La reso­lu­ción del con­flic­to entre Chi­le y Perú, y la nue­va estra­te­gia de Boli­via- Ani­bal Garzón

El liti­gio marí­ti­mo entre Perú y Chi­le y su reso­lu­ción por la Cor­te Inter­na­cio­nal de Jus­ti­cia ha dado indi­ca­cio­nes a Boli­via sobre sus nue­vas estra­te­gias con­tra la medi­te­rra­nei­dad, con­vir­tien­do a Boli­via en una pie­za cla­ve en la inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­na anti­neo­li­be­ral.

En 2008 el expre­si­den­te peruano Alan Gar­cía ini­ció una deman­da inter­na­cio­nal en la Cor­te Inter­na­cio­nal de Jus­ti­cia (CIJ) con­tra Chi­le des­pués de fra­ca­sar las nego­cia­cio­nes bila­te­ra­les ini­cia­das en 2000. Perú soli­ci­tó a Chi­le revi­sar los tra­ta­dos marí­ti­mos de 1952 y 1954, la Decla­ra­ción de Zona Marí­ti­ma en San­tia­go de Chi­le, dado que según el Esta­do Inca no defi­nían bien la sobe­ra­nía marí­ti­ma en la fron­te­ra de los dos paí­ses que fue defi­ni­da en el Tra­ta­do de Lima de 1929, pero Chi­le se negó en todo momen­to que fue­ran rene­go­cia­dos esos tra­ta­dos. Con la nue­va deman­da inter­na­cio­nal Perú hizo uso del lla­ma­do Pac­to de Bogo­tá de 1948 o cono­ci­do tam­bién como Tra­ta­do Ame­ri­cano de Solu­cio­nes Pací­fi­cas, y que Chi­le rati­fi­có en 1967, para que la CIJ pudie­ra deci­dir jurí­di­ca­men­te sobre el liti­gio fron­te­ri­zo. Este con­flic­to se ubi­có en una dispu­ta marí­ti­ma don­de se pre­ten­día modi­fi­car la fron­te­ra actual que exis­te bajo una línea para­le­la des­de cer­ca de la ciu­dad chi­le­na de Ari­ca con 200 millas marí­ti­mas a una línea equi­dis­tan­te entre ambos países.

Des­pués de 6 años de peri­tos, estu­dios his­tó­ri­cos, aná­li­sis jurí­di­cos, y pre­dic­cio­nes de impac­tos polí­ti­cos, ade­más de la explo­sión cho­vi­nis­ta que los medios de comu­ni­ca­ción y las fuer­zas polí­ti­cas de los dos paí­ses encen­die­ron, final­men­te la CIJ con­vir­tió un cli­ma dis­yun­ti­vo, “vic­to­ria de Perú o Chi­le”, a un ambien­te copu­la­ti­vo, “ni para Perú todo ni para Chi­le”, según su sen­ten­cia el pasa­do 27 de Enero. Se deci­dió que del total del área marí­ti­ma, 67.139,4 km2, Perú se que­da­ría algo más de 50.000 km2 y Chi­le 16.352 km2, pero Chi­le con­tro­la­ría des­de su cos­ta en direc­ción hori­zon­tal las 80 millas no per­dien­do así su sobe­ra­nía de pes­ca cer­ca­na. Con esta sen­ten­cia, más allá de aná­li­sis de líde­res polí­ti­cos o aca­dé­mi­cos de los dos paí­ses, sobre lo que se ganó o se per­dió, hay que sub­ra­yar que el pun­to cla­ve es que los dos esta­dos en pug­na acep­ta­ron una reso­lu­ción externa. 

Esto con­du­ce a pre­gun­tar­nos varias cues­tio­nes; ¿por qué los dos paí­ses acep­ta­ron sin remor­di­mien­tos el Fallo de la Haya? ¿Por qué se dis­fra­zó la visión nacio­na­lis­ta de Perú y Chi­le, esta­dos fron­te­ri­zos con varios his­tó­ri­cos con­flic­tos arma­dos, a una éti­ca de inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­na? ¿Qué bene­fi­cio obtu­vo la CIJ en su reso­lu­ción? ¿Cómo inter­pre­tó Boli­via esta reso­lu­ción? O ¿por qué en este caso sí hubo reso­lu­ción acep­ta­da y no tuvo el mis­mo éxi­to el caso del Fallo de la Cor­te de la Haya sobre el Liti­gio entre Colom­bia y Nicaragua?

