suer­te de cono­cer a Efraín Huer­ta, a Thel­ma Nava, a Juan de la Caba­da, a quie­nes recuer­do con mucho afec­to. Por supues­to, estoy cons­cien­te de la altu­ra lite­ra­ria de Octa­vio Paz. Me gus­tan Jai­me Sabi­nes, José Emi­lio Pache­co, Eduar­do Lan­gag­ne. Con­fie­so que me encan­tan los tex­tos pre­co­lom­bi­nos, los libros del Chi­lam Balam. Los poe­mas atri­bui­dos a Netzahual­có­yotl son de una belle­za pene­tran­te. Una poe­sía a la que siem­pre regre­so es a la de Sor Jua­na, a quien con­si­de­ro una voz fundacional.

(Toma­do de La Jornada)

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