La esen­cia vio­len­ta del esta­do espa­ñol- Ando­ni Baserrigorri

Decía el otro día un com­pa­ñe­ro madri­le­ño que des­de que gobier­na el PP, las cotas de vio­len­cia alcan­za­das por el esta­do en la repre­sión de las mani­fes­ta­cio­nes y movi­mien­tos socia­les era des­co­no­ci­da en los últi­mos años. Nada más lejos de la realidad.

El carác­ter y la esen­cia del esta­do espa­ñol es la vio­len­cia. El actual esta­do es de sobra cono­ci­do es here­de­ro direc­to de la dic­ta­du­ra del gene­ral Fran­co, que tam­po­co hace fal­ta recor­dar, los nive­les de vio­len­cia que alcan­za tan­to para impo­ner­se como para mantenerse.

La lec­tu­ra del libro de Gri­mal­dos sobre la lla­ma­da tran­si­ción deja bien a las cla­ras, que el esta­do no renun­ció a su esen­cia vio­len­ta para lograr que la base ideo­ló­gi­ca del fran­quis­mo ( uni­dad de la lla­ma­da por ellos nación espa­ño­la a toda cos­ta y anti­co­mu­nis­mo radi­cal basa­do en el nacio­nal-cato­li­cis­mo inte­gris­ta) se man­tu­vie­se intac­ta y no hubie­se posi­bi­li­dad algu­na de lograr ni la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes opri­mi­das por el esta­do, ni se toca­se el poder eco­nó­mi­co de la gran burguesía.

El cam­bio de cara del régi­men se logro en base a dos ejes. Por una par­te el aman­sa­mien­to de la izquier­da revo­lu­cio­na­ria, que entró por el aro y por otra par­te la uti­li­za­ción sis­te­má­ti­ca de la vio­len­cia tan­to en mani­fes­ta­cio­nes, como en la repre­sión de aque­llos movi­mien­tos y par­ti­dos que “no entra­ron por el aro”.
Ase­si­na­tos como el de los cin­co abo­ga­dos de Ato­cha, Yolan­da Gon­zá­lez, los cin­co obre­ros de Gas­teiz y tan­tos y tan­tos ase­si­na­dos por los gue­rri­lle­ros de Cris­to Rey y otros gru­pos para-poli­cia­les, así como de tan­tas per­so­nas que murie­ron a mano de las FOP en aque­llos años y que como hemos comen­ta­do rela­ta Gri­mal­dos en su exce­len­te libro, dan fe de la uti­li­za­ción de la vio­len­cia por par­te del esta­do como herra­mien­ta polí­ti­ca, así lo demuestran.

Sí que es cier­to que duran­te una serie lar­ga de años, que podría­mos situar como ini­cio la pri­me­ra legis­la­tu­ra del PSOE has­ta hace dos años, el nivel de vio­len­cia del esta­do bajó con­si­de­ra­ble­men­te en las calles del esta­do espa­ñol, si excep­tua­mos bási­ca­men­te Hego Eus­kal Herria. Pero el esta­do espa­ñol no había aban­do­na­do su voca­ción violenta.

Des­cen­dió la vio­len­cia del esta­do de la mis­ma mane­ra que la izquier­da revo­lu­cio­na­ria esta­tal prác­ti­ca­men­te des­pa­re­ció y como izquier­da tan solo que­do un PSOE cen­tra­do en enri­que­cer­se y hacer genu­fle­xio­nes al impe­ria­lis­mo que le finan­cio y aupó al poder y un PCE-IU que aban­do­nó cual­quier enso­ña­ción revo­lu­cio­na­ria y tan solo bus­ca­ba una par­te del pas­tel, tra­tan­do de gober­nar en algu­na auto­no­mía o ayuntamiento.

Lógi­ca­men­te si no hay izquier­da revo­lu­cio­na­ria que repri­mir, no hay por­que sacar a flo­te medi­das repre­si­vas ni exce­si­va vio­len­cia. Un cache­te de vez en cuan­do a algún izquier­dis­ta que se salía del ren­glón y punto.

Pero ahí seguía la vio­len­cia esta­tal como herra­mien­ta de acción para impo­ner sus cri­te­rios. No gober­na­ba el PP, gober­na­ba el PSOE, pero apa­re­ció el GAL.
No gober­na­ba el PP, gober­na­ba el PSOE y todos los infor­mes anua­les habla­ban de la pre­sen­cia sis­te­má­ti­ca de la tor­tu­ra con­tra la mayo­ría de las per­so­nas dete­ni­das en Eus­kal Herria.

No gober­na­ba el PP, pero con el PSOE seguía habien­do apa­lea­mien­tos cons­tan­tes en las mani­fes­ta­cio­nes de la izquier­da inde­pen­den­tis­ta vas­ca. Con el PSOE y el PNV de acuer­do apa­re­ció la dis­per­sión de los y las pre­sas políticas.

Gober­nan­do el PSOE y no el PP la res­pues­ta a los movi­mien­tos obre­ros dados por la recon­ver­sión indus­trial fue tre­men­da, en Eus­kal Herria, pero tam­bién en Ferrol, Cádiz, y muchos luga­res más. La recon­ver­sión indus­trial la impu­so el esta­do median­te la vio­len­cia y la lle­vó a cabo el PSOE.

