El Dia­rio entre­vis­ta al escri­tor Anto­nio Ore­ju­do «La vio­len­cia ha sido util»

Pre­gun­ta. Cómo pasa el tiem­po… el fin de sema­na pasa­do le pre­gun­ta­ba a usted qué esta­ba pasan­do en el barrio Gamo­nal de Bur­gos y hoy no sólo lo sabe­mos, sino que tam­bién sabe­mos cómo ha ter­mi­na­do todo. En menos de una sema­na hemos asis­ti­do al plan­tea­mien­to de la his­to­ria, al nudo y al des­en­la­ce. Esto es lo que se lla­ma ace­le­ra­ción his­tó­ri­ca. Hoy la Gue­rra de los Cien Años dura­ría vein­te minu­tos. ¿Ha saca­do usted algu­na con­clu­sión de todo lo que ha ocurrido?

Res­pues­ta. Una acla­ra­ción antes de empe­zar la entre­vis­ta: noso­tros no hemos asis­ti­do al plan­tea­mien­to de la his­to­ria. Para el gran públi­co la his­to­ria ha empe­za­do in medias res, a la mitad. El plan­tea­mien­to tie­ne ya muchos años. Noso­tros nos hemos ente­ra­do cuan­do han que­ma­do el pri­mer contenedor.

P. ¿Y qué con­clu­sión saca de ello?

R. Que la vio­len­cia ha sido útil. Si no hubie­ra sido por ella, no nos hubié­ra­mos ente­ra­do. Si los veci­nos de Gamo­nal se hubie­ran reu­ni­do con velas alre­de­dor de las exca­va­do­ras o se hubie­ran limi­ta­do a can­tar Abre la mura­lla, ya esta­rían ter­mi­nan­do el bulevar.

P. O sea que usted está a favor del uso de la violencia.

R. No diga ton­te­rías, por favor. Yo soy un señor de media­na edad, con hipo­te­ca y fami­lia a mi car­go, un escri­tor peque­ño bur­gués que usa elec­tro­do­més­ti­cos de la casa Apple. ¿Cómo voy a estar a favor de la vio­len­cia? No ten­go nin­gún inte­rés en que me pren­dan fue­go a la casa, y menos aho­ra que me aca­ba de cadu­car el segu­ro de hogar. Pero por más que me fas­ti­die, no pue­do negar lo evi­den­te: que sin gue­rri­lla en Gamo­nal, el alcal­de ya esta­ría ven­dien­do pla­zas de aparcamiento.

P. Yo más bien diría que si no hubie­ra habi­do gue­rri­lla en Gamo­nal, el alcal­de, que salió ele­gi­do en unas elec­cio­nes demo­crá­ti­cas, habría podi­do apli­car su pro­gra­ma elec­to­ral, que por cier­to con­tem­pla­ba la actua­ción en Gamo­nal. Lo que le pre­gun­to es si está usted de acuer­do con que la vio­len­cia pue­da alte­rar la democracia.

Sobre eso habría mucho que decir. Qué pro­gra­ma elec­to­ral pre­sen­tó el alcal­de. Qué tipo de actua­ción se des­cri­bía en él. Pero vamos a dejar eso apar­te, y vamos a supo­ner que sí, que el alcal­de lle­va­ba en su pro­gra­ma elec­to­ral una deta­lla­da des­crip­ción de la actua­cio­nes en Gamo­nal. Vamos a supo­ner­lo. ¿La vio­len­cia ha alte­ra­do la demo­cra­cia? Bueno, si por demo­cra­cia enten­de­mos úni­ca­men­te su for­ma, las vota­cio­nes perió­di­cas, podría extraer­se esa con­clu­sión, des­de lue­go. Pero las elec­cio­nes no son la demo­cra­cia. Son sola­men­te su ins­tru­men­to, una mane­ra de saber lo que quie­re la gen­te. Pero no la úni­ca. Las mani­fes­ta­cio­nes y las huel­gas, por ejem­plo, reco­gi­das como dere­cho en la Cons­ti­tu­ción, son tam­bién una mane­ra de hacer­se oír. No sé si para usted sería jus­ti­fi­ca­ble usar la vio­len­cia con­tra un Gobierno que —ima­gí­ne­se­lo— no reco­no­cie­ra los resul­ta­dos de unas elec­cio­nes gene­ra­les. Pues igual hay que pen­sar de la mis­ma mane­ra cuan­do un alcal­de no reco­no­ce la volun­tad del barrio que quie­re reformar.

P. Es muy peli­gro­so pen­sar que en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias la vio­len­cia pue­de ser jus­ti­fi­ca­da. Por­que ¿quién fija esas con­di­cio­nes? Por nues­tra his­to­ria debe­ría­mos estar escarmentados.

R. Por favor, no me sea usted mer­lu­zo. ¿Qué quie­re, que la Cons­ti­tu­ción regu­le el dere­cho a que­mar con­te­ne­do­res? Ya le he dicho que yo soy un señor de orden al que no le ape­te­ce que le abo­llen el uti­li­ta­rio. Pero tam­bién soy un buen lec­tor, y ten­go mi cul­tu­ri­lla, y sé que hay muy pocas con­quis­tas socia­les, muy pocas revo­lu­cio­nes, muy pocos cam­bios his­tó­ri­cos que se hayan con­se­gui­do sin vio­len­cia. Y hablo de vio­len­cia, de ver­da­de­ra vio­len­cia, no de que­mar un con­te­ne­dor. Da igual que te gus­te o no que la vio­len­cia sea una palan­ca de cam­bio. Lo ha sido. Pun­to. Y esto sir­ve tam­bién, no debe­ría­mos olvi­dar­lo, para los pro­ce­sos de independencia.

P.¿Y no cree usted que pue­de tener razón el Minis­te­rio del Inte­rior cuan­do dice que en las pací­fi­cas y res­pe­ta­bles mani­fes­ta­cio­nes de los veci­nos se infil­tran mino­rías de vio­len­tos itinerantes?

R. A ver: Mar­tí­nez, el secre­ta­rio de Esta­do de Segu­ri­dad, es un cha­val de 39 años. Yo a su edad tam­bién era un cachon­do y hacía bro­mas ins­pi­ra­das en Gila… Sal­vo que su inten­ción no sea hacer reír, aho­ra que lo pien­so… Podría ser que con ese des­do­bla­mien­to de los mani­fes­tan­tes entre empa­dro­na­dos y ambu­lan­tes lo que pre­ten­da en reali­dad sea apa­lear­los a todos. Qué vio­len­to este Mar­tí­nez, ¿no?

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