Un calle­jón sin sali­da- Jor­ge Uxó

“La refor­ma del mer­ca­do de tra­ba­jo sigue sien­do la pie­dra angu­lar de cual­quier estra­te­gia de cre­ci­mien­to y com­pe­ti­ti­vi­dad en Fran­cia”, reza el infor­me de la OCDE sobre este país publi­ca­do este mes de noviem­bre, con la jus­ti­fi­ca­ción de que este país “ha per­di­do com­pe­ti­ti­vi­dad” en los últi­mos años. Con­cre­ta­men­te, afir­ma que Fran­cia ha per­di­do cuo­ta de mer­ca­do en las expor­ta­cio­nes, en par­te por una pro­gre­sión de los sala­rios más rápi­da que la de la pro­duc­ti­vi­dad, y advier­te que, mien­tras otros paí­ses euro­peos han redu­ci­do tras la cri­sis sus cos­tes labo­ra­les uni­ta­rios (por ejem­plo, esto ha ocu­rri­do en Irlan­da, Gre­cia, Espa­ña y Por­tu­gal) en Fran­cia han segui­do creciendo.

En mi opi­nión, esta for­ma de razo­nar refle­ja cla­ra­men­te las limi­ta­cio­nes de la for­ma de abor­dar el pro­ble­ma de los des­equi­li­brios por cuen­ta corrien­te y de la estra­te­gia de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca que se está apli­can­do en la zona euro, en la que se pre­ten­de uti­li­zar las deva­lua­cio­nes sala­ria­les com­pe­ti­ti­vas como vía para mejo­rar la com­pe­ti­ti­vi­dad… ¿en todos los paí­ses a la vez?

Empe­ce­mos por acla­rar los con­cep­tos. Los cos­tes labo­ra­les uni­ta­rios nomi­na­les (CLU) se obtie­nen como el cocien­te entre los sala­rios nomi­na­les y la pro­duc­ti­vi­dadreal (es decir, sin tener en cuen­ta el aumen­to de los pre­cios). Si hay infla­ción, por tan­to, cabe espe­rar que este cocien­te esté cre­cien­do. Por ejem­plo, si el obje­ti­vo de infla­ción para la zona euro es del 2%, podría alcan­zar­se con un cre­ci­mien­to tam­bién del 2% de los CLU, de for­ma que los sala­rios reales cre­cie­sen lo mis­mo que la pro­duc­ti­vi­dad real, y con un mar­gen de bene­fi­cios cons­tan­te. Obsér­ve­se que este cre­ci­mien­to de los CLU no sólo es com­pa­ti­ble con el obje­ti­vo de infla­ción, sino que tam­bién es neu­tral res­pec­to a la dis­tri­bu­ción de la ren­ta entre sala­rios y bene­fi­cios. Por tan­to, se tra­ta de una refe­ren­cia mode­ra­da, ya que acep­ta como dado el “repar­to de la tar­ta”, a pesar de que des­de los años 80 del siglo pasa­do se ha regis­tra­do una fuer­te pér­di­da de peso de los sala­rios en la ren­ta, que se ha ace­le­ra­do con la crisis.

Podría­mos decir, enton­ces, que un com­por­ta­mien­to de cada país miem­bro de la unión mone­ta­ria cohe­ren­te —¿leal?— con la exis­ten­cia de una mone­da común y con un obje­ti­vo de infla­ción com­par­ti­do debe­ría ser, pre­ci­sa­men­te, man­te­ner el cre­ci­mien­to de sus CLU en torno a ese 2%. En opi­nión de muchos auto­res, esta debe­ría ser la refe­ren­cia de una polí­ti­ca sala­rial euro­pea que evi­ta­se des­ajus­tes en la com­pe­ti­ti­vi­dad-pre­cio y, por tan­to, la apa­ri­ción de des­equi­li­brios por cuen­ta corrien­te den­tro de la zona euro —estos pue­den apa­re­cer tam­bién por otros fac­to­res dife­ren­tes, y la com­pe­ti­ti­vi­dad no sólo depen­de de los pre­cios y los sala­rios, como el pro­pio ejem­plo de Fran­cia pone de mani­fies­to, pero aho­ra esta­mos cen­tran­do nues­tra aten­ción en el impac­to del cre­ci­mien­to de los salarios — .

