Las gue­rri­lle­ras silen­cia­das- Maria Torres


Fami­lia de Con­sue­lo Rodrí­guez López, ‘Che­lo’, en O Bar­co de Valdeorras

“Para mí fue un orgu­llo par­ti­ci­par en aque­lla lucha. Fui varios años enla­ce y des­pués pase a la gue­rri­lla del mon­te, con armas y luchan­do con ellos. No que­ría­mos el fas­cis­mo, luchá­ba­mos por la liber­tad, con­tra Fran­co. Los fas­cis­tas nun­ca nos pon­drán en el lugar que nos corres­pon­de, siem­pre nos reba­ja­rán. Las gue­rri­lle­ras éra­mos como todas las muje­res y nada tenía­mos que ver con la ima­gen que tenían de noso­tras. Sabía­mos cuál era nues­tra lucha. Éra­mos due­ñas de nues­tros actos y no tenía­mos que dar expli­ca­cio­nes a nadie”

(Con­sue­lo Rodrí­guez López, “Che­lo”)

Hace un tiem­po no tan lejano exis­tie­ron unas valien­tes muje­res, que como tan­tas otras silen­ció la His­to­ria. Eje­cu­ta­ron una tarea impres­cin­di­ble, pues eran las cola­bo­ra­do­ras en la clan­des­ti­ni­dad de los maquis que habi­ta­ban los mon­tes de Gali­cia. Ellas fue­ron la colum­na ver­te­bral de la gue­rri­lla anti­fran­quis­ta, y se las deno­mi­na­ba “enla­ces da chai­ra” y “enla­ces do mon­te”. Muchas de ellas no solo rea­li­za­ron tareas de apo­yo, tam­bién com­ba­tie­ron y atra­ve­sa­ron la puer­ta de la clandestinidad.

Eran muje­res de pue­blo que tenían algún víncu­lo fami­liar o afec­ti­vo con los gue­rri­lle­ros, hija, madre, her­ma­na o novia. Lo que hacían era pro­por­cio­nar ali­men­tos, tras­la­dar car­tas, armas, avi­sar de los movi­mien­tos de la Guar­dia Civil y acon­di­cio­nar casas de apo­yo, pero ade­más de todo ello la mayo­ría tenía una mili­tan­cia polí­ti­ca. Las hubo que sufrie­ron la repre­sión por ser la mujer de, las que eran enla­ces y las que se echa­ron al mon­te y cogie­ron las armas. La acti­vi­dad de la gue­rri­lla se cen­tra­ba en la fron­te­ra de Val­deo­rras y el Bier­zo Leo­nés, con­cre­ta­men­te en la zona de Casaio, en la escar­pa­da Serra do Eixe, al abri­go de los mon­tes y cho­zas. A pesar de que la incul­tu­ra popu­lar aún pien­sa que los maquis eran ban­do­le­ros, o cri­mi­na­les fuga­dos de la Jus­ti­cia, en su defen­sa cabe decir que si bien es cier­to que huían de la repre­sión, tam­bién lucha­ban con­tra ella, resis­tien­do has­ta que fina­li­zó la Segun­da Gue­rra Mundial.
Fami­lias ente­ras esta­ban impli­ca­das en La Gue­rri­lla, tejien­do una exten­sa red de apo­yos, gua­ri­das clan­des­ti­nas, ocho­zos, en los luga­res más insos­pe­cha­dos. Uno de ellos era la mina de wol­fra­mio de Casaio. Esta mina esta­ba al ser­vi­cio de los ale­ma­nes, y de allí saca­ban el mine­ral que nece­si­ta­ban para el reves­ti­mien­to de sus obu­ses. Sir­vió de for­zo­so lugar de encuen­tro entre los pre­sos comu­nis­tas obli­ga­dos a tra­ba­jar en el yacimiento.
Se tie­nen datos de cer­ca de dos­cien­tas muje­res entre las que pasa­ron a la clan­des­ti­ni­dad y apo­ya­ron el movi­mien­to gue­rri­lle­ro. Todas ellas fue­ron dura­men­te repre­sa­lia­das con la cár­cel, la tor­tu­ra, el exi­lio y la muer­te. Pasa­ron por las cár­ce­les más duras del régi­men fran­quis­ta que las encar­ce­ló duran­te años en pri­sio­nes ale­ja­das de Galicia.
A par­tir de las inves­ti­ga­cio­nes de la filó­lo­ga Auro­ra Mar­co, reco­gi­das en un libro, su hijo Pablo Ces dió voz a seis dees­tas muje­res en un docu­men­tal cuyo títu­lo es “As Silen­cia­das” (Las Silenciadas).
Con­sue­lo Rodrí­guez López, “Che­lo”, per­dió a varios de sus fami­lia­res en el mon­te. Sus padres fue­ron fusi­la­dos al fina­li­zar la gue­rra, una maña­na de octu­bre de 1939. Su her­mano Sebas­tián fue encar­ce­la­do y con­de­na­do a muer­te y el que era su pare­ja murió en sus bra­zos tras un tiro­teo en el mon­te. Fue inte­gran­te del pri­mer gru­po orga­ni­za­do de gue­rri­lle­ros que sur­gió en la Espa­ña de la épo­ca: la Fede­ra­ción de Gue­rri­llas León-Gali­cia. Cuan­do fue iden­ti­fi­ca­da por la guar­dia civil se escon­dió en los mon­tes de Lugo y más tar­de, en 1949, logró exi­liar­se en Fran­cia, don­de vivió ocul­ta has­ta que murió el peque­ño dictador.
Anto­nia Rodrí­guez y Cla­ri­sa Rodrí­guez, vio­la­da y ase­si­na­da estan­do embarazada
Cla­ri­sa Rodrí­guez fue enla­ce de la zona de Mei­ra. Cuan­do se la lle­va­ron para inte­rro­gar­la esta­ba emba­ra­za­da. Más tar­de su cadá­ver apa­re­ció en una cune­ta con sig­nos de haber sido violada.
Car­men Jerez murió tam­bién emba­ra­za­da. Los falan­gis­tas la saca­ron de su casa en 1944. La vio­la­ron duran­te meses, y des­pués le die­ron muer­te a tiros. Los car­te­les que sus ase­si­nos col­ga­ron con la ima­gen de su cadá­ver en los esca­pa­ra­tes de Pon­fe­rra­da daban a enten­der que había caí­do a manos de la gue­rri­lla anti­fran­quis­ta a la que protegía.
Car­men Rodrí­guez Noguei­ra nun­ca fue enla­ce, pero cuan­do fusi­la­ron a su mari­do por ser repu­bli­cano, los ami­gos de éste acu­dían a su casa para que los escon­die­ra. Al final sufrió tor­tu­ras y cárcel.
Esta solo es una peque­ña mues­tra de las valien­tes muje­res que vivie­ron en la clan­des­ti­ni­dad y apo­ya­ron al movi­mien­to gue­rri­lle­ro de la post­gue­rra en Gali­cia. Oja­lá que en un tiem­po cer­cano todas sus his­to­rias sal­gan a la luz de la memoria

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