Inte­gra­ción, comer­cio y rique­za

Posi­ble­men­te Marx no esta­ría muy equi­vo­ca­do en esta pug­na bina­cio­nal cuan­do situa­ba la infra­es­truc­tu­ra (base mate­rial) por enci­ma de la super­es­truc­tu­ra (base sim­bó­li­ca). Sin escon­der que los gobier­nos y medios comu­ni­ca­ti­vos e ideo­ló­gi­cos de Perú y Chi­le alte­ra­ron el cho­vi­nis­mo en su pobla­ción – que de vez en cuan­do inclu­so uti­li­zan téc­ni­cas como el depor­te inter­na­cio­nal para ocul­tar las con­tra­dic­cio­nes eco­nó­mi­cas inter­nas -, duran­te los días pos­te­rio­res a la Reso­lu­ción de la CIJ el Pre­si­den­te peruano Ollan­ta Huma­la y su cole­ga chi­leno Sebas­tián Piñe­ra, ade­más de la nue­va man­da­ta­ria a par­tir del 12 de mar­zo, Miche­lle Bache­let, acu­die­ron a la II Cum­bre de la CELAC, en La Haba­na, para pre­sen­tar una visión paci­fi­ca, con­ci­lia­do­ra, demo­crá­ti­ca e inte­gra­cio­nis­ta. Jus­ta­men­te dos paí­ses con un mode­lo eco­nó­mi­co neo­li­be­ral seme­jan­te y sien­do miem­bros del mis­mo eje “inte­gra­cio­nis­ta” de la Alian­za del Pací­fi­co, jun­to a Méxi­co y Colom­bia, que bus­ca acre­cen­tar los Tra­ta­dos de Libre Comer­cio (TLCs), en víncu­lo con Esta­dos Uni­dos y su estra­te­gia del ALCA, y hacer fren­te al pro­tec­cio­nis­mo y desa­rro­llis­mo del MERCOSUR y el socia­lis­mo lati­no­ame­ri­cano del ALBA-TCP, no les intere­sa­ba entrar en con­flic­to para des­pres­ti­giar la Alian­za del Pací­fi­co en un momen­to his­tó­ri­co de corre­la­ción de fuer­zas. Por lo tan­to, posi­ble­men­te su rela­ción eco­no­mi­cis­ta y comer­cial esté por enci­ma de cual­quier “sim­ple” tro­zo de tie­rra o mar. Según datos de ALADI, en 2012 Perú fue el 11 impor­ta­dor mun­dial de los pro­duc­tos chi­le­nos (2,09% del total), detrás sólo de Bra­sil, y Chi­le el 6 impor­ta­dor de Perú, pri­me­ro de Lati­noa­mé­ri­ca, con el 4,45% del total. Dos paí­ses que ade­más de tener TLC com­par­ten pro­yec­tos con­jun­tos de comer­cio con Asia, como ser miem­bros de la APEC y el Acuer­do Estra­té­gi­co Trans-Pací­fi­co de Aso­cia­ción Económica.

El cono­ci­do y férreo víncu­lo eco­nó­mi­co entre Chi­le y Perú no lo deja­ría de lado la CIJ para posi­cio­nar que era más fácil poder lle­gar a un acuer­do común entre los dos paí­ses. Ade­más, sabien­do que la zona en dispu­ta no es un área estra­té­gi­ca rica en recur­sos, como petró­leo, o una ubi­ca­ción polí­ti­ca como el Estre­cho de Gibral­tar (entra­da al mar Medi­te­rrá­neo entre Euro­pa y Áfri­ca), o una zona terres­tre con resi­den­tes, faci­li­ta­ba la posi­bi­li­dad de defi­nir nue­vos lími­tes. La CIJ con­cre­ta­men­te arras­tra­ba una pér­di­da de legi­ti­mi­dad tras el Fallo de la Cor­te de la Haya en 2012 sobre el liti­gio entre Colom­bia y Nica­ra­gua, sen­ten­cian­do que Colom­bia tie­ne la sobe­ra­nía de las Islas San Andrés, Pro­vi­den­cia y San­ta Cata­li­na, pero tam­bién amplian­do la sobe­ra­nía marí­ti­ma de Nica­ra­gua en una zona de sobe­ra­nía colom­bia­na. El gobierno de Juan Manuel San­tos no acep­tó final­men­te la reso­lu­ción de la CIJ y no cedió sobe­ra­nía, ade­más de reti­rar­se del Pac­to de Bogo­tá ponien­do, así, fin a la juris­dic­ción de la Cor­te en deman­das con otros paí­ses. A dife­ren­cia del con­flic­to Chi­le y Perú, Colom­bia y Nica­ra­gua están situa­dos en dos fren­tes de inte­gra­ción regio­nal cho­can­tes, el pri­me­ro en la Alian­za del pací­fi­co y el segun­do en el ALBA-TCP. Ade­más, sus rela­cio­nes comer­cia­les son insig­ni­fi­can­tes, expor­tan­do Colom­bia a Nica­ra­gua sola­men­te el 0,01% de su total. Y final­men­te la zona en dispu­ta es rica no sola­men­te en pes­ca, sino tam­bién en posi­bles explo­ta­cio­nes petrolera. 