En los años trans­cu­rri­dos des­de la crea­ción del euro, ¿cuál ha sido el com­por­ta­mien­to de los dis­tin­tos paí­ses en rela­ción con esta refe­ren­cia? En con­cre­to, ¿ha teni­do Fran­cia un cre­ci­mien­to exce­si­vo de sus sala­rios y sus CLU que jus­ti­fi­quen aho­ra la adop­ción de las medi­das que pro­po­ne la OCDE? El Grá­fi­co 1 nos ofre­ce una pri­me­ra res­pues­ta. En él hemos reco­gi­do la des­via­ción acu­mu­la­da (en por­cen­ta­je) entre los CLU obser­va­dos en Fran­cia, Ale­ma­nia y Espa­ña, y los que debe­rían haber­se obser­va­do con un cre­ci­mien­to anual del 2%. Las con­clu­sio­nes son cla­ras: 1) Si hay un país en el que la evo­lu­ción de los CLU se ha ajus­ta­do bien a la refe­ren­cia del 2% es Fran­cia, don­de no se obser­va en abso­lu­to un cre­ci­mien­to sala­rial exce­si­vo. 2) Duran­te los años pre­vios a la cri­sis, Espa­ña regis­tró efec­ti­va­men­te un cre­ci­mien­to de sus CLU por enci­ma de la refe­ren­cia (un 13% en 2008), pero ésta ya se ha corre­gi­do com­ple­ta­men­te des­de 2009. Es más, este aumen­to de los CLU no refle­ja una pre­sión sala­rial exce­si­va (los sala­rios reales casi no cre­cie­ron y la par­ti­ci­pa­ción de los sala­rios en la ren­ta dis­mi­nu­yó en 5 pun­tos por­cen­tua­les) sino la reac­ción de los sala­rios nomi­na­les a la pro­pia subi­da de los pre­cios y los már­ge­nes de bene­fi­cios. 3) El país don­de se regis­tra la mayor diver­gen­cia es Ale­ma­nia, cuyos CLU se situa­ron en 2008 un 16% por deba­jo de la refe­ren­cia, y toda­vía se encuen­tran hoy muy por deba­jo (15%) de lo que sería com­pa­ti­ble con el obje­ti­vo común de infla­ción. Es decir, que el ori­gen de las diver­gen­cias de com­pe­ti­ti­vi­dad-pre­cio inter­nas den­tro de la zona euro no se encuen­tra en los exce­si­vos cre­ci­mien­tos de los sala­rios en el res­to de paí­ses, sino que son la con­se­cuen­cia de las polí­ti­cas de res­tric­ción sala­rial apli­ca­das en Ale­ma­nia des­de el comien­zo del euro, y sólo muy tími­da­men­te corre­gi­das —de for­ma insu­fi­cien­te— en los dos últi­mos años.

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Fuen­te: AMECO

Enton­ces, ¿por qué siguen insis­tien­do la OCDE, la Troi­ka, los gobier­nos nacio­na­les, y muchos eco­no­mis­tas en que es nece­sa­rio corre­gir a la baja el cre­ci­mien­to de los CLU? Sen­ci­lla­men­te, por­que han adop­ta­do la refe­ren­cia equi­vo­ca­da y han con­ver­ti­do en vir­tuo­sa la acti­tud de los paí­ses que apli­can polí­ti­cas de deva­lua­ción sala­rial como supues­ta vía para mejo­rar su com­pe­ti­ti­vi­dad: cuan­to menos bajen los sala­rios, mejor. En el Pac­to por el Euro apro­ba­do en 2011, por ejem­plo, se dice que “se hará un segui­mien­to de los cos­tes labo­ra­les uni­ta­rios duran­te un perio­do de tiem­po, com­pa­rán­do­los con su desa­rro­llo en otros paí­ses de la zona euro y con los prin­ci­pa­les socios comer­cia­les”. Ya no se tra­ta de lograr un cre­ci­mien­to sala­rial com­pa­ti­ble con el res­to de obje­ti­vos de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, sino de que estos crez­can como mucho lo mis­mo que en el país en que menos crez­can (Ale­ma­nia); y si es menos, mejor.

Efec­ti­va­men­te, en Fran­cia los CLU han cre­ci­do des­de 2009 (aun­que no antes) algo más que en la media de la zona euro (Grá­fi­co 2), pero ¡es lo que cabía espe­rar si a los paí­ses con fuer­tes défi­cits por cuen­ta corrien­te se les pide que apli­quen polí­ti­cas de deva­lua­ción sala­rial! Lo que pare­ce olvi­dar este plan­tea­mien­to es que la com­pe­ti­ti­vi­dad es un con­cep­to rela­ti­vo y que no es posi­ble que algu­nos paí­ses la mejo­ren… si otros no la empeo­ran. Obsér­ve­se el movi­mien­to cir­cu­lar al que nos con­du­ce esto: se insis­te a algu­nos paí­ses para que reduz­can el cre­ci­mien­to de los sala­rios, y cuan­do lo hacen, se reco­mien­da a la vez al res­to que imple­men­ten refor­mas labo­ra­les para corre­gir sus pér­di­das de com­pe­ti­ti­vi­dad. Y vuel­ta a empe­zar: ¡Tra­ba­ja­do­res de Euro­pa, com­pe­tid entre vosotros!

