La hue­lla inde­le­ble de Pete See­ger- Fer­nan­do Blanco

«Siem­pre que haya alguien luchan­do por ser libre, mira en sus ojos, madre, y me verás refle­ja­do en ellos». Una fra­se que sin­te­ti­za el carác­ter indó­mi­to del gran fol­clo­ris­ta esta­dou­ni­den­se, Pete See­ger, naci­do a fina­les de la I Gue­rra Mun­dial (1919) y que falle­ció el lunes 27 de enero a los 94 años en un hos­pi­tal de Nue­va York. Fue tes­ti­go de los gran­des acon­te­ci­mien­tos de su país, de los que no se limi­tó a ser espec­ta­dor, sino acti­vis­ta musi­cal a favor de los dere­chos huma­nos, la paz, las rei­vin­di­ca­cio­nes obre­ras, la pre­ser­va­ción del medio ambien­te y, sobre todo, un pro­fun­do inves­ti­ga­dor de la inmen­sa rique­za musi­cal de ese exten­so terri­to­rio lla­ma­do Esta­dos Uni­dos. Su pen­sa­mien­to, su acti­tud vital y sus can­cio­nes van de la mis­ma mano.

Metá­fo­ra de la exis­ten­cia huma­na liga­da a la natu­ra­le­za, Pete See­ger tra­zó una línea para­le­la entre el pro­ce­so de ger­mi­na­ción de una semi­lla y el hom­bre. «¡Oh, mun­do sagra­do al que esta­mos uni­dos! Noso­tros hace­mos votos para librar­nos del odio, de la gue­rra y de la egoís­ta cruel­dad. Y, aquí, en nues­tro peque­ño rin­cón plan­ta­mos una minús­cu­la semi­lla, que cre­ce­rá en belle­za has­ta ensom­bre­cer el ros­tro de la codi­cia». Semi­llas de jus­ti­cia social, semi­llas de no vio­len­cia, semi­llas de paz, según Jim Mus­sel­man, fun­da­dor del sello Apple­seed, gra­cias al cual el lega­do de Pete See­ger ha cru­za­do la fron­te­ra del siglo XX al XXI.

El gran himno deja­do para la pos­te­ri­dad por Pete See­ger se titu­la We shall over­co­me, gra­ba­do de nue­vo por Bru­ce Springs­teen e inclui­do pri­me­ro en Whe­re all the flo­wers gone: the songs of Pete See­ger (pri­me­ro de tres reco­pi­la­to­rios de Apple­seed sobre el can­cio­ne­ro de See­ger), lue­go como tema estre­lla del álbum We shall over­co­me: the See­ger ses­sions. Sobre su letra, escri­be Springs­teen que es la can­ción de pro­tes­ta polí­ti­ca más impor­tan­te de todos los tiem­pos, can­ta­da en todo el mun­do siem­pre que hay gen­te que se esfuer­za por la jus­ti­cia y la igual­dad. Ori­gi­nal­men­te es un himno de la igle­sia Bap­tis­ta, lle­va­do al movi­mien­to sin­di­cal en 1930 y popu­la­ri­za­do entre los sin­di­ca­lis­tas en la déca­da de los cin­cuen­ta. Éstos son sus versos:

«Ven­ce­re­mos, ven­ce­re­mos algún día, lo creo en lo más pro­fun­do de mi cora­zón. Cami­na­re­mos uni­dos de la mano, Vivi­re­mos en paz, No esta­mos asus­ta­dos, Ven­ce­re­mos, ven­ce­re­mos algún día».

El ata­que a Iraq el 19 de mar­zo de 2003 a car­go del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se y bri­tá­ni­co levan­tó el gri­to anti­bé­li­co pre­sen­te en muchos nor­te­ame­ri­ca­nos. No todos esta­ban ni están detrás del con­cep­to de gue­rra impe­ria­lis­ta idea­da por la cohor­te del pre­si­den­te Geor­ge W. Bush. Entre ellos, Jim Mus­sel­man, quien invi­tó a Pete See­ger al día siguien­te para que gra­ba­ra una ver­sión actua­li­za­da de Bring them home, escri­to en los sesen­ta con­tra la inter­ven­ción de Esta­dos Uni­dos en Viet­nam. La letra de la can­ción dice:

«Si amáis a este país de los libres, traed­los a casa, traed­los a casa. Traed a todos los sol­da­dos de vuel­ta de ultra­mar, Traed­los a casa, traed­los a casa. Los gene­ra­les sufri­rán, lo sé, Traed­los a casa, traed­los a casa».

Otro tema rever­de­ci­do por la gue­rra en Iraq es Waist deep in the big muddy, y como el ante­rior sur­gi­do por la reac­ción social con­tra la con­tien­da en Viet­nam. Dos ver­sos bas­tan: «Has­ta la cin­tu­ra meti­dos en el gran cena­gal, y el gran imbé­cil dice que siga­mos avan­zan­do». Viet­nam en los sesen­ta; Iraq en el siglo actual. Una y otra vez los mis­mos moti­vos para ele­var la voz. ¿Cuán­do apren­de­re­mos?, pre­gun­ta reite­ra­da por P. See­ger en Whe­re all the flo­wers gone, uno de sus temas más reco­no­ci­dos, naci­do tras la lec­tu­ra de un poe­ma ruso y al que apor­tó su visión de la raza humana:

«¿Dón­de se fue­ron todos los cemen­te­rios? Hace ya tan­to tiem­po que murie­ron, ¿Dón­de se fue­ron los cemen­te­rios? Hace tan­to tiem­po, ¿Dón­de se han ido todos los cemen­te­rios? Cubier­tos todos con flo­res, ¿Cuán­do aprenderemos?»