El esta­do espa­ñol de la mano del PSOE se incor­po­ró a la OTAN, orga­ni­za­ción terro­ris­ta don­de las haya y se invo­lu­cró en la pri­me­ra gue­rra de rapi­ña impe­ria­lis­tas tras la cai­da del cam­po socia­lis­ta, en Irak. La con­tes­ta­ción a las pro­tes­tas siem­pre fue violenta.

Eus­kal Herria, como ya hemos comen­ta­do en algu­na oca­sión fue un labo­ra­to­rio repre­si­vo, don­de el esta­do empleó la vio­len­cia has­ta limi­tes extra­or­di­na­rios, ante el silen­cio cóm­pli­ce de bue­na par­te de la izquier­da esta­tal, y el sin­di­ca­lis­mo. Nun­ca ni CCOO, ni IU ni el PCE, estan­do Angui­ta u otros dijo esta boca es mía ante esta vio­len­cia des­ple­ga­da por el esta­do espa­ñol para aca­bar con las ansias de libe­ra­ción vascas.

Lo que ocu­rre de dos años para acá no es nove­do­so enton­ces. No tie­ne razón mi esti­ma­do ami­go y com­pa­ñe­ro. La vio­len­cia ha esta­do pre­sen­te siem­pre en el actuar de un esta­do, el espa­ñol, que nació de la vio­len­cia, cre­ció en la vio­len­cia y no tie­ne nin­gu­na voca­ción de dejar de practicarla.

Y no es el PP, quien ha empe­za­do con estas diná­mi­cas, el actual PP, al menos. El PSOE la uti­li­zó siem­pre que la nece­si­to, así como la UCD. No es el PP vio­len­to, es el esta­do espa­ñol el vio­len­to, el PP es un mero ges­tor de esa vio­len­cia como lo haría el PSOE o cual­quier otro par­ti­do que acce­da al gobierno para gober­nar y no trasformar.

Lo que le espe­ra al con­jun­to de los pue­blos y cla­se obre­ra que tene­mos la des­di­cha de estar den­tro de la piel de toro, “por nari­ces” es más vio­len­cia o resig­na­ción. Pen­sar que san­ta Tere­sa va a arre­glar esto o pegar un puñe­ta­zo en la mesa como han hecho los veci­nos de Burgos.

En este esce­na­rio de cri­sis sis­té­mi­ca, bru­tal, de iden­ti­dad y fal­ta de valo­res y tam­bién eco­nó­mi­ca el esta­do espa­ñol se esta rear­man­do por­que sabe que la pacien­cia no es infi­ni­ta y la gen­te va a salir a la calle, más aún de lo que ha sali­do has­ta aho­ra. Hace un año en Valen­cia las esce­nas de vio­len­cia poli­cial ponían los pelos como escar­pias, des­pués en Bar­ce­lo­na, Madrid, con­tra todos los sec­to­res que se atre­ven a salir a la calle, con­tra los mine­ros, maes­tros o bom­be­ros si hace falta.

Los años de labo­ra­to­rio vas­co han ter­mi­na­do. Lo que va a hacer el esta­do es lle­var sus cono­ci­mien­tos repre­si­vos al con­jun­to del esta­do espa­ñol y de la mis­ma mane­ra que duran­te 20 años aquí se ha segui­do vien­do cla­ra­men­te la vio­len­cia del esta­do aho­ra lo van a ver en el res­to del esta­do en toda su cru­de­za. Ya ha anun­cia­do Rajoy que no va a per­mi­tir ni el refe­rén­dum ni la inde­pen­den­cia de Cata­lun­ya. Solo le ha fal­ta­do decir que lo hará median­te la coac­ción y la vio­len­cia si la nece­si­ta. Impe­rio de la ley le lla­man a este tinglado.

La sobe­ra­nía de los pue­blos no lo van a per­mi­tir por­que este esta­do es hijo direc­to del fran­quis­mo y no vie­ne eso en sus genes. Tam­po­co van a per­mi­tir que los pue­blos pue­dan lle­var ade­lan­te sus aspi­ra­cio­nes socia­les. Por la mis­mas razo­nes. Un hijo del fran­quis­mo es franquista.

Va a ser mas nece­sa­rio que nun­ca que la izquier­da revo­lu­cio­na­ria del esta­do apren­da de las medi­das repre­si­vas lle­va­das a cabo en Eus­kal Herria para poder afron­tar­las. Va a ser más nece­sa­rio que nun­ca el ejer­ci­cio del inter­na­cio­na­lis­mo, para que los pue­blos poda­mos ser libres. Y va a ser más nece­sa­rio que nun­ca la cla­ri­fi­ca­ción ideo­ló­gi­ca y des­en­mas­ca­rar a las vedet­tes de la izquier­da que en este esce­na­rio des­de sus pul­pi­tos tele­vi­si­vos tra­tan de enga­ñar a una pobla­ción que no pue­de más. El dia­blo para enga­ñar mien­ta las sagra­das escri­tu­ras, en eso andan algu­nos “anti­ca­pi­ta­lis­tas”.

Y sobre todo va a ser mas nece­sa­rio que nun­ca que todos y todas, nacio­nes sojuz­ga­das, pue­blos opri­mi­dos y explo­ta­dos tome­mos con­cien­cia de la esen­cia vio­len­ta del esta­do. Es en ese esce­na­rio don­de se va a tener que jugar la par­ti­da en los pró­xi­mos años, en un cam­po don­de el rival va a emplear la vio­len­cia has­ta nive­les insospechados.

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