Boli­via: ¿la lucha por el mar o con­tra el neo­li­be­ra­lis­mo en las Américas?

La diplo­ma­cia boli­via­na, jun­to ase­so­res inter­na­cio­na­les, ha segui­do de cer­ca el fallo Perú – Chi­le para su futu­ra, pero cer­ca­na, deman­da marí­ti­ma en la CIJ. Dado que no soy un espe­cia­lis­ta en juris­dic­ción inter­na­cio­nal, me basa­ré en los tres con­cep­tos expues­tos ante­rior­men­te sobre los casos de Chi­le y Perú, y de Colom­bia y Nica­ra­gua, – rela­cio­nes inte­gra­cio­nis­tas, rela­cio­nes comer­cia­les, y rique­za de la zona en dispu­ta – para valo­rar las posi­bi­li­da­des de Boli­via sobre no sola­men­te ganar el liti­gio en la CIJ sino que Chi­le acep­te la sentencia. 

En la pri­me­ra con­fron­ta­ción, Chi­le, como hemos seña­la­do, hace par­te de la AP for­ta­le­cien­do el “libre” comer­cio con mira­das hacia Asia y paí­ses neo­li­be­ra­les del con­ti­nen­te lati­no­ame­ri­cano, mien­tras Boli­via es miem­bro del ALBA-TCP, con inte­rés de adhe­sión al MERCOSUR, para for­ta­le­cer el desa­rro­llo endó­geno, la pro­duc­ción nacio­nal y el comer­cio jus­to fren­te al papel de las trans­na­cio­na­les. Más que con­sen­so los dos paí­ses se sitúan en fren­tes pug­nan­tes, como lo que suce­dió entre Colom­bia y Nicaragua. 

En la segun­da con­fron­ta­ción, Boli­via sigue depen­dien­do, en par­te, de los puer­tos chi­le­nos de Ari­ca e Iqui­que para el comer­cio inter­na­cio­nal con Asia y Esta­dos Uni­dos, aun­que sus prin­ci­pa­les socios son Bra­sil y Argen­ti­na. Para Chi­le el comer­cio de Boli­via es impor­tan­te pero en un Esta­do tan cen­tra­lis­ta como es su prin­ci­pal puer­to comer­cial está en Val­pa­raí­so, lejano de la fron­te­ra con Boli­via. Por lo tan­to no exis­te un comer­cio bila­te­ral estratégico. 

Y en la ter­ce­ra con­fron­ta­ción, la zona más rica de Chi­le es jus­ta­men­te el nor­te del país, el terri­to­rio que deman­da Boli­via para su sali­da el mar por ser arre­ba­ta­da por Chi­le en la Gue­rra del Pací­fi­co (1879−1883), don­de pre­va­le­ce la mayor mine­ría de cobre del mun­do, sien­do esto el núcleo eco­nó­mi­co de Chi­le, y no cede­rá ni un metro como lo hizo con Perú.

Si Boli­via, hipo­té­ti­ca­men­te, gana la futu­ra deman­da en la CIJ exis­te una gran posi­bi­li­dad corre­la­ti­va que Chi­le actúe como Colom­bia, no sola­men­te no acep­tar la reso­lu­ción para no per­der nada de su terri­to­rio, sino que tam­bién se sal­dría del Pac­to del Bogo­tá. Por lo tan­to, es cer­te­ro que el liti­gio de Perú-Chi­le es total­men­te dife­ren­te al de Boli­via-Chi­le, pero no sola­men­te en lo que está en jue­go y en cómo actua­ría Chi­le sino en cómo pue­de reso­nar en la inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­na salién­do­se Chi­le del Pac­to de Bogo­tá, jun­to a la recién reti­ra­da Colom­bia. Dos de los cua­tro paí­ses actua­les de la Alian­za del Pací­fi­co. Un fenó­meno que podría pro­vo­car un ais­la­mien­to mayor del neo­li­be­ra­lis­mo en Amé­ri­ca Lati­na. ¡Ade­lan­te Boli­via con la demanda! 

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