Pero si algo carac­te­ri­za­ba a Pete See­ger era la espe­ran­za, la con­fian­za en el ser humano, con­vic­ción que sub­ya­ce en All my chil­dren of the sun, una can­ción escri­ta por Pete See­ger a pro­pó­si­to de todos aque­llos que no se callan al topar­se con una injus­ti­cia, sobre todo cuan­do aún no se ha visi­bi­li­za­do por los demás como tal: «El sem­bra­dor espar­ce semi­llas. Algu­nas semi­llas caen en el sen­de­ro y son aplas­ta­das, y no cre­cen. Algu­nas caen sobre las rocas, y no cre­cen. Pero algu­nas caen sobre sue­lo sin cul­ti­var y cre­cen, y se mul­ti­pli­can por miles. ¿Quién sabe dón­de algu­nas de esas peque­ñas cosas que han hecho pue­de pro­du­cir resul­ta­dos años más tar­de, resul­ta­dos con los que nun­ca soñaste?»

Una de sus tona­das más tara­rea­das tie­ne este tras­fon­do. Es If I had a ham­mer, inmor­ta­li­za­da en la ver­sión de Peter, Paul & Mary en 1962. Invi­ta al opti­mis­mo. Fue escri­ta por Lee Hays y Pete See­ger y gra­ba­da por su segun­da ban­da, The Wea­vers, tras la rup­tu­ra de The Alma­nac Sin­gers, gru­po del que for­mó par­te su maes­tro y el más gran­de fol­clo­ris­ta esta­dou­ni­den­se, Woody Guth­rie. Las enci­clo­pe­dias musi­ca­les citan a P. See­ger como el puen­te entre Woody Guth­rie y Bob Dylan. La melo­día tie­ne el aire de can­ción infan­til mien­tras se suce­den los ver­sos hil­va­nan­do ideas de qué hacer si tuvie­ra un mar­ti­llo, una cam­pa­na y una can­ción, cuya con­clu­sión es: «Es el mar­ti­llo de la jus­ti­cia, es la cam­pa­na de la liber­tad, es la can­ción del amor entre todos mis her­ma­nos y hermanas…»

See­ger depo­si­ta­ba todo el poder en la pala­bra, en la capa­ci­dad de enten­di­mien­to, a la vez que adver­tía del gran peli­gro deri­va­do de cerrar nues­tros oídos para gri­tar y gri­tar. Así lo expli­ca en Words, words, words: «El mun­do está lleno de gen­te gri­tan­do unos a otros colé­ri­cas pala­bras. Si las pala­bras no alcan­zan su obje­ti­vo, enton­ces la gen­te dice que lo úni­co que les que­da son las armas. ¡No! Antes de lle­gar a las armas, inten­ta usar el arte –la pin­tu­ra, la músi­ca, el bai­le o la bue­na comi­da o el pro­pio deporte».

Con simi­lar car­ga escri­bió Wal­king down the death row (Cami­nan­do por el corre­dor de la muer­te). Nece­si­ta­mos accio­nes inme­dia­tas con­tra las gue­rras en mar­cha, con­tra el calen­ta­mien­to glo­bal y otros pro­ble­mas exten­di­dos por el mun­do. Por­que lo últi­mo que se pier­de es la espe­ran­za: «Cuan­do alguien me dice que no hay espe­ran­za, yo les con­tes­to: algu­na vez pen­sas­te que el pre­si­den­te Nixon aban­do­na­ría su pues­to tras el caso Water­ga­te; espe­ra­bas que el Pen­tá­gono aban­do­na­ra Viet­nam como lo hizo; creís­te que cae­ría el muro de Ber­lín pací­fi­ca­men­te, como así ocu­rrió; pen­sas­te en que Nel­son Man­de­la sal­dría de pri­sión y sería pre­si­den­te de Sudá­fri­ca… Así, si no pue­des pre­de­cir el futu­ro, no estés tan segu­ro de que no hay esperanza».

Pun­to final para un músi­co que requie­re pági­nas y pági­nas. Pun­to y segui­do con la can­ción que en los últi­mos años más inter­pre­tó, Turn, turn, turn, que alcan­zó esta­tus de clá­si­co en las voces y arre­glos de The Birds: «A medi­da que enve­jez­co, me doy más cuen­ta de cómo lo malo y lo bueno están entre­la­za­dos en este mun­do, y todo lo que tú pue­des hacer es reír. O can­tar Turn, turn, turn (gira, gira, gira), y seña­lar que lo que es correc­to en un tiem­po pue­de no ser­lo en otro».

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