¿Hacia dón­de nos con­du­ce esta espi­ral hacia aba­jo? Des­de lue­go, no hacia la recu­pe­ra­ción del cre­ci­mien­to y del empleo (y mucho menos a la jus­ti­cia social, cla­ro). La zona euro se enfren­ta des­de su crea­ción a un gra­ve pro­ble­ma de fal­ta de deman­da “inter­na”, que no pue­de resol­ver­se, ni com­pen­sar­se, con estas polí­ti­cas cen­tra­das úni­ca­men­te en un cre­ci­mien­to de las expor­ta­cio­nes fun­da­men­ta­do en la com­pe­ten­cia sala­rial. Pri­me­ro, por­que la mayor par­te del comer­cio euro­peo se sigue rea­li­zan­do inter­na­men­te, y no es posi­ble gene­ra­li­zar el mode­lo de cre­ci­mien­to basa­do en las expor­ta­cio­nes (si algu­nos paí­ses cre­cen expor­tan­do, otros deben estar endeu­dán­do­se, como pasó en los años pre­vios a la cri­sis). Segun­do, por­que el supe­rá­vit de algu­nos paí­ses (Ale­ma­nia) fren­te al res­to del mun­do se tra­du­ce en apre­cia­cio­nes del euro y mayor défi­cit en el res­to de miem­bros de la unión. Y, ter­ce­ro y fun­da­men­tal, por­que las polí­ti­cas de res­tric­ción sala­rial tie­nen un efec­to devas­ta­dor sobre la deman­da inter­na, que se suma a los efec­tos nega­ti­vos de las polí­ti­cas de recor­tes fis­ca­les. Es muy impro­ba­ble que inclu­so un fuer­te dina­mis­mo de las expor­ta­cio­nes como el que se está regis­tran­do en Espa­ña (don­de repre­sen­tan un 30% del PIB) sea sufi­cien­te para com­pen­sar la debi­li­dad de la deman­da inter­na: entre 2011 y 2013 la con­tri­bu­ción de la deman­da inter­na al cre­ci­mien­to del PIB ha sido de ‑3,2%, mien­tras que la de las expor­ta­cio­nes ha sido del 1,4%. El resul­ta­do: rece­sión y más paro.

Pero tam­bién exis­te un ries­go impor­tan­te de que estas polí­ti­cas nos con­duz­can a la defla­ción. Si en los paí­ses cen­tra­les la infla­ción se man­tie­ne cla­ra­men­te por deba­jo del 2% (Ale­ma­nia: 1,2% en octu­bre, tasa anual) el pro­ce­so de mejo­ra de la com­pe­ti­ti­vi­dad vía pre­cios que se quie­re imple­men­tar en los paí­ses peri­fé­ri­cos sólo es posi­ble con tasas pró­xi­mas a cero (Por­tu­gal y Espa­ña) o nega­ti­vas (-1,9% en Gre­cia). La baja­da de tipos de inte­rés has­ta el 0,25% apro­ba­da por el BCE es sin duda un indi­ca­dor del temor a que la zona euro entre en una espi­ral defla­cio­nis­ta (¡qué iro­nía: el BCE ha sido el más acé­rri­mo defen­sor de las polí­ti­cas de deva­lua­ción salarial!).

No pode­mos dejar pasar por alto, para ter­mi­nar, que estas polí­ti­cas se basan ade­más en dos supues­tos dis­cu­ti­bles. El pri­me­ro es que la reduc­ción de los cos­tes sala­ria­les se tras­la­da­rán por las empre­sas a meno­res cre­ci­mien­tos de los pre­cios, pero lo que ha ocu­rri­do por ejem­plo en Espa­ña has­ta muy recien­te­men­te es más bien un aumen­to de los már­ge­nes de bene­fi­cios empre­sa­ria­les. Es decir: un repar­to nada equi­ta­ti­vo de los “sacri­fi­cios”. El segun­do supues­to es que el défi­cit exte­rior pue­de corre­gir­se a gol­pe de baja­das en los cos­tes labo­ra­les, como si las debi­li­da­des pro­duc­ti­vas de las eco­no­mías de la peri­fe­ria euro­pea pudie­ran hacer­se des­apa­re­cer, o como si el ajus­te de nues­tra cuen­ta corrien­te no tuvie­ra nada que ver con el colap­so del con­su­mo y la inver­sión. Nada más lejos de la realidad.

Jor­ge Uxó. Uni­ver­si­dad de Cas­ti­lla – La Man­cha y eco­no­Nues­tra. Coau­tor del libro Frac­tu­ras y cri­sis en Euro­pa (Cla­ve Inte­lec­tual – Eudeba).

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